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Guardagujas de la noche

Artículo de la autora de la novela 'Ruido en el corazón. Una canción de rock novalada', ENA, para la revista del 10º aniversario de Nomepierdoniuna.
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"Ecos de viejos resquicios musicales no han dejado de subir de volumen desde las primeras horas del 2030. Como raíces resecas que recuperan su fuerza, rebrotan por las redes canciones rasgadas sobre campos de algodón y botas camperas polvorientas, descampados en los suburbios, gasolineras cerradas en arcenes de carreteras sin final. Ellos mutan sus nombres a Marshall o Gibson, ellas, a Nueva Orleans y Nashville. Los troles se desvanecen”.

Tras días de laberintos de espejos por la red, sin lograr encontrar nada, Notema guarda un primer borrador para su próximo vídeo y abandona su cueva de cámaras y croma en busca de ese submundo de pequeñas salas que vuelven a programar conciertos donde se rumorea que ha resurgido todo. En un rincón del globo junto al mar, sus moradores caminan despacio, manos en los bolsillos, pasan de modas, likes y copyrights. Bloquean la geolocalización de sus dispositivos. El R&R se escapa por las ventanas de las casas. Las barberías dejan paso a locales de música en directo.

La joven youtuber rastrea nuevas pistas en casa de uno de los “cuidadores”, apodo para quienes se curraron hace una década las salas originarias, sin que sus políticos fueran conscientes, hasta que perdieron el aliento y las luces de la última función se apagaron. Notema se dicta notas mientras abre una caja de latón descascarillada que dormitaba en un estante olvidado llena de entradas de conciertos. Desconoce que esos pedazos de papel de colores impresos a una tinta retienen historias de sudor y vatios sobre la madera, instantes únicos ante ellos, de trabajo duro, tras las barras, del otro lado. Madrid, Londres, Nueva York, San Francisco o Castellón, igual daba. Esos retazos impregnados de años, con huellas de bolsillo de vaquero, inundan la habitación de sueños, alcanzados, remendados, pisoteados.

La noche silencia las calles de esta ciudad pequeña y extraña, de skyline urbano irregular y mediterráneo. Donde las avenidas se tornan estrechos callejones, cercanos pero muy alejados, localiza el foco de la inoculación de esta pandemia. Apoyados en coches eléctricos compartidos, con camisetas negras sin logos, corrillos de jóvenes charlan a la cara, sin cobertura. Van “de otro rollo”. La observan llegar desafiantes bajo el luminoso reinstaurado de una de aquellas viejas salas, cicatriz de quienes lo intentaron lustros atrás. “Ahí dentro está la puta vida”, juran.

“Tras las pesadas puertas, desde el ocre de sus muros, Janis Joplin me recibió donde todo cambia”, retoma su grabación Notema todavía vibrando de vuelta a la penumbra de su hostal de estación. “Unos tal Real Kids me estallaron el pecho por los tímpanos con esa vieja droga que ‘los cuidadores’ no dejaron perder. Abriéndose paso entre quienes esperan, llegados de locales de ensayo a las afueras, cuatro siluetas se hicieron con el escenario. Un quejido eléctrico saltó de un ampli vintage al encenderse. Las luces se acallaron”, confiesa mirándose a la cámara de su móvil, contagiada tras el concierto, curada de la apatía y la velocidad vacía de los mundos digitales. Con otro estar, encajando ese algo diferente desterrado de los canales comerciales, expande el virus por la fibra al terminar: “Hasta que un jueves de fin de año, nadie sabe por qué ni cómo, las persianas volvieron a subir con ese sonido a hierro pesado que se había llevado el tiempo y la pasión no correspondida de los guardagujas de la noche, los cuidadores del blues".

ENA es autora de la novela Ruido en el corazón. Una canción de rock novelada.

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