
Cúmul abriría en 2020 con su primera exposición colectiva 'Pandemonium'. Foto: Cúmul.
Cúmul despide este mes de junio, como tantos otros espacios culturales, la temporada 2024/2025. Pero, en su caso, el acto de cierre previsto para el día 30 se presenta doblemente especial: el 16 de junio se cumplieron cinco años desde que el proyecto autogestionado, impulsado por un grupo de jóvenes artistas de Castelló, echó a andar. Sin ninguna ayuda pública ni privada, han ido ganándose su sitio en la ciudad, primero desde el centro y ahora instalados en el barrio Crèmor, donde conviven con asociaciones vecinas y espacios comunitarios como La Verduleria. En este primer lustro les ha dado tiempo a organizar más de cincuenta actividades, desde exposiciones hasta talleres, cinefórums, conciertos, presentaciones de proyectos o coloquios, casi siempre con el foco puesto en artistas emergentes. Como resume Gerard Bomboí, uno de sus miembros: "La sensación o el aprendizaje que nos llevamos es que ha sido posible hacer mucho más de lo que creíamos".
Para celebrar este aniversario y cerrar temporada, Cúmul ha preparado un evento especial que servirá además como estreno de un nuevo ciclo: SISMO, una propuesta dedicada a la experimentación sonora electroacústica. La primera entrega contará con la actuación de MARTIYYO, proyecto de Martí Guillem, que en esta ocasión se presenta junto al clarinetista Miquel Àngel Marín. También participarán 100% + JJDOC, dúo vinculado a Cúmul e Isósteles que trabaja con bucles, ecos, instrumentos análogos y live sampling para construir paisajes sonoros efímeros. En esta ocasión no habrá obra como tal: “la pieza es el espacio, el vacío, el sonido y los artistas invitados”.
Este último año ha servido, pues, para consolidar vínculos con proyectos afines, como Isósteles, un espacio colectivo de Burriana que comparte con Cúmul el interés por la creación experimental. Una conexión que no solo se ha traducido en colaboraciones puntuales, sino que también ha dejado huella en la programación de la temporada. Aunque arrancaron tarde, en octubre, el calendario de actividades ha sido diverso: abrieron con la exposición L’Adam es masturbava al paradís, de Álvaro Romero, acompañada por una performance de Paula Penya y Lucía Jaén que resonaba con el planteamiento conceptual de la muestra. Ese mismo mes participaron en el 10º aniversario del Tremenda Fem Fest, y más adelante impulsaron su tradicional muestra navideña Krampus 24, que reunió obra visual y sonora de artistas del colectivo (Bomboí, Carlos Bonet, Javier Coloma, Paco Rangel y Angie Vera) junto a nombres invitados. Además, abrieron las puertas a talleres de autoedición organizados junto a Categoria Intl, centrados en las posibilidades plásticas del cassette, y sesiones de música efímera y visuales con artistas como JJDOC, 100% y Bonet.
La colaboración con ESN Castellón, red de voluntariado universitario para estudiantado Erasmus, derivó en un poetry slam multilingüe donde se leyeron poemas en griego, turco, portugués, francés o inglés, una experiencia que puso en valor la diversidad de lenguas y vivencias. Un día después, por San Valentín, programaron un cinefórum irónico con The Room (Tommy Wiseau, 2003) acompañado de una lectura crítica sobre el consumo del amor romántico. En marzo organizaron Alunizaje, una exposición colectiva con presencia local y estatal que combinó pintura, instalación, proyecciones y conciertos de música experimental. Y en mayo cerraron el ciclo expositivo con Les precàries, obra pictórica de Irene Remón centrada en las condiciones vitales de las jóvenes artistas, precariedad mediante.

'Les precàries', de Irene Remón, cerró la parte expositiva de 2024/2025. Foto: Cúmul.
Desde dentro, el balance del curso es positivo. Aunque el número de actividades ha sido menor que en años anteriores, desde el colectivo apuntan que la acogida del público ha ido en aumento y que, poco a poco, han aprendido a programar de forma más sostenible, priorizando la calidad y su tiempo. "No podemos estar todo el día en Cúmul como si fuera una galería u oficina. No nos da la vida”, señala Gerard, que añade: “pero ahora tenemos más experiencia, llevamos cinco años, y se nota que nos podemos organizar mejor, aunque sea haciendo menos cosas”.
En paralelo, también han habilitado una taquilla inversa con aportaciones voluntarias, como forma de cuidar tanto la sostenibilidad del proyecto como a quienes lo hacen posible. Actualmente el grupo está formado por siete personas que continúan trabajando de forma voluntaria y sin ánimo de lucro. Sobre qué más ha cambiado -o no- en este tiempo, y hacia dónde miran ahora, charla Gerard Bomboí con Nomepierdoniuna.
>¿Cuál dirías que ha sido la mayor enseñanza que os deja esta etapa de Cúmul?
Más que una enseñanza concreta, diría que lo que nos deja Cúmul es la sensación de que es posible hacer mucho más de lo que creemos, incluso en lugares que no son grandes focos de cultura ni destinos turísticos. Castelló tiene mucha cultura, pero no es un núcleo central en el mapa cultural del Estado. Y aun así, hemos visto que se pueden hacer muchas cosas. Gracias a Cúmul hemos tenido conexiones que nunca imaginábamos, como cuando nos entrevistaron en La Casa Encendida, o conocimos colectivos en Catalunya que están montando festivales enormes. Es un aprendizaje esperanzador.
También te das cuenta de que todo cuesta el doble de lo que imaginas, en tiempo y esfuerzo. Es algo que hubiera aprendido en cualquier otro lugar, pero aquí ha sido muy directo, muy crudo. Este es un espacio que sentimos como una responsabilidad compartida: es sin ánimo de lucro y eso lo cambia todo. No es lo mismo trabajar por un sueldo que hacerlo porque quieres, porque crees en ello.

Proyecciones en Cúmul, año 2021. Foto: Carme Ripollès.
>¿Sentís que hay conexión con la vida cotidiana de la zona?
Sí que hay relación, sobre todo porque estamos en un barrio y en una ubicación muy sociable. Justo enfrente hay una plaza muy grande con un parque, así que siempre hay movimiento: niños jugando, familias, gente de paso... Además, justo al lado hay un gimnasio donde se hacen clases de kárate o gimnasia, y muchas personas que esperan para entrar se acercan a mirar el escaparate de Cúmul. Hay niños que incluso dicen: “vamos a pasar por aquí, que siempre ponen cosas interesantes”. Y al lado tenemos La Verduleria, que también hace una tarea interesante en el barrio.
Hay muchas vecinas y vecinos que se interesan por lo que hacemos. Tampoco es que nos hayan elegido, pero de alguna forma aportamos unos contenidos y una actividad cultural que no existía en el propio barrio. Y como en todas partes, hay gente a la que le gusta más y gente a la que le gusta menos. Eso pasa en todos los espacios y en todas las ciudades. También es verdad que, aunque Castelló tenga 180.000 habitantes, no hay tanta gente acostumbrada a ir a eventos culturales como podría parecer.
Pero esto no muere. Aunque parezca que la cultura está a punto de caer, no cae. Es algo curioso.
>¿Cómo se presenta la próxima temporada?
Para la temporada que viene, uno de los objetivos es seguir confiando en las alianzas: buscar personas interesadas en el espacio, en producir y gestionar creación artística de forma colectiva. Que no sea solo un lugar para exponer, sino también para crear y acompañar procesos.

El colectivo centra su presente —y su proyección de futuro— en la creación compartida y la colaboración con otros espacios afines. Foto: Purísima Sangre.
En cuanto a programación, tenemos previstas al menos cuatro exposiciones: una más en otoño y tres repartidas entre invierno y primavera. Este año hicimos dos, y para el que viene ya hay cuatro pensadas. Repetirá Julián Barón, que ya ha trabajado con nosotros, y también contaremos con José Jarque, fotógrafo con proyectos muy interesantes. También expondremos Carlos Bonet y yo.
Además, durante la temporada seguiremos activando propuestas puntuales como talleres de escritura y de sonido. Serán actividades de un solo día, abiertas y experimentales. Y como siempre, habrá sorpresas. También nos gustaría que la gente se anime a proponer actividades o proyectos: si nos escriben, siempre intentamos hacer hueco.














