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El seísmo de ‘La sed’ de Paula Bonet en Babel

Si Paula Bonet es un terremoto, 'La sed' un derrumbamiento y presentaciones como la de la librería Babel una réplica, tal vez queramos sentirnos como Teresa (aunque no pueda moverse). La ilustradora vila-realense desvela los simbolismos y el contexto en el que tiembla su último y exitoso libro.
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Paula Bonet, durante la presentación de ‘La sed’ en la Librería Babel. Foto: Librería Babel.

“Existen muchos tipos de seísmos”. Seísmos, temblores, que a veces son tan fuertes (y necesarios) que acaban provocando sed. Precisamente fue un temblor, o tal vez varios, los que provocaron que Paula Bonet diese vida a La sed (Lunwerg, 2015). Tanto en sus ilustraciones como en sus libros, textos, proyectos e incluso en sus redes sociales, la ilustradora vila-realense tiene una increíble facilidad para plasmar una impronta propia, a través de la cual parece que se despoja de todos sus ropajes. De sus temblores. Algo similar ocurre también cuando se sienta en una Librería Babel a la que le falta espacio, como ocurrió el pasado jueves 14 de septiembre, dentro de los actos del 25º aniversario de la librería, en la presentación de La sed.

Uno de los temblores que han dado vida a La sed fue su anterior libro, Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End (Lunwerg, 2014). La sed empezó a cobrar vida justo cuando éste se estaba presentando. Paula Bonet decide apagar la paleta de colores que había caracterizado a su obra como retrato de un descontento, de su propia decepción al ver de qué manera Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End estaba funcionando tan bien, que pocos lo estaban entendiendo realmente. Había perdido su realidad, y La sed la recupera rompiendo con la estética del anterior.

Otro de los temblores es uno de aquellos que son tan fuertes y constantes, que puede que ya estemos acostumbrados a que sucedan. Paula Bonet recupera la memoria y las obras de distintas poetas y escritoras que, como ella, quisieron crear una huella que sirviese de referencia para el resto de mujeres. Dejar de hablar, tanto por parte de mujeres como de hombres, desde la experiencia masculina y empezar a hablar de “temas que afectan a las mujeres y que no aparecen nunca”, explica la ilustradora. Dejar que las mujeres dejen de ser mudas. O un par de piernas. Y así, de los seísmos de su propia experiencia y de su pasión por las obras y vidas de estas mujeres beben los grabados y dibujos La sed.

Siri Hustvedt, María Luisa Bombal, Teresa Wilms Montt, Sylvia Plath, Virginia Woolf, Clarice Lispector (el libro comienza con una frase de ella), Chimamanda Ngozi Adichie, Kate Bolick y Anne Sexton (la cual le sirvió para dar vida a una exposición sobre su figura que se convirtió el germen de La sed) son algunas de las mujeres que Paula Bonet recupera y traslada en La sed. Mujeres que, a través de sus obras e incluso sus experiencias, han conseguido dejar huella en la ilustradora. Un seísmo. Paula Bonet transforma estas influencias y sus referencias, su valentía, en ilustraciones a través de la voz de Teresa, la protagonista de La sed.

‘La sed’ está repleta de referencias a autoras y poetas. Foto: paulabonet.com.

Y un seísmo más, y tal vez el más determinante: “(La sed) nace de un descontento, de un derrumbamiento emocional”, desvela Paula Bonet. Sus viajes a Chile, país con el que mantiene una relación muy especial, ya que lo utilizó como huida y acabó convirtiéndose en el lugar en el que se encontró: “Es el lugar en el que más consciente soy de que todo está en movimiento”, y su día a día con terremotos y seísmos (y sus réplicas) son los que marcaron el concepto de derrumbamiento sobre el que se desarrolla La sed.

El esqueleto de La sed

La sed, además de ser la forma que ha tenido Paula Bonet de plasmar las réplicas de su particular derrumbamiento y de recordar que existen mujeres valientes capaces de convertirse en referentes, también guarda un proceso de creación apasionante que va más allá de querer apagar la estética de obras anteriores.

En la necesidad de parar, de devolverle el sentido a las imágenes en un mundo en el que éstas aparecen y desaparecen muy rápido, Paula Bonet se centra en técnicas que requieren tiempo: “Imágenes que nacen de un proceso lento”. Cada imagen recobra su fuerza y la técnica empleada en cada una de ellas incluso se funde con el significado de los textos. Es más, no trabajó las imágenes hasta que tuvo los textos. Posteriormente representaba esos textos a través de actores y fotografías para después darle forma a través de grabados, pinturas y dibujos. Adecuando cada técnica a la fuerza narrativa del texto. Por esta razón en La sed encontramos una primera parte que encierra cierta crudeza y dureza, capaz de pasar de un estado de objetividad a ponerle voz a Teresa. Y lo consigue a través de increíbles grabados. Durante la narración se vale del dibujo, que confiesa es la técnica con la que más cómoda se siente a la hora de contar historias, para acabar en la pintura. La sed no podría existir sin ninguna de estas técnicas ni poniendo ninguna sobre la otra; son necesarias y los textos las pedían, según explicó la autora vila-realense en la presentación.

Pero La sed aún esconde más significados. Sobre todo los que Paula Bonet aporta a través de los simbolismos. Simbolismos tan significativos como el uso de las miradas dentro del libro; ojos que mira, que juzgan y que censuran y que la ilustradora utiliza para denunciar esa censura y educación en el miedo. La necesidad de empezar a ser valientes (pese a los posibles seísmos). También referencias mitológicas, la muerte representada en la figura de un perro, los cuervos (que incluso aparecen en la portada junto a Teresa) y simbolismos que trata a través de las mujeres que se reflejan en su libro, como la idea del suicidio a través de Teresa Wilms Montt o Silvia Plath, Clarice Lispector y la idea de la renuncia, entre otras referencias.

Los ojos de ‘La sed’. Foto: paulabonet.com.

Tanto las referencias (seísmos) de los que parte La sed, sus textos como ilustraciones crean un único significado en el que se habla de derrumbamientos, de heridas, de la soledad pero también de encontrarse, de feminismo y de significados. De una Teresa que acaba con sus propios miedos. “A veces las sacudidas fuertes son necesarias” narra en el booktrailer (en el que Teresa es interpretada por Bruna Cursí, una de las protagonistas de Estiu 1993, película que optará a los Oscar y que se proyectará en el Paranimf de la UJI el 30 de septiembre y 1 de octubre). Porque pese a los seísmos, pese a que el barro no te permita moverte, puede que los derrumbamientos sean necesarios. Sobre todo si esas heridas se convierten en La sed.

“Mi nombre es Teresa, la Tierra acaba de temblar y tengo tanto barro encima que apenas puedo moverme” (Paula Bonet. La sed, Lunwerg, 2015).

  1. Pingback: 'Por el olvido', de Aitor Saraiba y Paula Bonet. Cómo no desfallecer con Bolaño como excusa | nomepierdoniuna

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