Etiquetas
Arte contemporáneo, EACC, economía, Els Ports, Jota Izquierdo, La fábrica, Marie Claire, Vilafranca
Jota Izquierdo lleva desde 2006 viene desarrollando el proyecto 'Capitalismo'. Foto: Carme Ripollès.
"La fábrica es otra forma de nombrar al capitalismo", afirma el artista Jota Izquierdo (Castellón, 1972). Una cita que bien podría servir como hilo conductor de su primera exposición en el EACC de Castelló, comisariada por Marcelo Expósito y abierta hasta el 21 de septiembre. La muestra parte de su propia historia familiar vinculada a la empresa Marie Claire. Su padre, su tía, su tío, él mismo de pequeño... toda la familia Morret ha estado relacionada de una manera u otra con la fábrica de medias y calcetines de Vilafranca. Por eso, hace unos años, el artista regresó a ella para tratar de entender qué papel jugó el trabajo -dentro y fuera de sus muros- en las formas de vida de varias generaciones.
Pero Izquierdo no se queda ahí. La exposición conecta también con una mirada global sobre el trabajo, la precarización y la circulación de mercancías en la era postindustrial. A través de dos espacios, La Fábrica y Showroom, el castellonense propone una lectura crítica sobre aquello que queda cuando una fábrica no está y aquello que consumimos cuando el lujo se transforma en una copia. Para ello, recupera dos obras de su investigación Capitalismo amarillo: "Marco Polo de Tepito" y "Special Economic Zone", creadas entre 2011 y 2012 sobre el comercio informal y la piratería de lujo.
Así, el creador, que tiene su base de trabajo en Ciudad de México, ha configurado la muestra en torno a dos grandes bloques. El primero, La Fábrica, se centra en la empresa Marie Claire, pero también en su entorno: las viviendas adosadas construidas junto a la nave, los muros de piedra de piedra seca tan representativos de la comarca de Els Ports, las urbanizaciones abandonadas o las sombras proyectadas por los molinos eólicos. A través de grabaciones de vídeo, entrevistas familiares, objetos recopilados y registros del paisaje, Izquierdo plantea una reflexión sobre las transformaciones económicas del territorio y su impacto en la vida de sus habitantes.
El recorrido por La Fábrica se estructura en tres proyecciones. La primera, grabada en el interior de la nave, muestra los ciclos repetitivos del trabajo, los sonidos constantes de la maquinaria y la concentración mental que exigía no desconectarse ni un segundo durante toda la jornada. La segunda se sitúa en una urbanización abandonada junto a la fábrica: "Es como un buque varado. Me colé dentro y grabé desde dentro hacia fuera, y desde fuera hacia dentro, intentando mostrar qué se siente al habitar un espacio así, medio casa, medio ruina. Caminaba por ahí y los azulejos craqueaban… Era como una metáfora de un hogar roto", recuerda Izquierdo. Finalmente, una tercera proyección recorre un camino de piedra seca entre muros antiguos, atravesado ahora por la sombra de los molinos eólicos: "Es asombroso el sonido de las turbinas, cómo los insectos se agazapan en los mástiles y cómo sus sombras se proyectan por todo el territorio. Por un lado está la energía renovable, pero por otro hay una sombra, un futuro un poco oscuro".

La investigación fue impulsada por una beca de creación del Consorci de Museus. Foto: Carme Ripollès
El segundo espacio, Showroom, amplía el foco y recupera parte del trabajo anterior de Izquierdo sobre la economía informal global. A través de dos videoinstalaciones y una vitrina con objetos de lujo falsificados, la pieza sigue el rastro de mercancías que se producen en China, circulan por redes clandestinas y acaban vendiéndose en ciudades como València o Ciudad de México. Entre "el fetichismo del consumo" y la "economía de la supervivencia", como él mismo relata, se plantea una reflexión crítica sobre original y copia, globalización y exclusión.
Además, la instalación incluye también un mapa conceptual que el propio creador define como "habitar la copia". Se trata de un recorrido visual por conceptos como el lujo fetichizado, la chatarra económica y las distintas formas de trabajo precario. "Lo que se vende en las calles (llaveros, cinturones, gorras) no son objetos funcionales, sino residuos de la economía global. No sirven para nada, salvo para evitar la indigencia”, resume. Con ese juego entre la mercancía aspiracional y la economía de supervivencia, Izquierdo lanza una reflexión incómoda sobre quién trabaja, para quién, y bajo qué condiciones, en la era de la deslocalización
Así, la nueva exposición del EACC no pretende narrar la historia oficial de Marie Claire ni representar a toda una comunidad: "No podía contar la historia de cien años de fábrica, sólo podía contar la de mi familia", admite el artista. Por primera vez en su trayectoria, Izquierdo adopta una voz en primera persona para recorrer su memoria y la del territorio. "Es una historia personal; una realidad mía. Subía al monte y, mientras caminaba, me iba contando la historia. Ese fue mi proceso artístico". Sobre cómo fue hacerlo, y qué nuevas conexiones ha descubierto en el camino, habla con Nomepierdoniuna.
>¿Esta investigación la empiezas antes de saber que Marie Claire iba a cerrar?
Bueno, Marie Claire lleva una década cerrando. Está en crisis desde que los amos la vendieron a los ingleses, como se dice en el pueblo. Cuando entró el mercado común europeo, muchas empresas no se vieron capaces de competir. Luego vino la recompra por otros socios y muchas calamidades... pero, sobre todo, la competencia con Asia ha sido atroz.

Vilafranca contaba con unos 2.000 habitantes en 2024. Foto: Carme Ripollès
Ha sido una crisis perpetua. La Conselleria llegó a intervenir por el problema del despoblamiento, intentando mantener los puestos de trabajo. Cuando llegué en 2023 para investigar ya había muchos rumores. Los últimos dueños tenían muchas ganas de hacer cosas, incluso montaron un showroom en València. Parte se producía aquí, parte en China, pero no ha conseguido revitalizarse. Para quienes tenemos 40 o 50 años, es una marca ligada a nuestra memoria, pero para la gente joven no significa absolutamente nada. Ahora hay Primark, H&M... Esa competencia no ha sido sostenible. Era un milagro que siguiera abierta. Nadie duda de que los últimos dueños hicieron todo lo que estuvo en sus manos, pero han habido ademas cosas extrañas. Aunque, como te decía, mi interés no venía por ahí. Venía por entender cómo el trabajo genera formas de vida, unos afectos entre nosotros.
>¿Cómo conecta eso con tu propia historia familiar?
Yo soy de Castelló, pero mi familia es de Vilafranca. Somos cuatro hermanos y todos tenemos esa memoria marcada por la fábrica. De pequeño, recortaba los sobrantes de las fajas de ropa interior en casa, porque los niños hacíamos ese trabajo informal. Mi tía Mari Carme tenía el trabajo formal en la fábrica, pero luego se seguía en casa: había que empaquetar medias, calcetines… Mi intención no era contar la historia oficial de Marie Claire, porque eso es imposible; es una historia de cien años. Lo que hice fue contar la historia de mi familia, de la familia Morret, a través entrevistas con mis familiares, pero también con trabajadores como Ramón y Silvia. Es una historia personal, subjetiva. Igual mis hermanos o mi madre lo ven totalmente distinto. Mi madre, de hecho, me dijo: "si tienes una entrevista, no hables mal de la fábrica". Mi padre ya está muerto, la fábrica ha cerrado, pero aún así hay miedo. Y yo no quiero desvelar secretos, solo entender esos miedos, esas circunstancias, esas formas de vida.
>¿Y qué paisaje y sociedad ha dejado entonces su cierre?
Pues está por venir, porque hay huellas. Rastros de intentos de revitalizar la economía, como esas urbanizaciones que luego se abandonaron con la crisis del 2008, o las nuevas tecnologías que parecían que iban a generar empleo, pero que al final son extractivistas: se llevan lo que producen de Vilafranca para venderlo fuera. Es una economía que no derrama en el territorio. Eso es contradictorio, porque todos queremos proteger la naturaleza y trabajar con renovables, pero luego eso no da fruto en el propio pueblo. Lo que se viene es una incógnita. La falta de trabajo produce migraciones, y ahora Vilafranca también estaba recibiendo inmigrantes. ¿Qué va a pasar con quienes estaban rehaciendo sus vidas aquí? Queda el cuidado, la familia, el apoyo mutuo... Hay prejubilados, gente mayor, jóvenes que quizá iban a trabajar a la fábrica o no, pero que quieren quedarse, que aman el pueblo. Habría que hacer un esfuerzo colectivo, entre administración y vecinos, para retomar la energía de aquellos años en que Vilafranca se llamaba la pequeña Suiza.

El artista profundiza en las diferentes configuraciones de la economía en el territorio. Foto: Carme Ripollès
Se necesitan otros modelos económicos, nuevos desplazamientos, gente que trabaje digitalmente… Pero ya te digo, va a haber un estancamiento y un decrecimiento inevitable. Esa es mi perspectiva, aunque tampoco soy un experto. La zona es muy consciente de lo que supuso tener la fábrica y de lo que supone haberla perdido. Ahora toca mirar hacia ahí y ver cómo revitalizamos el territorio.
>¿Cómo se conectan en esta exposición tu historia familiar y tu trabajo anterior sobre el capitalismo global?
Hablamos de Marie Claire, pero también de mi trabajo anterior; porque de alguna manera se encuentran. Marie Claire cierra porque China se convierte en la fábrica del mundo, con la deslocalización. Y ese proceso global tiene consecuencias: muchos trabajadores precarios e informales, como mexicanos y senegaleses, acaban vendiendo piratería en las calles. Son los nuevos trabajos del capitalismo.

'Capitalismo amarillo: Marco Polo de Tepito' se ubica en la sala interior del EACC. Foto: Carme Ripollès.
Los oficios de la segunda industrialización se han ido perdiendo, y ahora estamos en la época de la precarización. Estos trabajadores globales que traen piratería de China también son migrantes, como lo fue mi familia, que vino de Vilafranca a Castelló a buscarse un futuro. Así se conecta la fábrica occidental con la asiática, porque una sustituyó a la otra. Yo venía desarrollando una investigación sobre el trabajo informal global desde hace más de una década. Las redes de migración de objetos, de mercancías, que hacen que un llavero, un sombrero o una copia de bolso de lujo producidos por un migrante en China acaben vendiéndose en Europa o México. Eso es lo que cuento en ‘Marco Polo de Tepito’, que forma parte de la exposición: la historia de estos personajes que distribuyen esa piratería hecha a partir del fetichismo occidental. En Occidente queremos repetir el fetiche del objeto de lujo, pero más barato.

Detalle de la exposición (I). Foto: Carme Ripollès.

Detalle de la exposición (II). Foto: Carme Ripollès.
Pero entonces llegó la pandemia. Nos quedamos sin poder investigar y sin salir a la calle y empecé a mirar más hacia dentro, hacia mi familia. Siempre había tenido la inquietud de entender qué había significado la fábrica para nosotros. Y sobre todo, la figura de mi padre: una figura compleja, como la de muchos padres de aquella época, que marcó la vida familiar desde lo disciplinario, pero que también sostenía económicamente el hogar. Esa contradicción me parecía importante. La fábrica también lo condicionaba todo: marcaba los horarios, incluso cambió las fechas de vacaciones en Vilafranca. La sirena anunciaba los días. Ese tipo de trabajo ha ido desapareciendo tanto, tanto, que Marie Claire ha cerrado. Por eso, la intención fue investigar qué había significado esa cultura obrera, industrial, en las formas de vida de mi familia.
>¿Qué te gustaría que se llevasen los visitantes de la exposición?
Sobre todo, que entendieran lo que significa una fábrica. Qué ha significado, qué implica el trabajo y qué formas adopta. Porque todos estamos ligados a él. Creo que es importantísimo entender cómo nos afecta el trabajo, qué podemos hacer con él, comprender las economías y también a las personas que nos rodean: cómo son los migrantes, cómo somos los trabajadores. Cómo esa fábrica nos afecta y cómo nosotros afectamos a la fábrica. Podría decir que la fábrica es otra forma de nombrar al capitalismo. Lo que me interesa es ver cómo los modos de trabajo generan cultura, generan formas de vida -a veces formales, a veces informales- y cómo acaban construyéndonos. Esa sería mi intención. Las personas de mi generación que han recorrido la exposición se han visto conmovidas por ese retrato de una vida que parece sacada de siglos pasados, pero que es de hace solo 20, 30 o 40 años. El trabajo condiciona completamente nuestras rutinas, nuestros vínculos y prioridades. Y lo que propongo es justamente eso: entender cómo esas estructuras han determinado lo que somos.

Jota Izquierdo querría llevar esta exposición también a México, donde reside actualmente. Foto: Carme Ripollès
La Fábrica, para familias
Durante los meses que dura la exposición, el EACC ofrece actividades pensadas para que las niñas y niños también puedan disfrutar del espacio. Cada sábado (11:00-12:00) tendrá lugar L’Exploratori, una actividad para familias con bebés de 0 a 6 años. La visita adapta algunos elementos de la exposición a través de texturas, sonidos y materiales que invitan a explorar con los sentidos, más allá de la vista.
Y también se podrá participar en Fábrica de paisajes, una visita para escolares de infantil y primaria. En este caso, la muestra se convierte en un pequeño teatro de títeres, donde el alumnado toma decisiones y ayuda a construir la historia.














