Música

Metal Cambra y Dry River. El rock progresivo saca músculo en Castellón

En este mes de noviembre han aparecido dos títulos de rock progresivo hechos en Castellón, con la autoría de Metal Cambra (‘Veles e vents’) y de Dry River (‘Quien tenga algo que decir… que calle para siempre’). Una coincidencia curiosa, por lo poco habitual que es –y no sólo a nivel castellonense- la edición de obras de este estilo tan complejo y abierto. Más allá de la definición genérica y de sus intrincadas composiciones, poco tienen en común ambos discos, llenos de claves pot descubrir incluso tras varias escuchas. ¿Es Castellón el nuevo motor del rock progresivo nacional?
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Metal Cambra y su público en la presentación en el Teatro Principal de ‘Veles e vents’. Foto: Xavier Llop (www.xavierllop.es)

El rock progresivo nunca ha contado con grandes cuotas de popularidad en España, y si alguna vez las tuvo de manera significativa casi se ha perdido en la memoria. Barcelona, con formaciones como Máquina! o Iceberg, entre otras muchas; y Sevilla, con Triana, Smash o Guadalquivir, fueron los centros neurálgicos, más islas como Bloque o casos como Alfasto, Ñu o Medina Azahara, en los que se unen sinfonismo con rock urbano, en el primer caso, con metal y folk, en el segundo, y con el hard y las raíces del sur en el tercero. El origen de todos ellos data de los setenta y muchos no cruzaron el umbral de esa década, mientras que los que han subsistido reducen su ámbito a esferas de público no demasiado numerosas. Han pasado muchos años desde que surgiese un gran nombre a nivel nacional –excluyendo algunos de los desarrollos de Mägo de Oz- dentro del genéro progresivo, un estilo machacado en su día por el punk y otros sonidos que buscaban transmitir un mensaje de un modo más directo sin necesidad, además, de contar con grandes conocimientos musicales. Y dentro de ese panorama, aparecen en Castellón grupos a los que se podría incluir dentro del (siempre abierto a etiquetas por su mezcla de sonidos) rock progresivo, con la coincidencia de que los dos más importantes, Metal Cambra y Dry River, han editado prácticamente al mismo tiempo nuevos discos, Veles e vents y Quien tenga algo que decir… que calle para siempre, respectivamente. Dos trabajos muy diferentes pero que potencian desde Castellón un género difícil en muchos sentidos.

METAL CAMBRA: ‘Veles e vents’

Metal Cambra: Ferran Aparisi (violín eléctrico y acústico), Juan Fran Ballestero (flautas, whistles, gaitas y viola de roda), Tomàs Fabregat (bouzouki y mandolina), Jorge Edo (piano y teclados), Borja Saura (guitarras eléctricas y violín), Miguel Ibáñez (guitarras eléctricas), Hugo García (bajo eléctrico) y Carlos Mercado (batería, marimba y percusiones).

“Su folk metal instrumental me tiene enganchado desde que los vi en directo en mi Segovia. Desde entonces os he traído cada trabajo que lanzan, apuntaos ya su nombre, no os vais a arrepentir. Os presentaré su último lanzamiento, Veles e vents”. Son palabras de Óscar Sancho, cantante de Lujuria y uno de los personajes más conocidos dentro del metal nacional, respecto a Metal Cambra.

Metal Cambra, con el ‘dolçainer’ Eduard Navarro (en la parte izquierda). Foto: Metal Cambra.

Metal Cambra es un caso tan poco habitual que es prácticamente único. Empezando por sus composiciones, en las que el metal y el folk de los pueblos celtas, del Mediterráneo y del otro extremo del Atlántico se entrelazan con composiciones de desarrollos clásicos. Tampoco es demasiado común su fórmula exclusivamente instrumental y tampoco lo es tener como frontman a un violinista, aunque este papel está cada vez más repartido. Sus composiciones no son sencillas de ejecutar –sus componentes han estudiado ciclos superiores en el Conservatorio de Música de Salvador Seguí de Castellón– y no son, ni mucho menos, temas que se escuchen en radiofórmulas ni en los festivales con mayores afluencias. Su producción: Suite, Concertual, más un recopilatorio y ahora Veles e vents (Bureo Músiques, 2014). Título este último tomado de Ausiàs March y con un contenido basado en los aprendizajes adquiridos en los viajes con motivo de los conciertos (Dinamarca, Palestina y Suiza) y de las tradiciones orales transmitidas en los pueblos que inspiran su música.

“Somos un grupo que tiene esqueleto de rock progresivo al que le corre sangre de músicas de distintas tradiciones orales, y tiene piel/forma sinfónica y eso no quiere decir que tenga que estar acompañado de una orquesta, sino que al no tener cantante, la forma que generamos con la música se nutre de estructuras con continuidad sinfónica, como si en vez de componer canciones compusiésemos obras para una camerata barroca, pero con instrumentos y sonoridades actuales”, explica Juan Fran Ballestero, flautista y gaitero de Metal Cambra (además de utilizar la viola de roda).

Su propuesta, alejada de los oasis comerciales, ha conseguido, por ejemplo, reunir a más de 500 espectadores por dos veces en el Teatro Principal de Castellón. Así ocurrió en 2011 con motivo de la presentación de Concertual y se repitió el pasado 2 de noviembre con Veles e vents. Los actuales Metal Cambra ofrecen un espectáculo que a pesar de la complejidad musical consigue mantener una línea de interés en todo momento. No aparece ya el acompañamiento de un ensemble de cuerda, ya que su propósito es “mostrarnos más más grupo”, ni los efectos de fuego en el arco de violín de Ferran Aparisi -más calmado con el paso de los años, aunque exhibiendo siempre trucos propios de un guitar hero– ni en esta ocasión el mago Yunke, pero ahí permanecen las bailarinas Isabel Castell, Noelia Agramunt y Mireya Castellanos (Ayden Tribal), más el apoyo en esta ocasión de los percusionistas Juan Arrufat, Xesús León y Jaume Felip, más el dolçainer Eduard Navarro –todo un referente de este instrumento- dando una fuerza extra a la ya de por sí potente y festiva “Bertagna”. Y como envoltorio, un muy buen sonido a cargo del equipo de Metrònom, encabezado por Juanvi Miguel, encargado de grabar en estudio el Veles e vents.

Un concierto con canciones complejas pero a la vez llenas de melodía, de cambios de ritmo, de contratempos, de solos, de introducciones con bouzouki, de amenazantes riffs guitarreros, de virtuosismos con contestación entre instrumentos a lo Dream Theater (“Caribdis”, de su segundo disco) y dos preciosos temas lentos, con una interpretación a tres violines –la pericia y versatilidad de sus músicos permiten que Tomàs Fabregat y Borja Saura se unan a Ferran Aparisi- en “Domasc”, más los teclados y el violín de Ferran creando una hermosa atmósfera en “Irta”. Un recorrido a bordo de un imaginario barco desplazándose por aguas atlánticas (“Inbernia”, “Seaia”, “Seràns”), con potentes ritmos rockeros conviviendo con melodías folk, muñeiras incluidas, y por mediterráneas, como “Ezizera” o una “Sabrata” en la que el contrarritmo de la batería desprende un toque jazzístico. Los pocos habituales títulos de las canciones están extraídos del Atles Català de 1375.

“Se le puede dar muchas vueltas, pero al final lo que se pretende es que a través de la música instrumental logremos transportar y transformar a quien escuche”, recalca Juan Fran.

DRY RIVER: ‘Quien tenga algo que decir… que calle para siempre’

Dry River: Carlos Álvarez (dirección musical, guitarras, teclados y coros), Ángel Belinchón (voz principal y coros), Martí Bellmunt (teclados, saxofones y coros), Pedro Corral (batería y coros), David Mascaró (bajo y coros), Matías Orero (guitarras y coros), Marc Escrig (actor) y Fanfi García (actor).

Lleva menos de un mes en el mercado y Quien tenga algo que decir… que calle para siempre (Rock Estatal Records, 2014) acumula ya unas cuantas críticas positivas, e incluso en la veterana revista rockera Popular 1 se hace referencia a Dry River como “uno de los máximos exponentes del rock progresivo en castellano”. También ha aparecido alguna negativa. Y es que el rock progresivo no es desgustado por igual por todos los paladares. Su mezcla de estilos en una misma canción, sus cortes, sus cambios de ritmos, sus arropes corales, sus solos respondidos, sus contratempos, sus largos minutajes… pueden epatar al amante de la música compleja, pero al mismo tiempo desprende una sensación de abigarrada conexión de sonidos que no suele gustar al amante de los temas directos de tres minutos.

Los componentes de Dry River han cambiado su vestuario circense por el de una elegante orquesta. Foto: Mireia Raga.

Para ser disfrutado o analizado por completo, hay que realizar varias catas del segundo disco de Dry River, porque acumula tantos elementos que resulta imposible detectarlos todos a la primera, ni siquiera a la segunda, ni a la tercera… Contiene un amplio surtido del catálogo de elementos del rock progresivo, aunque en este caso es una etiqueta que, sobre todo a Ángel Belinchón, no le satisface al 100%, prefiriendo algo más todavía más abierto como “rock ecléctico”. Una definición que tampoco resbala en un grupo que al hacer repaso a los detalles del disco llegan a mentar referencias que incluyen hasta… Mecano (pasando antes por todas las grandes bandas rockeras con algo de sinfónicas).

Son tan especiales, que su listado de temas, se divide en…

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Portada del segundo disco de Dry River. Para descubrir las personalidades de los novios, hay que abrir el CD… aunque no son siempre las mismas.

Hay una introducción, al igual que en el anterior, El circo de la tierra, ahora con el nombre de “Traspasa mi piel”, una invitación a dejarse tomar por las emociones que provoquen lo que se va a escuchar. A continuación se escucha una entrada en carrera de batería que evoca el clásico “Highway star” de Deep Purple, un referente claro y para nada disimulado, con el título de “Bajo control”, aunque después de sus 6:37 minutos, el oído habrá sido asaltado por coros, ritmos casi jazzísticos, carreras con las teclas, solos de guitarra, vibráfonos, riffs a lo Dream Theater, dureza, sinfonía… Casi un resumen del resto, que tiene en el “eurovisivo” –así lo denominan- “Irresistible” su momento más bailable (sí, bailable), con una alegre letra escrita por el actor Marc Escrig, que se ocupa de esta tarea cuando no lo hacen Ángel Belinchón –principalmente- o Carlos Álvarez, productor también del CD, con la ayuda de Juan Carlos Morcillo (estudio La Guarida).

Primeros platos…

Queen es otra referencia principal. Y ahí están esos coros de “Frascos vacíos”, con una balanceante cadencia vocal de Ángel columpiada sobre los teclados. Y a nivel nacional, ese puesto de referencia lo ocupa Asfalto, que aparece representado en el disco por la voz de su legendario cantante, Julio Castejón, en un tema “Informe T-24”… que remite mentalmente a…. Asfalto, tal vez en una sensación condicionada por la inconfundible voz del vocalista. Curiosamente, dentro de la seriedad que parece acompañar al rock progresivos, sus intérpretes –al menos algunos de ellos- poseen un amplio sentido del humor, y Dry River lo tienen. De ahí esa especie de oda al rock cristiano que es “Casto”. También “el líder” tiene su “oda”, con una curiosa mezcla de marcha militar, ritmo que parece extraído de la conceptual Metropolis Pt. 2: Scenes from a Memory deDream Theater y que incluye incluso un discurso dictatorial entre coros muy Queen.

Segundos platos…

En esa crítica a la sociedad regida por el consumismo que es “¿Cuánto vales tú?”, entre inicio sinfónico, carreras de guitarras y teclados, solo de saxo y coros que responden a la voz principal, se llega a colar algún momento reggae, un arreglo basado en el “Jingle Bells” y como colofón “Paquito el Chocolatero” (!!!). El momento más acústico del disco llega con “Caída libre”, de bello inicio teclístico e in crescendo en la parte final. Vuelta a la potencia guitarrera hard rockera con “El lado bueno de las cosas malas”, que también tiene un aire a Asfalto.

Postres…

“Rosas y gaviotas”. Trece minutos de crítica al bipartidismo político culminada con la frase que titula al disco con un gran grito de Ángel Belinchón. En ese casi cuarto de hora se muestra toda la colección de sonidos de Dry River: voz dulces, guitarras acústicas, suaves teclas, solos melódicos de guitarra, in crescendo paulatino, ritmos que parecen chocar entre sí, coros con mucho pulmón, teclados setenteros, acelerador pisado a fondo, diferentes velocidades que encajan como las piezas de un puzle… El resumen de lo que es este grupo en una canción. Y para acabar, un regreso al inicio. Si “Traspasa mi piel” es la introducción, también lo es su final, que ha dado lugar a un divertido vídeo. El sentido del humor es inherente al progresivo, aunque no lo parezca.

El listado de colaboradores es tan amplio que se sitúa en el centenar, incluida la Big Band de la UJI, dirigida por Ramón Cardo, y un coro de unos 40 componentes que se reunieron en el estudio de la escuela de música burrianense The Session (donde Ángel y Carlos trabajan como profesores). No podía ser menos en una obra tan ambiciosa que enamorará a los menos estrictos en cuestión de estilos y a los amantes de los barroquismos o, por el contrario, creará una barrera infranqueable para el adicto a las canciones simples que acometa la escucha completa del CD. Todo depende del gusto de cada uno. Y son tan raros, tan progresivos, que siguen llevando dos actores en directo: Marc Escrig y Fanfi García.

La presentación de Quien tenga algo que decir… que calle para siempre tendrá lugar el 6 de diciembre en La Consulta del Dr. de Castellón, en una velada compartida con los catalanes Ankor (23:00; 10 euros). Ya en 2015, la “orquesta y coros” de Dry River se hará escuchar en Águilas (Murcia), el 31 de enero; Madrid, 27 de febrero; y Albacete, al día siguiente.


  1. Buen grupo DRY RIVER. Los ví en directo cuando empezaban a tocar, hace unos años, y espero volverlos a ver pronto para comprobar en directo sus avances.


  2. Tengo los discos de DRY RIVER y os recomiendo que los compréis porque al escuchar su música la mente se transforma y todo parece más intenso.

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