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'Moria' traslada la angustia de un campo de refugiados hasta el escenario del Paranimf de la UJI

Un nudo en el estómago y silencio al abandonar el Paranimf de la UJI. Es el resultado de asistir a una representación de teatro inmersivo de 'Moria', a cargo de la compañía canaria Unahoramenos. El drama de los migrantes vivido desde dentro.
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La actriz Andrea Zoghbi observa la tienda de campaña desde su exterior. Foto: Efraín Vidal.

'Moria', de Unahoramenos Producciones, con Andrea Zoghibi y Marta Viera. Dirección: Mario Vega. Paranimf de l'UJI, de Castelló. Jueves 23 de marzo, a las 19:00 (hubo otra posterior a las 20:30). Duración: 50 minutos. Aforo completo: 50 espectadores. Entradas: 8/10 euros.

De un tiempo a esta parte aparece con relativa asiduidad el término "teatro necesario". Acostumbra a aplicarse a producciones que documentan una realidad incómoda, ficcionada ante los sentidos del espectador, en este caso la migración y los compos de refugiados. La compañía canaria Unahoramenos va más allá con Moria e introduce al asistente en el propio escenario, convirtiéndole en testigo a muy corta distancia -siempre receptor- de lo que ocurre ante sí dentro de una cabaña, rodeado por imágenes proyectadas en 360° y completando la experiencia con ruidos exteriores (delatores de realidades inquietantes). El objetivo de la compañía es que el circunstancial espectador entienda mejor unas circunstancias que se viven hoy en dia en puntos de entrada a Europa y que no acostumbrar a trascender más allá de la pantalla de un televisor. Objetivo conseguido.

El escenario del Paranimf se transforma en un campo de refugiados. Foto: Efraín Vidal.

Todo el montaje instalado sobre el escenario del Paranimf ya llama la atención en el primer golpe de vista. Ha sido convertido en un simulado un campo de refugiados, en concreto el que da nombre a la obra, en la isla de Lesbos. Pero es sobre todo el relato de las actrices Andrea Zoghbi y Marta Viera el que provoca la sensación de congoja. De sus bocas surgen los relatos de dos internas en este centro de acogida griego basados en testimonios verídicos (en realidad son tres, tal como se observa en las proyecciones: Saleha Ahmadzai y Zohra Amiryar, de Afganistán;; y Douaa Alhavatem, de Irak). Sus palabras, los audiovisuales y los sonidos provocan un nudo en el estómago de quien participa en esta efectiva muestra de teatro inmersivo. Un público que al finalizar la experiencia apenas se atreve a levantar ligeramente el tono de voz, intercambiando sensaciones a base de murmullos.

Cincuenta espectadores entran en la cabaña. Foto: Efraín Vidal.

Premiada con el Max 2022 a la Mejor Producción, todo en Moria es particular, empezando por el hecho de que solo 50 espectadores pueden acceder a cada función. A continuación choca la perspectiva del escenario del Paranimf, lleno de elementos que han sido recogidos en el propio centro de recepción e identificación griego y que llevan la mente al terreno de la forzada migración. Chalecos salvavidas, pancartas, fotografías la reproducción del artículo 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado”.

Y alli en medio... una cabaña, a la que se accede sin calzado y en la que rigen costumbres musulmanas. Dentro esperan imágenes del campo de Moria y dos actrices cuyos textos están extraídos de testimonios recogidos por el equipo capitaneado por el director Mario Vega, bajo la supervisión del reportero Nicolás Castellano, especialista en movimientos migratorios y derechos humanos.

Bolsas de basuras habituales en este espacio de recogida de personas que emigran. Foto: Efraín VIdal.

Las imágenes sirven para contextualizar espacialmente Moria, una superficie hacinada con nulas condiciones higiénicas en la que miles de personas por encima de su capacidad lógica esperan recibir el permiso para ingresar en una Europa que anhelan, lejos de sus hogares en guerra. Una realidad vivida desde 2013 y hasta 2020, cuando un incendio destruyó las instalaciones, trasladando a los allí internados a diferentes puntos de nuevo destino. Los sonidos -sin imagen- apoyan las palabras de las dos protagonistas, cuyos relatos hablan de asesinatos, secuestros, violaciones, ausencia de seguridad, abusos de poder... miedo... y a pesar de ello aún encuentran instantes para la alegría de algunos recuerdos y la esperanza futura y, por encima de todo, la amistad. Destaca el trabajo de ambas actrices, minuciosas incluso en sus dejes a la hora de hablar entre sí, y lo hacen de un modo natural.

El espectador, atento, entra de pleno en el contenido de la obra. La compañía le aguarda para el final un pequeño juego que puede entenderse como un ejercicio -suave- para poner a prueba la capacidad de reacción ante una situación de desconcierto (habitual en un espacio desconocido y abarrotado).

El responsable de la programación del Paranimf, Toni Valesa, introduce la función, antes de repartir el Mensaje del Día Mundial del Teatro 2023, escrito por la actriz egipcia Samiha Ayoub. Foto: Efraín Vidal.

Esta función -que fue doble- ha formado parte de Èxode (Teatre i migració), completado el viernes por la misma compañía con la obra Me llamo Suleimán, también con Marta Vieira como protagonista. Un ciclo breve dedicado a Noureddine El Atta, actor marroquí con residencia castellonense, quien falleció a finales del pasado mes de enero.

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