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‘La vida inventada de Godofredo Villa’. Un ágil trazo de realidad y ficción en el Paranimf

Realidad e invención. Presente imaginado y saltos al pasado. Son las líneas entre las que se mueve con agilidad 'La vida inventada de Godofredo Villa', obra escrita por la almazorense Sònia Alejo, con Pep Ricart realizando un destacado papel protagonista. Con el Paranimf de la UJI como escenario para arrancar marzo.
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Pep Ricart y Clara Crespo, durante ‘La vida inventada de Godofredo Villa’. Foto: José Damián Llorens.

‘La vida inventada de Godofredo Villa’, de Sònia Alejo, para La Medusa, con dirección de Xavier Puchades. Elenco actoral: Pep Ricart, Clara Crespo, Arantzazu Pastor y Àngel Fígols. Paranimf de la UJI. Viernes 1 de marzo de 2019 (20:05-21:15). Alrededor de 100 espectadores. Entradas: 8/10 euros.

La vida inventada de Godofredo Villa fusiona durante su casi hora y cuarto retazos de realidad y de ficción. En ambos casos dentro de varios niveles. Una vida verdadera de una persona real, pero ficcionalizada y ubicada en una situación concreta -un homenaje- que es completamente inventada. Incluso el casual primer encuentro real a la ribera del río Saona -en la localidad francesa de Chalon sur Saône- entre la dramaturga Sònia Alejo y el verdadero Godín Villa se recrea de manera ficticia con los auténticos protagonistas en un momento de la obra que resulta sorprendente por lo inesperado de su aparición. Esa escena en concreto es, en realidad, la que da origen a toda la historia que escribió la autora de Almassora y que se ve en el escenario.

El contenido de las conversaciones epistolares mantenidas desde la kilométrica distancia entre la dramaturga almazorense -fundadora y única componente de la compañía La Medusa- y Godofredo son la cadena de todo el relato que el público ve ante sí. La importancia de esa correspondencia ha querido ser trasladada a la obra mediante voces en off que suenan en varios momentos de la representación, a cargo de la propia Sònia y de Pep Ricart, el actor valenciano que incorpora a Godofredo. Sobre las tablas es la hija de Godín (interpretada por Clara Crespo) quien ocupa ese lugar de receptora del relato de la vida de una persona próxima a los 90 años marcada por las guerras y, sobre todo, por la huída de la primera, la Civil, desde Barakaldo a Francia.

Un ficticio homenaje en el Ayuntamiento de París a los guerrilleros que ayudaron a liberar la ciudad de las tropas nazis es el punto en el que Sònia ha situado el relato. Allí, un “republicano-ateo-anarquista” Godofredo Villa, quien confiesa que todas las luchas de su vida han sido “por la República”, espera -en un urinario del edificio- el momento de que comience el acto, al que asistirá Felipe VI (encarnado por Àngel Fígols). Entre nervios y dudas repasa junto a su hija toda su vida por detrás de una fila de zapatos usados que le han servido para transitar por ella a lo largo de los años.

La otra mitad del escenario. Arantzazu Pastor y Àngel Fígols, como padres en un ‘flashback’ de Pep Ricart (centro). Foto: José Damián Llorens.

Con un escenario dividido en dos mitades y con los juegos de luces se combinan los saltos entre ese presente inventado y el pasado de base auténtica, en el que Godín se encuentra con sus padres (el actor benicarlando Àngel Fígols y Arantzazu Pastor) para rememorar instantes tan importantes como la salida hacia Francia (y no hacia Rusia, como hubiese deseado el protagonista) huyendo de la Guerra Civil.

El momento más cómico y políticamente irreverente coincide con el inventado encuentro entre Felipe VI y Godofredo, con un trabajado cruce de parlamentos, enfrentando la solemnidad y el relato épico del primero frente a las palabras de un homenajeado que no siente ningún héroe, sino alguien que sobrevivió a una situación que afrontó como pudo.

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