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Greta Ramos destapa la historia de Ignacia en Cúmul

¿Qué le diríamos a quienes que ya no están? ¿Qué hacer cuando nos damos cuenta de que no sabemos suficiente de sus vidas? Greta Ramos dio respuesta a esto entrevistando a sus tías abuelas con la intención de poder conocer más a Ignacia y Salvador, sus abuelos. Testimonios de una realidad olvidada: la de las mujeres del mundo rural en la posguerra y que ella ha dado forma a través de la exposición 'Ignacia' en Cúmul.
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Greta Ramos inició Ignacia para conocer más a sus abuelos Ignacia y Salvador. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Dicen que no sabemos lo que tenemos hasta que lo hemos perdido. Esta máxima puede ser aplicada a diversos ámbitos de nuestras vidas: amistades, oportunidades, privilegios, amores, etc. Greta Ramos sintió esta desazón tras el fallecimiento de sus dos abuelos Ignacia y Salvador cuando, tras su pérdida, asumió que no los había podido conocer lo suficiente. Con motivo de poder saber más de sus yayos, la ilustradora de València aprovechó su estancia en verano en la aldea de sus antecesores (Prados de Armijo, Jaén) para preguntar a sus tías abuelas todo aquello que nunca pudo hablar con Ignacia.

Sus tías Ángela y Águeda, hermanas de Ignacia, fueron las encargadas de dar respuesta a sus incertidumbres y de sacar a la luz, al mismo tiempo, las verdades más recónditas de la condición femenina de mediados del siglo XX. De dicha manera se confesaron la falta de libertades, las agresiones y las violaciones dentro del matrimonio que ellas y muchas mujeres sufrieron (y siguen padeciendo). Según Greta Ramos: “Conmigo se sentían libres para decir lo que quisiesen y estaban hartas, por eso es tan revelador”. El resultado fue dos horas de entrevista que la ilustradora decidió plasmar en un trabajo artístico: “Les emocionó y les ayudó a desahogarse porque nadie les había preguntado nunca por sus vivencias. No se nos educa, y menos con un mundo tan frenético, a escuchar de forma activa”, asegura la autora.

'Ignacia' ha estado expuesta en Cúmul desde el 19 de marzo hasta el 3 de abril. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Este empeño inicial meramente personal por conocer más de sus propios familiares, sin ninguna ambición mayor, dio paso progresivamente a un proyecto artístico al que Greta Ramos ha dedicado dos años de desarrollo: la exposición Ignacia, exhibida en la sede de Cúmul hasta el 3 de abril. “Cuando empecé a entrevistar y hablar con diferentes personas de mi familia sobre la vida de mi abuela no tenía ninguna aspiración como tal. Lo hice porque no tenía mejor manera para documentarme verazmente sobre cómo vivió, sin pretensión artística”, afirma la creadora del proyecto.

"La exposición es una reflexión que no se puede disociar de la experiencia de las mujeres, pero no pretendo tampoco señalar al hombre"

Pese a su especialización en la ilustración, Greta Ramos y Clara Culiáñez (presidenta de Cúmul y comisaria de la muestra) se decidieron desde el primer momento a ofrecer una exposición basada en la variedad de técnicas: la ilustración, el grabado, la pintura, la fotografía y el videoarte dan forma a una exhibición que se arriesga a tratar su tema principal desde diferentes aristas. Para Greta Ramos, el artista “va a enriquecer mucho su trabajo si experimenta con diferentes disciplinas”.

Debido a su falta de conocimientos en algunos campos, la ilustradora se asesoró de otros autores. Es el caso de la contundente pieza audiovisual, que cuenta con la edición de Paula Lorenzino y la composición musical de Adrián del Barrio: “No pretendo ser artista audiovisual, pero si los creadores queremos garantizar el buen resultado de nuestros proyectos debemos dejar aconsejarnos y enseñarnos”, garantiza Greta Ramos. Para la autora es imprescindible que se deje de lado “el ego del artista como única mente tras una exposición” y se actúe entendiendo la importancia y necesidades que requiere cada proyecto.

La pieza audiovisual, de veinte minutos, cuenta con las intervenciones de Ángela y Águeda. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Según Greta Ramos, también ha sido determinante poder exponer su trabajo en Cúmul, ya que ha podido contar con la ayuda de los integrantes del colectivo, especializados en diferentes disciplinas. Un caso sería el de Daniel Cala, diseñador de moda, que aconsejó a la hora de escoger el tipo de telas más adecuadas para la exposición. “El resultado ha sido tan llamativo y tan bien ejecutado que me da respeto intentar llevar la exposición a otros espacios porque considero que será complicado conseguir que esté a la altura de lo conseguido en Cúmul”, confiesa la ilustradora.

En Ignacia, todos los elementos expuestos cuentan con un denominador común que ayuda a articular la exposición: las manos. Esta parte del cuerpo se manifiesta de manera implícita durante toda la muestra mediante una doble identidad: por un lado, son lo que permite que Greta Ramos pueda crear sus obras desde cero (como sus precisos grabados); por otro lado, son un ente narrador más. Consciente de ello, la autora representa en las ilustraciones las manos de sus antepasadas. Unas manos envejecidas que llegan a decir más que las propias palabras.

Prados de Armijo tiene una población de 80 habitantes. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Por dicha razón podemos encontrar, junto a las obras expuestas, varias herramientas que terminan de dar sentido y coherencia al proyecto: una máquina de coser, una tabla de planchar o instrumentos propios de la agricultura: “Aunque no son obra propia, me he encargado de recoger esos objetos y darles un lugar para revalorizar el trabajo en el campo y lo que ellas vivieron. Se han construido su vida desde la nada, con sus manos, labrando”, asegura Greta Ramos.

Y es que según la autora de Ignacia, no se puede disociar su proyecto del contexto rural. Antes de vislumbrar siquiera alguno de los elementos exhibidos, partimos de un mapa de España que nos ubica espacialmente para reivindicar un espacio: Prados de Armijo. Para Greta Ramos, “las vivencias que ocurrieran en mi aldea iban a ser relegadas al olvido y estaba el peligro que nadie supiera qué había ocurrido allí, aunque se conociera el contexto histórico”.

"A veces tenemos la percepción errónea de que las grandes cosas solo ocurren en grandes ciudades o lugares que han tenido voz para contar sus historias"

La utilidad del trabajo de Greta Ramos muestra sus aportaciones más allá del ámbito artístico: “Tengo propuestas de profesoras o profesionales del ámbito académico para llevar la pieza audiovisual a las aulas o que sus alumnos puedan visitar la exposición cuando se ubique en otros espacios”. Y es que la ilustradora tiene claro que Ignacia no es un punto y final: “Me interesa que Ignacia crezca desvelando otras historias del mismo contexto histórico y que nunca hayan salido a la luz. Si está en mi mano vamos a seguir construyendo proyectos para hacer del arte algo útil que se pueda utilizar sin pasar desapercibido”.

Ignacia, con su consulta directa a las mujeres que vivieron durante la posguerra y los primeros años del franquismo, construye un ejercicio necesario por visibilizar unas vivencias que a día de hoy siguen siendo omitidas: “Quería mostrar que las narrativas femeninas también pueden construir la memoria histórica y aportar experiencias útiles para aprender”, reflexiona, "a veces pensamos que la historia está ya escrita, pero no es así. La historia está escrita por muchos historiadores hombres. Aún falta que se narre la historia por las mujeres".

El mobiliario nos sumerge en unas vivencias tan vigentes como necesarias. Foto: Carme Ripollès (ACF).

La memoria histórica, por tanto, se mantiene como “algo vital para entendernos como individuos y colectividad”. “Una persona no puede haber sido fusilada y estar bajo tierra durante tantos años sin saber siquiera quién es. Tenemos que dignificar estas personas y vidas para poner en valor la nuestra”, asevera.

Tras haber invertido dos años en concebir un proyecto con la intención de conocer más a su abuela, solo cabe preguntarse qué le diría Greta Ramos a Ignacia: “Le diría que su vida tiene sentido”. “Mis tías abuelas y mi abuela tienen la sensación de que no han servido para nada porque no han hecho nada más allá de cuidar de sus seis hijos. Y sí que tiene valor haber criado a seis personas, sí que tiene valor trabajar en la aceituna desde los seis años”. Valor que, gracias al arte, ha podido narrar su historia y la de muchas otras mujeres.

La ilustradora Greta Ramos (València) se trasladó a Castelló para realizar sus estudios. Foto: Carme Ripollès (ACF).

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