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Emac. Borriana ya es marca con atractivo propio

Con cuatro ediciones, Emac. Borriana ya ha conseguido ser atractivo por sí mismo. En este 2019 ha superado su mejor registro de espectadores, con actuaciones como las de María José Llergo & Marc López, Pleasant Dreams, Delaporte, Núria Graham y Soleá Morente. El cartel influye, pero este festival musical y plástico ya ha creado marca.
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Soleá Morente, el broche del Emac. 2019. Foto: Paco Poyato.

Es común que desde la organización de eventos se dé a conocer cifras de asistencia que, habitualmente, siembran más dudas que certezas, y especialmente si tienen lugar en espacios abiertos de libre tránsito. Casi es preferible escuchar “en un solo día de este año se ha vendido más bebida que en toda la primera edición” para corroborar la sensación del interés creciente que en cada una de sus cuatro ediciones ha despertado Emac. Borriana. En este 2019 ha alcanzado el mayor global de espectadores en sus tres jornadas en el Centre Municipal de Cultura La Mercè, sobresaliendo el tres cuartos de la platea alcanzado el viernes y el lleno del domingo, junto con ese récord en el jardín interior durante el concierto del sábado de Delaporte. Esa mezcla de artes plásticas y música ideado por Vicent Tormo con el apoyo del concejal de Cultura. Vicent Granel, ha creado marca en apenas cuatro años, y aunque influye la composición del cartel, esa apuesta fija por nombres en pleno crecimiento de la electrónica, de la tradición y de la modernidad ya se ha convertido en un polo de atracción por sí misma, por ser el Emac.

La mujer siempre ha sido protagonista especial en este festival. Las paredes de los pasillos interiores del antiguo convento de La Mercè se llenan de ilustraciones y fotografías que en su mayoría lucen firma femenina. Y cada año queda la sensación de que este apartado de artes plásticas tiene un margen de mejora más amplio que el musical, como desde el simple hecho de conseguir que los metros utilizados para las fotografías alcancen mayor visibilidad o que algunos de los artistas vivan más el evento, como sí ocurre en otros casos. Nomepierdoniuna ha contado con un pasillo para exhibir las ilustraciones y pinturas incluidas en la revista conmemorativa de su décimo aniversario: Miradas trazos y colores para seguir sinperdernosniuna-#10nmpnu con las firmas de José Gas, Patrizia Escoín, Amparo Saera (también autora del lettering que acompaña a la exposición), Nometoqueslocopys, Ana Beltrán Porcar y Paula Zorite. Protagonismo repartido con Lola Bonet, Miriam Cano, Gisela Talita, Paula García, Ino Grau, Sara Arnau, PRMA Art (Pablo Merlos y Rocío Altava), Cecilia Vidal, Clara Broseta, Fabricio Ceppi, Marta F. Gimeno, Gabriel Flores, Jana Valouchova, Jonny Casamenti, Salvador Llorente, Guillermo Navarro, Raúl Rubio, Paco Poyato y las instalaciones con maderas de Artinwreck.

Ilustración de Pat Escoín, incluida en la revista del 10º aniversario de Nomepierdoniuna. Foto: Paco Poyato.

El apartado musical tiene muy identificada la impronta de su organizador, Vicent Tormo, un enamorado de la electrónica que traslada su gusto hasta el cartel, evitando con el paso de los años unas alternativas quizá demasiado arriesgadas para el público potencial del Emac. en favor de sonoridades más asimilables y bailables que en algunos casos ocupan escenarios en macrofestivales veraniegos. El añadido de etiquetajes más indies, junto con esa sorpresiva performance de danShe, completaron una programación con una guinda flamenca, a cargo de María José Llergo y Marc López (viernes) y Soleá Morente (domingo). Los djs del exterior de La Mercè completan, como es habitual, la programación, obteniendo unas respuestas favorables salvo en los momentos de frío viento.

Desde ya el minúsculo grupo de organizador y colaboradores -tres en total- ya piensan en el próximo año, sin olvidarse que entre medias se ha de celebrar unas elecciones municipales que dejan en puntos suspensivos todo lo que empiece a prepararse.

Viernes: el día de la duda, solventado por María José Llergo y Pleasant Dreams

El viernes había generado dudas sobre si la asistencia sería notoria o no. En las primeras ediciones, con la electrónica como protagonista, había sido un día flojo. En vista de esa respuesta, en 2018 se dedicó enteramente a los djs en la plaza de la Mercè. Esta vez se apostó por una oferta más tradicional. Y funcionó, con una arranque sorprendente con la performance de música y danza a cargo del trío femenino danShe.

María José Llergo, la llama flamenca del Emac. Foto: Carme Ripollès (ACF).

“La niña de las dunas”, la llama del flamenco. Que suene “Nana del Mediterráneo” y la piel se erice. La pureza de la voz de María José Llergo vestía el CMC La Mercé. Por completo. Como una antorcha, encendiéndose a través de la intensidad del flamenco y la dulzura de quien sonríe al pisar un escenario. Inmóvil en el escenario, solo para tocar las palmas, pero no le hizo falta más. Tampoco estaba sola, el acompañamiento musical lo ponía su inseparable Marc López, quien parece tener una conexión natural con las cuerdas de su guitarra. María José Llergo demuestra tener los pies en el suelo pese a ya haber sido etiquetada como la artista del año. Consiguió que la cuarta edición del Emac. arrancase rozando el lleno y que casi fuese posible palpar la fuerza de esa raíz flamenca que hereda y que tan bien ha sabido traer al hoy (“Canción de los soldados”).

Pleasant Dreams, cinco años después y con nueva formación, sobre el escenario decorado por las maderas de artinwreck. Foto: Carme Ripollès.

El cierre llegó con el regreso a los escenarios de Pleasant Dreams, cinco años después, con el añadido del estreno de una formación que junto al núcleo básico, Juanjo Clausell (voz principal y guitarra) y Pedro Mendo (batería, percusiones y voces), completan ahora Andrea Giménez (teclados), David Simó (bajo) y Vicent Sanahuja (trompeta y percusiones). El hecho de actuar juntos por primera vez y de haber perdido el hábito del directo por parte de Juanjo y Pedro se dejaron notar en los nervios y, en consecuencia, en esa falta de frescura que a medida que avanzaban los minutos se fue difuminando. Hicieron un repaso a toda su discografía, incluido aquel “Camino de vuelta” que abría su iniciático y alejado en el tiempo Podría ser hoy (2008). Y aunque incluyeron sus singles nuevos y más electrónicos, como el urbano “Passa el temps” junto al rapero El Blüe, predominó el indie folk marca de la casa, de sonidos suaves y estampas mediterráneas, recogiendo la tradición más popular en canciones como “No en volem cap” y “La Panderola”, con el que parecía que iban a cerrar su actuación, hasta que empezó a sonar “Todo llega”, con guinda de lluvia de confeti y final a capella de los cinco a pie de escenario (uno de esos dulces que siempre se guardan Pleasant Dreams). Su momento borrianero: la interpretación del “Ulls ullets”, con letra del versátil escritor Josep Palomero.

Sábado: Delaporte bate el récord de asistencia en el jardín

El sábado el Emac fue madrugador, con la presentación del libro del colectivo artístico Trashformaciones en la sala de exposiciones de la Mercé, ante la instalación “Enmig de terres” de Antonio Chacón de Isósteles Estudi (quien también presentó su catálogo), y la inauguración de la muestra de las obras que ilustran la publicación del 10º aniversario de Nomepierdoniuna, con la presencia de dos de las artistas participantes, Nometoquesloscopys y Paula Zorite. Las revistas, de distribución gratuita, volaron literalmente a lo largo de la jornada.

Presentación de la revista del 10º aniversario de Nomepierdoniuna. Foto: Carme Ripollès.

En paralelo, en el Escenari Plaça, iban sucediéndose las pinchadas de Howpopisnow o iBrañas a la hora del vermut aprovechando el solete y la buena onda. La música en directo de la segunda jornada del festival de Burriana empezó a caldear el ambiente en el escenario del jardín de la Mercé con Vera Fauna y, especialmente, la psicodelia de los zaragozanos My Expansive Awareness y el delirio electrónico-brasilero de los castellonenses Acoraçao, liderados por un irreconocible Juan Roca, también cantante de FKA Blandengue.

Tras unos titubeantes Salfvman, fue el momento del plato central de la tarde del sábado en Burriana: Delaporte. El dúo formado por Sandra Delaporte y Sergio Salvi presentó su estupendo nuevo disco, Como anoche, haciendo disfrutar al público en la corta distancia con su infalible cóctel de sonidos electrónicos, del trap al soul pasando por el pop y los toques tropicales. La voz y el magnetismo de su joven cantante convirtió el jardín de la Mercé en una abarrotada pista de baile. Los barceloneses Akkan Live!, procedentes de proyectos como BeGun y Ocellot, mantuvieron el ambiente en lo alto como flautistas (siderales) de Hamelín.

Delaporte convirtió en una pista de baile el jardín de La Mercé. Foto: Cristian Lorente.

Domingo: Funcionan los reclamos de Núria Graham y Soleá Morente

La estructura de los domingos acostumbra a ser similar. Un arranque con dos formaciones emergentes y un final con dos nombres ya en efervescencia. Esta vez la primera parte fue ocupada por el cuarteto valenciano Nomembers, con una propuesta atmosférica y onírica con algunos aislados ramalazos enérgicos propios del shoegaze. Acto seguido tomó el escenario la cántabra Teresa Gutiérrez, Ganges. Ella sola se apañó con las teclas, las programaciones, las voces y hasta de bailar (“Bailo yo sola, pero no pasa nada”, comentó), a través de temas propios en inglés y en castellano (el ensoñador “400 millas norte”) incluidos en su reciente primer Lp, que ya han sonado en festivales como el Primavera Sound, junto a la versión de la muy conocida “Ain’t no mountain high enough” de Marvin Gaye y Tammi Terrell.

El formato más clásico de guitarra, bajo y batería se instaló en el escenario con la catalana Núria Graham, quien tras un arranque en solitario atacó junto a sus compañeros el tema que abre su más reciente disco, “Bird hits his head against the wall” (Does it ring a bell?). Una actuación con una perfecta dicción en inglés facilitado por su sangre irlandesa, a la que parece deber también ese poso melancólico que impregna las tonalidades de los cantantes de la verde isla, que arropa de manera cálida y casi hipnótica cuando se adentra en sonoridades de psicodélicos ecos (“Morphine”). Su actuación era, para unos cuantos, la gran atracción del día, y así se demostró con la gran afluencia de espectadores que ya presentaba el interior de La Mercé.

Solé Morente antes de salir al escenario del CMC La Mercé. Foto: Paco Poyato.

Soleá Morente se presentó en Burriana con dos guitarristas, Eduardo Espín, hijo de la cantaora Carmen Linares y nieto del tocaor Antonio Pacheco; y Víctor Iniesta, fundador de Elbicho y acompañante en directo de Manolo García, entre otros. Como consecuencia, despojó las canciones de sus elementos más electrónicos -aunque hizo jugar su voz con efectos- y las vistió de flamencas, con la excepción de ese single camelístico que es “Baila conmigo”, disparado desde la mesa de sonido. En una hora repasó someramente su debut Tendrá que haber un camino y el sensual Ole Lorelei, yendo más atrás incluso en el tiempo al rescatar Dormidos, de su Ep con Los Evangelistas o ese bello “Palabras para Julia”, que ya cantó en el documental dedicado a su padre, el gran Enrique Morente (2011). Aunque también tuvo tiempo para avanzar algún tema nuevo, como “Condiciones de luna” y para adentrarse en terrenos de la soleá (“La misa que voy yo”) o la granaína (“Eso nunca lo diré”). Bonito detalle al recordar al cantaor burrianense Juanito Varea, admirado por Enrique Morente. Dominadora del escenario, gustó, pero no emocionó del modo que un año atrás lo hicieron Maria Arnal & Marcel Bagés.

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