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Cesc Gelabert, en el Paranimf: “La danza debería estar en la educación general y en el trabajo; es un valor cultural beneficioso para la salud incluso”

Cesc Gelabert (Barcelona, 1953) regresa el viernes 27 de abril a Castellón con motivo del Día Mundial de la Danza. En esta ocasión bailará en el Paranimf de la UJ el solo 'Escrit en l'aire', donde une movimientos y palabra. Bailarín, coreógrafo y empresario (compañía Gelabert Azzopardi) es toda una referencia del mundo de la danza. En esta entrevista concedida a Nomepierdoniuna habla de su pasión por este arte que situaría dentro del ámbito educativo, también del fútbol, al tiempo que recuerda la figura de Carles Santos.
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Cesc Gelabert regresa a Castellón con el solo de danza ‘Escrit en l’aire’.

>Vas a llegar al Paranimf de la UJI de Castellón el viernes 27 de abril 20:00 (10/12 euros) con el solo Escrit en l’aire, cuatro días después de haber regresado de Colombia. Según he visto en tu larga agenda profesional, has estado en dos universidades de aquel país. ¿Has acudido para actuar con alguna de tus obras o como conferenciante?
El motivo ha sido bailar el solo Versión original, que hice también en Castellón un tiempo atrás.

>A Castellón regresas dentro de los actos que durante este mes conmemoran el Día Mundial de la Danza (29 de abril). Como experto, y trazando una panorámica general, ¿cómo dirías que es el estado actual de la danza?
Es un análisis un poco repetitivo. Para mí va mejorando, pero todavía falta mucho por recorrer. La danza siempre está luchando por ser reconocida. En nuestra cultura, todo lo que es el movimiento, la comprensión interna del movimiento, todo aquello que es subjetivo, cuesta mucho que sea valorado por la sociedad. Una de mis obsesiones es que la danza esté presente en la educación general, en el trabajo. Cuando estudiemos matemáticas, que apartemos las sillas y aprendamos bailando. A mí me gustaría situar la danza en un contexto amplio, como algo natural, un valor cultural que es beneficioso para la salud incluso.

>A nivel de números, según los datos proporcionados por la SGAE en 2016, la danza es el arte peor parado en cuanto a número de espectadores y de recaudación, produciéndose un nuevo descenso, al contrario de lo que sucede en otras artes escénicas. A nivel de espectáculo cuesta romper esa barrera con el público no asiduo.
Bailar es, para mí, habitar el cuerpo con el corazón y la mente. Esa conjunción de elementos internos es lo que lleva a hacer danza, que luego la puedes compartir. Es una cultura del movimiento, que incluye también el yoga, el deporte… Pero, acabas el Bachillerato y qué ocurre: ¿has realizado alguna clase sobre este conocimiento interno personal? No. La gente vive de espalda a estas cuestiones. El diplomático Delfí Colomé decía que “la danza es una de las pocas cosas de las que una persona culta puede decir que no sabe nada”. Arrastramos estos males endémicos que son difíciles de superar. Pero también es cierto que se producen avances y la danza cada vez está más presente. La danza es algo flexible que puede verse en un anuncio de coches, el hip hop está extendido por todo el mundo… ¿Cuánto dinero gasta la Seguridad Social en problemas originados por el hecho de que la gente no se mueve bien? A mí me gusta dar en las entrevistas ideas positivas, y una de ellas es estimular a la gente a que baile, a mover el cuerpo de una manera adecuada, lo que con los años nos evitará problemas de salud.

>Tomando el punto de vista de la danza como espectáculo ante un público, Toni Valesa, programador del Paranimf de la UJI, reitera con frecuencia la calidad de las producciones de danza que se crean en la actualidad, asumiendo incluso más riesgos que en otras artes.
La danza es un arte muy plástico; más que plástico, es flexible. La danza se adapta a todo. Cualquier cosa que está ocurriendo el mundo, alguien lo está convirtiendo en danza. Porque la danza es algo muy esencial, muy flexible.

>Por comentarios con gente no habituada a ver espectáculos de danza contemporánea, me da la impresión de que un freno para la asistencia es que algunas escenas de una obra resultan complicadas de entender, en gran parte porque no se utiliza la palabra, y parece que el espectador desea comprender todo aquello que ve.
La fuerza de un movimiento depende de las emociones que tienes y de las imágenes que te llenan. Pero esas imágenes no las escuchas, te las transmite el cuerpo. En una sociedad que busca el significado, no se entiende bien lo que le ocurre, duda de si lo que siente es correcto. Pero es simplemente una cuestión de familiaridad. Cuando te tomas un vino no le preguntas qué significa, lo mismo que a la música sin texto o a un paisaje, o a tu marido o esposa cuando te levantas. Falta esa familiaridad que, por ejemplo, sí se siente con el fútbol, donde el público ve un partido, se emociona y comenta mil aspectos del mismo. Nos estamos comunicando constantemente a través del cuerpo. Todo el mundo entiende qué es una caricia. La danza, como otros lenguajes de la vida, no tiene la precisión de la palabra. Trabaja en otro nivel, pero lleno de significado. El espectador ha de mirar, disfrutar y dejarse llevar por sensaciones.

“La danza, como otros lenguajes de la vida, no tiene la precisión de la palabra. Trabaja en otro nivel, pero lleno de significado. El espectador ha de mirar, disfrutar y dejarse llevar por sensaciones”

>En Escrit en l’aire sí utilizas la palabra.
El motor de este espectáculo era ofrecer al espectador la posibilidad de escuchar algunas palabras que tienen que ver con el movimiento que observa. Junto con el director Moisès Maicas buscamos las palabras en el dramaturgo francés Valère Novarina. Es un espectáculo curioso porque se ofrece al espectador los dos niveles: el movimiento del baile y al mismo tiempo la palabra. Juego con ello y el espectador también. Por ejemplo, pregunto: “Hi ha a la sala algun animal vestit d’home?”.  Es un texto bastante metafísico pero que también tiene humor.

>Eres bailarín, coreógrafo y empresario de una compañía de danza. ¿La consideración de ti mismo por las funciones que realizas va en ese orden?
Para mí lo más importante es ser bailarín. Todo empieza por bailar, por el movimiento. No hay un escritor que no lea o un cocinero que no coma. A partir de ahí a algunas personas nos gusta realizar el trabajo de organizar. Una persona o un colectivo le ha de dar forma a todo eso, pero lo primero es siempre alguien que baila.

>Empezaste a estudiar Arquitectura, al tiempo que jugabas al fútbol, otra de tus grandes pasiones, pero el camino que escogiste fue el de la danza, a la que también te dedicabas de manera simultánea.
Como arquitecto quería hacer jardines, paisajes urbanos, pero en aquel momento -inicios de los 70- estas disciplinas aún se estaban construyendo. Estuve haciendo varias cosas, pero me di cuenta de que era la danza lo que más me apasionaba. Siempre estamos en movimiento y pensé que era un buen camino  de conocimiento y de experiencia.

>Te he leído en alguna entrevista manifestar que te gustaría ser más famoso de lo que eres para tener mayor influencia a nivel social con algunas de tus opiniones y decisiones.
Entiendo que el arte, y la cultura en general, es un servicio. Lo que yo hago es por compartirlo con las personas. Toda la vida he trabajado para ayudar en todos los sentidos y si tuviese más poder, en el buen sentido, estaría encantado. En estos momentos doy clases a maestros de escuela, educadores sociales, colectivos complejos… Y me encanta trabajar con estos colectivos, además del trabajo con bailarines y gente de mi profesión.

>A lo largo de tu larga carrera has trabajado con un largo número de importantes creadores de todo el mundo, y entre ellos el vinarocense recientemente fallecido Carles Santos. ¿Podrías realizar un breve retrato de este músico que ha roto convencionalismos?
La primera vez que colaboramos fue en Nueva York en 1979. Era una época en la que él estaba empezando a hacer cosas con la voz. He tenido la suerte de compartir un largo trayecto con Carles, muchas horas de conversaciones. Juntos hemos realizado obras que me parecen muy interesantes. Carles era una fuerza de la naturaleza, un apasionado de la música, entregado totalmente a ella. Una persona integral. Estar con él era como ir pescando cosas. Ha sido un placer compartir tantos momentos.

>¿Y resulta fácil que dos creadores con marcadas personalidades trabajen juntos y encuentren puntos en común a la hora de ir desarrollando proyectos?
Carles era una persona poco adaptable. Era como una fuerza de la naturaleza; las ideas le surgían como un volcán (risas). He trabajado con muchos creadores y la clave está en coger lo mejor de las personas. Yo le decía algo, él lanzaba sus ideas y yo cogía lo que consideraba que era más se adaptaba a la obra. A veces era al revés: era él quien me pedía que hiciese algo concreto, como en el centenario de la Reliquia de Sant Sebastià de Vinaròs. Recuerdo sobre todo los buenos momentos.

“Carles Santos era como una fuerza de la naturaleza; las ideas le surgían como un volcán”

>Creo que Belmonte (1988) ha sido vuestra colaboración más elogiada. ¿Es la que más satisfacción personal os ha producido?
Han sido muchas. Belmonte fue un trabajo con mucho éxito y muy interesante para ambos. En el caso de Carles fue una de sus primeras obras en formato grande para banda. Hemos hecho muchas piezas juntos, pero sí que ha sido de las más significativas para ambos. Recuerdo también como muy significativo el Concierto para piano, danza y voz, que hacíamos a principios de los 80.

>Una de tus pasiones que nunca has abandonado ha sido el fútbol. Incluso en una de tus creaciones recientes has establecido entre este deporte y la danza: Foot-ball (2015).
Siempre me ha gustado el fútbol y siempre he tenido el sueño de realizar algo relacionado con él y con la danza. Llegó la oportunidad a través del Teatre Nacional de Catalunya y del FC Barcelona. Pude combinar estos dos mundos que me apasionan. No era una obra sobre quién ganaba o quién perdía, sino sobre la técnica del fútbol y la técnica de la danza. Un espectáculo muy bonito.

>Te he escuchado alguna vez hablar sobre partidos que ha de disputar el Barça y cuando te comentan que es el favorito, restas euforia al exponer que el rival también ha realizado un trabajo para ganar, que no todo depende de tu propia labor. ¿Cuál es el rival de un bailarín o de un coreógrafo?
Creo que el gran rival eres tú mismo. Tu miedo, tu ilusión… son los grandes retos. A los espectadores no les veo como rivales. La dificultad tal vez sea introducir al público en tu sueño, pero no considero que sea un rival. Es más un reto que un enemigo. Lo que me gusta del arte, al contrario del deporte, es que no hay uno que gane y otro que pierda; aquí todo el mundo gana. El arte es como caminar sobre una ola que tiene mucha fuerza y tú has de permanecer sobre ella.

>Si apareciese un genio de la lámpara y te diese a escoger entre ser Cesc Gelabert bailarín reconocido a nivel mundial o ser un futbolista del Barça que cada semana juega al lado de Messi, ¿qué escogerías?
(risas) En su momento ya me hubiese gustado jugar en el Barça. Pero me gustaría más ser bailarín. Y me gustaría que la danza tuviese más importancia en la sociedad, ser más familiar para todos, más que un pase mal dado o que Messi falle un penalti en un mal día. Preferiría ser un bailarín.

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