Música >> General, Portada

Ignacio Julià: “La tecnología ha ganado la partida al arte; la resistencia se llama humanismo”

Nombre de referencia dentro del periodismo cultural, Ignacio Julià, cofundador y actualmente jefe de edición de 'Ruta 66', tiene en 'Daydream Nation' de Sonic Youth uno de sus tótems discográficos. Gran conocedor del grupo neoyorquino, realizará una escucha guiada del álbum dentro de la Feria del Disco del Hotel del Golf del Grao de Castellón (1 y 2 diciembre). Antes, charla con Nomepierdoniuna sobre música y más.
Envía Envía
Imprimir Imprimir

Noticias relacionadas

Etiquetas

, ,

Ignacio Julià. Foto: Xavier Mercadè.

>Vienes a Castellón con motivo de tu participación en la 3ª Feria del Disco que organiza el Hotel del Golf del Grao. Conducirás una escucha del disco Daydream Nation de Sonic Youth (sábado 1 de diciembre; 17.30) y firmarás libros (domingo 2; 12:00). Pero desde otro punto de vista, el de comprador, ¿te sigue gustando ir a la caza de discos en lugares donde se cuentan por miles y escarbar en cubetas hasta encontrar algo que te emocione?
Por supuesto, esa afición o enfermedad, según se mire, no la he perdido. En mi trayectoria profesional he logrado conservar la emoción por la música yo diría que intacta. Cuando viajo nunca faltan tiendas de discos en la ruta planeada, especialmente aquellas que ofertan sellos independientes y segunda mano. Con la crisis y transformación de la industria discográfica, cada vez quedan menos establecimientos que vendan discos, por lo que las ferias de coleccionismo son un buen lugar donde encontrar piezas valiosas.

>¿Qué te emociona musicalmente en 2018 después de haber vivido prácticamente toda tu vida escuchando música en disco o en vivo, conociendo a los músicos de cerca y escribiendo sobre todo ello?
Me siguen emocionando los lanzamientos de figuras más o menos de mi generación, aquellas que siguen en activo y no han perdido energía ni creatividad. Me resulta más difícil conectar con los grupos jóvenes, por la diferencia generacional y porque enseguida noto el reciclaje de viejos esquemas y actitudes, pero sigue haciéndose muy buena música rock. Esta música siempre fue sinónimo de juventud y rito iniciático, así que no debemos ningunear las nuevas propuestas de quienes van llegando novatos a la fiesta.

Libros escritos por Ignacio Julià y que firmará durante la feria.

>Aunque en tu blogspot te defines como “ex rock crític”, sigues escribiendo sobre discos en publicaciones tradicionales y en las tecnológicas, tienes una fecunda producción en forma de libros que aún hoy en día cultivas, y no se puede olvidar, por supuesto, que eres jefe de edición de ‘Ruta 66’, la revista que cofundaste 33 años atrás junto a Jaime Gonzalo. Y aunque escribes sobre nombres clásicos o con larga carrera, también sigues ofreciendo tus opiniones sobre trabajos de músicos más o menos nuevos, por lo me chocó ver ese “ex”.
Es una broma más o menos privada. “Ex rock critic” se refiere a que este oficio como se entendía en los años setenta, cuando empecé a escribir y publicar, está en vías de extinción. El paradigma digital ha hecho que el consumidor llegue a la música gratuitamente y al mismo tiempo que el crítico, por lo que su papel ha perdido impacto y relevancia. Afortunadamente, tengo la experiencia necesaria para ir más allá y ofrecer en mis reseñas y artículos un contexto histórico, social y musical. Y si es posible, un punto de creatividad como escritor. Esto es lo que intento, en cualquier caso.

>En 2018 me sorprende ir a un quiosco y ver buena parte de una estantería con revistas sobre música y al mismo tiempo encontrarme cada vez más libros musicales. Siempre me ha dado la impresión de que el musical -el cultural- estaba a la cola del periodismo. En una publicación en crisis económica, el redactor cultural tiene muchas papeletas para ser de los primeros en abandonar la redacción. Y la lectura de revistas o libros me parece algo para veteranos nostálgicos de un modo de comunicación cultural. Desde dentro, y solo si estás de acuerdo con mi opinión, ¿cómo se puede explicar esa abundancia actual?
La música siempre fue el elemento prescindible en las secciones culturales de los periódicos, y las revistas especializadas en música siempre dependieron de las modas y la publicidad. Lo curioso es que Ruta 66, que nació sin esas ataduras comerciales, haya superado todas las crisis vividas desde que a mediados de los años noventa surgieron las revistas gratuitas e Internet. Esto se explica en que contamos con un público generacionalmente fiel y con jóvenes lectores que se van sumando a la revista, lo que en parte desmiente eso de que “hoy a la juventud no le importa el rock”.

>¿Hoy en día, tal vez con algunos años menos, te arriesgarías a volver a fundar una revista cultural en papel?
Personalmente, ya no, es una experiencia que ya he vivido y me ha dejado tan hondas cicatrices como enormes satisfacciones. Pero animo a cualquiera que disponga de presupuesto a intentarlo si siente la pasión necesaria y no le importan los inconvenientes. Yo personalmente me siento honrado de colaborar en la mensual Jot Down Smart, que me parece la mejor revista cultural en español ahora mismo. Eso sí, prepárate para una vida austera.

“Si algo he aprendido tras cuarenta años en el oficio ha sido que, en mi caso, la emoción es lo primero”

>Recordando aquellos tiempos de Rock Espezial y Rockdelux -primera mitad de los 80- donde me topé por primera vez con tu nombre, me sorprendió en aquel momento el salto a la fundación de Ruta 66 (octubre de 1985). Porque en aquellos momentos, e incluso hoy en día, pasó a ser como en el fútbol… o eres del Barça o del Real Madrid… y eres del Rockdelux o del Ruta 66 (o del Popular 1). ¿Por qué aquel salto al otro bando de la música?
Esa competencia fue comercialmente saludable para ambas revistas, aunque la pugna acabó hace ya tiempo y hoy bastante tenemos ambas cabeceras con mantenernos en el kiosko. Ruta 66 se fundó para dar exposición a la música que nos apasionaba, que era el rock’n’roll en todas sus vertientes, sin atender a las modas o tendencias de cada momento. Las otras revistas cumplieron su cometido como nosotros cumplimos el nuestro. Y aunque Ruta 66 se asocia al dogma del ‘o eres de los de “Louie Louie” o eres de los otros’, siempre he defendido la idea de que es una revista más abierta y ecléctica de lo que parece. No somos talibanes, como nos bautizó nuestro fan número uno, Andrés Calamaro.

>En tu caso, creo que se te nota bastante claramente tus filias y tus fobias musicales. Un tipo de redactor que primero es fan y luego escribe, sin medias tintas, guiado por sus propios gustos, por aquello que le emociona. ¿La emoción debe estar por encima de la razón al escribir sobre música o cine?
Si algo he aprendido tras cuarenta años en el oficio ha sido que, en mi caso, la emoción es lo primero. Si logras poner en palabras lo que sientes ante cualquier hecho cultural y transmitirlo al lector, has cumplido con tu labor. Y si consigues articular en un texto lo que el lector siente pero no sabe explicarse, ya puedes darte por satisfecho.

>¿Te emociona hoy en día más el cine que la música?
¡Me emociona estar vivo! No veo diferencia entre cine, literatura, música, arte, porque todo ello refleja, representa y explica la vida. Lo que me interesa finalmente es la persona que está detrás de la obra y trato de averiguar cómo ha compartido su experiencia vital con todos nosotros. Dicho esto, repito uno de mis mantras: vivir sin música sería como vivir bajo el agua.

>En la Feria del Disco del Hotel del Golf realizarás una escucha guiada del disco Daydream Nation de Sonic Youth. Una elección de grupo y de disco obvia conociendo un poco tu trayectoria. ¿Qué recuerdas de aquel día en que por primera vez escuchaste a Sonic Youth?
Recuerdo que fue hacía 1986 y que al escuchar su disco Evol experimenté el renacimiento de un tipo de rock de guitarras y un afán progresista a nivel estético y político con los que siempre me había identificado. Luego, en agosto de 1988, fui el primer periodista español en entrevistarlos, en Nueva York, semanas antes de que se publicase Daydream Nation. Allí surgió ya nuestra relación, que se basó en nuestros intereses culturales comunes más que en el binomio artista/crítico. Muy pronto intercambiábamos discos raros por correo con Thurston Moore y Lee Ranaldo. Y así hasta hoy.

>Para ti, personalmente, ¿Daydream Nation es el disco más influyente de la historia… o solo por detrás del debut de la Velvet Underground?
El disco más influyente de la historia es aquel que te ha cambiado la vida. En consecuencia, cada cual tiene el suyo. The Velvet Underground & Nico fue el mío, aunque luego resultó que también causó ese efecto en toda una generación posterior a la mía y su influencia es hoy tan evidente como la de Beatles o Dylan. Daydream Nation fue la obra que anunció el advenimiento de la escena alternativa en los años noventa, una obra influyente, que son las que inspiran a sus coetáneos y a las nuevas generaciones, predicen el futuro y quedan como hitos históricos.

>Sonic Youth no solo ha sido un absoluto referente musical para ti, sino que ha sido un grupo de amigos. Dentro de esta profesión he oído muchas veces que no es bueno involucrarse emocionalmente con alguien sobre el que escribes. Personalmente, veo pros y contras. Influye en tu punto de vista, puede que para bien y para mal… pero a la vez no sé cómo puedes evitar tener cierta relación emocional con gente con la que congenias musicalmente y con quien compartes muchas horas.
Que haya tratado personalmente a Sonic Youth o a Lou Reed no ha afectado mi criterio ni sentido crítico, creo. Queda claro leyendo mis libros sobre ellos: Estragos de una juventud sónica y Catálogo irracional, nada complacientes con los aspectos de su obra que no me han convencido. Por otra parte, el conocimiento personal del artista te proporciona una información que no se incluye en las hojas promocionales ni en las reseñas periodísticas habituales.

>Imagino que la escucha guiada del Daydream Nation consistirá en oír un tema y realizar una explicación sobre el mismo, con debate, si se da el caso. Una manera de escuchar música que, creo, ya sólo nos gusta a gente de alrededor de 40 años para arriba. Me da la impresión de que para los más jóvenes oír música -ya sé que no es correcto generalizar- es un poco como tuitear: una canción, o ni siquiera eso, y a por otra de diferente autor o disco. ¿Consideras que un disco largo rompedor como Daydream Nation tendría hoy en día alguna opción comercial?
Personalmente me entristece que se esté perdiendo el concepto de álbum, una colección de canciones cuyo efecto final es mayor que la suma de sus partes, una suerte de narrativa musical. Fue un gran invento de los años sesenta, pero ha sido barrido por las escuchas digitales y el streaming, volviendo a lo que era antes, la canción como unidad básica, el single, lo que tampoco está mal. Lo mismo ocurre en la literatura y el cine: en general, las nuevas generaciones consumen cultura de modo aleatorio y superficial, pero sigue habiendo jóvenes que leen novelas y buscan películas que no parezcan videojuegos. Y, paradójicamente, el retorno del vinilo podría alargar unos años más el álbum como concepto.

“Me entristece que se esté perdiendo el concepto de álbum, una colección de canciones cuyo efecto final es mayor que la suma de sus partes, una suerte de narrativa musical”

>¿Cuál ha sido para ti el último disco que puede considerarse rompedor en la historia de la música?
No sabría decirte, pues veo que en el underground y en la música de vanguardia siguen rompiéndose tópicos a diario, aunque esos avances no lleguen a impactar en el mainstream. Lo que sí resulta evidente es que el mundo ya no se sorprende ni escandaliza con nada. También que la tecnología ha ganado la partida al arte en cuestión de progreso. La resistencia a eso se llama humanismo.

>¿Hay esperanza de que el rock vuelva a ser algún día rompedor, contracultural, o ya está demasiado asimilado para que sea usado como símbolo de revolución?
El rock es hoy otro elemento más de ese universo de entretenimiento que es internet, ya no volverá a tener la fuerza para producir cambios sociales que tuvo a partir de los Beatles en los sesenta. Ya en los setenta, el rock fue para nosotros lo que las redes sociales son hoy para los más jóvenes: un medio de informarnos y comunicarnos que podía convertirse en una actitud ante la vida y ayudarnos a entrar en la edad adulta sin dejarnos aborregar. Esa clase de energía y significancia ya no son posibles hoy, pero siempre nos quedará su carácter lúdico y artístico. Lo mismo le pasó al jazz, y sigue practicándose.

>Algunos discos, cinco como máximo (por ejemplo), que aconsejarías a quien acuda a la Feria del Disco del Grao de Castellón que no deje escapar si se encuentra con ellos…
Siguiendo con la respuesta anterior, solo hace falta volver cincuenta años atrás para comprobar que el rock como lo conocíamos ya no existe ni volverá… pero ahí está su legado. Yo lo celebraría buscando vinilos que cumplen medio siglo, la excelente cosecha de 1968. Entre otros: Astral Weeks, de Van Morrison. Village Green Preservation Society, de The Kinks. White Light/White Heat, de The Velvet Underground. Odgen’s Nut Gone Flake, de Small Faces. Music from Big Pink, de The Band. Electric Ladyland, de Jimi Hendrix. White Album, de The Beatles. Etcétera.

Deja un comentario

He leído y acepto el Aviso Legal

Puedes consultar el tratamiento que hacemos de tus datos y la forma de ejercitar tus derechos en nuestra Política de Privacidad,