Cine, Música >> Festivales, General, Portada

Ramon Godes en CinemaScore. “Lo importante es que tu música sea sincera, con señas de identidad”

Ramon Godes, acompañado por Alejandro Royo, Xavi Muñoz y Jordi Montesó, pondrá una banda sonora de creación propia a la película 'Los santos inocentes', de Mario Camus. Será el viernes 9 de febrero en el Paranimf de la UJI dentro de la 13ª edición del festival CinemaScore. El guitarrista castellonense explica a Nomepierdoniuna algunas claves de esta creación y repasa su importante, y poco conocida, carrera musical.
Envía Envía
Imprimir Imprimir

Noticias relacionadas

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Ramon Godes.

El guitarrista castellonense Ramon Godes -sin tilde, en valenciano- participa por segunda vez en CinemaScore, la muestra de música en directo y cine organizada por el aula de Cine y Creación Juvenil de la UJI y la promotora Born Music. Su debut en este evento tuvo lugar en 2011, cuando junto al contrabajista Alejandro Royo puso música al documental Lessons of darkness de Werner Herzog. En esta 13ª edición se encargará de incluir una banda sonora propia a Los santos inocentes, cruda película dirigida en 1984 por Mario Camus y protagonizada en sus papeles principales por Alfredo Landa, Terele Pávez y Paco Rabal; uno de los títulos capitales del cine español. Junto con Alejandro, Xavi Muñoz -su mano derecha en estos últimos años- y Jordi Montesó (del grupo Sitja) estrenará esta creación musical el viernes 9 de febrero en el Paranimf de la UJI (20:00), con entradas a 8 euros (6 euros en tarifa reducida) o el abono para toda la programación en el recinto universitario por 15 euros.

Nomepierdoniuna aprovecha esta oportunidad para que Ramon Godes hable sobre su  segunda participación en CinemaScore y también sobre su carrera profesional, una de las más importantes de la música castellonense (Los Coyotes, Malevaje, Alaska y Dinarama, junto a Alejandro Royo y en solitario) y al mismo tiempo más desconocida, entre otros motivos por su desapego hacia las actuales redes sociales (con una página en facebook que registra una casi nula actividad). Comenta que vive sin televisor y que su tiempo lo dedica a la música, ya sea como oyente, compositor, practicante o profesor.

>¿Qué ha motivado que escojas precisamente Los santos inocentes para ponerle música?
Es una película que prácticamente no tiene música. Su banda sonora original es de uno de los mejores músicos que ha tenido el estado español, el maestro Antón García Abril, y es genial. Es solo un ritmo de percusión, no sé si de fandango o seguidilla extremeña, y tiene otra parte que es un pasaje de rabel tocado por el músico cántabro Pedro Madrid. Hay también un fandango extremeño, pero que ya estaba grabado, y no hay más música. Y creo que no hay más porque Mario Camus y García Abril querían remarcar también por este lado la crudeza de la película. Lo que he hecho es añadir sentimentalismo, pero sin perder ese sentido de austeridad, conservando incluso el ritmo de percusión. Son pasajes entre los diálogos.

>Una actuación anunciada como “Ramon Godes y amigos”.
Creo que quedará muy bien, porque me acompañan grandes músicos, una especie de dream team, con Alejandro Royo al contrabajo; Xavi Muñoz, uno de los mejores músicos hoy en día de Castellón, haciéndose cargo de la electrónica y de la percusión; y Jordi Montesó, de Sitja, que es el grupo del que más cerca me encuentro, por ese afán de mezclar lo tradicional con cosas nuevas, lo que me ha llevado a hacer algunas colaboraciones con este grupo. En su nuevo disco hay una composición mía que ellos manejan a su modo y, además, de las mezclas nos encargamos Xavi y yo.

>¿Te gusta hacer bandas sonoras para películas?
Sí. Me gustaría que viniese un director y me dijese que le gusta mi estilo y que lo quiere incorporar a su película, no que se pareciese a las músicas de otros compositores.

TODA UNA VIDA DEDICADA A LA MÚSICA

>Rodeado por la música desde el nacimiento
Mi madre, Rosario Marco, era violinista, por lo que en casa se escuchaba música. Era prima de Matilde Salvador y tocaba en una orquesta que dirigía Matilde, y en la que estaba su hermana, Josefina Salvador, una violinista excelente. El violinista Abel Mus -fundador del Conservatorio de Música de Castellón- quería formar un dúo profesional con mi madre, pero ella no quiso porque tenía a su padre en la cárcel por 12 años por estar en un Ayuntamiento republicano. Prefirió dedicarse a estudiar Derecho. Además de esa influencia, yo oía la radio. La música me ha gustado prácticamente desde que nací. Hace poco me encontré con unas revistas llamadas Teleradio, fechadas de cuando yo tenía un año, y me acordaba perfectamente de las canciones que aparecían en su hit parade. Cuando tenía nueve años sufrí un enfermedad que requería reposo, con un tratamiento muy agresivo que afectó mi metabolismo. Estuve tres meses sin ir al colegio y fue entonces cuando decidí hacerme músico al 100%, con la negativa de mi familia. Y ese deseo mío fue el que me hizo marcharme a Madrid años más tarde.

>Querencia hacia la música instrumental.
Empecé a escuchar música muy pronto. Con cinco años, mi madre nos dio clases de solfeo a mi hermana (la periodista cultural Patricia Godes) y a mí. Ya aprendí intervalos, combinar notas… Me gustaba la música instrumental probablemente porque tiene mayor poder a la hora de sugerir cosas. Estando enfermo descubrí esas posibilidades evocadoras a través de “En las estepas del Asia central”, del compositor ruso Borodín, un poema sinfónico descriptivo con dos caravanas, cada una con su melodía, que en un momento se encuentran. Y me gustaba mucho la música clásica española: Albéniz, Granados, Mompou, que es de quien más cerca me encuentro yo dentro de la clásica, por ese concepto intimista y su simplicidad aparente; él dentro de la música culta y yo de la popular. Además, en la radio escuchaba todo lo que podía, y con nueve años ya sabía quiénes eran Carlos Gardel, Jobim, Beethoven…  Cuando tienes nueve años no tienes los prejuicios que sí tienes a los dieciséis, cuando ya quieres formar parte de una tribu.

>Y hacia la música tradicional.
Mi padre, Ramón Godes, me trajo del Ateneo la colección de folclore español de García-Matos. Los compositores rusos que escuchaban tenían influencias del folclore ruso en su música. Los Pekenikes, que me gustaban mucho, también contaban con la tradición. En los 70 tuve la influencia de la música catalana… Uno de los primeros conciertos que vi fue de Pi de la Serra y me impresionó mucho cómo mezclaba el jazz y el blues con cosas autóctonas y letras muy interesantes. Pi de la Serra,  Lluís Llach, Maria del Mar Bonet… son algunos de los artistas que más han influido en la manera de entender mi música. Yo chocaba con la gente del pop y del rock. El único grupo eléctrico en el que estuve, tocando yo la acústica, fue uno en el que tocábamos versiones de Jimi Hendrix, que siempre me ha gustado mucho, con Carlos Vargas al bajo, Diego Clanchet a la batería y Eduardo Rajadell a la guitarra. Necesitaban una acústica para “All along the watchtower” y me llamaron a mí. Aguanté dos meses… por el ruido; no podía escuchar mi acústica. Yo quería hacer mi música.

>Primeras experiencias musicales en Castellón
A principios y mediados de los años 70 había dos circuitos de música en Castellón. Uno de ellos, más folk y más dirigido a los jóvenes, se hacía por las mañanas en el Instituto Ribalta, en los colegios y en discotecas que abrían por las mañanas los sábados y los domingos para gente joven. Era música acústica. Junto a tres amigos formamos un grupo en la línea de unos Crosby, Stills & Nash, que en el tema de las voces era imposible para nosotros. Lo curioso es que nos llamaron para tocar, pero tuvimos que salir uno a uno para actuar. Recuerdo que hice “Ain’t no sunshine” de Bill Whiters, “My girl”… a mí siempre me ha gustado mucho la música negra… Dylan y otra. Tenía unos 14 años y me gustó la experiencia, pero yo quería hacer mi música, que diría que es mediterránea, como la que hago ahora. Para tocar, siempre me ha gustado más la música acústica que la eléctrica, aunque escucho todos los estilos: heavy, free jazz… En todos hay cosas buenas.

>Marcha a Madrid para acompañar a su hermana.
A mi hermana Patricia le ofrecieron un contrato en la radio en Madrid. Ella era muy joven y mis padres no querían que estuviese sola. Yo estudiaba en Valencia -Filología y en el Conservatorio- e iba y volvía de una ciudad a otra. Entonces conocí a la gente de la Nueva Ola de Madrid, porque íbamos a los conciertos y siempre nos encontrábamos los mismos. Mi intención era más ser compositor que salir al escenario a tocar, como hacía la británica Pam Sawyer para la Motown.

>Aparece Víctor Coyote.
Le conocí y me llamó la atención porque le gustaban tipos de música que no estaban de moda. El pop español se basa en coger referencias de grupos ingleses o norteamericanos e intentar copiar. Y a Víctor le gustaba la música sudamericana. Me propuso producir El mono (1984) e incorporarme como músico invitado tocando teclados y guitarra española. Tras producirlo me comentó la posibilidad de aparecer en la portada, como un miembro oficial más, y acepté. Yo no tenía ninguna experiencia previa en la producción. Víctor se portó muy bien conmigo y yo le debo mucho, porque gracias a él soy músico profesional. De hecho, me comentó que le llevase una canción mía para el disco Mujer y sentimiento (1985). Le llevé “Como un extranjero” y la puso la primera de la cara A. Entonces pensé que mi trabajo componiendo había servido para algo. Entre el primer y el segundo disco surgieron las diferencias entre Víctor y yo; él quería evolucionar hacia algo más contemporáneo, tipo Prince, y era algo que no me interesaba. Aun así, toqué en cuatro canciones de Las calientes noches del barrio (1987) y aporté “El día en que ganó el mar”.

>Aparece Antonio Bartrina y surge Malevaje.
Al mismo tiempo que en Los Coyotes, yo estaba en un grupo de componentes variables que tocábamos temas de r&b en un local llamado El Salero, donde Antonio trabajaba como camarero. Antonio les propuso a Edi Clavo (Gabinete Caligari) y a Fernando Gilabert (Los Coyotes) que le acompañasen para interpretar tangos, y me llamaron a mí. Acepté. Hacíamos tangos pero no a la manera clásica, sino llevándolos a nuestro terreno. Era 1984 y compaginaba Los Coyotes y Malevaje. Con Malevaje hicimos cuatro discos, salimos en la tele e hicimos cuatro giras por Francia, con apariciones en algún programa de prime time. Ellos querían ir hacia un tango cada vez más ortodoxo, pero no era lo que yo quería, puesto que deseaba hacer mi música. En octubre de 2017 participé en el concierto de los 30 años de Malevaje.

>Y un dato poco conocido: formó parte de Alaska y Dinarama.
Cuando estaba con Los Coyotes, estaba en la misma compañía de management de Alaska, Gabinete Caligari, Golpes Bajos, Nacha Pop… A los dos días de haber dejado Los Coyotes, me llamó Olvido/Alaska para decirme que hablase con el manager, ya que querían que tocase con ellos. Venían de triunfar con Deseo carnal (1984) y se tomaron su tiempo antes de No es pecado (1986). Estuve trabajando en maquetas y canciones de ese nuevo disco, que incluyó el éxito “A quién le importa”. Me ofrecieron tocar con ellos en directo y no acepté. Quizás es que yo pensase que iba sobrado o que quería hacer mi música. Hoy en día tal vez hubiese aceptado. No aparezco en las biografías, tal vez porque fui el único que se fue, no le echaron. Pero yo terminé mi trabajo y me fui. Estuve muy a gusto y ella es una persona extraordinaria. Además, como era una música tan distinta a la mía aprendí muchas cosas. Pero era el proyecto de Alaska, Carlos Berlanga y Nacho Canut, no el mío.

>Salto hacia su propia música.
Produje discos para La Búsqueda, Mestizos, Rey de Copas… pero pensé que había llegado el momento de apostar por mi propia música. En 1990 dejé Malevaje y los managers que tenía el grupo en Francia me propusieron presentar mi música junto a la bailarina de Malevaje. De hecho, debuté con mi música en un festival en Francia.

>Regreso a Castellón.
Decidí volver a Castellón porque creía que mi música se entendería mejor aquí que en Madrid. Contacté con Carlos Vargas y pusimos en marcha el Quinteto Músicos Libres, tocando él el contrabajo. El nombre era una referencia a uno de mis ídolos, Astor Piazzolla, quien se definía como “un músico libre” y animaba a los músicos a hacer lo mismo. Estuvimos un par de años, pero era difícil encontrar músicos en Castellón para una banda. Éramos tres de Castellón y dos de Madrid, uno de ellos Nacho Mastretta. Pero decidí disolver el grupo, porque mi música es muy intimista y allí había muchos decibelios.

>Carrera a dúo con Alejandro Royo.
Mi primer disco como Ramon Godes fue Misterios de nuestra selva, con canciones que venían del Quinteto de Músicos Libres y otras nuevas. Trabajó conmigo Alejandro Royo, quien tocaba la batería en Quinteto de Músicos Libres y aquí se hizo cargo del contrabajo. Al acabar el disco, puse el nombre de los dos, porque Alejandro había trabajado tanto como yo, al igual que hizo en su momento Víctor Coyote conmigo. Luego hicimos La felicidad salvaje. Los títulos están en castellano porque los editamos con sellos madrileños. Pero no descarto que al reeditarlos los titule en valenciano. Como curiosidad, sí hay un tema titulado en valenciano, “Fantasia ravalera”, pero no lo pusieron como les indiqué y apareció como “Fantasía arrabalera”. Esos dos discos los presenté en directo con arreglos para cuatro músicos, pero decidí darle un giro aún más intimista a la música. Y a partir de ahí fueron composiciones para dos instrumentos, como ocurría en In melodiis personae, piezas inspiradas en personajes históricos y también inventados que formaron parte del trabajo de final de carrera de Alejandro en la Escola Superior de Música de Catalunya sobre improvisación libre, basado en hacer improvisación a partir de escalas de música tradicional. Después hicimos Finsternis suite y a continuación Alejandro decidió abrir un impás, ya que fue padre y a la vez tenía mucho trabajo.

>Proyecto con Alejandro Royo y Sara Ledesma
Fue un proyecto con composiciones de mi tío, Pepe Godes, y letras de Bernat Artola. Me di cuenta que era la música que el había escrito y la mía tenían muchas coincidencias.

*Este proyecto fue precedido por otro con los mismos protagonistas -dentro de un proyecto con más grupos y músicos- incentivado por Nomepierdoniuna para recrear la obra del trío vila-realense Les Deesses Mortes, integrado por Fèlix Gimeno (Sánchez), el multidisciplinar Pascual Arnal y Víctor Pesudo (Sitja, Grup d’Autoajuda), los tres procedentes de Freses.

>Disco en solitario.
En ese momento decidí hacer realidad uno de mis sueños: publicar un disco solo de guitarra española. Y ese disco es El escondite del espíritu.

>El siguiente disco.
Lo estoy preparando con Xavi Muñoz como productor. Estoy muy contento de cómo quedó El escondite del espíritu. Meteremos piezas de guitarra, como en aquél, y algunas cosas más. Últimamente estoy tocando mucho el piano y lo utilizaré. Vamos trabajando poco a poco. Me gustaría que saliese en 2018, pero si no es así, tampoco pasa nada. El mercado discográfico no va pidiendo un nuevo disco mío.

>Posibilidad de volver a trabajar con Víctor Coyote.
Si yo viviese en Madrid, sería muy posible. Lo que está claro es que no sería la continuación de Mujer y sentimiento, sino que partiría de lo que estamos haciendo ahora.

>Uno de los confesos pecados de juventud de Víctor es empeñarse demasiado en buscar la originalidad.
Es posible, y también cambiar mucho de un disco al siguiente, pero en sus trabajos siempre hay algo. Además, es un gran artista gráfico.

>A Los Coyotes se os etiquetó como pioneros del rock latino en España, aunque alguna vez me has comentado que la originalidad de Mujer y sentimiento era situar la guitarra acústica al mismo nivel que la eléctrica.
En aquel disco, sí. Luego algunos nos copiaron directamente, siguieron nuestro patrón. En mi interior siempre ha estado la música sudamericana. Los músicos de rock tienden a obviarla y hacer música anglosajona…. que me parece bien. Lo importante es que tu música sea sincera. Las combinaciones de estilos existen y se pueden hacer de muchas maneras. Lo que no entiendo es que se haga algo exactamente igual a lo que está hecho. Es posible que sean James Brown y Ella Fitzgerald los músicos de los que más discos tengo, pero no me veo haciendo un disco igual que James Brown, y eso que me sé todos sus riffs. Él tiene su patrón y a mí me puede influir, pero en mi interior no hay lo mismo. No tiene sentido que yo haga su música. Si en lugar de hacer la música de moda haces la que tienes dentro, seguro que tendrá seña de identidad. Y con el tiempo van saliendo. Hay gente de mi generación que está haciendo cosas más interesantes ahora que cuando comenzó, como Xavier Baró.

>Siempre has ido al tuya a la hora de hacer música, lo que te honra, pero al mismo tiempo tiene su peligro, porque hay que llenar la nevera.
Sí, sí, por supuesto. Y yo las he visto de todos los colores, aunque en Malevaje las cosas fueron bien. Pero he vivido siempre con la música, que es lo que deseaba. Si vas a la tuya, nunca tendrás sensación de fracaso. Si no van bien las cosas, yo me lo habré buscado. Siempre he tenido claro que mi música no era de “Los 40 Principales”.

>¿Rechazas la música comercial?
No. Ahora, en el bus, venía escuchando una canción que me recomendó una alumna mía dos años atrás, “Love yourself” de Justin Bieber, y me gusta muchísimo. Me parece muy original. No es “Tristan e Isolda”, pero tiene algo.

>¿Qué buscas en una canción?
Que me emocione, que tenga algo. Recuerdo haber visto a Radio Futura antes de grabar su primer disco y me gustó mucho. No eran buenos músicos, pero tenían algo. Se puede hacer muchas cosas con la música. Siempre he intentado que mis discos fuesen diferentes a los que tengo en casa. Con mis influencias, pero que sea algo que está dentro de mí. Hablando en hipótesis, me produciría mucha vergüenza darle a Astor Piazzolla un disco mío que fuese como uno suyo.

>¿Cómo te surgen esas piezas instrumentales, donde no tienes -o no has de buscar- una referencia letrística?
Empiezo siempre con el piano, incluso las partes de guitarra. Casi siempre me surgen ideas tocando, melodías que son melancólicas muchas veces. A veces no sé qué sentido tiene una melodía que me gusta; no sé cómo titularla, hasta que se da una situación y lo enlazo.

>Eres más de estudio que de directo.
No toco mucho en directo, pero estoy muy contento con el resultado cuando lo hago. Creo que quedan muy bien, incluso piezas arriesgadas, y a la gente que viene con el cerebro libre le gusta.

>En estos últimos años hay una recuperación por parte de músicos actuales de la música tradicional, durante tanto tiempo marginada por considerarla parte del pasado. Hoy, con el toque moderno, incluso aparece en los listados más destacados y llena conciertos.
Así es. Creo que la gente va encontrado su sentir. En Andalucía y en Canarias les gusta su música tradicional. En Cataluña también, aunque el rock catalán de los 90 poco tenía de música de raíz. La Companyia Elèctrica Dharma, Pi de la Serra, Maria del Mar Bonet, que para mí es la número uno en España.

  1. Pingback: El CinemaScore sobrecoge por distintas vías | nomepierdoniuna

Deja un comentario

He leído y acepto la política de privacidad