Teatro y danza >> Portada

El intenso 'Refugi' de La Ravalera en Las Aulas

Un domingo por la tarde en el Centro Cultural Las Aulas que deja de ser un lugar cualquiera en un domingo sin más. La compañía de teatro La Ravalera ofrecía el último pase de 'Refugi' el pasado 21 de febrero. Una función que desmonta por completo la sensación del tiempo y del espacio, consiguiendo que el público forme parte imprescindible de la obra. Con una sobresaliente puesta en escena y con la obra en marcha desde el primer momento que se abren las puertas, se suceden los relatos que dan forma a este particular, intenso y emocionante refugio.
  
Envía Envía
Imprimir Imprimir

Noticias relacionadas

Etiquetas

, , , , , , , , , , ,

Núria Vizcarro bebiendo el caldo que ofrecen en el 'Refugi'. Foto: Dísac Ramírez.

“Benvinguts al Refugi”, o mejor bienvenidos al Centro Cultural Las Aulas con su patio transformado en el particular refugio de la compañía de teatro La Ravalera. Lo han vuelto a hacer. Joan M. Albinyana y los suyos han vuelto a jugar con las sensaciones, con la conciencia e incluso con los espacios. La propuesta Refugi de La Ravalera se presentaba como un proyecto pensado especialmente para el patio de Las Aulas y del que tan sólo se podría disfrutar una única sesión el 31 de enero. El gran interés generado por Refugi, como por casi cada proyecto en el que La Ravalera pone su sello, provocó que la obra tuviese que añadir cuatro sesiones más. Como la del pasado domingo 21 de febrero a las 20.30, la última oportunidad –por el momento- de poder visitar su guarida. Refugi lo forman distintos relatos que crean uno único, cinco historias que remueven por completo. El batido de las sensaciones, el nudo en la garganta y las ganas de creer formar parte de ese refugio; incluso, de necesitarlo.

Desde el primer momento en el que se abre la puerta del patio del Centro Cultural Las Aulas empieza la obra, con el público como un personaje más del reparto. El humo asoma por encima de la puerta, comienza el ruido de unas bombas. Hay que entrar en el refugio. En escena cuatro espacios en cada esquina con sillas, telas que convierten el patio en una gran tienda de campaña, un cúmulo de maletas en la puerta y en el centro una olla enorme en la que se cocina algo.

El patio del Centro Cultural Les Aules se convierte en el 'Refugi'. Foto: Dísac Ramírez.

Los colores de las entradas deciden en qué zona ha de sentarse cada persona; con una manta y una taza de aluminio (que reparten los actores). Cuando la gente se sienta en las sillas de madera mientras las bombas siguen sonando, la obra ya lleva en marcha desde hace unos minutos. Para entonces, nadie diría que estaban en el centro de Castellón un domingo tranquilo. “Benvinguts al Refugi.

Un chico (interpretado por Marc Escrig) con una mochila se acerca al grupo amarillo. Ha pensado crear un taller de escritura para hacer más amena la espera en el refugio. Para ello se vale de las libertas que porta en su mochila, todas ellas ya escritas por anteriores visitantes. Cualquiera puede escribir en ellas; ya formamos parte de su guarida. Lee algunas de las historias que esconden esas páginas. Restos que van desde un simpe y jocoso “No sé qué escribir” a poemas y textos que hablan de la nostalgia de dos personas que un día dejaron de mirarse. De amor, de lo que nos da felicidad, de echar de menos, de la familia, de cosas sin importancia y otras con tanta como una despedida.

Marc Escrig, en el taller de escritura del 'Refugi'. Foto: Dísac Ramírez.

Se lleva sus libretas y recuerdos al siguiente grupo. La siguiente es la persona (interpretada por Núria Vizcarro) encargada de explicar las normas del refugio. Se acerca al grupo con una jarra con la que sirve el caldo recién hecho (que se cocina en la olla durante la propia obra) para alimentar a los recién llegados al refugio. Mientras, explica las normas del lugar y las historias de sus compañeros de refugio. Cuenta que hay una escuela para niños y niñas, y que la escuela abre a las 09.00, porque es cuando empiezan los fusilamientos en la calle de las tiendas. Una sirena y el ruido de bombas trastocan los discursos de los actores, quienes se juntan en el centro de la escena y empiezan a cantar para callar el ruido de esa guerra por la que parecía que todos necesitábamos llegar al refugio. Parece incluso que de verdad los ataques habían empezado en la calle de las tiendas.

La siguiente (interpretada por Laia Porcar) es la encargada de realizar las entrevistas a quien llega al refugio. Se pregunta, como todos los que pasan por cada grupo, por qué nadie nos ha quitado las bolsas; son las normas (de ahí las maletas de la entrada). Y, es que, cada bolsa es revisada porque no se pueden entrar envases de vidrio al refugio. Envases como el que alguien guardaba, según nos cuenta Laia, con unas cenizas y que tuvo que cambiar por un simple bote de Cola-Cao. Hasta esas cenizas se perdieron antes de entrar. Las entrevistas sirven para dibujar perfiles de todas las personas que entran. Un montón de información que poco importa ahí dentro, porque en el refugio no queda nada de eso. Una vez entras, ya no importa nada de lo que había en la otra puerta; porque desaparece. Se pierde, como esas cenizas.

Amanda Aguilella se encarga de la ropa del 'Refugi', al fondo Laia Porcar haciendo las entrevistas. Foto: Dísac Ramírez.

La siguiente es una mujer que se encarga de la lavandería (interpretada por Amanda Aguilella). Busca, sin éxito, entre los grupos gente que pueda ayudarla. Así que decide sentarse mientras dobla la ropa que lleva en su cesta. Comparte su llegada al refugio en un autobús, el mismo autobús conducido por el mismo conductor que recogía al Bicho –su hijo- de clase. Ambos recorren el mismo camino, en distinto tiempo. Ella observando a un hombre que la acompaña en el viaje, asustado. Bicho lo hacía sonriente jugando con un barco de papel que le había hecho su abuelo mientras saluda a la gente que pasea tranquila por la calle de las tiendas. Cuando llega al refugio se da cuenta de que en realidad no era ese autobús, no estaba el mismo conductor y, mientras dobla una camiseta de talla de niño con lágrimas en los ojos, que Bicho tampoco.

La última es la persona (interpretada por Marta Vicent) que más tiempo lleva en el refugio, según cuentan, formaba parte de la resistencia y mantiene una obsesión por las normas. Una obsesión enfermiza que esconde la pérdida de aquel anciano que un día llegó al refugio, un bibliotecario al que ella conocía. Aquel que un día se saltó las normas por ella. Pero las normas son las normas, y ese día en el que todo en Marta cambió por dentro, ese anciano no tenía derecho a más mantas, pese al frío.

Joan M. Albinyana (director), que permanece durante cada monólogo sentado junto a la olla dirigiendo y encargándose del sonido y música, se aleja de la cocina del refugio acompañado de su guitarra. Mientras toca, los actores se acercan al centro de la escena. Se abrazan. Cantan. Incluso Laia le devuelve el bote de Cola-Cao a Amanda.

Joan M. Albinyana en el final de 'Refugi'. Foto: Dísac Ramírez.


  1. Sencillamente geniales. Albinyana y compañía te teletransportan donde quieren. Ya lo hicieron en la Fira de Teatre Breu de Castelló, con cinco piezas de microteatre espectaculares, y ahora en su "Refugi". Ojalá sigan por mucho tiempo deleitándonos con su imaginación y su talento.

Deja un comentario

He leído y acepto el Aviso Legal

Puedes consultar el tratamiento que hacemos de tus datos y la forma de ejercitar tus derechos en nuestra Política de Privacidad,