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Sònia Alejo, con ‘La vida inventada de Godofredo Villa’ (Paranimf): “Transmite emoción; es fácil identificarse con sus personajes”

El viernes 1 de marzo, el Paranimf de la UJI cederá su escenario a una producción castellonense: 'La vida inventada de Godofredo Villa'. Su autora, la almazorense Sònia Alejo (compañía La Medusa), habla con Nomepierdoniuna sobre esta obra basada en un personaje real y lanza su mirada sobre el panorama escénico de Castellón.
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La vida inventada de Godofredo Villa nace de un encuentro casual en un banco -de los de sentarse- en la localidad francesa de Chalon sur Saône que tuvo lugar en el verano 2013. Allí, al lado del río Saona, estaba la dramaturga almazorense Sònia Alejo cuando se acomodó junto a ella un señor de 89 años. Este, al descubrir la nacionalidad de su circunstancial compañera, le contó que él había sido “un niño de la guerra” española, que huyendo del enfrentamiento civil acabó viviendo dos conflictos bélicos más. En ese instante llevaba 30 años sin hablar español con otra persona y durante horas le estuvo contando su larga historia. Aquel primer encuentro se prolongó durante años a través de correspondencia postal y de visitas de Sònia al hogar francés de Godofredo. Aquellos relatos sentaron la base de la obra que el viernes 1 de marzo se podrá ver en el Paranimf de la UJI (20.00; 8/10 euros).

Sònia Alejo cuenta algunas claves de la obra a Nomepierdoniuna, al tiempo que repasa su propia carrera, que en la actualidad además de sus roles de dramaturga, directora y actriz, la sitúa como presidenta de la Associació Valenciana d’Escriptores i Escriptors de Teatre (Aveet), desde la que ofrece su perspectiva del campo de la creación teatral en Castellón.

Sònia Alejo, de La Medusa.

 

>¿La idea de escribir sobre la historia de Godofredo Villa te surgió en aquel primer encuentro u ocurrió durante los contactos posteriores?
Más que la idea, me surgió la necesidad de contar esta historia, y así lo pensé aquel mismo día del encuentro en el banco, en julio de 2013, mientras yo asistía a un festival de teatro. Pero gestionar todo el caudal de información que me transmitía no ha sido fácil, por lo que el proceso se ha extendido durante años. Era información histórica y a la vez personal, emocional, y a mí me resultaba complicado encontrar la fórmula.

>¿Cómo y cuándo encuentras esa fórmula a la que haces referencia?
En 2017. Fue por necesidad, ya que este proyecto de escritura fue escogido para una residencia de cinco meses que organizan la SGAE y la sala Ultramar en Valencia. Allí se te asigna una tutora o tutor que te ayuda a seguir todo el proceso de escritura. Fue Maribel Bayona quien me ayudó, revisando los materiales y vertebrando toda esa información del modo que yo quería, que no era contando una biografía ni haciendo un relato histórico tal cual. En 2017, en esa residencia, surgió la primera versión de La vida inventada de Godofredo Villa. Se hizo un par de lecturas dramatizadas en la sala Ultramar y a continuación se planteó la posibilidad de hacer un montaje, que se estrenó a finales de 2018.

Sònia Alejo y Godofredo Villa.

>Si no cuentas exactamente la vida de Godofredo, ¿cuál es el recorrido que hace el texto de la obra?
Su trayectoria vital está impregnada por acontecimientos históricos del siglo XX que vivió, como la Guerra Civil, la II Guerra Mundial y la Liberación de Argelia, ya que él estaba en Orán en ese momento. Sigo esa trayectoria, pero fijándome mucho en cómo vive él esos acontecimientos. No es relato histórico ni biografía de pe a pa. Sí me centro en algunos momentos de su vida y a partir de ellos el espectador puede dibujar el resto de su trayectoria.

>Ya el adjetivo “inventada” da a suponer que no te ciñes a la realidad, sino que incluyes partes de ficción.
Sí, aunque realmente no es muy grande la parte de ficción. La mayor ficción es el lugar concreto en el que sitúo a Godofredo. Además, pienso que es imposible escribir la vida de una persona de modo objetivo. Al escribirla yo ya pasa por mi filtro, lo que modifica la historia. Pero la parte histórica sí está documentada.

>Hasta el momento se ha podido ver en Vila-real y en Valencia.
Desde que la estrenamos a finales del pasado año se ha podido ver en el Auditori Municipal Músic Rafael Beltrán Moner de Vila-real y en La Nau de Valencia, dentro del ciclo de Memoria Histórica del Teatre Escalante. Después de Castellón irá al Talía de Valencia. Y espero que la trayectoria continúe, aunque cuesta un poco tirar adelante, ya que para ello ha de ser vista y hasta el momento no ha habido muchas oportunidades.

>Según me ha comentado gente del teatro de Castellón, ese es uno de los problemas de muchas de las obras: se estrena y luego cuesta mucho que se vuelva a programar.
Hay obras que dependiendo del mercado al que se dirige o los mecanismos de producción, antes de estrenarla ya tienen muchas funciones apalabradas, con independencia del resultado. Pero algunos creadores y creadoras, hasta que no demostramos que lo que hacemos es interesante, no tenemos esa seguridad de tener 20 o 30 funciones.

“Algunos creadores y creadoras, hasta que no demostramos que lo que hacemos es interesante, no tenemos esa seguridad de tener 20 o 30 funciones”

>Y parece que cueste dar oportunidades a gente de aquí.
Mi compañía, La Medusa, cumplirá 10 años el próximo año, y yo tengo una trayectoria más larga con Visitants. Pero a pesar de estar próxima a la década, aún es un proyecto nuevo. Me ha costado desvincularme del teatro de calle, que es por lo que me conocen la mayoría en la profesión, para que se tenga en cuenta lo que hago a nivel textual o de teatro de sala, o contemporáneo. Cuesta demostrar que tu trabajo vale la pena y está al nivel de otras compañías de ese ámbito.

>La Medusa la desarrollas desde dentro de Visitants.
Yo soy La Medusa, y decido los proyectos artísticos que desarrolla La Medusa, así como el equipo de gente que me acompañará en cada historia. Lo que hace Visitants respecto a La Medusa es avalar o darle una entidad jurídica, además de asistir en la producción.

>En el caso de La vida inventada de Godofredo Villa has preferido que sea otro director quien se haga cargo de tu texto a la hora de llevarlo a escena. Habéis apostado por un grupo de trabajo de Valencia o que habitualmente se mueve por allí.
He contado con la dirección de Xavi Puchades, y él ha escogido los actores. Son los mismos que participaron en la lectura dramatizada, salvo el personaje de Godofredo, que entonces lo hizo Eduardo Zamadillo, y ahora Pep Ricart. Àngel Fígols es de Benicarló y la familia de Arantzazu Pastor es del interior de Castellón (Clara Crespo completa el reparto). Pero es cierto que el director es de Valencia y trabajó con actores y actrices con los que tenía cierta proximidad y ya les conocía. A Xavi le llamé para hacer la lectura dramatizada de Godofredo, y él me propuso después coproducir la pieza Classe, que sigue representándose. Nos entendimos muy bien y decidimos seguir adelante con el proceso de Godofredo.

Pep Ricart, en el papel de Godofredo Villa, y Clara Crespo.

Cuando escribo un texto prefiero que la dirección recaiga en otra persona, para que le dé una visión diferente a la de mi mirada. He estado en los ensayos como ayudante de dirección y algunas decisiones las hemos tomado juntos.

>¿Dentro de qué género podríamos incluir La vida inventada de Godofredo Villa?
Por el tema que trata, se la podría incluir dentro de las obras que giran alrededor de la Memoria Histórica, pero no deja de ser un testimonio de una persona que podría ser incluso de ficción. Me cuesta definir una obra según los géneros clásicos. Podría ser un drama, pero también hay humor. Su objetivo es tocar la fibra sensible del espectador, plantear preguntas, como todo lo que hago desde La Medusa, donde hay una fuerte carga de compromiso personal, social y estético.

>¿Qué te ha transmitido el público que ya ha visto la obra?
Emoción. Mucha gente me dice se ha reído, pero sobre todo, se ha emocionado. La interpretación de Pep Ricart es maravillosa y se pone al espectador en el bolsillo desde el primer momento con su ternura. Es un actor que me encanta. Es fácil identificarse con su personaje y con cualquiera de los otros tres, ya que habla de las relaciones entre personas, situaciones que cualquiera ha vivido. En realidad, el teatro es una plataforma en la que vamos a encontrarnos con nosotros mismos y nuestras vivencias y emociones.

Repaso a la biografía teatral de Sònia Alejo (Almassora, 1972)

Sònia Alejo.

>Inicio con unos profesores de lujo.
Empecé en Almassora con 16 años en una escuela municipal de teatro, a la que acudimos bastantes compañeros de instituto. Tuvimos la suerte de encontrarnos en esos tres años con profesionales como Carles Pons, Pep Cortés, Cesca Salazar, Joan Raga, Montse Anfrúns, Tian Gombau… En aquel momento nosotros no sabíamos quiénes era aquellos jóvenes que se estaban dedicando al teatro y que ya habían hecho muchas cosas, convirtiéndose con el tiempo en profesionales maravillosos, con trayectorias impresionantes. Cuando pienso ahora quiénes eran esos profesores me pregunto: “¿Cómo no me iba a enganchar?” (risas).

>Decisión que provocó el enfrentamiento familiar.
A los 18 años decidí dedicarme profesionalmente al teatro. Me encontré con una grandísima oposición familiar, y me fui de casa. Si hubiesen aceptado que me dedicase al teatro, lo hubiese compaginado con otra carrera universitaria. Ya fuera de casa, busqué trabajo y me lo ofrecieron en Visitants (de Vila-real), que estaba en su primer año de existencia. Entré en su segundo espectáculo y aún sigo en la compañía. A partir de ahí, compaginé ese trabajo con la asistencia a cursos, seminarios, ver mucho teatro, lo que es fundamental, ya que se aprende tanto viendo como estudiando.

>De actriz a escritora de textos teatrales.
Los últimos años he estado formándome con gente que escribe para el teatro. Empecé a escribir en 2005 y en 2010 gané un premio, el Evarist García de la Diputación de Alicante con el texto Cendres, mi primer texto, que conllevaba la necesidad de montar la obra, y que dirigí yo, con ayuda de Rubén Rodríguez, uno de los actores. Ahí nació La Medusa, un proyecto diferente del de Visitants, que enfoqué hacia el teatro contemporáneo de sala o en espacios no convencionales. Siempre me ha gustado escribir. Con 18 años, quería estudiar Filología o Periodismo, pero me decanté por el teatro. Tras años como actriz o dirigiendo, tomando decisiones en Visitants, me decidí a escribir, probar algo nuevo.. Siempre me gusta probar cosas nuevas. Me formé para el diseño de vestuario en Madrid y en Valencia. Y después decidí formarme en la escritura, aunque es algo que siempre me ha acompañado.

>Trabajos con la firma de Sònia Alejo.
Lecturas dramatizadas eróticas, rutas del Memorial Democrático de Vila-real, que este año cumplirá su sexta edición, Cendres (2010), Tanatos Show (2015), la pieza breve Duel de tasvavins, que estrené en la primera edición de La Ravalera (2015) y acabo de ganar el Premi de Teatre Infantil Escalante con Cremallera. Además, he participado en algunas obras escritas por colectivos. Y dentro de Visitants, junto a Tomás Ibáñez, Lluvia de palabras (2015), Olea (finalista de los premios Max) y Tempus, ambas de 2016. Por otra parte, tengo tres obras aún inéditas.

>Vinculada con Valencia, pero siempre con residencia en Almassora.
Todo lo que he hecho tiene vínculos con Valencia, porque allí es donde me he formado, aunque siempre he vivido en Almassora. Todos mis referentes de escritura contemporánea están en Valencia. Allí se concentra la actividad, como ocurre en Barcelona o Madrid. En los últimos años, en Valencia han surgido muchos autores que han desarrollado su actividad en salas alternativas, lo que ha provocado que surjan nuevos autores, algo que no existe en Castellón, aquí solo hay salas públicas y de pueblos, que serían buenos lugares para desarrollar la actividad. Además, en Valencia la mayoría de escritores están vinculados a compañías; son pocos los que se dedican solo a escribir.

Mesa de debate sobre creación en el Congrés d’Arts Escèniques a Castelló (desde la izquierda): Pepa Cases, Amanda Aguilella, Pau Ayet, Sonia Alejo y Leandre Escamilla.

>Desde 2017 eres la presidenta de la Associació Valenciana d’Escriptores i Escriptors Valencians (Aveet). Durante el Congrés d’Arts Escèniques a Castelló, algo que se destacó es que en las asociaciones profesionales autonómicas hay poca presencia castellonense.
En la asociación somos 72; 11 de ellos de Castellón y 13 de Alicante; el resto, de Valencia. La escena de Castellón está muy disgregada; siempre he encontrado a faltar compañeros de viaje, más allá de la gente que habitualmente está a mi lado. Y me provoca tristeza esa falta de complicidad. Es cierto que cuando nos sentamos a hablar, tenemos muchos puntos en común, no somos tan diferentes. Pero nos cuesta sentarnos a hablar. Y hemos de tener claro que hemos de estar juntos. Aquí noto desconfianza hacia el otro, y por eso hemos perdido trenes maravillosos que nos pasado por delante. Se intenta beneficiar cada uno y al final acabamos perdiendo todos. Si nos ayudamos, nos beneficiaremos todos. No sabemos la fuerza que tenemos todos juntos.

“La escena de Castellón está muy disgregada. Me provoca tristeza esa falta de complicidad”

>Aun así, parece que, en cantidades modestas, autores de Castellón van haciéndose un hueco. Gente joven que hoy por hoy se ve con ganas de hacer cosas como dramaturgos.
Con el regreso de Núria Vizcarro y el proyecto de La Ravalera, es posible que vayamos descubriendo nuevos autores y autoras, y eso haga que se interese más gente por escribir, que es lo que ocurre en Valencia. Está Ferran Garrigues. Mafalda Bellido, de Altura, lleva la escuela municipal de Segorbe. También hay gente de Castellón que trabaja en Valencia, como Begoña Tena. Adrián Novella, de Castellnovo, vive en Valencia. La gente que se dedica profesionalmente al teatro encuentra en Valencia su ecosistema; aquí estamos disgregados. Es curioso, porque la mayoría de los socios de Aveet son de Valencia, pero la presidenta soy yo, de Castellón, y antes lo fue Paco Sanguino, de Alicante. Y esto se debe a que se quiere trabajar la territorialidad. Estando en Aveet he descubierto a gente de por aquí que escribe, como África Hurtado, de Almassora, a quien no conocía, y que ha desarrollado todo su trabajo en Madrid. En artes de calle sí conozco mucha más gente de Castellón. Desgraciadamente, Carles Pons murió; él hubiese sido un gran referente en Castellón, como lo fue para mí.

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