
Estefanía Serrano produce su obra desde Altura. Foto: Carme Ripollès (ACF).
Encontrar el tiempo para parar no siempre es fácil. Pero en un momento marcado por la prisa y los “mil y un” compromisos, la castellonense Estefanía Serrano propone justo lo contrario: detenerse. En Recorrer la línea, la exposición que presenta en ECO Les Aules, cada obra se construye a partir de líneas que se repiten, se desplazan y marcan un ritmo que solo aparece cuando la mirada se detiene.
Se trata de obras de mediano y gran formato que la artista incluso ha decidido titular con el tiempo que tarda en contarlas, una por una, al terminarlas. Con la de ‘Un minuto y treinta segundos’, la creadora de Altura se hizo con el XXIV Premio Nacional de Pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, uno de los galardones más prestigiosos del panorama estatal.

La obra ‘Un minuto y treinta segundos’ le valió a Estefanía Serrano el Premio Nacional de Pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Foto: ECO Les Aules.
Estefanía Serrano ha ido consolidando su trayectoria en los últimos años, sumando premios y entrando en colecciones como la Fundación Chirivella Soriano o la propia Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. En ellas siempre se propone lo mismo. Estudiar la línea, tensionarla y llevarla hasta un punto en el que deja de ser solo forma. Su primera muestra individual en Castelló puede visitarse hasta el 2 de mayo.
>Muchas veces se habla de una generación marcada por la inmediatez, por el ritmo de las redes y lo que es para hoy. Tu trabajo, en cambio, pide tiempo. ¿Cómo convives con esa diferencia?
Pues, efectivamente, lo vivo desde la calma. Trabajo desde mi estudio y necesito mi tiempo a solas, de concentracion, revisar, volver a revisar, hacer y deshacer, fotografiar, quitar y poner. Es un proceso lento que, de alguna manera, también se ve reflejado en las obras. En cuanto a esa relación con lo inmediato o con las nuevas generaciones, lo trato de llevar a mis redes. Comparto muchos vídeos en Instagram del proceso, no me escondo. No he inventado nada, así que no me importa enseñar cómo trabajo ni explicarlo. De alguna forma, ese es el lugar donde mi práctica más pausada entra en diálogo con esa inmediatez.
>La línea puede parece algo sencillo a primera vista. ¿En qué momento deja de ser así y se convierte en el centro de toda una investigación?
La línea ha sido muy estudiada en la historia del arte, por ejemplo por Kandinsky. Pero existen dos maneras de entenderla. Por un lado, la línea geométrica, la que va de un punto a otro. Y, por otro, la línea orgánica, que he investigado a partir del libro Líneas: una breve historia, de Tim Ingold, que es muy interesante y además muy accesible. Él habla de una línea que no va de punto a punto, sino que es línea en sí misma, que nace del movimiento y no de la geometría.
Entonces, el concepto de línea abarca muchísimas cosas: por un lado, la geometría, y por otro, esa línea orgánica que tiene que ver con el trazo, con el gesto y con el movimiento. Es una línea que encontramos también en la naturaleza: en el crecimiento de las plantas, en los bigotes o las antenas de los animales, en las huellas que dejamos. Todo son líneas, no puntos geométricos. Incluso en nuestro propio cuerpo, en el sistema vascular o linfático, todo son recorridos de líneas que no van de un punto a otro.

'Un minuto y cuarenta y siete segundos'. Foto: Carme Ripollès (ACF).
>Cuando te pones a trabajar, ¿te dejas llevar más por la intuición o tienes muy claro lo que quieres hacer desde el principio?
Soy muy intuitiva. No trabajo con bocetos; lo he intentado, pero soy incapaz. Lo que hago directamente son pruebas con el propio material: tablillas pequeñas, con las mismas cintas, la misma pintura y el mismo proceso que utilizo en las obras grandes. Voy haciendo pequeños cuadros que pueden salir bien o no, y los que no funcionan simplemente se descartan. A partir de ahí, cuando aparecen cosas que me interesan, las llevo a mayor escala, las combino con otras y así es como construyo las piezas finales.
Cada artista tiene su manera de trabajar, y la mía pasa por empezar directamente desde el material.
>¿Qué pasa cuando algo no sale como esperabas en una obra?
He tenido muchos problemas con obras que he tenido que arreglar, lijar, volver a pintar y disimular. Y no pasa nada, siempre hay una forma de solucionarlo. El primer momento es frustrante, pero forma parte del proceso. Yo preparo muy bien la madera, hago el dibujo -los esquemas áureos- y ahí ya selecciono las líneas que van a aparecer en la obra. A partir de ahí empiezo a pintar, así que hay una estructura. Pero aun así, siempre puede fallar algo: la pintura se puede ir, la línea no queda como quieres… y entonces toca rectificar.
>¿Qué te interesa provocar en quien se pone delante de una obra tuya?
Creo que, cuando ves una obra mía, puedes percibir de alguna manera ese trabajo calmado que hay detrás. La geometría no es para todo el mundo, hay que entenderla y pensarla, así que quien no esté acostumbrado probablemente necesite mirarla durante más tiempo. Y precisamente eso me interesa: que la gente se detenga, que utilice ese tiempo para calmarse. Estas obras, no es porque yo lo diga, están construidas a partir de la proporción áurea, que genera equilibrio de forma matemática. No es algo que me invente. Entonces, al espectador le puede transmitir cierta paz, incluso un momento de pausa o de meditación. Y si además se detiene en los títulos y empieza a darle vueltas, ese tiempo se alarga. No busco que se saquen conclusiones, sino que se viva la experiencia de estar delante de la obra.

'Tres minutos y cincuenta segundos'. Foto: Carme Ripollès (ACF).
>Has decidido que los títulos marquen el tiempo que tardas en contar las líneas. ¿Por qué te interesa eso?
Pues esto surge gracias a un profesor mío, Juan Peiró. Siempre me ha costado mucho poner títulos, y al principio hacía cosas bastante enrevesadas: contaba las líneas, las multiplicaba y sacaba un número de minutos y segundos. Entonces fue él quien me dijo: “¿Por qué no cronometras directamente el tiempo que tardas en contar las líneas cuando terminas el cuadro?”. Y ahí todo empezó a tener más sentido, porque se generaba esa relación entre espacio y tiempo. Mi trabajo tiene mucho que ver con el ritmo, con la repetición y, por tanto, con el tiempo.
>Dices que cuanto más investigas la línea, más consciente eres de lo que no sabes.
En todos los campos, cuando empiezas a investigar, te das cuenta que hay mucho más de lo que pensabas y que sabes muy poco. Y con la línea pasa exactamente eso. Ahora mismo estoy trabajando más desde la línea geométrica, pero sí que me gustaría seguir investigando hacia el hilo y el trazo, acercándome más a esa línea orgánica. No quedarme solo en la obra sobre el soporte, en la madera, sino ir más allá.
>Trabajas desde Altura. ¿Qué te da trabajar desde aquí frente a una ciudad más grande?
-Vivo en Altura toda la vida y siempre he pintado aquí. Primero en casa de mi abuelo, en el garaje que tenía, y hace ya tres años que tengo mi propio estudio. Me da la calma de estar en casa, en mi pueblo. También, por supuesto, es todo mucho más económico. Y me da mucha paz estar rodeada de los míos, porque voy de casa al estudio en cinco minutos, me encuentro a los vecinos, te saludan, pasan por la puerta…
Por otra parte, tampoco siento que esté desconectada. Voy a València todas las semanas, a inauguraciones o a ver galerías, que también forma parte del trabajo. Y mucha gente viene a mi estudio, así que esa relación también existe.
Y luego están las redes sociales. Trabajar en un sitio u otro no creo que cambie tanto. De hecho, siento que incluso lo tengo mejor que en la ciudad. Allí la mayoría de artistas comparten estudio, y eso significa tener un espacio muy reducido para trabajar.

'Un minuto y cincuenta y dos segundos'. Foto: Carme Ripollès (ACF).
>No te han faltado apoyos institucionales tampoco. ¿En qué punto dirías que está ahora tu carrera?
Digamos que no he parado de hacer cosas desde que terminé de estudiar. De hecho, cuando estaba haciendo el máster ya estaba ganando los primeros premios. No he dejado de presentarme a concursos y, aunque he ganado algunos, también me han dicho que no en muchísimos más. Pero si no es un año, será otro. Así es como vamos construyendo el currículum. Y es cierto que todo ese trabajo constante, aunque a veces sean pequeñas cosas o esfuerzos que parecen menores, acaba dando resultados. A mí me ha pasado, y por eso lo defiendo. Gracias a eso he podido exponer dos veces en el Centre del Carme y ahora estoy aquí. Si no hubiera hecho todo ese recorrido previo, probablemente no me habrían conocido para llegar a un espacio como ECO Les Aules.
>¿Hay algo que todavía no has hecho y te gustaría explorar?
Sí, desde que terminé el máster he estado trabajando solo con madera, pero ahora estoy en un momento de investigación y me gustaría probar nuevos materiales, especialmente la tela.
También hay una parte más comercial: la gente que compra arte o colecciona ve un lienzo como algo más tradicional, más “pintura”. Aun así, veremos si estoy a gusto con la tela, porque lo que hago en la madera es muy difícil de trasladar ahí.
Trabajo la madera en crudo, y las reservas que hago son directamente sobre ese material. En la tela eso es mucho más difícil, porque es más porosa y la pintura se descontrola con facilidad. Aún así quiero intentarlo.

Foto: Carme Ripollès (ACF).
>Si tu trabajo no fuera pintura, ¿qué sería?
Me gusta mucho la docencia. Hice el Máster de Profesorado ESO, Bachillerato y FP, y si no me dedicase a la pintura o algún día no pudiese, no lo pasaría mal dando clase, porque es algo que realmente me gusta. También meter en las cabecitas que todos pueden conseguir lo que quieran, como yo he podido. Y actualmente, en mi estudio, alguna tarde a la semana doy clases de pintura y dibujo.














