Cécile McLorin, ganadora de un Grammy 2016, apertura de lujo para el Festival de Jazz de Peñíscola

Cécile McLorin Salvant, protagonista del Festival de Jazz de Peñíscola.

Tres nombres estadounidenses ocupan los puestos cabeceros de la XIII edición del Festival Internacional de Jazz de Peñíscola: la cantante Cécile McLorin Salvant, ganadora del Grammy 2016 por el Mejor Disco de Jazz Vocal; el pianista Kenny Barron y el guitarrista John Abercombrie. Serán los tres conciertos que tendrán lugar en el Palau de Congressos y que integran el abono que permite el acceso a todos ellos por un precio de 30 euros, mientras que individualmente su precio será de 15 euros. Como es habitual en el festival, el resto de la programación será con entrada libre, desarrollándose el denominado Jazz a la Serena entre el Umbracle del Palau y la plaza Santa María, con protagonismo para The Prototypes con el saxofonista Grant Stewart, Yei Yi & Co, Arantxa Domínguez & Ricardo Belda, Kiko Berenguer y Tat! En el apartado educativo se contará con el proyecto Historia del blues, una idea de Jesús Gallardo para exponer de manera didáctica y amena la evolución del género.

El programa, elaborado bajo la dirección artística de Jorge García, va a desarrollarse entre el 21 y el 28 de julio, con el añadido de que a lo largo de todo el mes podrá contemplarse en el Palau de Congressos de Peñíscola la exposición fotográfica Phocuzz, de Antonio Porcar Cano.

La primera de las actuaciones de abono en el Palau de Congressos –este año reducidas de cuatro a tres y sin masterclasses- correrá a cargo de Cécile McLorin Salvant. Será el viernes 22 cuando suene la voz de la estadounidense –de Miami-, de padre haitiano y madre francesa, circunstancia ésta muy importante  en su carrera, ya que comenzó a desarrollarla durante su estancia en este país, pasando de la formación en el coro de la iglesia al conservatorio y de allí al estudio, para grabar su debut, Cécile, que le sirvió para girar por Europa y Estados Unidos. En 2014 dio vida al disco Woman child, con el que fue nominada al Grammy en la categoría de Jazz Vocal, con sus tonalidades dulces, pero a la vez graves. En 2016 fue nominada de nuevo y en esta ocasión sí se llevó el galardón, a causa de su disco For one to love.

El domingo 24 será el turno del trío liderado por el legendario pianista Kenny Barron, cuya carrera ha transcurrido en formaciones tan importantes como las lideradas por Dizzy Gillespie y Stan Getz, mientras que uno de sus más recientes proyectos ha sido el compartido con otro grande del jazz actual, el bajista Dave Holland, plasmado en el disco The art of conversation. A sus 73 años este instrumentista nacido en Philadelphia está considerado una de las grandes influencias para los jóvenes pianistas de jazz. Participó en la edición de 2007 del festival de Peñíscola.

El neoyorquino John Abercrombie  -aunque creció en Connecticut- exhibirá su maestría guitarrera el miércoles 27 en el Palau, al frente de un cuarteto que incluye al pianista Marc Copland, su colaborador habitual desde el pasado año, y con el que presenta su reciente trabajo 39 steps. A lo largo de su longeva carrera –nació en 1944- ha participado en más de cien discos y su listado de colaboraciones es inacabable. Como líder (o colíder) destaca su etapa en Gateway, junto al bajista Billy Cobham y el batería John DeJohnette, uno de sus más frecuentes colaboradores. Por su parte, Abercrombie ha grabado con artistas de la talla de Gil Evans, el saxofonista Gato Barbieri o Barry Miles. Desde 2015 trabaja con el pianista Marc Copland, miembro de su actual cuarteto.

El ciclo Jazz a la Serena de dividirá en dos escenarios: el Umbracle del Palau y la Plaza Santa María. El primer escenario lo inaugurará el jueves 21 el trío valenciano The Prototype, integrado por el teclista Sergio Albentosa, el guitarrista Miquel Casany y el batería Felipe Cucciardi, que va a formar equipo durante este verano con el saxofonista canadiense de residencia neoyorquina Grant Stewart, uno de los nombres actuales más importantes del bop. En su haber, doce discos como líder y colaboraciones habituales con Jim Rotondi, dentro de un largo listado que incluye a grandes figuras del jazz, como Etta Jones, Brad Mehldau, Russell Malone, Peter Bernstein o Jimmy Cobb.

El sábado 23 será un día con un protagonista: el batería alcorino Jesús Gallardo. Por la tarde (20:00) dirigirá el espectáculo didáctico Historia del blues, preparado en la escuela de música que dirige, Mondo Rítmic. En el mismo lugar, el Umbracle del Palau presentará a las 23:00 el disco en directo Mull, junto a su grupo Yei Yi & Co, del que también forman parte el saxo tenor José Muñoz y el pianista Joan de Ribera.

En la plaza Santa María actuarán el lunes 25 (23:00) la vocalista castellonense Arantxa Domínguez y el pianista valenciano Ricardo Belda, unidos en el denominado proyecto Sólidos, con el que han actuado recientemente en Alemania.

Al día siguiente, martes 26, en el mismo lugar y hora, será el turno del saxofonista alicantino Kiko Berenguer, quien a lo largo de su carrera ha transitado por el flamenco-jazz (disco Mi camino), optando en Aire por sonidos mediterráneos. En formación de cuarteto va de festival en festival.

El cierre en este espacio correrá a cargo, el jueves 29, de Tat!, formación castellonense-valenciana, de la que forma parte el director de la Big Band UJI, Ramon Cardo (saxo), junto a Víctor Colomer (trombón), Carlos Medina (guitarra), Jaume Guerra (bajo) y Tico Porcar (batería).

Durante todo el mes podrán contemplarse las fotografías de Antonio Porcar Cano, un enamorado del jazz y de la fotografía, facetas que une de manera habitual, además de su trabajo como organizador. Jazz Journalist Association de New York premió en 2014 una de sus imágenes como la mejor del año -Benny Golson ante la mirada de una grafiteada Billie Holiday en Peñíscola-, y podrá ser contemplada, junto a otras 49, en el Palau de Congressos dentro de la muestra titulada Phocuzz, que se exhibe en los principales festivales de jazz a nivel nacional.

La laureada fotografía tomada por el castellonense Antonio Porcar Cano del saxofonista Benny Golson ante la imagen de Billie Holiday.

PROGRAMA DEL XIII FESTIVAL INTERNACIONAL DE JAZZ DE PEÑÍSCOLA

  • Viernes 1. Inauguración de Phocuzz de Antonio Porcar Cano. Palau de Congressos.
  • Jueves 21. The Prototype, con el saxofonista Grant Stewart. Umbracle del Palau. 23:00. Gratis.
  • Viernes 22. Cécile McLorin Salvant. Palau de Congressos. 23:00. 15 euros (abono de los tres conciertos, 30 euros).
  • Sábado 23. Historia del blues, por Jesús Gallardo. Umbracle del Palau. 20:00. Gratis.
  • Sábado 23. Yei Yi & Co presenta el disco Mull. Umbracle del Palau. 23:00. Gratis.
  • Domingo 24. Kenny Barron Trio. Palau de Congressos. 23:00. 15 euros (abono de los tres conciertos, 30 euros).
  • Lunes 25. Arantxa Domínguez & Ricardo Belda. Plaza Santa María. 23:00. Gratis.
  • Martes 26. Kiko Berenguer. Plaza Santa María. 23:00. Gratis.
  • Miércoles 27. John Abercrombie Quartet. Palau de Congressos. 23:00. 15 euros (abono de los tres conciertos, 30 euros).
  • Jueves 28. Tat!. Plaza Santa María. 23:00. Gratis.

So Lovely Pop Up sube su mercadillo de tendencias a la tabla de surf en Bodegas Carmelitano

Vuelve el So Lovely Pop Up Store Market, por cuarto año consecutivo, a Benicàssim. Tendrá lugar los días 21, 22, 23 y 24 de julio en unas Bodegas del Carmelitano que albergarán cerca de 100 stands. La línea inspiracional de esta décima edición es la ciudad australiana de Byron Bay, donde la naturaleza y el buen rollo invitan a disfrutar del aire libre. Por ello, So Lovely ha querido captar ese easy-living para poder crear un “lugar donde disfrutar de un ambiente único en el que la  de la compra sea en sí misma una experiencia a vivir”, según explica la organización. La entrada para disfrutar de esta experiencia y salir de las Bodegas del Carmelitano con todos los productos it, es de 1 euro.

Este año se encontraran cerca de 100 stands de diferentes partes del país, así como firmas de Castellón. Pero esto no queda aquí, también contarán con la presencia de proyectos de Brasil y Venezuela. Una variedad asegurada y en donde poder encontrar ropa, piezas únicas de artesanía, bisutería, zapatos, muebles, etc.

Público en So Loveloy Pop Up Store. Foto: Amandadh.

Para coger fuerzas y poder recorrer todos estos puestos, So Lovely cuenta con la empresa valenciana Clectic Open Kitchen, que ofrecerá un recorrido por el mundo a través de la comida. Del postre se encargará Wacis, con sus helados ecológicos, macarons y cookies artesanales.

Esta edición trae una novedad, y es que se ha ampliado la zona y creado una nueva área llamada El árbol, en donde se realizarán talleres y habrá un espacio para descansar. En cuanto a la programación de talleres y actividades que trae So Lovely, Leroy Merlin realizará tres talleres gratuitos bajo el concepto hazlo tu mismo: Tu huerto urbano (viernes 22, a las 18.30), Transfer sobre madera (sábado 23, 18.30) y Pinta con Chakl paint (domingo 24, 18.30). Cooklovers se encargará de enseñar cómo variar y esperimentar en nuestros platos a través del taller Cocina creativa (de jueves a domingo, a las 20.30). Por su parte, Sloa Pilates impartirá una masterclass de Total Barre (modalidad de pilates) el viernes 22 y el sábado 23 (22.00).

A medio camino entre un mercadillo y un festival, So Lovely presenta un cartel musical para estos cuatro días muy animado. Los dj's protagonistas de esta edición serán Homocigóticos Djs (residentes), Borja 7Pulgadas Dj, El Goma Dj, Groupies Djs, Vicentemazo, Cinderella Dj y Huskies Dj.

Ruth Baker Band en el FIB: "Llegamos a pensar que sería imposible, pero el sueño se ha hecho realidad"

Ruth Baker Band (de izquierda a derecha): Carlos Cruz (batería), Iván Chabrera (guitarra), Ruth Baker (voz), Nacho Fandos (guitarra) y David Franch (bajo). Foto: Rosana Ayza.

Los primeros rasgueos de guitarra y los primeros golpes de batería acompañados por el ritmo de bajo que sonarán en el FIB 2016 tendrán firma castellonense. A las 19:30 del jueves 14 de julio, sobre el Escenario Radio 3 FIB Club, estarán ubicados los siete componentes de Ruth Baker Band. No sería extraño que de inmediato se les uniese un teclado y un trombón, segundos antes de que la voz negra de una valenciana comenzase a atacar un tema que bien pudiera ser “Changing my way”, esa dosis de high energy que titula el disco con el que se ha estrenado este grupo que consigue reunir de manera satisfactoria dosis equilibradas de rock clásico, hard, soul, funky, sixties, incluso desarrollos cercanos a la psicodelia o marcados ritmos propios del grunge. Ni medio año lleva el disco en  la calle y puertas tan complicadas de abrir como las del FIB ya les han dado la bienvenida.

Los componentes de Ruth Baker Band no son precisamente nuevos en el negocio de la música, por lo que este espectacular arranque –cada uno de sus vídeos resulta un éxito de visualizaciones y comentarios- se lo toman con alegría pero de manera comedida, porque por su experiencia son conscientes de que cada paso cuesta mucho de dar. La menos experta de todos ellos es la propia Amparo Jiménez/Ruth Baker, quien de manera paralela cuenta con proyectos más modestos de versiones en Valencia. En cuanto al resto, el guitarrista Iván Chabrera lideró Los Búhos, el grupo mod más importante surgido en Castellón en el siglo XX, donde formaba equipo con su esposa, la teclista María Pascual, recuperada para la escena por Ruth Baker Band, y culpable en gran medida de la existencia del grupo; además, Iván se dedica profesionalmente a la gestión técnica de conciertos y festivales. El otro guitarrista, Nacho Fandos, y el bajista David Franch (ambos vila-realenses) llevan años formando equipo en formaciones como Ultimabala, The Stolen Jackets y The Electric Ones, grupo éste último del que también formó parte el batería Carlos Cruz, a su vez miembro de los benicenses Skizophonic, donde coincide con Javi Gascón, quien ahora cambia el bajo por el trombón. Nacho, además, está al frente de los locales de ensayo y sala de conciertos castellonense La Burbuja, su centro de operaciones.

Iván Chabrera toma la voz para repasar cómo ha sido hasta el momento la trayectoria de Ruth Baker Band y apuntar sus sensaciones sobre presencia del grupo en el Festival Internacional de Benicàssim, una experiencia que, dos de ellos, Carlos y Javi, ya han vivido, en la edición de 2014 con Skizophonic.

>A priori, ¿qué supone para vosotros estar incluidos en el cartel del FIB 2016?
Es un soporte brutal a la hora de publicidad para la banda y es como nuestro premio a dos años de duro e intenso trabajo (cinco desde que empezamos los chicos en The Electric Ones). La verdad que está siendo una experiencia gratificante hasta el momento.

>¿Cómo se produce ese momento en que os dicen si tenéis algo mejor que hacer en esos días que tocar en el FIB?
Pues ha sido como una larga agonía (entre la esperanza y desesperación) que al final ha dado su resultado, ya que desde que enviamos nuestro trabajo a los responsables (a los cuales les encantó desde el primer momento) hasta que finalmente nos dijeron si queríamos formar parte del cartel del FIB 2016 pasaron más de seis meses. Incluso ya pensábamos que sería imposible… pero, bueno, al final parece que los sueños se hacen realidad.

>Os costó un poco publicar vuestro primer disco, pero desde entonces todo parece haberse disparado… para bien. Vuestro primer videoclip obtuvo una gran respuesta, acto seguido editasteis el CD y os comenzaron a llegar conciertos. ¿Sorprendidos por este arranque?
Pues la verdad es que costó sacar el disco por varias razones.Una fue que la primera versión que grabamos se borró del disco duro y la única que sobrevivió fue “Shake!”, que la teníamos ya editada, con lo cual hubo que ponerse manos a la obra desde casi cero otra vez. La segunda es porque queríamos hacerlo bien. La tercera, porque es autoeditado, con todo lo que conlleva esto y el dinero que sale de nosotros. ¿Sorprendidos? Pues ciertamente los conciertos no llueven del cielo, hay que buscarlos y esto es un trabajo que hacemos a diario. Mandamos copias a todos los puntos que se nos ocurren dentro y fuera del país. El arranque es algo que hemos ido preparando concienzudamente. Sí es cierto que hay más gente interesada y que concierto a concierto hace que nos llegue alguna oferta, pero la suerte sin trabajo no llega.

>Vamos al inicio. ¿Cómo se produce la unión entre The Electric Ones y Ruth Baker?
A Ruth Baker la conocía María Pascual (pareja de Iván y ex Búhos). María hacia producción musical y solía contar con ella para los eventos. Yo también la fui conociendo a través de estos eventos. Ruth Baker siempre comentaba que le gustaría montarse un grupo de rock y dijimos de fusionarnos con The Electric Ones. Le enviamos un par de temas que teníamos y le pareció estupendo.

>¿Cuándo y por qué decidís pasar de Ruth Baker & The Electric Ones a ser Ruth Baker Band?
Simplemente porque cuando Carlos y yo decidimos dejar The Electric Ones (por incompatibilidad y tiempo material con tener dos o tres bandas) ya no tenía sentido llamarnos The Electric Ones, ya que dos de los cuatro no pertenecíamos a la banda y decidimos cambiar el nombre .

>Por cierto, ¿en qué punto están ahora The Electric Ones (ya sin Iván ni Carlos, y con la llegada de Pascual Tirado, ex Ultimabala, donde formaba equipo con Nacho Fandos y David Franch, además de su hermano, Hèctor Tirado)?
Franch y Nacho están ensayando con Pascual y componiendo temas nuevos y suponemos que harán algún estreno de todo esto. Por el momento los tenemos ocupados a tope con conciertos.

>Erais quinteto, pero desde que editasteis el disco participan en algunos directos Javi Gascón, al trombón (miembro de Skizophonic), y María Pascual, a los teclados, quien vuelve tras Los Búhos. ¿Son componentes oficiales de la banda o sólo actuarán en algunas ocasiones?
Gascón lleva tocando con nosotros desde casi el principio. Es un amigo y nos sentimos muy cómodos con él. Ahora en verano viene a los ensayos y es una parte activa del grupo. En invierno tenemos los ensayos entre semana y eso hace que no pueda estar tan activo como ahora. Por otro lado, María es una parte activa aunque no visible del grupo (por ejemplo, tocar en el FIB e incluso llegar a estar tocando juntos en gran parte es culpa suya). Ha colaborado en un par de conciertos y también estará en el FIB, y aunque nos gustaría que estuviese más integrada en el grupo a la hora de tocar, sus obligaciones laborales y familiares la mantienen muy ocupada; aunque es cierto que sin trombón y teclado igual hacemos conciertos, eso no hace que sean partes menos activas en el grupo.

>¿Cómo surgen las canciones de Ruth Baker Band? Lo digo porque a pesar de que todos venís del rock, escogisteis ramas distintas y no sé exactamente cómo, hacéis encajar esas influencias (sixties, hard, soul, incluso grunge).
Pues simplemente surge. Por ejemplo, puedo llevar una idea con acordes y melodía y Amparo darle una vuelta a la melodía y ponerle un toque más negroide, Nacho hacer unos arreglos a su estilo hard rockero y ya le añadimos la base contundente de Franch y Carlos… pues ahí sale. O a la inversa. Luego depende de cómo lo vemos, pensamos ya en meter o no trombón y teclados.

>¿Y de dónde surge esa voz negra de una valenciana como Amparo?
Supongo que gracias a la madre que la parió (risas).

 >¿Esa participación el recopilatorio de canciones de Beasts of Bourbon editado por el sello francés Beast Records se queda ahí o hay alguna opción de trabajar con ellos –o con otra discográfica- a nivel internacional?
Esto viene de la amistad que hicimos María y yo con Andy Moore (Digger and The Pussycats) y su mujer cuando estuvieron viviendo en Castellón durante un año. Mi mujer y su mujer se conocieron y cuando nos presentaron la magia y sintonía se apoderó de nosotros. Estamos siempre en contacto y fue él quien nos animó (aquí nos vio un montón de veces) a que grabáramos un tema. Esperemos que podamos colaborar. Lo que sabemos que la nuestra, “You let me down” es una de las tres canciones que más le ha gustado a Spencer P. Jones guitarrista de Beats of Bourbon y autor del tema- y que saldrá tanto en la edición de CD como la de vinilo

>¿Qué vais a preparar para el concierto que abrirá el FIB?
Aún no lo hemos pensado, pero como tenemos media hora nos gustaría hacer prácticamente lo que es disco con alguna versión quizás.

>¿Qué grupos os atraen del cartel de este año?
Creo que este año más bien va a ser una edición para descubrir grupos.

Ruth Baker Band, al final del concierto de presentación del disco 'Changing my way', el pasado 21 de mayo en la castellonense sala La Burbuja. Foto: Antonio García @rockmuseumlive

>Y más allá del FIB, ¿qué tenéis a la vista?
Tenemos concierto el 23 de julio en la Fiesta Wattussi en el 16 Toneladas, de Valencia, con Los Blancos de California; el  Tarugo Rock 12 de agosto y la Concentración Harley el 3 de septiembre en Alcossebre. Seguimos trabajando a diario para buscar más conciertos pero es cierto que vamos seleccionando cada vez más; por ejemplo, no tocar en un tiempo en Castellón ciudad.

CARLOS CRUZ Y JAVIER GASCÓN, REPETIDORES EN EL FIB

Además de Skizophonic y Ruth Baker Band, Javi Gascón y Carlos Cruz forman equipo como Djs: Drum & Gas. Foto: Antonio García, @rockmuseumlive

>Segunda participación en el FIB y con dos proyectos distintos. ¿Ya no es la misma ilusión al no ser la primera o al tratarse de un grupo diferente sí es como la primera vez?
(Gascón) Tocar en el FIB siempre es especial. Es uno de esos conciertos que no se te quita de la cabeza y cada día tienes un pensamiento, como si fuese una chica que te gusta. Pero no puedo compararlo a cuando toqué con Skizophonic; aquello fue algo que no olvidaré, fueron muchas emociones juntas.
(Carlos) Es diferente pero igualmente ilusionante. Pero recuerdo que el hecho de tocar por primera vez añadía una presión. Los días antes de tocar la gente nos paraba por Benicàssim para preguntarnos por el concierto, fue una locura.

>A Skizophonic lo veo un poco parado. ¿En qué momento está en la actualidad?
(Gascón) Estamos en pleno proceso compositivo y de cambios. Quedamos todas las semanas para intentar sacar un discazo y que la gente piense que no estaban muertos que estaban de parranda.

>Dos años después, ¿qué recordáis de aquel concierto con Skizophonic y de toda la experiencia fiber que vivisteis desde dentro?
(Gascón) Lo recuerdo todo. Absorbí aquella experiencia como una esponja. Recuerdo el trato exquisito al músico y por encima de todo cómo disfruté el directo. La potencia en monitores era tal que el sonido te penetraba por todos los poros, era imposible no sentirte una jodida estrella de rock por unos minutos.

La formación de Skizophonic que actuó en el FIB 2014 (de izquierda a derecha): Dan Alcaide, Eloy Alcaide, las Skizonettes (Sofía Royo, Sol González y Nuria Pallarés), Nacho Galí, Javier Gascón y Carlos Cruz. Foto: Rosana Ayza.

>¿Tuvo alguna consecuencia posterior para Skizophonic aquella actuación?
(Gascón) Siempre tiene alguna consecuencia tocar en el FIB, ya sea buena o mala. La cuestión es no creerse que tocar en el FIB te abre las puertas del cielo. Para sacar un proyecto adelante necesitas más que un buen escaparate, en eso estamos trabajando.

 >¿Cómo surge la idea de que Javi entre a tocar el trombón con Ruth Baker Band?
(Carlos) Skizophonic y Ruth Baker Band ensayamos en el mismo local y alguna vez Gascón se quedaba a ver los ensayos, le gusta mucho ese rollo de música. Para una canción que grabamos le pedimos que metiera un arreglo de vientos y nos gustó la sonoridad del trombón, así que fue de manera progresiva, casi natural, que fuese entrando en los directos.

>¿Para Carlos resulta muy diferente llevar el ritmo en uno y otro grupo? ¿Qué diferencias más notables encuentras?
(Carlos) Son dos estilos muy diferentes. En el aspecto técnico Ruth es rock&roll puro y tocar es muy divertido;  con Skizophonic el estilo y los temas obligan a variar en una misma canción más veces el ritmo y eso lo hace que sea un poco más complicado. Pero en el aspecto personal, con las dos bandas hay un feeling muy bueno.

>Como habituales del FIB como espectadores, ¿qué os parece la edición de este año?
(Gascón) Ha mejorado el cartel respecto a los dos últimos años y se suma a que soy otro fan más de Muse. También te digo que cuando hablo del FIB no soy demasiado objetivo: me crié a sus faldas, me cuesta criticarlo.
(Carlos) No me gusta demasiado el cartel de este año. Salvo Muse, que es una banda de un directo perfecto.

>¿Cuál es vuestra edición favorita de las que habéis vivido?
(Gascón) El 2014 por razones obvias y también recuerdo que el 2002 fue muy bruto, con Radiohead, Planetas, Muse, Suede, Paul Weller, Supergrass, The Cure... otros tiempos.
(Carlos) La del 2007 y la del 2002 con Suede y Radiohead. Eran carteles increíbles y en esa época tampoco había tanta competencia en festivales, así que ver a este tipo de grupos internacionales era casi exclusivo del FIB.

Xavi Muñoz (FIB 2016): “Algún día molaría tocar ahí”

Xavi Muñoz posa para esta entrevista frente al Espai d’Art Contemporani de Castelló con dos de sus perras, Olivia (la podenca de color canela que mira al flash) y Wala (la collie blanca que mira a la cámara). Foto: Carme Ripollès.

>El domingo 17 de julio actúas en el FIB (20:00, Escenario Visa) con Alberto Montero. Vuelves al festival de al lado de tu casa, al que has ido tantas veces a divertirte y también a trabajar, para subirte a uno de sus escenarios, ¿cómo lo imaginas?
Entre los festivales de Castellón, sobre todo para nuestra generación, los que tenemos ahora entre 30 y 40, el FIB es un gran tótem. Cuando llega el FIB en el año 95 a muchos de nosotros nos abre los ojos a la primera división de calidad de la música que se hacía en ese momento. De repente podías ver al lado de casa a bandas como Stereolab, Radiohead, Tortoise, Sonic Youth… y tantísimas otras… porque una de las cosas buenas que tenía el FIB es que dentro del indie, o lo que en ese momento se llamaba indie, era bastante abierto, entonces igual podías ver a Belle & Sebastian, que entre comillas eran unos moñas para los que les molaba el rock, como podías ver, no sé… Cosas de hip hop o de electrónica, que luego hubo una escena bastante chula de electrónica. Entonces, para mí, yo recuerdo ver a esa peña en directo y pensar…

>Yo quiero estar ahí…
Esa es una de las cosas que piensas: “Yo quiero estar ahí” o, al menos, “cómo molaría algún día tocar ahí”. Era cuando tenía 18 o 20 años, cuando me molaba mucho la música y tenía cierta intuición; todo viene un poco de ahí, de tus deseos cuando tienes esa edad, como con el resto de cosas de tu vida. En ese sentido, los festivales tienen un componente de formación que te abre los ojos a lo que hay fuera, sobre todo en un momento en que no utilizábamos internet. Nos abrieron los ojos a esa primera división, a esa canela de lo que se estaba haciendo en ese momento. Entonces, si tienes la mente abierta, te sugiere maneras de poder desarrollar lo que tú estás haciendo o intentar ir hacía un camino distinto. Por eso es muy importante que se programen artistas de calidad.

>¿En qué punto llega Alberto Montero después de lanzar su tercer disco, Arco Mediterráneo, y el gran éxito que tuvo vuestro concierto en el Primavera Sound?
Esta semana haremos unas fechas por Galicia con Alberto, que servirán de calentamiento para el concierto del FIB. Parece que este disco esté siendo la confirmación para un público más amplio. Estamos muy contentos con la acogida que están teniendo los temas en directo, y lo que pasó en el Primavera Sound va en esa dirección. El del FIB será especial para nosotros, ya que Alberto y Marcos también han asistido muchos años como público. Una pena tener solamente 30 minutos, ¡pero los aprovecharemos al máximo!

>¿Qué participación has tenido en la grabación de Arco Mediterráneo?
Los bajos son míos, tanto las composiciones como la ejecución, y después algunas percusiones y coros, porque como lo grabamos en Vila-real [Espurna Indret, base de operaciones del Grup d’Autoajuda], pues me involucré más en todo el proceso. Lo produce Román Gil, que es el guitarra solista, y él y yo hicimos de técnicos de grabación. Poníamos micros, hablábamos de qué micros íbamos a poner, etc. Entonces, claro, estás tan dentro del proyecto que vas sugiriendo, es como un brainstorming continuo.

Xavi Muñoz (derecha), acompañando al bajo a Alberto Montero en su actuación en el Primavera Sound 2016. Foto: Paco Poyato.

>Volviendo a los festivales, sobre todo los de verano ahora que estamos en plena temporada, ¿puede ser que con los años los festivales, y no solo el FIB obviamente, se hayan convertido en parques temáticos de la música en directo, perdiendo un poco ese espíritu de descubrir nuevas propuestas del que hablabas?
Claramente. Y eso es porque la cultura se ha convertido en entretenimiento, no la concebimos por sí misma; y aunque la cultura siempre ha de tener un componente de entretenimiento, no todo el entretenimiento es cultura. La diferencia para mí la marca la calidad: cuando hay un entretenimiento que además aporta algo, te hace pensar, le da un bofetón a tu día a día y te dice: “Tío, hay otros tipos de vida, hay más mundo más allá de La Plana; hay algo más allá del Desert de les Palmes y más allá de la Vall d’Uixó”. Cuando te hace pensar así, eso es cultura; eso es lo que realmente te está aportando algo como existencia. Si no, es un mero entretenimiento que lo que hace es adormecerte más. Hoy en día hay muchos festivales, tantos que se solapan unos con otros, y eso no es necesariamente bueno. Está muy bien que haya muchas actividades culturales, pero han de aportar algo más, no tienen que ser sólo una distracción, para que pases por allí y haya alguien en el escenario amenizándote el paseo.

>Y que el músico se termine convirtiendo en un atrezzo, una excusa para el auténtico festival…
Sí, me da un poco esa sensación. No hay una conciencia realmente de lo que es la cultura, y no quiero decir que tenga que ser algo aburrido; insisto: toda la cultura tiene que ser entretenimiento, pero no sólo. La música no puede ser como unas cortinas; tiene que ser alguien que esté delante de las cortinas y que te esté diciendo algo. Otra cosa es que entiendas lo que te está diciendo o que simplemente no te interese, entonces es distinto, pero tiene que haber alguien. La cultura es comunicación, tiene que haber alguien comunicándote algo.

>Hablando de festivales, uno que tristemente desapareció, el Tanned Tin de Castellón, también creo que ha sido muy importante para ti.
Sí, es mi otra gran influencia como festival, junto al FIB. También es más mi palo: poder ver en distancias tan cortas a gente que admiras, pero también a gente que no conoces y que probablemente no vayas a ver nunca más ni vayas a saber de ellos…

>Conciertos extraños que generaban momentos únicos…
Sí, eso es, había cosas que te partían el cerebro: esa banda típica del Tanned Tin que hacía ruido, pero no era ruido; que te tiraba para atrás, pero tenía algo que te hacía quedarte porque estabas entendiendo un hilo comunicativo que había. Ahí estaba pasando algo, estabas entendiendo algo. No se puede explicar bien con palabras, pero ¡coño!, ahí había un discurso. A esa comunicación me refería, a mí me comunicó algo en ese momento. Entonces, aunque no me quedara todo el concierto y luego resulta que era un grupo de culto y tal, a mí me hizo sentirme vivo, me hizo sentir que alguien me estaba contando algo. Y es la misma sensación que tienes cuando vas a ver una buena exposición a un museo o cuando vas a ver una buena peli. Te hacen plantearte y pensar posibilidades, y te hace sentir distinto por lo menos un rato después de que has visto la peli.

>Lo que se dice tener una experiencia estética…
Sí, pero que además la interiorizas y la puedes llegar a transformar en una experiencia vital.

Xavi Muñoz, en segundo plano, actuando por primera vez con Laetitia Sadier en el Teatro Principal de Castellón dentro del Tanned Tin 2012. Foto: Pau Bellido.

>¿Cómo un tipo de 33 años deja un trabajo de ingeniero en plena crisis (2012) para girar por Europa con Laetitia Sadier, una compositora francesa ex cantante de un grupo de culto como Stereolab?
Para mí tenía sentido en ese momento. Todo empezó porque ella iba a venir al Tanned Tin, nos habíamos conocido poco tiempo atrás y venía sola; yo le envié un correo diciéndole: “Oye, si vas a venir sola al Tanned Tin, conozco a un batería [Marcos Junquera] y yo soy bajista; nos podemos preparar tres o cuatro temas y te haces la mitad del concierto con banda, que siempre es más atractivo”. “Ah vale, guay”, nos contestó. Nos envió los temas, los preparamos juntos la noche de antes, durante hora y media, y ella encima estaba afónica, por lo que hicimos un ensayo de mierda básicamente (ríe). Luego el concierto, que podía salir muy mal o regular, pues salió todo lo bien que podía salir. De manera que, a raíz de ese e-mail que le envié y de hacer ese concierto, a Jesús Llorente [codirector del Tanned Tin junto a Jose Luís Cuevas] y los de Buen Ritmo [promotora que también llevaba el festival ese año] les gustó mucho cómo lo habíamos hecho con Laetitia y cuando hicieron la gira de Daniel Johnston en España nos llamaron a nosotros como banda. En 2007, ya me había picado el gusanillo con la primera gira que hicimos con Litius abriendo para The Sea and Cake. Entonces fue cuando Laetitia me ofreció formar parte de su banda estable. ¡Coño, y para mi Laetitia es un referente!, es una de esas voces que reconocerías en cualquier sitio a los cinco segundos de oírla en una radio, en un coche… donde fuera. Entonces, claro, me tiré a la piscina. Si te soy sincero pensaba que estaba mejor pagado (ríe), pensaba que era subir de división con todas las consecuencias. Me di cuenta después de hacer la gira, después de tomar la decisión. Al volver recuerdo hablarlo con una buena amiga, con Mila: “Mira, me pasa esto”, y ella decirme: “Hombre, pero no te lo vas a dejar, ¿no?, tienes un buen curro”. Yo tenía un sueldo más que digno; para vivir en Castellón sin hijos y sin hipoteca, muy bien. Además, mi jefe me respetaba como persona y como ingeniero, las dos cosas, y era la primera vez que me pasaba, que estaba enamorado del trabajo y mis compañeros eran la polla. El curro me gustaba, no era mi curro ideal pero me gustaba, me sentía útil, me preguntaban y mis opiniones valían, que era algo que no me había pasado nunca. Entonces, empiezas a verle valor a todo el tiempo que has invertido en la carrera, a aprender tantas fórmulas de matemáticas y de romperte ahí los cuernos, de repente empiezas a ver de qué va la cosa en serio…

>Y entonces pasa el tren de la música.
Sí, surge esta oportunidad. Y entonces fue como cuando se lo dije a esta amiga: “No, si yo, en realidad, lo que quiero es que me echen del curro para poder hacerlo sin tomar yo la decisión”, ¿sabes? Me sorprendí a mí mismo diciendo eso, porque lo que me llamaba era probarlo; era un tren que con 33 años no sé cuántas veces más iba a pasar. Ahora, visto con perspectiva, lo de Daniel Johnston y lo demás, era como que todo iba en pendiente hasta que pasara algo así.

>Habías probado el veneno.
Sí, sí. Y es eso, quiero decir, la vida de gira es bonita, pero tiene su cara B. Pero, ¡joder, mola! Y es un poco ese veneno que te pica y te dices: “Creo que podría ganarme la vida así, haciendo esto”. Y eso fue, cuando me lo ofrecieron pensé: “Joder, si es lo que yo quería”. Además, Sara [Rodríguez, pareja de Xavi Muñoz] fue la primera que me dijo: “Tío, ¿a qué esperas?, si es lo que siempre has querido”. Y era verdad. Le estaré eternamente agradecido.

>¿Puede que la gira por EE. UU. con Laetitia Sadier en 2015 terminara de dar sentido a esa decisión?, ¿cómo fue la experiencia?
Puede ser, sí. Para mí fue muy importante ir a tocar a otro continente en el que yo no había estado nunca, porque yo no había viajado mucho en mi vida, el máximo tiempo que había estado fuera de España fue de Erasmus siete meses en Lyon; después había viajado a Irlanda, a Londres y tal, pero poco más. Cuando empecé a tocar, cuando tenía 16, 17, 18 años, o cuando hicimos la primera gira de Litius [su banda por entonces en Castellón] con The Sea and Cake en 2007, recuerdo pensar: “Si estos americanos vienen aquí, cómo molaría ir a tocar y conocer un país como Estados Unidos yendo de gira”. Así que fue cumplir un sueño. Después, en realidad, tampoco puedes ver tanto de las ciudades, más allá de lo típico. En EEUU hicimos 19 conciertos en 28 días, con solo un día libre en Nueva York, aunque estuvo de puta madre porque no había estado nunca y fue muy bonito. Pero normalmente casi no ves nada estando de gira, porque el coste de las comidas y del hotel en los días libres lo asumes tú. No es que sea un día en el que no ganas pasta, sino que además la pierdes. Así que los días libres suelen ser para hacer desplazamientos largos.

>Y estar en una determinada sala, encima del escenario, o escuchar un determinado comentario después del concierto… Cuéntanos algo que haya ocurrido, un momento importante que te haya pasado en esa o en otras giras.
El concierto con Laetitia Sadier en Chicago fue muy especial. Fue al final de la gira, como el quinto bolo antes de terminar, ya llevábamos una buena paliza de kilómetros. Era un día bastante malo para mí, aunque no necesariamente para el grupo, porque hay una cosa de la que me he dado cuenta girando con ellos [Laetitia Sadier y el batería francés Emmanuel Mario] y es que los dos son franceses, y entonces tienen una cierta complicidad cultural que es inevitable; también por el idioma, aunque yo ahora me defiendo bastante bien con el francés. El caso es que yo he experimentado estando de gira con ellos, cuando las giras son largas, una sensación de soledad que no había tenido nunca y, como tengo un carácter bastante reflexivo, empiezas a pensar: “Y esto por qué, y esto por qué, y esto por qué…”. Y ese día en Chicago fue muy malo en ese sentido. Llevábamos mucho tute, el cansancio ya hacía mella, los bolos estaban saliendo bien, pero por una serie de cosas ese día fue muy duro para mí. La sala estaba llena y Chicago para mí musicalmente es bastante importante. Y, al terminar, vino el bajista de Tortoise [Doug McCombs] a felicitarme, para decirme que le había encantado el concierto. Vino él personalmente y, claro, entonces…

>Se te cayeron las pelotas al suelo…
(Ríe) Recuerdo que fue después de cargar y de estar un buen rato allí, sin ganas de hablar con nadie, saliéndome a fumar solo… En fin, intentando buscar algo de intimidad, cosa que es imposible estando de gira…

>Cuando dices un mal día, ¿incluyes el concierto de Chicago en sí?
Después de tres semanas de gira hay una serie de automatismos, y no quiero decir que vayas con piloto automático, de hecho podrías llegar a dar esa sensación, ves a un montón de grupos que les pasa, pero yo siempre procuro que no me pase, quizás sea porque yo llegué más tarde a la música profesional y tienes ese punto de intentar que no te pase. Siempre hay como dos o tres momentos antes del set, que yo me los busco muchas veces al principio de la primera y segunda canción, que dices: “Aquí voy a dar el Do de pecho, aquí voy a ir a piñón”. Y entonces, cuando tienes un mal día, es un poco como: “Vale, durante la hora que dura el concierto hoy voy a dar el triple; no voy a dar el doble, voy a dar el triple”. Es una autoconcentración: “Sólo tengo esta hora para dar el callo, luego ya me derrumbo y hago lo que quiera”. Y el bolo salió bastante bien; fue uno de los mejores de la gira por EE. UU. Después del bolo fue doble bajón, porque después de haberlo dado todo y haber sacado fuerzas de donde no las tenía era como “Pff… no quiero hablar con nadie, sólo tengo ganas de meterme en una esquina y casi ponerme a llorar, necesito implosionar”. Y estaba camino de ello cuando se me acercó él y me dijo: “No me quería ir sin decirte que me ha gustado mucho el concierto”. Además, me alabó mucho técnicamente y, de hecho, no sólo él, sino también Sam Prekop, el cantante de Sea and Cake, y algunos miembros de Brokeback.

>Con Tortoise ya habíais coincido en Barcelona años atrás creo recordar…
Al que conozco de Tortoise es al batería [John McEntire], que es el mismo batería que The Sean and Cake, de la gira que hicimos en la época de Litius con ellos. Y, sí, habíamos coincidido en algún sitio como el Primavera Sound...

>Pero al bajista, a Doug McCombs, no.
No, no. Fue alguien a quien admiras, como bajista y por su carrera profesional, y que viene a felicitarte por lo que tú compartes con él; la verdad es que eso fue una buena inyección de moral. Y, efectivamente, como hablábamos antes, fue uno de esos momentos que dices: “Si no me arriesgo y no me voy de gira, esto no me hubiera pasado”. Es una de esas pequeñas cositas que sé que voy a recordar toda la vida. A lo mejor en la gira se te pueden olvidar cositas, pero de que viniera Doug McCombs para decirme que le había gustado mucho el concierto, la verdad es que fue un gran subidón.

Xavi Muñoz, con Laetitia Sadier y Emmanuel Mario (batería), en su concierto en el Icehouse de Minneapolis en septiembre de 2015.

>¿Y cómo se combinan esos subidones de esas giras internacionales junto a artistas que tienen su público y una carrera consolidada como es Laetitia Sadier, con todo un trabajo promocional más o menos encarrilado, con los otros proyectos que tienes con Alberto Montero y A Veces Ciclón, que son más de abrirse camino, con audiencias y repercusión más reducidas?
Te lo voy a explicar muy fácilmente, porque además el paralelismo funciona muy bien con cualquier tipo de empresa o con cualquier autónomo. Si tu empiezas a trabajar de arquitecto o de cualquier profesión en la que estás solo, si esperas que los dos primeros años te llamen para hacer una obra importante, es muy difícil. De lo que se trata es de reincidir, es decir, trabajar, trabajar, trabajar y trabajar. Eso que has oído tantas veces que te dice la gente, es totalmente cierto. La particularidad que tiene la música, que también pasa con cualquier otro proyecto artístico, es que has de mantenerte siempre a un buen nivel y, además, aprender, no conformarte, ir a más. Un profesor que tuve de acústica decía que hacen falta por lo menos diez años de profesión para empezar a tener ciertos recursos y poder empezar a medio-dominar el trabajo que haces. Entonces, de lo que se trata es de eso. Cuando ves a Laetitia con 47 años haciendo giras americanas con su proyecto, ganándose la vida y recibiendo propuestas de colaboraciones súper interesantes, etc., si miras diez años atrás dices: “Claro, si yo ahora apuesto por un proyecto, trabajamos y seguimos en una buena línea, haciendo lo que nos dé a nosotros la gana, poco a poco irá funcionando”. Así que, para compaginarlo, te tiene que gustar lo suficiente Alberto Montero y A Veces Ciclón como para decir: “Vale, me veo haciendo esto durante cinco, seis, siete, ocho años”. No estoy en esos proyectos por la pasa y antes o después voy a tener bulla con Óscar [Vilariño, cantante y guitarrista de A Veces Ciclón] o con Marcos [Junquera, batería de A Veces Ciclón y Alberto Montero]. Si te llevas bien con ellos, dices: “Bueno, yo con esta familia, porque al final es un poco familia, ¿con este grupo de trabajo me veo trabajando siete u ocho años? Sí”. Si tiene que pasar algo, pasará; si no pasa, por lo menos nos lo pasaremos bien. Y luego, en lo económico, tienes proyectos que te dan y proyectos por los que apuestas, y en ese sentido se parece un montón…

>A cualquier otro curro como autónomo, vaya…
A cualquier otro curro autónomo, exacto.

>Para terminar de repasar tu trayectoria con Laetitia Sadier. Hemos hablado de los inicios y de la última gira americana, pero ¿en qué momento entraste a participar más de su propuesta, de cómo lleva las canciones al directo?, ¿cómo se rompe esa barrera del respeto y empiezas a meter baza?
Laetitia es una persona muy sensible, confía mucho en su intuición y, por lo que fuera, el concierto aquel que hicimos en el Tanned Tin, en el que tocamos cuatro temas con ella, le gustó mucho cómo tocaba y mi actitud; creo que debió pensar: “Pues con Xavi debe ser fácil ir de gira, me gustaría que estuviera en mi equipo”. Durante la primera gira que hice con ella por Europa durante cuatro semanas fue cuando empecé a conocerla como persona. Recuerdo el primer día que llegamos a Londres, que ya nos empezábamos a conocer, estar en su casa y pensar: “¡Joder, es la casa de Stereolab!, aquí habrán grabado voces, habrán grabado arreglos…”. Los primeros días tienes respeto por esa parte del mito, pero poco a poco, a fuerza de convivir, vas conociendo a la persona y el mito cada vez se aleja más. Más que se aleje, te das cuenta de que no es un mito y ya no es algo falso. Eso fue la gira de presentación de su segundo disco en solitario, Silencio, y a raíz de eso yo notaba que las sensaciones eran buenas, notaba que íbamos a más. Además, aunque ella lo conocía bien, también era la primera vez que giraba con el batería [Emmanuel Mario], así que éramos un equipo nuevo para ella, y la verdad es que la cosa funcionó muy bien en lo personal y en lo musical. La confianza fue aumentado y cada vez funcionaba todo mejor, hasta llegar a ese punto en el que te atreves a sugerir. Tú lo sabes, en los grupos en los que he estado nunca me he callado, pienso que si la idea es buena, yo la sugiero y, si luego no funciona, pues no funciona.

>O sea, que fue relativamente rápido, vaya, y eso te llevó también a convertirte en su bajista de estudio, ¿no?
Sí, después ya empezaron a salir más fechas. Vi que ella confiaba en mí y en el siguiente disco [Something Shines] ya grabé yo el bajo. Incluso, hay algunas canciones que ella me enviaba algunas demos muy primigenias, y al añadirle la línea de bajo yo estaba proponiendo un ritmo que no era el mismo que estaba pensando ella pero que al final ha sido el que se ha quedado. Así que empecé a interactuar en ese triángulo.

>Mucho trabajo por internet sin tocar juntos veo…
Sí, bastante. Ella graba sus demos en casa y nos las envía al batería y a mí, entonces grabas algo por encima y lo vas compartiendo por internet. Lo vamos trabajando y llega un momento en el que es necesario juntarse, porque lo que te cuesta tres meses hacerlo online, en persona los tres juntos en una semana lo tienes. Así que la segunda mitad del disco, lo que ya es grabar las canciones o acabar las que están a medias, lo hicimos en casa de Laetitia. Aprovechamos que teníamos una gira por Inglaterra una semana y, a la semana siguiente, después de haber calentado haciendo los conciertos, acabamos el disco.

>Cuando estás tanto tiempo fuera de casa en culturas y con idiomas diferentes, ¿cómo te comunicas con la gente?, ¿es un mundo muy cerrado con las personas con las que vas de gira o tienes ocasión de salir de ese círculo?
Salir del círculo es complicado porque tienes todo el día planificado por y para el concierto. Una jornada nuestra estando de gira, normalmente el 80% de las veces te levantas, desayunas algo, coges el coche o la furgo y viajas; bien dos horas, cuatro o si son seis, normalmente muchas más de seis siete no sueles hacer si luego tienes que tocar el mismo día porque llegas muy cansado. Llegas a la ciudad, si tienes un par de horitas te das una vuelta y entonces ahí suele ser donde aprovechamos para separarnos y buscar un poco la intimidad. Por ejemplo, a Laetitia le gusta mucho conocer las ciudades caminando rápido sin ningún itinerario claro y yo soy más de pasear tranquilamente, sin estrés, no necesito hacer ejercicio, sino que voy a pasearme a ver qué me sugiere la cosa. Luego, relacionarte con la gente, pues es bastante más fácil que cuando vas de turista. Cuando has tocado en una sala es más fácil que alguien se acerque a decirte si le ha gustado o no, o te dé algo de conversación. Tienes una charla fugaz, porque luego lo que la gente no ve es que después tienes que recoger, meterlo todo en la furgo y lo que no puedes hacer es salir, a no ser que las condiciones sean muy favorables, como que te quedes en un hotel que está justo al lado del garito.

>Entonces sí que puedes recoger rápido y después tomarte algo, ¿no?
Claro, luego te puedes quedar a hacerte una cerveza, si coincide que es viernes, jueves o sábado, porque si es un martes el garito a lo mejor cierra a las doce y se acabó. Pero tampoco tienes muchas veces ganas, porque si al día siguiente tienes que levantarte pronto y hacerte cinco horas en coche… Algún día, no te digo que un sábado no lo puedas hacer, de acostarte más tarde, pero es raro. No suele pasar porque además luego la resaca… y, aunque no tengas resaca, no estás completamente bien para conducir e igual aún te quedan dos semanas de gira y no quieres ir toda la semana a rastras.

>En cuanto a los idiomas, me imagino que habrá sido una Escuela Oficial de cuatro años con todas las clases de conversación, ¿no?
La verdad es que es una de las mejores cosas a nivel profesional. Si algún día vuelvo a la Ingeniería, que no lo descarto, una de las mejoras que puedo poner en el currículum es que ahora tengo un buen nivel de inglés, tengo un buen nivel de francés y tengo un buen nivel de italiano. Lo que quiero hacer ahora es aprender algo de alemán, que vamos bastante a Alemania.

>Y el tiempo fuera de casa imagino que mucho más del que te gustaría…
Sí. La cara B de ser músico realmente es esa. Yo tengo pareja y es muy duro.

>¿Pasas más tiempo de gira que en casa?
No, no llega a eso. El año pasado hice un poco las cuentas y llegué a estar casi cuatro meses fuera de casa.

>Eso es mucho tiempo…
En realidad viene a ser algo parecido a lo que le pasa a un comercial de azulejera –ríe-. Pero estar lejos de casa es duro, sí, sobre todo para el que se queda. Por ejemplo, si hay diferencias horarias, si te llamo a las cuatro de la mañana, me va a costar 13 euros el minuto, te voy a dejar preocupada y va a ser peor. Entonces, para el que se queda siempre es la ausencia. Y, tú, al ver que tu pareja está sufriendo, no lo pasas bien. Es una suma de sensaciones descorazonadora.

El norteamericano Dorian Wood (en primer plano) y Xavi Muñoz al contrabajo, durante el concierto de enero de 2014 en el Paranimf de la UJI. Foto: Carme Ripollès.

>Otro momento importante desde que te dedicas a la música creo que fue  uno de tus primeros conciertos con el norteamericano Dorian Wood, en el Paranimf de la UJI. Recuerdo que era un artista que no conocíamos nadie y, de repente, fue como la erupción de un volcán delante de todos. Y tú tocando el contrabajo por primera vez, como si llevaras toda la vida con él...
Hay cosas del contrabajo que me gustan, no todo, porque no me veo como músico de jazz, tampoco tengo la paciencia para conseguir una técnica buena como la que se necesita para ser un buen músico de jazz, pero sí que hay una sonoridad, una personalidad del contrabajo que me atraía y pensaba: “Algún día tendré que tocarlo”. Me compré el contrabajo y, a los tres meses de comprármelo, me ofrecieron lo de Dorian Wood, que venía a Europa…

>Pensaba que te lo habías pillado expresamente para esa gira…
No, no. Me lo pillé poco antes, pero no le había hecho mucho caso. Lo tenía en casa, lo había probado un poco, pero nada más. La movida fue que él iba a venir con su banda y, al final, el contrabajista, que es un tipo de primera línea que vive en Los Ángeles, no podía venir porque le salía poco rentable. De hecho, se iba de gira con Tim Robbins, el actor de cine que tiene un grupo de jazz, a Japón. Así que me dijeron: “Oye, que viene sin contrabajista, ¿tú te atreves?”. Y pensé: “Si no digo que sí ahora, ¿cuándo voy a decir que sí?”.

>Para darle salida al contrabajo…
(Ríe) ¡Claro! En principio no sabía si bajo eléctrico o contrabajo. Y dije: ”Voy a obligarme, tengo tres meses hasta la gira”. Me mandó los temas y tuve la suerte de que no era complicado. Técnicamente no es complicado con Dorian Wood, lo importante es lo que tú aportas de corazoncito; saber leer el momento en el que está la canción y qué es lo que requiere, si hay que darle más caña o menos, y esa es la parte de producción y de arreglos que a mí me gusta. Hice unas clases con Alejandro Royo y me dijo: “Creo que si te enseño las cuatro o cinco cosas que debes saber al principio, después puedes hacer marcha tú solo”. Y desde entonces ahí estoy.

>¿Y cómo fueron esos primeros conciertos con Dorian Wood a principios de 2014 en Barcelona y Castellón?
A Dorian lo conocí cuando hicimos el primer concierto en Barcelona, antes del Paranimf –ríe-. Fuimos Marcos [Junquera, el batería, también en este proyecto junto a Xavi Muñoz] y yo a Barcelona, llegamos al hotel, recogimos a Dorian y Leah [Harmon acordeonista y cantante que acompaña al norteamericano]. Un “Hola, ¿qué tal?” y un abrazo, porque sólo habíamos hablado por correo, pero no nos habíamos visto en persona. Teníamos un local de ensayo a las afueras de Barcelona e íbamos con la furgoneta, conducía yo, y en la misma calle del hotel atropello a un motorista. Como suena. Fue a muy poca velocidad, yo tenía un ceda el paso, hice el ceda el paso pero no le vi. No le pasó nadaal motorista, pero fue un poco… Imagínate. Luego nos hemos reído un montón de veces recordándolo: “Cinco minutos después de conocernos casi mato a una persona” –ríe-. Y con todo el cacao que significa tener un accidente en Barcelona; es decir, la Guàrdia Urbana por allí, la ambulancia, la gente mirando, porque estaba al lado de la avinguda del Paral·lel… ¡Tierra, trágame!, acabo de conocer a estos músicos de EE. UU., nos tenemos que ir un mes de gira por Europa conduciendo Marcos y yo… Luego nos hemos reído un montón de veces, y ha sido el único accidente que he tenido en cuatro años.

>Otro momento muy especial: tocar con Daniel Johnston en la Casa Encendida de Madrid, dentro de aquella famosa gira de abril de 2012. ¿Cómo fue la experiencia de girar con Daniel Johnston, de la que el batería Marcos Junquera escribió un artículo para Rockdelux?
Lo de Daniel Johnston fue realmente lo que significa ser un músico de sesión. Porque yo realmente con Dorian Wood no me siento un músico de sesión, tengo una relación personal con él como la tengo contigo, como la tengo con Marcos… Es decir, somos colegas, y además toco con él. Con Daniel Johnston, él estaba en su burbuja, además porque la necesita, con su manager personal; los músicos íbamos con la furgoneta a todas partes y él viajaba en tren, que también lo entiendo porque en el caso particular de Daniel Johnston es bipolar y tiene brotes psicóticos, va medicado, necesita a alguien que lo lleve de la mano… Es complicado. Además, tocamos con él después de hacer un ensayo de 35 minutos. Teníamos dos horas para ensayar y pensábamos que nos daría tiempo a hacer todos los temas, y ni siquiera los acabamos, empezábamos uno y decía: “Sí, sí, vale, vale… Vámonos que tengo hambre”. Y a la media hora se piró, y nos quedamos con cara de… La suerte es que con la banda, con Marcos y con Jose Guerrero [guitarrista y cantante de Betunizer], sí que lo habíamos ensayado ya antes. Casi no ensayamos con Daniel y casi no tuvimos relación, pero en la Casa Encendida estaba sold out, estaba totalmente lleno, y estaban los de Vetusta Morla o los de Muchachada Nui por allí. La verdad es que arrastraba a gente muy conocida a la que tú le tienes cierto aprecio. Pero sobre todo, para mí la experiencia con Daniel Johnston significó saber lo que es ser un músico de sesión, que te paguen más o menos bien por hacer un trabajo que es el de músico.

De izquierda a derecha, Xavi Muñoz, Daniel Johnston, Jose Guerrero y Marcos Junquera, tras uno de los conciertos del norteamericano en su gira española de 2012.

>Te has referido antes por encima, pero ¿cómo os organizáis para ensayar y girar con músicos norteamericanos que vienen a Europa?
Depende, cada caso es un poco distinto, pero se basa bastante en el trabajo en casa. Por ejemplo, cuando me preparé el repertorio de la gira de Air Waves, había quince temas en los que además de tocar hago voces. Las trabajé en casa; tú le das al play y te pones a tocar y a cantar encima. Te lo preparas mucho solo en casa y después pides que las pruebas de sonido de los primeros conciertos de la gira sean lo más pronto posible para tener unas dos horas y así hacer un ensayo.

>¿Cuántos instrumentos tienes en casa?, ¿con cuántos trabajas?
Al final me he acabado montando una especie de estudio en una habitación en casa. Tengo una mesa con un sofá, unas estanterías, un par de monitores, el ordenador, cuatro bajos, una guitarra… Hasta este año siempre utilizaba el mismo bajo, pero ahora que toco en varias bandas, puestos a buscar matices, tengo uno para cada proyecto. En realidad son matices, son cosas que oímos los músicos, luego a lo mejor si se lo pones a alguien que no es músico o que no toca no te sabe decir cuál es la diferencia entre el bajo que está grabado con Laetitia o el de Alberto, es un bajo al fin y al cabo. Pero para mí sí que tiene sentido disponer de un bajo de caja, otro tipo Beatles, tener uno de cuerpo sólido y uno de seis cuerdas. Porque para cada cosa busco un matiz. Es como pintar siempre con el mismo rotulador negro o tener diferentes puntas. Sobre todo compro de segunda mano por internet.

>Además, el contrabajo, teclados… siempre con las antenas puestas en internet ¿no?
Tengo cuatro sintes y luego tengo micros, porque si te gusta también la producción, pues poco a poco… yo el dinero que gano básicamente, además de vivir y de los pocos gastos que tengo, intento invertir en equipo. De manera que, si algún día necesito dinero, vendo parte de ese equipo por internet, según se venda más rápido o necesite más o menos dinero. Intento que no me pase, pero si hay algún gasto extraordinario al que no llego, pues me toca vender algún cacharro. Y también va bien porque a veces es recomendable deshacerse de material. Recuerdo una entrevista que le hacían al de Portishead que decía: “Yo me compro un sinte, lo pruebo dos semanas y si en dos semanas no saco un sonido que me guste, lo vendo y me pillo otro”. Es un poco así, yo no lo hago cada dos semanas –ríe-, pero sí que voy probando cosas.

>¿Qué tal la disciplina de levantarse por la mañana y ponerse a tocar cuando no estás de gira?
Yo soy muy malo para eso –ríe-. La verdad es esa, y si hiciera dos horas todos los días, realmente todos, supongo que me luciría el pelo de otra manera. En realidad mi visión de la técnica musical es más intuitiva, porque desarrollas más la intuición escuchando música que tocando. Para tocar debes tener la técnica necesaria que te permita hacer lo que tú tienes en la cabeza; has de practicar hasta que te salga lo que quieras que te salga. Pero con el bajo a mí me gusta pensar que, si tienes dos opciones y las dos aportan lo mismo, coge siempre la más simple; y con los arreglos igual.

>Cuando has estado con Laetitia o Dorian durante un tiempo de gira y has vuelto a casa, ¿no te has llegado a plantear liderar tu propio proyecto? ¿Compones canciones, está en tus planes?
Lo he pensado muchas veces y creo que ahora, después de llevar tres años tocando con otros proyectos, creo que ahora podría ser un buen momento. Ahora que tengo una visión general de cómo funciona esto, tanto a nivel creativo como a nivel de industria, tanto en España como en Europa, las diferencias que hay y cómo se manejan las cosas, creo que estoy en un buen momento quizá para intentar hacer un proyecto particular. Pero bueno, tengo que encontrar las ganas, el tiempo y sobre todo enfrentarme a ello. Laetitia y Dorian me han animado a que lo intente.

>¿Y nunca te has sentido como un mercenario?
No, no me siento un mercenario porque me gusta mucho tocar. Esto para mí no se trata de ganar dinero, para mí se trata de aportar sensibilidad, de participar y pasármelo bien. Por muy jodido que estés en una gira, tocar es lo mejor del día. Eso hace que no odies tu trabajo, no ha llegado ningún momento en el que me he cansado de tocar; a lo mejor te cansas de girar, eso sí, pero de tocar no. De tocar no creo que me canse nunca. No me siento como un mercenario porque yo siempre intento aportar algo. Por eso te decía que, a lo mejor, la única sensación de mercenario fue con Daniel [Johnston], que fue como “a tocar i prou”.

>Como has comentado, la producción es algo que siempre te ha atraído y has ido haciendo cuando has tenido ocasión, como el último disco de Ramon Godes, El escondite del espíritu. ¿La producción te la planteas como una colaboración con músicos amigos o realmente quieres dar ese paso de que pueda llamarte gente expresamente para producir sus canciones?
Me encantaría que me llamaran para hacerlo profesionalmente y que fuera otra de mis fuentes de ingresos. No me veo dejando la música por producir, pero sí que es un trabajo más cómodo: no viajas todos los días, quedas con el grupo, si es de Castellón es más fácil... Me encantaría que fuera así, de momento han sido más amigos, porque incluso con lo de deBigote fui yo el que hace un tiempo se lo sugerí. Lo intentamos y no salió bien, no quedaron lo suficientemente satisfechos, pero después de esa experiencia fueron ellos los que me vinieron y me dijeron: “Oye, mira, que tocamos en el FIB y queremos hacer un single, ¿te gustaría producirlo tú?”. Y fue muy guay, esa es la manera de trabajar que quiero.

>Ya es otra relación con la música…
Sí, porque soy más libre para sugerir más cosas. A mí la producción siempre me ha gustado porque, además de escuchar las armonías y lo que es la música en sí, las melodías, cómo se construye una canción, etc., la forma que se le da es la producción musical. Es algo que si no estás dentro del mundillo musical no acabas de entender muy bien qué es lo que hace un productor musical, pero puede llegar a ser muy importante. Y creo que es algo en lo que puedo aportar. No siempre, porque luego hay cosas que las escuchas y no las entiendes; dices: “Ostia, esto yo no habría sabido cogerlo por ningún lado, ¿dónde tiene los pies y dónde tiene la cabeza?”.

>Cuéntanos tu experiencia de trabajar con un músico de la trayectoria de Ramon Godes.
Con Ramon fue muy fácil porque él fue productor en los 80 en Madrid, uno de los buenos además: dos de los trabajos más importante que hizo son dos tótems en lo que se conoce como el final de la Movida, o la post-movida, que son Malevaje y Los Coyotes. A parte de ser muy buen músico y buen guitarrista, a él le gusta mucho la producción; le gusta tanto que, como no le gustaba como tenia que trabajar, se lo dejó –ríe-. Teníamos muchas conversaciones sobre producción y sobre detalles de discos, así que surgió espontáneamente. Él siempre había tenido la idea de grabar un disco de guitarras solas, pero nunca había encontrado el momento, no se atrevía, que es un poco lo que me pasaba a mí también, y al final fue El Pantera [Enrique Ara, técnico de sonido y productor] quien detonó el asunto. En el Primer Molí, en el ciclo A la lluna d’estiu. Hice un par de temas con Ramon y con Alejandro [Royo, el contrabajista que ha citado antes], tocando el piano, y El Pantera, que estaba sonorizando, dijo: “Oye, ¿esto por qué no lo grabáis?”. Y así lo hicimos. Y, a pesar de que fue una sesión de grabación de tres días, que en principio la idea era que saliera ya de esa sesión, después nos costó dos años acabar de regrabar el resto de temas.

>Y ese trabajo al final se nota en el resultado.
Es cuestión de matices. Nos interesaba conseguir un sonido de guitarra lleno pero sin que avasallara, porque las composiciones de este disco son muy tranquilas, y queríamos tener la sensación de que estás en una conversación con el guitarrista. También costó tanto porque la idea de disco que tenía Ramón y que tenía yo eran distintas; al final convergimos y la sensación que buscábamos sobre todo era esa, la de cercanía. Lo que buscábamos era: aquí está Ramon y lo que está haciendo es intentar traer el folklore castellonense y valenciano a la actualidad con una guitarra. Por cierto, los temas que grabamos todos juntos también son coproducidos con Enrique Ara.

>José Luís Cuevas de Born! Music todavía no ha salido en la conversación, pero ha sido muy importante en toda esta película, ¿no?
José Luís Cuevas es probablemente el nodo central de mi red de contactos. Gracias a él conozco a Dorian Wood, a Laetitia Sadier, aunque fue por Sara si él no la hubiese traído a Castellón no la habría conocido. Además, trabajo en un montón de giras que organizan desde Born! Music, también como tour manager, como las de Low o Retribution Gospel Choir. Para mí es muy, muy importante, si no el más importante a nivel profesional. Y luego, como amigo, es uno de los de verdad. Nunca se lo he dicho, pero me doy cuenta de que si no fuera por él probablemente yo no me dedicaría a la música. Fue Jose Luís el que me ofreció tocar por primera vez como profesional con Paula Frazer. Viviendo en Castellón, una de las cosas que es complicado tener es una red de contactos muy importante de gente que hace cosas interesantes; siempre es mucho más limitado que si estás en Barcelona o en Madrid. Un ejemplo: en la gira de Laetitia en Estados Unidos de telonera tuvimos a Angel Deradoorian, que era la bajista de Dirty Projectors, con su proyecto en solitario. Después, ella hizo una gira en Europa y la empezó en España, pero sólo tocó en Madrid y Barcelona; si yo viviera en Madrid o en Barcelona me hubiera sido muy fácil ir a ver su concierto, darle un abrazo y mantener el contacto; no por interés profesional, sino por mantener la amistad.

>Que además podría dar pie a otra cosa…
Podría dar pie a que conoces al que le produce su gira en España, que puede ser un contacto que necesites. Y estando en Castellón eso no lo tienes.

Xavi Muñoz, junto a los miembros de Low (Alan Sparhawk y Mimi Parker, en el centro), José Luis Cuevas (segundo por la derecha), Rauelsson y otros miembros de Born! Music y músicos, como Sergio Vinadé (Tachenko).

>¿Crees que en España se paga un precio más alto que en otros países por dedicarse a la música? Y, ¿si vives en la periferia todavía lo es más?
No voy a descubrir las Américas, pero en el tema cultural en el sur de Europa solemos ser bastante más precarios que en el norte. Hay menos dinero y la cultura, no sé por qué, siempre se considera que es menos productiva. Y estamos en una corriente que hace que las humanidades, la filosofía, la historia, el arte, etc., cada vez desaparecen más de los planes de estudios; un error, porque antes de ser productivo debes ser persona. Cuando llegas a Francia, a Inglaterra o a Estados Unidos y ves cómo se tratan a los artistas y a la cultura en general te da envidia. Y si además estás en la periferia eso se agrava, por lo que te comentaba de la red de contactos. Hoy en día es más claro que nunca: aunque yo te puedo enviar un e-mail a ti, si tú no me conoces no le vas a hacer el mismo caso que si nos conocemos en persona. Entonces, vivir en la periferia es jodido, porque tu red de contactos siempre es más escasa y menos densa. Pero en España es complicado, sobre todo porque a la cultura no se le da la misma importancia que a cualquier otro…

>¿Oficio?
Sí… o sector económico. Y entonces no hay un autónomo especial, porque la cultura es un negocio distinto y por lo tanto necesita un trato financiero distinto. Funciona económicamente de otra manera, sobre todo por el cambio que ha habido con internet. Ahora las copias físicas de los discos ya no dejan pasta, lo que la deja son los derechos de autor y las giras, y eso se debería tener en cuenta a la hora de fiscalizar nuestro trabajo.

>¿Has llegado ya al punto de tener que decir que no a ciertos proyectos para salir de gira o producir porque no te encajan o no tienes tiempo?
Solo uno. He tenido mucha suerte en ese sentido, porque todo lo que me han ofrecido me ha apetecido y he podido hacerlo. Con Alberto Montero o lo de Dorian Wood son cosas que dices “oye, ¿te apetece ir a tocar con Dorian?”, y tú escuchas las canciones y dices “joder, a este tío tengo que conocerlo; puede estar guay, puede ser una experiencia chula”. Y después resulta que, además, es una bellísima persona…

>Y eso que te llevas…
Claro. Igual que con Alberto Montero. A mí Alberto me parece uno de los mejores, si no el mejor compositor pop de su generación en España. Tal cual, como suena, muy rimbombante sí, pero reto a quien quiera a que me diga un compositor pop con la misma riqueza y la misma personalidad que tiene Alberto; hay muy pocos en España, muy, muy poquitos; se cuentan con los dedos de una mano. Entonces, claro, me llamó Marcos que como se había quedado sin bajista que si quería tocar con él, y dije que sí aunque me costara dinero. De hecho, con Alberto, con suerte cubrimos gastos cuando salimos de gira. Los festivales han mejorado ese aspecto, claro. Así que volviendo al tema de antes sobre la cultura en España, que alguien como Alberto Montero no se esté ganando la vida con la música es la prueba de que hay algo que no funciona bien. Es un patrimonio que perdemos, o que permanece oculto. Que este compositor no esté haciendo bandas sonoras para películas, es un patrimonio nacional muerto.

>Al principio has mencionado a Litius, ¿qué importancia han tenido tus proyectos amateurs anteriores en Castellón como Litius, Harry Kane o Conecta4? Ahora, con perspectiva, ¿los ves como una época de formación, una etapa necesaria?, ¿los miras ya con melancolía?
Con melancolía no, como etapa de formación quizás. Cuando miro Conecta4, Litius o alguna de las otras bandas que tenía antes las veo como amateurs, pero lo que sí que reconozco es que la visión que tenía de la música es la misma. Como cuando tocaba la bandurria en el instituto. Ahora tengo una visión más experimentada, conozco más y cosas que antes no sabía cómo funcionaban. Tengo más conocimiento del medio. Pero mi manera de disfrutar de la música sigue siendo la misma. Siempre recordaré la primera vez que toqué en un grupo con unos colegas, que nos fuimos a la villa de uno y no había ni batería, con dos o tres guitarras… La primera vez que sonó un tema más o menos bien, recuerdo que se me pusieron los pelos de punta y pensé: “Joder, cómo mola”. Y esa sensación la he tenido muchas veces, y la sigo teniendo. En la gira americana, por ejemplo, el día de Nueva York, que veníamos con jet lag, y tienes tantas cosas en las que centrarte que a lo mejor la música es lo último. Llegamos allí y montamos, hacemos la prueba y el primer tema empieza como muy suave; entra primero Laetitia, luego entro yo y luego entra Emmanuel con la batería, y cuando nos pusimos los tres a tocar volví a tener esa misma sensación: “Esto es por lo que yo toco; yo lo vivo así y como este subidón no hay nada”.

Xavi Muñoz, a la guitarra-flecha con los castellonenses Conecta4 en su actuación en el escenario Villacamp del FIB 2011, en el antiguo Cine Bohío. Foto: Paco Poyato.

>¿Cuál fue el primer instrumento, la primera vez que sentiste que valías para esto? No sólo ese subidón, sino ese momento en el que tú dices “creo que tengo gracia para hacer esto”.
Recuerdo con 4 o 5 años tocar en casa con un Casio PT-10 y sacar las melodías de las canciones de la tele. Entre mis abuelos y mis bisabuelos había músicos en la familia. Mi abuela paterna Carmen fue la que dijo: “¿Que no le pagaremos a este chiquillo unas clases de música a ver qué pasa?”. Empecé a estudiar música con 8 o 9 años, en 4º de EGB. Y, luego, cuando tocaba con grupos o con otra gente, sí que me daba cuenta de que tenía cierta intuición. Y bueno, sí, tienes cierta facilidad, de la misma manera que te das cuenta cuando ves que alguien tiene más facilidad que tú, como por ejemplo el caso de Alberto Montero. Para mí es muy evidente, tú estás allí tocando, pensando la voz que quieres hacer porque él está haciendo esa primera voz, Román hace la segunda y yo para hacer la tercera tengo que pensar en el acorde a tres, y si él está haciendo tal nota yo tengo que buscar… Y Alberto, ¡pam!, ya te la ha clavado. Que no es ni más ni menos porque en casa él ya se la has pensado todas, es decir, las ha trabajado antes, pero, claro, le ves con tal facilidad que no puedes más que quedarte embobado. Es como cuando estudias en la carrera y tú crees que vas a buen nivel y, de repente, hay alguien que te adelanta por la izquierda y te quita las pegatinas, que dices: “Vicente [Negre] con dos horas menos que yo de estudio se controla este problema, ¡qué cabrón!” (ríe). Sin embargo, una de las cosas que he aprendido es que eso quiere decir, ni más ni menos, que para tener buenas canciones tienes que trabajar; la inspiración te tiene que pillar currando, que es algo que dice todo el mundo, pero que además hay que hacerlo. Después dependerá del nivel de exigencia que tú tengas contigo mismo y de lo que a ti te parezca que es bueno o dónde te pones la meta.

>Eso tiene que ver con los objetivos, dónde te quieres poner el límite…
Sí. Muchas veces tendemos a idealizar ese momento de creatividad. Hay momentos de genialidad, sí, pero como los tiene todo el mundo. Luego, lo que tiene que pasar es que ese momento de genialidad lo has de aprovechar, que te haya pillado currando, lo puedas grabar y lo desarrolles hasta donde tú creas. O sea, que es una mezcla entre genialidad y trabajo; con mucha genialidad y poco trabajo, no funciona.

>¿Qué le falta y qué le sobra o qué crees que se debería potenciar en la escena musical de Castellón?
Para que haya escena tiene que haber grupos, salas y público. Grupos hay y salas, aunque podríamos tenerlas más o menos mejores, también. Nos falta la tercera pata: el público no va a los conciertos y me incluyo porque yo formo parte, porque no voy a todo lo que me gustaría ni a todo a lo que me tendría incluso que obligar; porque si yo luego quiero hablar bien de la escena de Castellón cuando salgo por ahí, tendría que ser el primero en ir. Pero muchas veces, ahora, te puede la perrería. Cuando tenía 20 años iba a todo, lo conociera o no lo conociera; aunque pensara que no me iba a gustar, iba a verlo. Yo era el freaky de mis amigos, tenía que ir saltando de pandilla en pandilla para no ir solo a los conciertos y, algunas veces, incluso solo. En definitiva, creo que una de las grandes faltas es el público.

>¿Y eso cómo se remedia?, ¿qué cosas que has visto en las giras internacionales se podrían aplicar a Castellón?
Estaría muy bien que las instituciones detectaran ese problema y pusieran algo de su parte, construyeran algo con planificación y medidas concretas. No sólo, por ejemplo, permitiendo entrar a los conciertos a los menores de 18 años, que también ¡claro!, sino poniendo las cosas fáciles. Y no sólo metiendo pasta en los festivales, que eso es lo fácil que hacen las administraciones; lo que hay que hacer es reunirse con los gestores privados, sentarse y decir: “Vale señores, vamos a intentar hacer algo potente con la escena de Castellón, algo reconocible para que nos conozcan por la música que se hace en Castellón antes que por el aeropuerto”. Podría ser un proyecto precioso de aquí a diez años vista, involucrando a Ayuntamiento, Diputación y Generalitat, aunque no sean del mismo color político. Y creo que Castellón es una ciudad ideal para hacerlo; tiene todas las condiciones naturales: un clima cojonudo, no es demasiado grande, hay conservatorio y escuelas de música, es relativamente barata, va mejorando a nivel de movilidad, a nivel cultural… Hay mimbres muy buenos, y no se trata sólo de apoyar los proyectos con pasta, sino construir cosas desde la base. Y tampoco se trata de irnos a lo fácil, a coger a alguien de Madrid o de Nueva York para que lo monte, que para eso también somos muy provincianos; se trata de coger a ese gestor de Castellón que ha demostrado que quiere hacerlo, que puede hacerlo, y ayudarle a formarse para que lo haga mejor. Leí hace poco que la Diputación pone 400.000€ anuales en 4 festivales. Con una cuarta parte de ese dinero se podría empezar a impulsar una escena realmente potente.

>Ya puestos, ¿qué medidas concretas le pedirías, por ejemplo, al Ayuntamiento de Castellón con respecto a la música?
Ahora es un buen momento porque, al ser un nuevo equipo, independientemente del color que sea, se quieren esforzar en hacer las cosas bien antes de apoltronarse y eso es algo que se debería aprovechar. Deberían de decir: “Venga, vamos a poner el mismo dinero, pero vamos a intentar distribuirlo de una forma distinta; en lugar de dárselo a tal promotor o a este otro, vamos a hacerlo juntos, con todos los promotores, para intentar invertir de verdad en la música a largo plazo”. De todos modos, las primeras decepciones ya han llegado: hay 3 festivales de música en Castellón en el último año, en los que el Ayuntamiento pone dinero, y que están organizados por la misma empresa, Metrònom, el dueño de la cual forma parte de la ejecutiva de Compromís [Luis Óscar García]. Hay más gente en Castellón que merece esa oportunidad. Debería tenerse en cuenta incluso a la oposición, para que cuando vuelva a haber cambio político, se gestione de otra manera, pero se mantenga ese proyecto, ese hilo conductor; que no nos pase como con la educación o la sanidad, que cada gobierno lo cambia todo y no vamos a ningún lado, y se nos cae la casa por no mantenerla. Con la política nos ha pasado eso, pero porque la sociedad también somos así… Una vez tenemos el bolsillo lleno, comemos bien, nos vamos de viaje y tenemos el cochazo en la puerta… Lo demás nos la suda bastante. Se mira poco por el beneficio social. Aquí si se le pega una patada a una papelera no es de nadie; hay otros países que tienen conciencia social y, si le pegas una patada a la papelera, se la estás pegando a la papelera de todos.

>Idear bien un proyecto, de forma consensuada, planificarlo a largo plazo y ejecutarlo controlando cómo se invierte el dinero de todos. Parece casi de ciencia ficción frente a lo que estamos acostumbrados…
Sí, sé que no es fácil, pero es lo que nos falta en el sur de Europa y, especialmente, en España, porque Portugal, culturalmente, tiene una vida mucho más plena o mucho más evolucionada, mucho más madura, de la que podemos tener nosotros. Cuando vas por Europa ves proyectos municipales dices: “Oye, pues esto no está tan mal”. Y, de hecho, lo que a mí me ha empezado a pasar es que cuando vuelvo a Castellón, lo que decía antes, le veo un gran potencial. Mira, un ejemplo que sirve para verlo claramente: creo que las dos últimas veces que Castellón ha salido en el New York Times ha sido por el Aeropuerto y por el MIAU de Fanzara, un proyecto con un claro componente social, que se proyectó a largo plazo desde el principio y que está deslumbrando a todo el mundo solo con tres ediciones. ¿Por cuál de esas dos cosas preferimos ser conocidos en el mundo?

>Pero tú el aeropuerto lo acabarás utilizando para salir a tocar fuera…
Sí, sí –ríe-, ya lo he hecho. Y es más, me parece bien porque, una vez se han invertido más de cien millones de euros en el aeropuerto… vamos a aprovecharlo, ¿no? Que sea para algo bueno y que no sea solo para el turismo low cost, que me parece que es a lo que va encaminado. La mayoría de las grandes inversiones públicas que se han hecho en obras en las últimas décadas estamos viendo que han sido un nido de corrupción y nepotismo. Museos enormes con contenidos ridículos. Las propias autoridades deberían ser las que les dijeran a los empresarios: “Vayamos al largo plazo, no vayamos a algo que nos dé resultados este año, busquemos algo que nos los dé en cinco o seis años”. Aún así, y con todo lo que he dicho, creo que España es uno de los mejores sitios ahora mismo en Europa para tener un grupo.

>¿De música?
Sí, por la visibilidad. Tú te vas a Estados Unidos, levantas una piedra y hay diecisiete grupos que te dan sopas con ondas técnicamente; hay gente muy buena haciendo un montón de cosas interesantes y es muy difícil tener visibilidad. En España no somos tantos; si te pones a ello, aunque parezca complicado, se puede hacer algo porque no hay esa saturación. Si apuestas en serio por algo, seguramente no vas a ganar mucha pasta, pero podrás llegar a tener repercusión y conectar con el público. Y en esas estamos.

Los seis finalistas de Cortometrando 2016 inician sus rodajes en comarcas del interior de Castellón

Los y las finalistas de Cortometrando. Foto: Cortometrando.

La cuarta edición del Festival Cortometrando ya tiene a sus 6 finalistas, de los 22 guiones presentados,  y las localizaciones que se convertirán en el escenario de esta edición. El primer rodaje que ya está en marcha es el de Una cuestión de tiempo de María Rodríguez, que rodará su cortometraje en Bejís. Durante el verano le sucederán el resto de finalistas: Sin alas de Alex Brau en Benassal, Aniversario de Ana Juesas en Les Useres, El qué dirán de Fernando Gregori en Artana, Amics de Enric Traigueros en Sant Mateu y, por último,  Bienvenidos al pueblo de Elena Escura en Xodos.

Cada uno de estos pueblos de la provincia de Castellón serán los escenarios perfectos para dar vida a la seis historias finalistas de la cuarta edición del festival de cortometrajes. Cortometrando nace como una iniciativa que busca potenciar la cultura y el turismo, y lo hace utilizando los pueblos de la provincia como plató y aportando una ayuda económica a los directores castellonenses que han resultado finalistas para que puedan desarrollar sus cortometrajes.

María Rodríguez, directora de 'Una cuestión de tiempo', durante el rodaje del cortometraje en Bejís. Foto: Cortometrando.

En esta edición se han incrementado las aportaciones económicas a los premiados. El premio otorgado por el jurado al cortometraje ganador será de 1700€ y el del público de 500€. Además, este año también se añaden a las categorías premiadas la de Mejor actor y Mejor actriz, cada uno dotado con 200€.

La fase de postproducción tendrá como tope el día 30 de agosto. La elección de los ganadores todavía no tiene una fecha exacta, pero la gala final tendrá lugar a finales de octubre en el Auditori i Palau de Congressos de Castellón.

Una 'Terra de Musix'. Este verano, del FIB en Benicàssim al Low Cost en Benidorm

El FIB, uno de los festivales que dan forma a la marca Terra de Musix. Foto: Paco Poyato.

No cabe duda de que uno de los protagonistas de los meses de verano de la zona del Levante son los festivales de música. Desde carteles que muestran todas las caras de la música jamaicana, hasta aquellos que traen las últimas novedades nacionales e internacionales de la música indie y pop-rock. La Comunidad Valenciana alberga algunos de los festivales más importantes y con mayor número de asistentes del país, incluso algunos de ellos con marcado carácter internacional como el FIB o el Rototom Sunsplash, ambos en Benicàssim.

De manera que, aprovechando el tirón de los festivales de música del verano y con el propósito de crear un reclamo turístico y cultural, la Generalitat Valenciana ha puesto en marcha la marca Terra de Musix, proyecto que nace justo entre polémicas, como el caso del Arenal Sound (la encontrarás explicada al detalle en este enlace) y la suspensión del Marenostrum, que estaba previsto se celebrase del 8 al 10 de julio en Alboraya.

Terra de Musix es una marca paraguas que alberga los festivales más consolidados y con más tirón de la Comunidad Valenciana. En la lista encontramos tres que se celebran en la provincia de Castellón; como son el Festival Internacional de Benicàssim (FIB; del 14 al 17 de julio en Benicàssim), el Arenal Sound (del 2 al 7 de agosto en Burriana) y el Rototom Sunsplash (del 13 al 20 de agosto en Benicàssim).

El público de la Peace R(evol)ution. Foto: Pau Bellido (ACF).

Otro de los festivales que dan forma a esta Terra de Musix es el Low Festival, que celebrará su próxima edición del 29 al 31 de julio en Benidorm; además de la fiesta previa y totalmente gratuita que tendrá lugar el jueves 28 en la playa del Levante con Black Lips, Sexy Zebras y Miss Deep’In.

El Low Festival trae un cartel en el que podemos encontrar varias propuestas de carácter pop e indie principalmente, y en el que podemos encontrar propuestas tan interesantes como la de los ingleses Belle And Sebastian, The Kooks y el electro pop de Hot Chip, a los australianos Miami Horror o las propuestas nacionales, capitaneadas por Los Planetas, Love of Lesbian con nuevo largo, Sr. Chinarro, el siempre ácido Ángel Stanich, Vetusta Morla, Xoel López o la última confirmación del Low Festival, Belako, entre un amplio cartel. El abono completo para el Low Festival se pueden adquirir online a partir de 69€ o las entradas de un solo día a partir de 40€.

Los Concerts de Vivers, una programación de música en directo que abarca distintos estilos con motivo de la Feria de Julio en Valencia y que se celebra durante todo el mes de julio en los Jardines de Viveros. En lo que llevamos de julio, por Concerts de Vivers ya han pasado propuestas como las de Anastacia y Los Suaves, entre otros. A las que se añadirán la fiesta presentación del Rototom, con Julian Marley, hijo de Bob Marley, junto a Sr. Wilson, Mediterranean Roots y Candela Roots el 23 de julio, Gloria Gaynor (el 25 de julio) Chambao (13 julio), Muchachito Bombo Infierno (15 julio), la propuestas de Xavi Castillo junto a A-Phonics (28 julio), Melody Gardot (20 julio) y, cerrando el ciclo el 30 de julio, Raimundo Amador, entre otras (puedes consultar la programación completa en su página web).

El último nombre que acompaña a Terra de Musix es el del Festival de les Arts, que se celebró el pasado 10 y 11 de junio en la Cuidad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Un emplazamiento con un encanto particular para albergar propuestas como las de Hurts, The Fratellis, Love of Lesbian, Neuman, Slow Magic, Izal y Zahara, entre otras.

El 'portuñol' y Don Quijote toman el castillo

Los cuatro protagonistas de 'El pícaro Ruzante' empiezan con loas de la vida en el campo en un período de marcha a las ciudades. Foto: Pilar Diago.

El aire fresco, molesto incluso, que en la noche del sábado 16 de julio peinó el Patio de Armas del Castillo del Papa Luna no ayudó a contemplar con gusto una representación que ya de por sí contenía un grado de incomodidad, como es la interpretación en portugués de una parte de El pícaro Ruzante o Más vale un queso que cien gusanos, lo que dificultó el entendimiento de algunos diálogos. Entre un inconveniente y otro, alrededor de dos decenas de espectadores abandonaron la función cuando todavía estaba en marcha. Curiosamente, la mayoría de quienes decidieron no continuar ocupaban la parte superior del Patio de Armas, mientras que frente al escenario se siguió la obra con algunas risas e incluso aplausos marcando el ritmo. Dos maneras distintas de recibir una misma obra, aunque al final el premio del aplauso de quienes permanecieron durante la algo más de hora y media no fue tampoco apasionado. Eso sí, por tercera vez se consiguió el lleno completo en este XIX Festival de Teatro Clásico Castillo de Peñíscola. Pleno hasta el momento.

El uso del portugués, además del español y del portuñol, tiene su justificación en la colaboración entre la Companhia de Teatro de Algarve y la extremeña Teatro Guirigai dentro del marco del Circuito Ibérico de Artes Escénicas. Y muy pronto se vio que era un inconveniente. A pesar de los intentos de los actores por recalcar bien la historia, e incluso señalar anticipadamente el momento de su cierre (“La obra habrá finalizado cuando la pareja haya hecho las paces”), el uso del portugués desmotivó a algunos espectadores. Costaba seguir varios tramos de las conversaciones y algunos de los asistentes arrojaron pronto la toalla.

Los actores se encargaban de explicar el desarrollo de la obra a través de sus monólogos. Foto: Pilar Diago.

De entrada sorprendió el fondo de escenario, formado por una red de cuerda que realizaba la misma función que una más habitual cortina de tela. Por ella entraban y salían los tres actores y la actriz  (los portugueses Carlos Pereira y Elisabete Marins, y los extremeños Mario Benítez y Agustín Iglesias). Lo hacían sin apenas dejar silencios, a un ritmo rápido, lo que contribuía al dinámico desarrollo de la función, pero los diálogos fueron el inconveniente para un sector del público. Textos del dramaturgo renacentista italiano Ángelo Beolco, quien acostumbraba a situar sus acciones en la Padua del siglo XVI, como ocurre en la segunda parte de la representación de El pícaro Ruzante, apodo que se le aplicaba al propio autor, cuyos textos –de varias obras- han sido enlazados por Agustín Iglesias, también director de la pieza.

Desde el inicio, con los cuatro actores elogiando la vida en el campo que debían abandonar en busca de la mayor funcionalidad de la ciudad (allá por el siglo XIV) hasta el final, El pícaro Ruzante cuenta la historia de un campesino que regresa de la guerra, a la que sin aptitud alguna fue en  busca de unas ganancias no encontradas, y la sorpresa que se lleva al descubrir que su esposa se gana la vida engatusando a adinerados y soldados. A partir de ahí intentará reconquistar el amor de su pareja, al tiempo que la pone a prueba. Esta fase, desarrollada en la segunda parte, resulta por momentos incómoda de seguir por la mezcla de idiomas, desembocando en un final tal vez abrupto e insustancial, cuando de pronto se anuncia que el matrimonio “ya ha hecho las paces”.

Durante este verano El pícaro Ruzante estará incluido en varios de los principales festivales nacionales de teatro clásico, como Almagro o Cáceres, junto a actuaciones en terreno portugués.

La obra contó con una introducción en recuerdo al crítico, ensayista y dramaturgo valenciano José Monleón, fallecido el día anterior. Con un breve discurso improvisado se recordó figura, pieza muy importante dentro del teatro español, tanto en su faceta informativa, didáctica, creador de obras o en la fundación del Instituto Internacional de Teatro del Mediterráneo, en 1991.

La compañía vila-realense Teatro de la Resistencia celebró sus 20 años de 'Don Qujote'. Foto: Pilar Diago.

Con El pícaro Ruzante se cerró una activa semana en el XIX Festival Internacional de Teatro Clásico de Peñíscola, que incluyó la dinámica representación del jueves de Don Quijote, a cargo de la compañía vila-realense Teatro de la Resistencia, también con lleno completo, destacando las ganas sobre un escenario cuidado y la interacción con el público. Adaptada y dirigida por Hadi Kurich, quien interpreta el papel principal, en la obra intervinieron el propio director del Festival de Teatro Clásico Castillo de Peñíscola, Carles Benlliure (como Sancho), Ana Kurich y Juanma Picazo.

Hadi Kurich, fundador y director de Teatro de la Resistencia, fue el protagonista de la charla del viernes en el Salón Gótico del Castillo en torno al libro escrito por Miguel de Cervantes y a la versión teatral que puso en escena veinte años atrás.

LLEGA LA TRAGEDIA GRIEGA DE 'EDIPO REY'

El próximo sábado, 23 de julio (22:30; entradas a 8 euros) tendrá lugar la representación de Edipo Rey, de Sófocles, a cargo de la compañía andaluza Teatro del Noctámbulo, en versión de Miguel Murillo y dirección de Denis Rafter. Poco antes, sobre las 20:00, animaciones en las calles del Casco Antiguo de Peñíscola con Farsas y juglarías, por Teatro de los Navagantes.

Además, el viernes 22 de julio se celebrará la tercera de las conferencias en el Salón Gótico, a cargo de Manuel Canseco, director del Festival de Teatro Clásico de Mérida, con "El teatro clásico en España en los albores del siglo XXI", a partir de las 20:00, y con entrada gratuita.

'Don Quijote' consiguió la complicidad del público que llenó de nuevo el Patio de Armas del Castillo de Peñíscola. Foto: Rebeca Castro.

 

Nace en el Pinar el ecléctico Arrankapins Festival, con Lagartija Nick, Botifarra, Auxili y fiesta Rototom

Auxili, reggae en valenciano.

“Colocar a la ciudad de Castellón dentro del mapa de festivales veraniegos y dinamizar el Pinar, con un evento musical que no está dirigido exactamente al mismo tipo de público de otros festivales ya existentes, con opciones para diferentes sectores en cuanto a gustos”. Esos son los objetivos –según la concejala de Cultura, Vero Ruiz- con los que nace Arrankapins Festival, un evento musical de tres días de duración, a desarrollar entre el viernes 22 y el domingo 24 de julio en el Grao, con un contenido ecléctico. En el cartel, Auxili, La Ranamanca, Toni de l’Hostal, Pep Gimeno Botifarra, El Chamuyo, Obeses, Sara Ledesma, Lagartija Nick, Junior Mackenzie, Luis Prado, Trobadorets, Las Auténticas, Candela Roots, Mediterranean Roots y Funkiwi’s. A pesar de la disparidad de los nombres en cuanto a estilos, se ha buscado dar coherencia distribuyéndolos por bloques. Los conciertos del viernes y del sábado arrancarán a las 19:00, con interrupción para la cena –el festival incluye un apartado gastronómico- y reanudación sobre las 22:00; mientras que el sábado y domingo habrá actividad familiar matinal a cargo de La Ludoneta, a partir de las 11:00. Su coste presupuestado: 18.000 euros, con la organización del Ayuntamiento de Castellón, El Caimán Producciones y Metrònom, más la colaboración de Rototom Sunsplash.

El viernes por la tarde, música de autor en valenciano. Por un lado, Toni de l’Hostal, quien en su música introduce el humor ácido para trasladar su visión sobre las costumbres valencianas y los acontecimientos sociales más recientes. Más que cantante al uso, se considera “animador”, comentando cada una de sus canciones. Pep Gimeno Botifarra es la voz más importante en la actual música valenciana, recuperando temas que eran cantados en los pueblos, con el peligro de su desaparición por cuestiones de edad y de ciclos vitales. Su versatilidad le permite actuar en varios formatos, y en esta ocasión lo hará en dúo.

Por la noche, será el turno de la música festiva. Este bloque lo forman dos grupos castellonenses especialistas en la materia. El Chamuyo, que está en plena gira de su décimo aniversario de rock fusionado con ritmos latinoamericanos y que unos pocos días después hará sonar en el Rototom Sunsplash. La Ranamanca sigue con las canciones de su primer LP, Cuéntame más (Mésdemil, 2015), junto con otras nuevas que han incluido en su bailable repertorio con base de rumba de la Plana. Auxili, de Ontinyent, es una de las principales bandas actuales de música en valenciano, con su propuesta reggae que les ha llevado a festivales como el Rototom. Ahora están promocionando su Instants cremant (2016), grabado por Sam Ferrer (ex guitarrista de El Último Ke Zierre), en su estudio WZ de Borriol.

El sábado por la tarde será el turno de Sara Ledesma, joven cantante castellonense de indie folk que lleva un año muy activo actuando en solitario, con su bella voz acompañada por guitarra y ukelele, y unas canciones en las que utiliza principalmente el inglés, aunque también el castellano y en alguna ocasión el valenciano. En esta ocasión actuará con el dúo Rock & 2, de guitarra y violín. Junior Mackenzie –el castellonense Juan Fortea- ofrecerá su repertorio de canciones propias de un autor y cantante de folk y rock, ya con tres referencias grabadas, con fecha de 2014 la más reciente de ellas, el EP Mr. Good Horse, donde se paseaba sin problemas entre la psicodelia y el rock eléctrico más directo.

El pianista y cantante valenciano Luis Prado acudirá con Paco Tamarit, lo que significa el 50% de Señor Mostaza, para interpretar los temas de su segundo disco en solitario, Mis terrores favoritos (Hall of Fame Records), donde narra una historia de una pareja siguiendo sus líneas de pop artesanal, con colaboraciones de Miguel Ríos, Guille Milkyway o Coque Malla. Es su segundo título en solitario, aunque el primero, El efecto K, era una banda sonora. Obeses es un cuarteto que se encuentra en la recta final de la gira de su tercer disco, Monstres i princeses, trabajado a manera de singles, en el que igual cabe una opereta de 23 minutos que un tema que roza el metal, con un regusto permanente a Queen por esos coros. Desde Granada, Lagartija Nick, grupo protagonista recientemente del concierto 500 de la sala Four Seasons, y en cuya discografía figura un título capital dentro de la música española, Omega, grabado con Enrique Morente. Doce discos ya en su haber, llenos de rock alternativo, de rítmica agresividad, y ahora de nuevo con su formación original.

El domingo habrá una sesión matinal que arrancará a las 11:00, con el grupo especializado en música en valenciano Trobadorets y sus canciones dirigidas a los más jóvenes; y Las Auténticas, la formación de más corta edad de la escena castellonense, que en el pasado Benicàssim Blues Festival estrenó su primer tema propio, “Mala decisión”.

La tarde estará ocupada por el reggae, en la denominada Fiesta Rototom 2016. Candela Roots es una banda valenciana –de l’Horta- que acaba de editar el disco Humanité (Mésdemil) y que forma parte del Rototom Launch Party, con actuación el día anterior en Viveros de Valencia. Mediterranean Roots es otra formación valenciana también con novedad, en este caso el EP Bajo el mismo sol, su  tercera grabación, en la que colaboran Morodo, el californiano Jah Sun y el grupo argentino Los Cafres. En su ruta: Viña Rock, próximo Rototom… Funkiwi’s es un grupo de Valencia que a partir del funk introduce estilos como el rock, el metal, disco, rap o reggae. Está preparando su tercer disco y en pocas semanas harán sonar sus nuevos temas en el Arenal Sound de Burriana. En palabras de Luis Óscar García, de Metrònom, “creemos que es una programación equilibrada, con el 50% de música cantada en valenciano y un tercio de músicos castellonenses”.

HORARIOS DE ARRANKAPINS

Viernes 22:

  • 19:00. Toni de l’Hostal 
  • 20:00. Pep Gimeno Botifarra
  • 22:30. El Chamuyo
  • 23:45. Auxili
  • 1:00. La Ranamanca


Sábado 23:

  • 11:00-14:00. Juegos con La Ludoneta
  • 19:00. Sara Ledesma
  • 20:00. Junior Mackenzie
  • 22:00. Luis Prado
  • 23:30. Lagartija Nick
  • 1:00. Obeses

Domingo 24:

  • 11:00-14:00. Juegos con La Ludoneta
  • 11:30. Las Auténticas
  • 12:45. Trobadorets

FIESTA ROTOTOM

  • 19:30. Mediterranean Roots
  • 20:45. Candela Roots
  • 22:00. Funkiwi's
  • 23:00. DJ

Curso de Marketing y Comunicación Musical en la UJI

Conectar mejor los proyectos musicales con su público. Ese es el principal objetivo del Curso de Marketing y Comunicación en la Industria Musical, que oferta la Universitat Jaume I después del éxito de la primera edición de 2015, conforme se puede comprobar en los testimonios de alumnxs, profesores y artistas participantes, entre ellos Santi Balmes de Love of Lesbian. El curso, organizado por Songsforever y Nomepierdoniuna, mantiene abierta la matrícula hasta el viernes 7 de octubre y se desarrollará del 21 de octubre al 17 de diciembre, centrándose en las estrategias y herramientas online con una metodología práctica (convalida por 2 créditos a los estudiantes de la UJI). Entre los artistas invitados, este año contaremos con Juan Manuel Latorre de Vetusta Morla y Carlotta Cosials de las Hinds. ¡Últimas plazas!

El músico Santi Balmes, líder de Love of Lesbian, y la periodista Patricia Godes, en una de las sesiones del curso en 2015. Foto: Carme Ripollès.

Nits al Claustre. Noches al fresco en el Museu

Propuestas que huyen de los géneros más habituales, sonoridades que experimentan y se fusionan entre ellas, una localización con un toque diferente y una noche de verano. El ciclo de música Nits al Claustre se ha convertido en una de las citas estivales habituales en Castellón. Un total de seis conciertos en el claustro del Museu de Belles Arts de Castellón, cada jueves de julio y agosto a las 22.30 y con entrada libre. Un plan alternativo para refrescar las calurosas noches de verano en el centro de Castellón.

Tras una modificación de última hora en los nombres de la programación del ciclo, la primera cita con las Nits al Claustre del Museu será el 7 de julio y sonará a música tradicional, a Mediterráneo y a sonoridades de la Edad Media. Así es la propuesta Ars Horo, que a través de la investigación de las sonoridades de esa época, da forma a un repertorio que es capaz de trasladarte a otro lugar y otro tiempo.

El claustro del Museu de Castellón también sonará a flamenco. Los encargados de esto serán, por un lado, Javier Calderón 'El Tete', con un destacado dominio por diferentes palos del arte flamenco; y no es de extrañar teniendo en cuenta que viene de una familia de artistas flamencos. Desde una misma base sonora, Tony Domínguez también será protagonista del ciclo de música. En este caso, la figura de Tony Domínguez es conocida por las versiones que realiza con estilo flamenco; porque no hay nada que no pueda llevarse su terreno.

Otro de los nombres que aparece con fuerza en Nits al Claustre es el de Arcana Has Soul. Si hay algo que verdaderamente atrapa de esta formación, que no es la primera vez que pasan por el ciclo, es la sencillez y la calidad de su sonido, una acertada mezcla entre el soul, blues y pop. Además, presentarán su largo The Importance (2015).

Arcana Has Soul en Pro Weekend. Foto: Adrián Morote Photography.

Las raíces del blues y los estilos antiguos serán el terreno sobre el que se moverá Ferran Bosch Blues Trio, que estará en el ciclo en formato acústico. Mientras, la música tradicional estará representada por la formación Voz y Modos.

La última cita de Nits al Claustre se subirá sobre la melodía de la portentosa voz de Sol González, quien, a base de soul y jazz, ofrecerá uno de sus directos; una cita con el ciclo del Museu que coincide con el que será su primer largo: She (2016).

>>Programación Nits al Claustre 2016

Ars Horo, 7 julio
Javier Calderón 'El Tete', 14 julio
Ferran Bosch Blues Trio, 21 julio
Arcana Has Soul, 28 julio
Voz Y Modos, 4 agosto
Tony Domínguez, 11 agosto
Sol González, 18 agosto

El julio, agosto y septiembre de CulturArts

Nits al Claustre es una de las distintas propuestas que trae la programación de CulturArts para los meses de julio, agosto y septiembre (puedes consultar la programación íntegra aquí). El Museu de Belles Arts también propone distintas exposiciones, como la de Sorolla íntim. Esbossos de Visión de España, una recopilación de los bocetos con los que el conocido pinto preparó su obra Visión de España; la exposición permanecerá activa hasta el 14 de septiembre.

El espacio que afronta con más intensidad los meses de verano es el Palau de Congressos de Peñíscola, y lo hace con un claro protagonista en su programación: el XIII Festival Internacional de Jazz de Peñíscola (del 21 al 28 de julio). Esta edición estará marcada por la presencia de Cécile McLorin, ganadora del Grammy 2016 a Mejor Disco de Jazz, el pianista Kenny Baron y el guitarrista John Abercrombie; pero también por el directo de Kiko Berenguer, The Prototype y Tat!, la propuesta Historia del Blues y la exposición de fotografías de Antonio Porcar, entre otros.

El Palau de Congresso de Peñíscola también se prepara para el humor cotidiano de Luis Piedrahita, con su nuevo monólogo Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas (el 27 de agosto). Un espectáculo en el que el infalible humor de Piedrahita nos hará ver la vida como un hotel, nos mostrará todas las miserias y conseguirá que nos riamos con ellas. Y también habrá sitio para dejarse sorprender con el espectáculo de mentalismo Volver a caer de Toni Bright (12 agosto).

Por su parte, el Teatro Principal de Castellón también se vale del humor con propuestas teatrales como la de Enfrentados (17 y 18 septiembre). Una historia en la que Arturo Fernández se pone en el papel de un sacerdote católico que cree tener un pensamiento muy abierto hasta que conoce a un joven seminarista (interpretado por David Boceta) que le trastocará todo. A raíz de este enfrentamiento se desarrolla esta historia cargada de humor con la que Arturo Fernández vuelve a los escenarios.

Más risas en el Principal, pero esta vez a través del teatro, el baile y las canciones de la compañía Salvador Collado. Tarzán. El musical (24 septiembre), cuenta la ya conocida historia de Tarzán, pero con un toque diferente. Y es que esta selva ya no es tal y como la conocíamos.

El  Espai d’Art Contemporani de Castellón (EACC), que permanece todo el verano inactivo, retomará su actividad en septiembre con la exposición Orbital Motion de Monika Grzymala, del 23 de septiembre al 8 de enero. La artista juega con las dimensiones y las líneas rectas a través del uso de cinta adhesiva, dando forma a una instalación centrada en las posibilidades del dibujo tridimensional. El EACC se vuelve a ver transformado temporalmente, en este caso por la que será la primera exposición individual de la artista.

Otra de las propuestas artísticas que pasarán por el EACC es la de Eltono con Modo Nº6 (26 septiembre). El artista francés capitaneará esta idea que persigue, a través de un taller didáctico, la creación de un mural en la fachada del propio EACC. Serán los participantes quiénes decidirán, a través de un juego de formas, cuál será el diseño del mural, siendo dueños únicos de cada una de las casillas que forman este mural.

Por el EACC también pasará Xguix, miembro fundador del grupo La T, con Perduts en el paisatge (9 septiembre). Una propuesta sonora que lleva al EACC el universo propio de Xguix, a través del sonido, la imagen y el minimalismo; una cara que nunca antes se le había conocido. Sin olvidar tampoco el ciclo de cine de Espai Cinema, que vuelve a la actividad cada martes y jueves, con entrada libre.

La cinta adhesiva, protagonista de 'Orbital Motion' de Monika Grzymala.