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Hubo paz en el Rototom Sunsplash 2015

Ocho días de polémica a nivel internacional, de tensiones, de redes sociales y medios de comunicación ardiendo... Llegaba el sábado 22 y Matisyahu aterrizaba en el escenario principal del Rototom Sunsplash, que le recibía entre banderas palestinas y silbidos de un sector del público. Algo que pareció no importarle, lanzando un mensaje de paz en un directo con más morbo que luces. Con 250.000 asistentes acumulados, el Rototom cierra su 22ª edición entre buenos sabores (Soja, Bad Manners, Green Valley,...) y otros no tan buenos (Aswad y Lee Perry). Y todavía sin fechas en Benicàssim para 2016.
  
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Matisyahu en el escenario, banderas palestinas entre el público. Foto: Pau Bellido (ACF).

Se había convertido en el gran protagonista de redes sociales y medios de comunicación de todo el mundo durante la semana, pero por fin llegaba el sábado 22 y era el turno de que el artista judío estadounidense Matisyahu pisase el escenario principal del Rototom Sunsplash tras la polémica generada por la cancelación de su concierto y posterior reincorporación. A Matisyahu, que tardó unos minutos en salir al escenario añadiendo todavía más suspense al desenlace, le esperaban banderas palestinas, consignas y pancartas a favor de la libertad de Palestina y silbidos de un sector del grupo que quiso mostrar su rechazo. Matisyahu salió al escenario y afrontó su concierto ajeno a lo que ocurría entre el público. En las pocas veces que intervino entre canción y canción, hizo un llamamiento a la paz en todo el mundo, el fin de los conflictos (“One day”) e incluso espetó: “Dejadme oír vuestros silbidos”. Eso sí, la máxima demostración de paz la hizo el público, en el que se podía ver a gente cantando y aplaudiendo sus canciones de la misma manera que otros mostraban su rechazo. Convivieron ambos sin enfrentamientos entre un público realmente numeroso, en el que probablemente había más curiosos que verdaderos seguidores o detractores del artista.

En lo exclusivamente musical, Matisyahu empezó con sus temas de carácter más hip hop para acabar con una sonoridad más melódica. Quitando algunas de sus canciones más conocidas, como “Sunshine”, lo cierto es que el cantante tampoco ofreció un directo demasiado destacable, más bien lineal y con algunos fallos de bulto en la afinación de la voz; sobre todo teniendo en cuenta el nivel que dejaron sus compañeros de cartel en la jornada del sábado. Pasados los 45 minutos, Matisyahu abandonó el escenario, al igual que lo hizo el público. A pesar de cómo se había calentado el concierto, hubo paz en el Rototom Sunsplash.

Matisyahu. Foto: Pau Bellido (ACF).

Pocos nombres que han pasado por el festival reggae de Benicàssim han conseguido generar tanta expectación como Matisyahu, ni la electrónica infalible de Major Lazer o la aparición de Don Dada en esta edición han conseguido eclipsar la corriente generada. Pero al final, pasadas las últimas tres jornadas del festival, se impuso la Peace R(evol)ution. El Rototom Sunsplash cierra así su 22ª edición, por la que han pasado, según la organización, 250.000 personas (con un notable incremento del público menor de 12 años) de 73 países y que no ha sido fácil, pero que, como el propio Filippo Giunta, director del festival, destaca: “La atención mediática que ha despertado lo ocurrido ha permitido finalmente proyectar al mundo una imagen del festival como lo que realmente es: un punto de encuentro y un evento plural y multicultural”.

Una edición que prácticamente no ha dormido, con un Showcase que cerraba pasadas las 7:00 de la mañana y que era relevado por los escenarios de la playa (SunBeach y Solé Rototom Reggae Beach), y con una también destacable programación extramusical, como los debates programados en el Foro Social. Se acaba el viaje a zion, el Rototom Sunsplash se despide, sólo que este año aún no se sabe hasta cuándo, ya que aún se desconocen las fechas de la próxima edición, que siempre suele anunciar el propio Filippo Giunta el último día sobre el Main Stage.

El festival se traslada a las playas de Benicàssim con la SunBeach. Foto: Ángel Sánchez (ACF).

Pero el sábado, además de la noticia de que La Gossa Sorda no actuaría (programados ese día en el Showcase) ya que sí que lo hacía Matisyahu, pasaron muchas otras cosas en el escenario principal. Y que posiblemente sonaron mejor, como fue el caso de uno de los cabezas de cartel y encargados de cerrar el Main Stage de esta edición, Soja, una de las propuestas más interesantes e importantes dentro de la escena reggae en Estados Unidos. Lo suyo no es una sonoridad propia del reggae clásico, sino que se dejan llevar por ritmos más enérgicos propios del pop y rock; incluso se atrevieron con una batucada. Fueron los encargados de ponerle el merecido final al festival.

Y, es que, si por algo se caracterizó la última jornada del Rototom fue por alejarse de lo convencional, de aquellos sonidos clásicos que habían dejado días anteriores nombres como Bunny Wailer, The Pioneers o Junior Marvin, permitiendo bucear por la nueva corriente del género. El mejor ejemplo de esto lo pusieron Protoje y The Uprising Roots. El primero se puede jactar de haber sido de las primeras figuras en dar ese salto hacia una nueva corriente de roots. Protoje volvía al Rototom con un mural pintado en tiempo real durante su directo, con las pilas sobradamente cargadas y un nuevo trabajo con el que sigue asentándose dentro de la escena. Demostró muchas ganas de levantar a un público que abarrotó el Main Stage y un final para el que guardó sus temas más conocidos, como el más reciente “Who knows” y el ya ovacionado “Kingston be wise”.

Protoje. Foto: Pau Bellido (ACF).

El directo de The Uprising Roots tampoco se quedó atrás, el calentamiento perfecto para Protoje. Con menor cantidad de público, la banda puso sobre el escenario principal una propuesta muy interesante a la vez que chocante cuando se conseguía detectar que no existía la figura de un cantante como tal, sino que eran el teclado y el batería los encargados de hacerlo. Precisamente, de la batería colgaba la imagen, que él mismo había paseado horas antes por el recinto y durante la intervención del grupo en la Reggae University, del rastafari Halie Selassie (al que se le llegó a atribuir el estatus de divinidad por parte de algunos rastafaris), entre otras de las muchas referencias rastafaris que tiene su música. Tras su concierto, no es de extrañar que algunos artistas cuenten con ellos como acompañantes.

Rashaun “Kush” McAnuff (The Uprising Roots) no se separó durante todo el festival de la imagen de Halie Selassie. Foto: Pau Bellido (ACF).

Y si hay alguna cosa que agradecer a toda la polémica de Matisyahu y su cancelación inicial fue la entrada en cartel de la cantante jamaicana Etana. Las buenas vibraciones de la música reggae con la elegancia del soul, su sonrisa permanente y altamente contagiosa y su voz hicieron todo lo demás.

Jueves de homenaje y de… This is ska!

Una de las citas más especiales de esta edición fue el concierto homenaje a Bob Marley por el 70º aniversario de su nacimiento, con los artistas nacionales Sr. Wilson, el Payoh SoulRebel, Roberto Sánchez, Salda Dagó, Amparo Sánchez y la Mala Rodríguez; con el acompañamiento de la banda The Blackstarliners. Cantando a Marley, un concierto tributo pensado por y para el festival (aunque los protagonistas no descartaron en la rueda de prensa repetir la cita…), en el que cada artista seleccionaba tres temas del repertorio de la gran leyenda del reggae y los interpretaba libremente, acoplándolos a su estilo propio (Amparo Sánchez, con “Redemption song” seguido de un grito por Palestina), modificando las letras al español (un joven Salda Dagó se atrevió con algunas rimas) o uniendo temas propios al ritmo de los de Marley (Mala Rodríguez, con una interesante versión de “Quién manda”). Un extenso (puede que demasiado) homenaje en el que destacó la increíble habilidad de Sr. Wilson y el toque diferente que le dieron Amparo Sánchez y la Mala Rodríguez.

Mala Rodríguez en el concierto homenaje ‘Cantando a Marley’. Foto: Pau Bellido (ACF).

El otro gran protagonista del jueves 20 fue el ska de Bad Manners. Sonó el ya mítico “My girl lollipop” y fue como volver a esa segunda corriente del ska en Inglaterra, al rude boy y skinhead. Y es que Bad Manners es uno de los grupos históricos de esa época de la música ska, una época que aún continúa levantando pasiones gracias a un siempre descarado y divertido Buster Bloodvessel. Fue la miel para todos los amantes de la corriente ska del 2 Tone.

La escena reggae europea se llevó el protagonismo el jueves, representada también por el artista alemán Uwe Banton con su inseparable guitarra y la banda Next Generation, que ofrecieron un directo simple a la vez que intenso que consiguió transmitir un cierto aire que mantuvieron los italianos Africa Unite. Los auténticos expertos en Rototom, ya que se trata de la banda que más veces ha pasado por el festival, algo que se notó en el público, que vibró con su nuevo trabajo.

Buster Bloodvessel, cantante de Bad Manners. Foto: Tato Richieri.

El viernes, por Paupa Man: Aswad y Lee ‘Scratch’ Perry no dan la talla

Tocar en una banda, sea de reggae o no, es una experiencia difícil de explicar, se tiene que sentir. Más si cabe, cuando es una banda que lleva bastante tiempo, los componentes van aprendiendo y progresando a la vez; se conocen, discuten, escuchan música juntos, beben juntos… Sabes qué va a hacer el batería, te imaginas el arreglo de piano, intuyes el solo de saxo y poco a poco se va configurando un sonido propio y personal. Una banda que se conoce y se entiende supera, muchas veces, al virtuosismo ocasional o al oficio de músicos de sesión. Por eso me gusta Aswad, escuchas sus discos y siempre puedes apreciar un arreglo nuevo; las percusiones y armonías vocales deliciosas la convierten en una banda en mayúsculas. Aunque el viernes 21 en el escenario principal del Rototom Sunsplash no reconocí a Aswad de inmediato. La voz no era la misma, los metales estaban pregrabados y sonaban como otra banda más del festival. Me gusta mucho Aswad y quizá por eso no me gustó el concierto; tengo un sonido en la cabeza que no se correspondía con lo que escuchaba. Tuvieron buenos momentos, sonaron hits ochenteros y me gustaron las pinceladas dub que se marcaron, pero me quedé un poco frío.

Aswad. Foto: Ángel Sánchez (ACF).

Después de dar una vuelta por el festival (elegimos cenar en el African Village) se podía escuchar de fondo Green Valley, que parecía mimetizarse con el sonido de las batucadas que nos rodeaban. Es una de las habilidades que adquieres en el Rototom, puedes escuchar dos o tres músicas al mismo tiempo, y a la vez, no escuchar nada en concreto. Green Valley, que se encuentra en uno de los mejores momentos de su carrera, arrebata al público nacional y los lleva hasta el escenario principal al ritmo de su último trabajo. Con conciencia (no faltaron las referencias a Palestina) y con ese toque íntimo que despertar ese otro lado (“Si no te tengo”). Le acompañó en un tema Rapsusklei (sigue siendo raro verle sin sus largas rastas).

Terminamos de cenar justo para ver a Mellow Mood, reconozco que me caen bien estos gemelos, enganchan, y me parece divertida la propuesta musical que ofrecen. Los vi el año pasado y aunque también me gustaron, este año aún más. La banda suena compacta, tienen un directo pensado, los dos hermanos se compenetran bien y saben tener al público atento. Temas como “She’s so nice” o “Dig dig dig” hicieron bailar al respetable y dejaron un buen sabor de boca.

Mellow Mood. Foto: Luca d’Agostino.

Después de realizar las últimas compras, volvimos por última vez al escenario principal para ver a uno de los platos fuertes de un festival que, en mi opinión, ha sido uno de los más flojos (sino el que más) desde que está en Benicàssim. La primera parte del concierto fue para Macka B, veterano de la escena inglesa que se marcó un directo fresco y divertido. Otra vez un deejay en el Main Stage tras la invasión del primer fin de semana. Y yo encantado. No oculto que es de mis estilos preferidos, además Macka B destaca por su sentido del humor, por sus líricas concious y por su pasión por la marihuana. Mención especial al set dedicado a la ganja, uno de los highlights del concierto culminado por “Medical Marijuana Card” con anécdota incluida.

La segunda y última parte fue para Lee “Scratch” Perry, un gigante de la música jamaicana cuya influencia ha traspasado fronteras estilísticas, además de ser uno de los creadores del dub. Un genio. De los que ya no quedan. Ahora bien, si algún amigo no experto en la historia del reggae me preguntara acerca de la figura de Lee Perry, no le animaría a ir a un concierto suyo. No creo que se entienda la importancia de este personaje en un directo. El lugar por donde será recordado será delante de una mesa de mezclas; no delante de un micrófono. Así que, si fuiste uno de los que se fue durante el concierto de Lee Perry con cara de no entender nada, dale otra oportunidad pero buceando en su discografía. Eso sí, si un concierto de Lee Perry sirve para que los más jóvenes sientan curiosidad e investiguen quién es ese esperpéntico abuelete, bendito sea.

El excéntrico del reggae Lee ‘Scratch’ Perry. Foto: Carlo Crippa.

El público de la ‘Peace R(evol)ution’. Foto: Pau Bellido (ACF).

La carpa Juanita Roots volvió al festival con su propia programación. Foto: Ángel Sánchez (ACF).

Las dancehall queen invitaban a bailar al público en el escenario Dancehall. Foto: Ángel Sánchez (ACF).

El lama Wangchen, contando cuentos a los niños. Foto: Ángel Sánchez (ACF).

Los hipnóticos muros de la Dub Academy. Foto: Ángel Sánchez (ACF).

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