Música >> Portada

Sitja. Del laboratorio al reproductor

La banda vila-realense presenta el 21 de febrero en el Auditori de su ciudad ‘Good Laboratory Practices’, el disco resultado de un taller abierto sobre música tradicional. Un experimento entre etnológico y musical para tejer nuevos ropajes con elementos clásicos (laúd) y actuales (sintetizadores); originales y al mismo tiempo te tacto reconocible. “Hemos desnudado de prejuicios la música tradicional para después reinterpretarla desde nuestra personalidad”. Y Sitja lo ha hecho de forma más libre que nunca, abriendo un luminoso camino, de atmósfera trovadoresca y al mismo tiempo sofisticada. Música de vanguardia valenciana y en valenciano, a años luz del tipismo. Un disco que crece en cada escucha.
  
Envía Envía
Imprimir Imprimir

Noticias relacionadas

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

De izquierda a derecha, Marta Llopis, Núria Gil, Elena Mezquita, Jordi Montesó, Víctor Pesudo y Joan Gil, los componentes de Sitja. Foto: Toni Losas.

Con Good Laboratory Practices Sitja ha logrado el más difícil todavía: trabajar durante cinco largos años una idea con una sólida base teórica, cavilar sin ataduras, y conseguir finalmente un resultado digerible, asimilable; que conecta desde la superficie y hasta el fondo, o viceversa. Y, lo más importante, presentar un disco repleto de canciones; empezando por las tres que lo articulan: “Reducció”, “Resituació” y “Interpretació intempestiva”. Lo cual no significa que los once temas del disco (10+1) sean de paladar fácil. Necesitan macerar en varias escuchas para emanar todos sus efluvios, su amplia gama de sonoridades y referencias que acaban por atraparte. La banda vila-realense ha ido más lejos que nunca en su particular reinterpretación de la música tradicional valenciana para terminar mostrándose más cercanos que en sus dos anteriores entregas. El viernes 21 de febrero a las 22.30 presentan su tercer disco en casa, en el Auditori de Vila-real, con entrada libre. Llegan justo en su punto.

Un laúd con pedales de distorsión, uno de los sonidos que marcan el álbum, sería una buena imagen para resumir lo que ha hecho Sitja: arriesgarse a dar un salto hacia adelante. “Nuestro primer disco (La placeta de l’Orat, 2004) estaba muy influenciado por la fusión que se llevaba entonces, pero una vez creces en horizontal te das cuenta de que abrazas mucho y aprietas poco, así que en el siguiente decidimos centrarnos en la música tradicional valenciana abordándola desde la experimentación y de ahí salió Musicabulari; en este disco ya rompemos con todo, es como un emerger, hacer lo que realmente nos da la gana”, argumenta Jordi Montesó, láud, citra y principal ideólogo de Sitja. Junto a Joan Gil, al bajo, forma parte del Centre d’Estudis Tradicionals (ACAF), plataforma de la que surge la banda y otras iniciativas como el festival Tardoràlia. Y junto a Elena Mezquita (voz) y Víctor Pesudo (batería, también en Grup d’Autoajuda y ex Les Deesses Mortes) componen el núcleo del proyecto. Para este tercer disco se han unido Núria Gil (flauta, sintetizador y xilófono) y Marta Llopis (piano y teclados).

Juanjo Ballester (i) y Jordi Montesó, durante la grabación.

Una ampliación de la formación que también da personalidad al nuevo sonido de Sitja que, además, se ha visto reforzado por colaboraciones de altura, como las de Ramon Godes a la guitarra en “Resituació” y Fèlix Gimeno (ex Les Deesses Mortes y ahora al frente de Sánchez) cantando en “Laussedat” (ambos también en directo este viernes). Y algo crucial en el resultado final: el tándem Juanjo Ballester y Pascual Arnal en la grabación y producción, aderezado con la masterización del norteamericano Carl Saff (Balmorhea, CocoRosie). Especialmente la mano de Ballester y Arnal (también responsable de la portada) le dan al disco un acabado que conecta de alguna manera con la atmósfera celestial del disco de Les Deesses Mortes, con conexiones bastante evidentes entre ambos trabajos como el desarrollo final de “Les serps”.

“A todos les dimos libertad total para que aportaran lo que quisieran, para generar algo más vivo, al igual que todo el proceso que ha tenido el disco”, explica Joan Gil al respecto y añade Víctor Pesudo: “La conexión con Les Deesses Mortes es posible que esté porque los productores son los mismos, yo estoy también en los dos proyectos y… porque no sabemos hacerlo de otra manera” (risas). “Sí que es verdad que hay algunas atmósferas y algún tratamiento del sonido que recuerdan a su disco, más que en la esencia de las canciones y en los arreglos”, puntualiza Jordi Montesó.

Precisamente ese componente de obra coral y casi asamblearia es el que explica la esencia y el resultado final de Good Laboratory Practices, más accesible y abierto de lo que apunta su aparente complejidad. Un proceso que empezó desde su misma gestación hace cerca de cinco años, abriendo un espacio de reflexión en internet, el Taller d’Interpretacions Intempestives, en el que el público participaba con sus impresiones sobre un decálogo de conceptos, articulado a través de personajes históricos que tienen como común denominador haber realizado descubrimientos que alteraron la realidad o que aportaron nuevas formas de entenderla. Un proceso de diálogo y debate que ha marcado la forma de componer las canciones, que han terminando tomando como título el nombre de los personajes.

“Más que como un grupo de música, hemos funcionado como un grupo de etnología, estudiando a fondo la música tradicional para ver cómo esos discursos se adaptan a los nuevos tiempos, condicionados por nuevas formas de entender la realidad y teniendo en cuenta ideas que aportaba la gente”, explica Montesó. ¿Un ejemplo? “Partiendo de la base de una jota tradicional, proponíamos diferentes relecturas para que la gente opinara y comprobar si no se perdía la referencia inicial; y ese diálogo ha sido muy enriquecedor en el proceso”. De hecho, en Musicabulari llegaron a hacer, incluso, estudios estadísticos para ver si el público perdía o no la pista inicial, lo que terminó valiéndoles “opiniones muy críticas de algunos puristas”, añade Joan Gil.

Así, el disco se divide en dos bloques que responden al citado decálogo: el primero, que trata de “desnudar la realidad de todo prejuicio para ver la realidad en sí”, que va de la canción 2 a la 5 y que está introducido por el tema que abre el disco, “Reducció”; y el segundo, en el que se reconstruye y se reinterpreta partiendo de la esencia, que introduce “Resituació” y va de la 7 a la 10. Por último, la conclusión: “Interpretació intempestiva”, el undécimo corte que cierra el álbum.

“Hay personajes ilustres en distintas disciplinas como las matemáticas, la filosofía, la óptica o la ciencia en general, porque su aportación fue una nueva visión de la realidad en sus respectivos campos. Y las canciones responden con sus títulos a esa nueva visión, como metáfora de lo que nosotros buscamos hacer con la música tradicional”, argumenta Elena Mezquita. “Por ejemplo, hasta Lippershey, que inventó el telescopio, había una determinada perspectiva de la realidad que con su aportación se demostró que era interpretable”, añade Montesó. O el descubrimiento del electromagnetismo a cargo de Hans Crhistian Ørsted a principios del siglo XIX, que fue crucial para el desarrollo de la electricidad. Razón por la que, por ejemplo, han utilizado la voz del propio Bertrand Russell en el discurso de “Message to the future” en “Reducció”.

La siguiente pregunta es obligada: ¿Y si resulta un disco demasiado conceptual, intelectualizado, críptico, pedante..? “El que quiera calentarse la cabeza con el disco tiene mucho recorrido (risas), pero tiene una escucha mucho más de superficie; se puede llegar a escuchar muy cómodamente”, defiende Joan Gil. “Yo soy antropólogo y la música la veo como una forma de conectar con la gente; pienso que este discurso filosófico puede llegar a todo tipo de público”, añade Montesó, para abundar Pesudo: “Es curioso que, partiendo de un planteamiento teórico, su traducción en música tiene muchos puntos en común con otras disciplinas como la arquitectura”; “y también con la agronomía”, apostilla Joan Gil. De hecho, una de las primeras interpretaciones del disco que se  han hecho en directo ha sido en forma de danza: las alumnas de la Escola d’Estudis Tradicionals pusieron en escena canciones como “Itard”, “Russell” y “Heisenberg” en el Espai Jove de Vila-real.

Alumnas de danza de la Escola d’Estudis Tradicionals interpretando las canciones de Sitja en el Espai Jove de Vila-real.

En esa dinámica de interpretaciones y reinterpretaciones juegan un papel muy importante las letras de Good Laboratory Practices, escritas por Jordi Montesó, con diferentes capas de lectura que funcionan desde la primera. Cada letra corresponde a un punto del decálogo, pero al final “la gracia es que se puede hacer una interpretación más cotidiana de esos grandes temas metafísicos”, señala Joan Gil, a lo que añade la cantante de la banda: “Están planteadas de una forma tan ambigua que están totalmente abiertas a la lectura de cada persona que las escucha”.

Con todos esos mimbres metodológicos y conceptuales, el caso es que Sitja ha terminado entregando un disco potentísimo con una notable colección de canciones. Se encuentran diferentes sonoridades, desde la música tradicional valenciana, pasando por la trovadoresca y hasta toques árabes, como en “Heisenberg”, con base de fandango. “Si lo que estás haciendo es música valenciana, que aparezcan conexiones medievales y árabes es señal de que se está captando la esencia mediterránea”, explica Montesó. “No es una fusión de estilos, sino una interpretación y por eso mismo se reconocen tantos elementos”, puntualiza Pesudo. “Puede parecer que nos hemos ido despegando de la música tradicional en cada proyecto, pero cada vez nosotros nos encontramos más dentro”, remata Jordi.

Con su libérrima relectura de la música tradicional valenciana, por momentos próxima al pop independiente, Sitja siente que se acerca más al público general y se aleja de la ortodoxia purista. “Huimos del folclorismo, nos gusta que nuestra música sea mucho más viva; música de raíz con las influencias personales que hemos tenido, que es la mejor forma que encontramos de popularizarla realmente”, explica Joan Gil, a lo que Montesó añade: “Los folcloristas convierten la música tradicional en un archivo; nosotros buscamos que la música popular vuelva al mundo profano, que siga viva y que mantenga los valores y la función que tenía originalmente: que la música valenciana moderna sea realmente visible”. “Ahora mismo ya casi no se puede hablar de música valenciana en sentido estricto, sino de música hecha aquí”, remacha Pesudo. No obstante, la banda vila-realense reconoce conexiones entre su propuesta y la de, por ejemplo, los madrileños Hexacorde, “aunque ellos más dentro de la ortodoxia”.

Y ahora llega el momento de defender esas nuevas canciones en público, y además en casa. “La grabación, en realidad, ha sido muy cercana a lo que hacíamos en el local de ensayo, pero en directo van a sonar con más intensidad, con más crudeza; la gente que ya ha visto pases previos nos dice que se percibe mucha energía”, adelanta Víctor Pesudo. El concierto, el viernes 21 en el Auditori de Vila-real, se dividirá en dos bloques como el disco, que ya estará disponible para el público en formato CD. Para el corrido posterior del proyecto en directo cuentan con el apoyo de la promotora castellonense Born Music!, garantía de que no van a estar parados.

Sitja, en el Museu de Ciències Naturals El Carmen de Onda. Foto: Toni Losas.

Deja un comentario

He leído y acepto el Aviso Legal

Puedes consultar el tratamiento que hacemos de tus datos y la forma de ejercitar tus derechos en nuestra Política de Privacidad,