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La mirada de Manuel Vicent ilumina el Paranimf de la UJI

El escritor castellonense llena de luz el Paranimf de la Universitat Jaume I en su discurso tras ser investido doctor honoris causa a base de brillantes aforismos, metáforas, imágenes, recuerdos y ensoñaciones. Ante un auditorio entregado, incluido Joan Manuel Serrat.
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“Vicent es nuestro Sorolla de la palabra”. Con este símil el doctor Francisco Fernández Beltrán definió perfectamente la figura y el legado literario y periodístico del escritor de la Vilavella en su laudatio. De hecho, en su discurso tras ser investido doctor honoris causa por la Universitat Jaume I, Manuel Vicent llenó de luz el Paranimf de la UJI con sus pinceladas impresionistas, hechas de aforismos, metáforas, imágenes, recuerdos, ensoñaciones y verdades como puños. Una luz que estuvo muy presente en todas las intervenciones. Una luz, mediterránea claro, que ha orientado gran parte de su obra, como lo ha hecho en la de uno de los más ilustres invitados presentes en el acto, su amigo Joan Manuel Serrat.

Para qué engañarnos. Los actos académicos de investidura como doctor honoris causa, al menos a los que yo había asistido hasta ahora, son tirando a aburridos, sosainas. El protocolo, el coro y los discursos leídos no suelen ser los mejores ingredientes para que aquello sea precisamente una fiesta de año nuevo. Pero con Manuel Vicent fue distinto. Su discurso, leído con una cadencia y una declamación pausada y elegante, saboreando las frases, fue un auténtico festival de la palabra. De la palabra pensada, inspirada, precisa, limpia e intencionada. Como sus novelas. Como sus columnas del domingo.

Esto me va a quedar largo, pero pienso que merece la pena. Me parecieron preciosas y atinadas casi todas las cosas que dijo y, ya que hemos tenido acceso al texto escrito (con las correcciones de su puño y letra), nos apetece compartir una selección de extractos. Puedes ver el discurso completo en el servidor de vídeo de la UJI. El escritor empezó en valenciano y castelloneando: “A aquest aire i aquesta mar de Castelló li dec tot allò que sóc, com a persona i com a escriptor. (…) Els meus quefers literaris hagueren sigut ben altres si haguera nascut en altre clima, en altre paisatge, entre altres gents, front a altra mar”. Y pidiendo disculpas por no poder proseguir en su lengua materna, refiriéndose a una curiosa anécdota:

“Quan l’any 1960 em vaig traslladar a Madrid em va sobrevindre un sentiment de deserció de la pròpia llengua pel fet d’escriure en castellà. Després d’un temps de perplexitat, vais visitar com un pelegrí arrepentit Joan Fuester, patriarca de les lletres valencianes (…). Em vaig confesar. Fuster em va dir que no em preocupara gens, que escriguera com em vinguera de gust, perquè en realitat, em trobara on em trobara, jo no podria mai deixar d’escriure en valencià, encara que creguera ingènuament que ho feia en altra llengua (…)”.

A partir de ese momento, Manuel Vicent fue cincelando un vibrante discurso, trufado de sus características y evocadoras descripciones, como listados de realidad conscientemente idealizada, y sobre todo de aforismos, relacionados con la literatura, con esa tenue frontera entre lo real y lo ficticio que tan bien reflejó. Para tomar nota:

>“La conciencia se fue separando de la naturaleza y al iniciarse el uso de la razón las primeras sensaciones de libertad se unieron a la visión del mar”.

>“Cuando la memoria se confunde la imaginación se convierte en una especie de légamo que ya es literatura”.

>“La literatura consiste en describir la realidad como materia de nuestra imaginación”.

>“La vida no es sino una sensación que se extiende sobre las formas de la materia que uno ha amado”.

>“Si me porto bien en esta vida, ¿podré degustar pimientos asados en la patria celestial con mis amigos?”.

>“La esencia del arte consiste en sacar la realidad de su lugar y tiempo establecidos”.

>“La ficción está en la vida y no en la pantalla (…) ser escritor consiste en cambiar los solsticios y equinoccios de lugar”.

De entre ese caldo de cultivo hecho de recuerdos, añoranzas, idealizaciones y ensoñaciones, Vicent sacó vigorosas verdades como puños. Sin una palabra sobrante, todo chicha:

“El Mediterráneo no existe. Es solo una categoría de la mente. Los acantilados de mármol y las laderas pobladas de acebuches que avistaron los fenicios desde sus barcas decoradas con un ojo azul con pestañas de mujer en cada amura, están bajo muros de cemento armado. (…) Por eso nuestra memoria de aquel mar, de aquellos héroes y toda la sabiduría moral de sus habitantes es una forma de arte. El Mediterráneo es solo un mar interior que navegamos por dentro de nosotros”.

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Como ejemplo de la retahíla de imágenes que flotaron y reverberaron en el Paranimf de la UJI, representando el Castellón de su juventud como si se estuviera proyectando una película de época; una de esas que no han terminado de llevar a la gran pantalla toda la luz y matices que desprenden sus textos, ahí va este extracto:

“No obstante el arte aun nos permite soñar. Una hamaca de rayas azules; una cala rodeada de pinos con varios veleros fondeados; una escalera encalada que da a una terraza con geranios; redes tendidas en el muelle con gatos dormidos; paredes blancas, parras con avispas y marquesinas verdes; barcas varadas en la arena con nombres de mujer; puestos de sandías a la sombra de la plazoleta de la iglesia; bares con mesas pringosas y sillas de plástico en la acera; gritos desde los balcones por la mañana, silencio a la hora de la siesta con los visillos hinchados, una mosca zumbando en el cristal, sonido de fichas de dominó en el mármol del casino; pasacalles de la banda de música a media tarde; verbenas, fuegos ratifícales, tubos de escape de motocicletas hasta la madrugada. En alta mar el cocinero de la barca de pesca, al mediodía, pone a calentar aceite virgen de oliva y cuando hierve, echa tres dientes de ajos en la sartén. En ese perfume, unido a la brisa salda, se concentra toda la espiritualidad del Mediterráneo”.

Vicent dedicó la segunda parte de su discurso a su vertiente periodística, recuperando algunas de las reflexiones que realizó durante la entrega de los premios Ortega y Gasset hace algunos años, pero plenamente vigentes. Referidas a la dignificación del periodismo, a la profesionalidad con que se debería de ejercer, a la velocidad sideral con la que se agolpan hoy las noticias y al sentido profundo de su razón de ser, con muy pocos clichés:

“Antes de salir de casa a comprar el periódico cada mañana, uno puede leer las últimas noticias en internet y cuando llega al kiosco, que está a pocos metros de distancia, ya sabe que va a leer en el papel noticias que ya no existen porque han sido superadas por la actualidad. Por tanto el periódico puede leerse como literatura”.

“(…) La sobrecarga de información a la que estamos sometidos (…) hace que la realidad se rompa en mil pedazos cada día y se convierta en una ficción: cada esquirla de ese vidrio nos devuelve un fragmento quebrado de lo que creemos que es la actualidad que estamos viviendo”.

“Algunos periodistas confunden su gastritis con los males de la patria; otros se han convertido en consejeros áulicos de políticos y banqueros, o se creen intérpretes de los designios de la historia y conductores de la opinión pública, o sueñan todavía con derribar al gobierno con un artículo”.

“Los héroes de este oficio son aquellos periodistas que dan noticias fidedignas, emiten comentarios inteligentes y ponderados, consientes de que la moderación es la conquista más ardua del espíritu y a la vez el arma más certera”.

“El éxito de un periodista no consiste en ser leído, sino en ser creído. La credibilidad es su único patrimonio. Periodistas que dirigen la información al córtex de sus lectores donde reside la inteligencia, no al cerebro límbico, asiento de las emociones primarias, del fanatismo, de los deseos ciegos y de las creencias; ni mucho menos al cerebro del reptil que todavía subyace en el fondo del cráneo humano y que nos gobierna los instintos básicos. El córtex, el córtex debe ser nuestro objetivo, donde reside el análisis y la elegancia del matiz o del regate”.

Tras el discurso, en la rueda de prensa, Vicent fue todavía más explícito: “Hoy la noticia se confunde con la comunicación, la comunicación con el espectáculo, el espectáculo con el negocio y el negocio con la basura”. Precisamente, con ese espíritu más crítico y beligerante, fue con el que concluyó su discurso de doctorado:

“El progreso de la humanidad se debe a la insubordinación. Si el hombre de Cro-Magnon le hubiera dicho a su hijo: no me gusta que salgas de noche, a las nueve te quiero en casa, y el hijo del Cro-Magnon hubiera obedecido a su padre, hoy estaríamos todavía en la edad de las cavernas”.

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Como decía al principio, la laudatio de Francisco Fernández Beltrán, director del Servicio de Comunicación y Publicaciones y profesor asociado del Departamento de Ciencias de la Comunicación, estuvo especialmente acertada. Presentó a Vicent como “el más ilustre escritor y periodista castellonense”, “nuestro escritor más universal, (…) uno de los escritores más importantes en lengua española, cuya obra ha sido traducida a más de diez idiomas y ha inspirado hasta ahora tres adaptaciones cinematográficas” y “uno de nuestros más brillantes conversadores”. Para justificar “el tributo de la universidad de su pueblo, de su gente”. “Nuestra universidad se enriquece con el patrimonio intelectual que representa su obra literaria y periodística, pero también con su ejemplo vital, con su trayectoria personal, que será a partir de ahora un referente excepcional para todos nosotros”, añadió.

Francisco Fernández lo describió como “un naturalista, un fino observador de la realidad que retrata con especial capacidad para evocar ambientes y emociones”. “Vicent es nuestro Sorolla de la palabra y, como tal, un virtuoso del idioma capaz de reflejar la vida diaria de nuestra sociedad en unos frescos costumbristas que al mismo tiempo están trinchados de honda filosofía presocrática”, prosiguió, para situarle “en la tradición literaria española de Baroja y Valle”.

Subrayó su “prosa exquisita”, “llena de vida”, en la que se ha podido “comprobar que la ética no está reñida con la estética”, “certera, pero al mismo tiempo caótica y sensual, como el Mediterráneo que tanto el inspira y que a su vez ha sabido reflejar de manera única”. “Como afirma Joan Manuel Serrat, que hoy nos acompaña, las columnas de Vicent están escritas para el placer los sentidos (…) y como apunta Ángel S. Hargundey, [su columna dominical de El País] son las 438 palabras más brillantes de la prensa diaria española actual”. Puedes leer la laudatio completa en el blog de Francisco Fernández.

Por su parte, el rector de la Universitat Jaume I, Francisco Toledo, se refirió al ejemplo que significa Manuel Vicent para los alumnos que este año estrenan la Licenciatura de Periodismo en Castellón: “Mario Vargas Llosa afirmaba en un magnífico ensayo sobre la novela, titulado La verdad de las mentiras, que la ficción literaria no expresa otra verdad que la de los deseos humanos. La obra de Manuel Vicent está llena de deseos humanos, de deseos compartidos, y está llena de experiencias vitales. Pero también está llena de ideas con las cuales labrar un espacio propicio para el desarrollo del pensamiento libre y crítico. La libertad y rebeldía que el periodista Manuel Vicent nos transmite en sus columnas periodísticas, compartidas en la vertiente musical con Joan Manuel Serrat, que hoy nos acompaña, serán sin duda un referente para los futuros periodistas que este año empiezan a formar parte por primera vez de la Universitat Jaume I”.

Y dice que no es profeta en su tierra porque, según afirmó en la posterior rueda de prensa, “el mundo va muy deprisa y los profetas siempre se equivocan”. Vicent publicará el año que viene en Alfaguara una serie de retratos y ahora mismo está escribiendo un relato sobre “el ruedo ibérico político español de los últimos 15 años”, con personajes reales e inventados. Seguiremos leyéndole y aprendiendo.

Fotografías: Agencia Castellón Foto.

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