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Dry River toma impulso en casa para el gran salto

Dry River agota con antelación las entradas para la presentación de su tercer disco en estudio, '2038', y no defrauda a los asistentes a La Burbuja. El grupo castellonense está decidido a dar el gran salto a nivel nacional y el arranque, en casa, no ha podido ser mejor.
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Gran interacción entre el grupo y el público a lo largo del concierto. Foto: Antonio García @rockmuseumlive

Dry River ha provocado efectos poco frecuentes en la escena castellonense. Uno de ellos es que no son pocos los que afirman sentirse orgullosos de que una banda con este nivel musical sea de Castellón y algunos -incluso de otras provincias- la califican sin rubor como la mejor del rock nacional. “Dry River representa a La Plana” ha dejado escrito Pepelu Fernández (Lagarto Spok, ex Abortos de Satán y personaje carismático en la escena CS Metal). Tampoco es habitual que un grupo reúna entre su público a amantes del heavy, el pop, el rock clásico… y Dry River tiene esa habilidad, porque sus canciones son complejas, necesitadas de un alto nivel técnico, pero a la vez muy asimilables por cualquiera que guste de un estilo melódico y se olvide de las rígidas barreras estilísticas. Con poco más de dos semanas en la calle, su tercer disco en estudio, 2038, ha entrado en la lista de más vendidos en España (número 46), algo que ha ocurrido en contadas ocasiones en la historia de la música hecha en Castellón. Y un reflejo de todo ello es que con antelación agoten las entradas (10 euros) para su concierto de presentación en La Burbuja (aforo de 250 espectadores).

David Mascaró y Carlos Álvarez, en pleno ‘tapping’. Foto: Antonio García @rockmuseumlive

A las 23:00, se podía ver una cola de unos 30 metros de longitud a la entrada de La Burbuja. A las 23:30 aparecen en escena los dos actores –Marc Escrig y Fanfi García– para presentar el concierto de “una banda que viene del 2038. El grupo asoma con su trajeado vestuario que sustituye las lentejuelas de Quien tenga algo que decir… que calle para siempre. Sonrisas agradecidas en los rostros de los músicos al contemplar el panorama a sus pies.

Empieza el concierto. Suena “Fundido a negro” y el público la corea a pesar de ser uno de los temas nuevos, aunque bien es cierto que se trata de uno de los dos videoclips ya publicados (y ya acumula 25.000 visualizaciones en YouTube). Y de ahí a “Pequeño animal”, su clásico de aquel primerizo El circo de la tierra a y la emotiva “Frascos vacíos”, ese canto a las víctimas del cruel Alzheimer incluido en su segundo álbum. Otra virtud de Dry River es que sea capaz de confeccionar un repertorio de unas dos horas y su contenido sea una especie de sucesión de hits y de temas con mucho potencial que cualquiera que haya seguido su carrera va a disfrutar sin sentir ningún descenso del nivel del concierto.

El sexteto habían preparado bien esta presentación con Juan Carlos Morcillo a los mandos técnicos. Aseguran que van a por todas y no quieren dejar detalles al azar. Por ese motivo, el día anterior ya estuvieron en La Burbuja para asegurar el sonido y probar sobre el mismo escenario. Ángel Belinchón está en un gran momento y a su izquierda Carlos Álvarez va sobrado con la guitarra y las teclas para liderar las composiciones que han surgido de su mente o que ha moldeado a partir de las ideas de Ángel. Algo que pasa más desapercibido, aunque es fundamental, es el papel de Carlos en los coros y las armonías vocales (en las que participan todos excepto el batería) entre las pausas de sus entrelazados instrumentales con Martí Bellmunt (teclados y saxo) y con el otro guitarrista, Matías Orero, el componente más introvertido al lado del bajista David Mascaró. Por detrás, Pedro Corral aporta ritmos en ocasiones bastante complejos técnicamente a la batería.

Martí Bellmunt, Matías Orero, Pedro Corral, David Mascaró y Carlos Álvarez, en un pasaje instrumental. Foto: Antonio García @rockmuseumlive

“Me pone a cien” es el tema divertido de este disco, como lo fue “Irresistible” en el anterior (tampoco falta en el repertorio, con los bailoteos de Marc y Fanfi). Ángel sustituye el auto-tune del estudio por el megáfono en el intento del grupo de construir un tema a la moda que les dé pasta siguiendo las instrucciones de un productor que les va a lanzar a la fama y, sobre todo, a acumular billetes. Un cash que se les escapará si insisten en temas como la heavy “Camino” (seguro que así se lo diría ese ficticio productor). Pero para lucimiento a la voz el correspondiente a la bluesy “Al otro lado”, cuyo problema es que está a la sombra de su otro baladón, “Me va a faltar el aire”, pero que apunta a favorito en los conciertos.

La sorpresa llega con un medley progresivo de temas propios que enlaza “Perdiendo el norte” con fragmentos de temas como “Rosas y gaviotas”“Peán” y “¿Cuánto vales tú?”. Si alguien tenía dudas sobre el nivel técnico de la banda, que no se pierda esta parte, en la que aciertan a exhibir virtuosismo sin conducir al aburrimiento, ya que evitan la exhibición individual y en cambio tejen un elaborado entramado de música y letra.

Ángel Belinchón, megáfono en mano, en “Me pone a cien”, su divertido intento de hacer un tema a la moda comercial. Foto: Antonio García @rockmuseumlive

El primer disco vuelve a asomar en “La mujer del espejo”, cuando su reflejo era más Dream Theater. Y de ahí a “Bajo control”, canción que abría su segunda obra, tema rápido y directo hasta que a mitad rompen por completo el ritmo, incluyendo en uno de los breaks esa parte que parece extraída de película con cóctel en club social. “Con la música a otra parte” y sus pegadizos ritmos permiten un juego vocal con el público (absolutamente rendido al grupo) y un duelo guitarrero entre Carlos y Matías.

Abandono del escenario. Pero se sabe que va a llegar algo especial: “Me va a faltar el aire”, claro. Atención total por parte de los presentes, que acompañan la bella letra sintiéndola como propia. Piel de gallina. El “39” particular del grupo con inicio acústico de tonalidad country, “Cautivos”, cede el paso a otro clásico propio, la muy coreada “Traspasa mi piel” para poner un final con muchas caras felices encima y debajo del escenario.

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