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Atalaya exhibe su sabiduría teatral en el Paranimf de la UJI con un Lorca ‘imposible’

'Así que pasen cinco años' es una obra compleja de entender si el espectador la contempla sin ninguna referencia previa. Sin embargo, resulta innegable el gran trabajo que realiza la compañía sevillana Atalaya TNT, una de las pocas que se ha atrevido con esta muestra del "teatro imposible" de Lorca. Así se comprobó en el Paranimf de la UJI.
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‘Así que pasen cinco años’ incluye un bello y elegante número circense con telas. Foto: José Damián Llorens.

‘Así que pasen cinco años’, de Federico García Lorca, en versión del director Ricardo Iniesta para Atalaya TNT-Centro Dramático Nacional. Intérpretes: Jerónimo Arenal, Manuel Asensio, Raúl Sirio, María Sanz, Raúl Vera, Elena Aliaga, José Ángel Moreno, Carmen Gallardo y Silvia GarzónParanimf de la UJI. Viernes 1 de febrero de 2019. Horario: 20:05-21:15. Espectadores: 220. Entradas: 10/12 euros.

Atalaya TNT (Centro Internacional de Investigación Teatral) ofrece su sabiduría de las artes escénicas en Así que pasen cinco años, una obra de Federico García Lorca complicada de llevar a escena -e incluso de escribir sobre ella- y que la compañía sevillana abordó treinta años atrás de manera tan efectiva que le permitió alcanzar -en su debut- una popularidad que ha sabido mantener a lo largo de las décadas, con medio centenar de galardones recogidos por el camino. En abril de 2016 la recuperó, en coproducción con el Centro Dramático Nacional, y desde entonces no ha parado (de nuevo) de recoger elogios de la crítica.

Mucho menos conocida que Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba, la surrealista Así que pasen cinco años (1931) ha tenido muy pocas adaptaciones teatrales; incluso Lorca introdujo algunas modificaciones respecto al original para hacerla más adaptable. Pero incluso así, no fue estrenada hasta 1959, y en París. Una de las primeras puestas en escena corrió a cargo de Atalaya TNT bajo la dirección de Ricardo Iniesta (1986), con motivo de los 50 años del asesinato del escritor… y una de las pocas.

Nueve actores y actrices que desempeñan varios papeles cada uno están acompañados en escena por dos plataformas móviles. Foto: José Damián Llorens.

Calificada como “teatro imposible” es, tal vez, su propia complejidad la que en el Paranimf impidió una recepción más cálida por parte del público, que la aplaudió al final con un latente respeto pero sin esa efusividad de otras representaciones. Pocos discutirán el trabajo desarrollado. Nueve actores y actrices desarrollando a la perfección escenas de complejos textos y sin apenas respiro, ya que gracias a los movimientos del telón el escenario está en constante movimiento, cambiando de personajes -alguno de los actores llega a representar hasta cuatro papeles diferentes- y de vestuarios, ayudados por un práctico juego de luces.

La obra solo cuenta con un personaje real, el joven enamorado (representado por Raúl Sirio). El resto de personajes son proyecciones suyas y forman parte de un imaginario que parte desde la platea de espectadores. Desde allí ocho actores se dirigen al escenario, donde oníricamente la muerte está presente en traslaciones temporales que se mueven en una distancia de cinco años, los cinco a los que hace referencia la obra, subtitulada ‘La leyenda del tiempo’ (título que tomó Camarón para su disco más revolucinario), los cinco que curiosa o enigmáticamente pasaron desde que Lorca acabó de escribir esta obra (19 de agosto de 1931) hasta que fue fusilado (18 de agosto de 1936), los cinco que transcurrieron hasta el estallido de la Guerra Civil.

Un contexto nada sencillo de ser entendido, como ya se advierte en esa segunda escena donde un niño habla con un gato -ambos muertos-, pero que tiene un poder hipnótico sobre el espectador, atrapado por el certero trabajo grupal de interpretación y dicción, sin obviar las partes cantadas o un bello y elegante número circense de equilibrio con blancas telas. Y todo ello con un atractivo juego de luces que realzan movimientos necesarios, ya sea de los espectadores entre el público o en los recorridos de las escaleras portátiles en medio de un escenario totalmente negro.

La novia del joven protagonista envuelta por el velo de su traje de boda. Foto: José Damián Llorens.

 

 

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