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Regate y piscinazo. Unas risas con Enrique Ballester

El nuevo libro del periodista castellonense, ‘Barraca y tangana’ (Libros del K.O., 2018), pivota entre el riesgo de ser uno mismo, con una mirada crítica y original, y la huída hacia adelante de la pura irracionalidad. Si no te gusta el fútbol igual te lo pasas bien leyéndolo. De un sorbo.
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Enrique Ballester, en Castalia, combatiendo los trabajos y los días. Foto: Pau Bellido.

Enrique Ballester* hace algunas trampas escribiendo. La más canalla y desarmante, que sus textos parezcan una corriente de conciencia, como si fueran fáciles de escribir, cuando en realidad son sofisticada orfebrería; que lo estés oyendo cuando lo lees; que presente como casual y desaliñado lo que en realidad le cuesta horrores arrancar del teclado. El otro gran timo está en el fondo del asunto, en su brillantísimo regate corto de argumentario imparable, pero que suele desembocar en teorías peregrinas, desternillantes, que casi nunca termina de desarrollar. Hace la filigrana imposible, se planta solo ante el portero… y termina buscando forzar el penalti antes de enfrentarse al gol. Y la cosa, contra todo pronóstico, termina en ovación cerrada de la hinchada. El gol está sobrevalorado; lo que importa, lo que queda, es ese chispazo en el que ocurre lo imprevisible muy cerca del área. Dejarse embaucar por lo improductivo en pleno esplendor de la eficacia y la rentabilidad.

Barraca y tangana es el segundo libro del periodista deportivo y musical castellonense después del debut con Infrafútbol, su particular declaración de amor al CD Castellón en Hooligans Ilustrados de Libros del K.O., colección que compartió con firmas del prestigio de Enric González, Manuel Jabois o Ander Izaguirre. Una recopilación de sus imprescindibles columnas semanales en las páginas deportivas del diario Levante-EMV publicadas de 2016 a 2018 con el mismo nombre, que empieza rebajando “Las expectativas” -algo muy Enrique Ballester- y que termina teorizando a su manera sobre “Don Fútbol”. Pero que realmente habla -como él suele decir- de “lo de siempre”: la afición al fútbol como terapia y metáfora, la sensatez de saber reírse de uno mismo y de tu profesión siempre, el quebranto de sentir que te haces mayor, ahora ya con sus dos hijos en escena (aunque definiéndose como “viejo” con 35 años el muy melón), y embeberlo todo en su música favorita.

Porque, como en Infrafútbol, vuelven a sonar muchas canciones en Barraca y tangana (Enrique Ballester, por cierto, colaboró de forma irregular en Nomepierdoniuna entre 2010 y 2013, con crónicas del Tanned Tin y de conciertos de Magdalena o mezclando fútbol y música, tras coincidir con su blog Gol & Blog & Rock & Roll). Con esas conexiones suyas tan locas que le llevan a comparar a Messi con Triángulo de Amor Bizarro como excepción en sus respectivos ámbitos. Y un largo mixtape, que va desde sus filias a sus fobias, aunque a veces cuesten diferenciar: La Buena Vida, Oasis, Los Planetas, Las Odio, Dula Lipa, Linda Guilala, Bad Gyal, Amistades Peligrosas, Ella Baila Sola, Manel, Mikel Laboa, Rauelsson, El Niño Gusano, Bertín Osborne, Marc Anthony, Pulp, FKA Blandengue, Macaco… y FIB, mucho FIB.

Los artículos de Enrique Ballester son, fundamentalmente, divertidos. Con sus rocambolescos aforismos, como esa división existencial entre atracadores y atracados. Sus tronchantes recuerdos de infancia y primera juventud, como su primera exclusiva en una entrevista al dueño de unos recreativos para un trabajo de clase o sus andanzas de Erasmus en Suecia. Su contabilidad de años pares para poder disfrutar de Mundiales y Eurocopas contra viento y marea. Los “clásicos” que siempre se pierde por estar trabajando en el periódico. Sus citas disonantes, que van de Nietzsche y Bukowski a José María García pasando por Enric González y Leopoldo María Panero, como vacunas contra la pedantería. Sus saltos de temas que, de forma inverosímil, logra terminar reconducir. Su odio visceral a los expertos. Las clases de pragmatismo de su hija Delia; la zurda-diestra de su hijo Teo.

También la infinidad de frases lapidarias que dan para hacerse camisetas: “Lo mejor que te puede pasar es que no te pase nada”; “Estoy a favor de vivir en pijama”; “El aburrimiento y la pereza son los dos grandes motores de la humanidad”; “Podría llenar un par de libros con los reportajes que se me han ocurrido pero no he hecho”; “Jaume I pudo conquistar València porque no tuvo que llegar hasta allí desde Castelló en cercanías”; “Si me lee algún chaval que no sabe qué hacer con su vida, que no se preocupe, lo normal es eso”. Algunas son tuits que se cuelan en los artículos recopilados en el libro. Los más ingeniosos, esos en los que logra concentrar verdades irrefutables sin apurar nunca los 280 caracteres. Pero también sus paridas malas; en las que reincide en Twitter, y que a la tercera vez que las lees, incrédulo, acaban dibujando una sonrisa vergonzante en tu cara.

Y de eso tiene mucho Barraca y tangana, de empatizar secretamente con lo más improbable, con su falta de pretensiones, con el fútbol de placeta como lección de vida para saber asumir la derrota como algo natural. También discrepas, sin ambages, y en ocasiones hasta le compadeces (quizás de ti mismo sin saberlo). Se reviste de albinegrismo, porque es lo que le ha tocado en suerte, pero nos serviría igualmente como diván si fueran otros colores; aunque lo cierto es que hay algo extraño en Castalia, épico y al mismo tiempo grotesco, que lo hacen literario.

Al final, Barraca y tangana es la mejor forma que ha encontrado Enrique Ballester de reírse de su pasión futbolera y escribiente como terapia para seguir tirando. Sacándonos la carcajada a bote pronto, haciéndonos pasar un buen rato, pero dejándonos la sonrisa congelada cuando termina el partido, al sentirnos tantas veces reflejados en sus dramas cotidianos.

*Enrique Ballester presenta Barraca y Tangana (Libros del K.0.) en la Librería Argot de Castellón el sábado 13 de octubre a las 18:30.

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