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Palestina tiñó el FIB 2025. Foto: Carme Ripollés.
Los pendientes con una rodaja de sandía colgando de Clara tintinean mientras baila “Ánimo, valiente” de León Benavente. Viene al FIB desde Valencia. No es de las que nunca fallan, pero en los últimos quince años dice que habrá venido con sus amigas cinco o seis veces. Sus mejores recuerdos del festival son de antes de la pandemia. Este año, en el que se celebraba la 29ª edición, dudó en venir. Le asquea el genocidio que está infligiendo el estado de Israel sobre el pueblo palestino en Gaza: según Naciones Unidas, 875 personas han sido asesinadas cuando intentaban conseguir alimentos en las últimas semanas (hoy superan ya el millar), un macabro drama sintetizado en esta viñeta de El Roto y documentado por todas partes junto a una angustiosa hambruna.
“No soy activista, simplemente trato de estar informada y actuar en consecuencia, con mis contradicciones. No soporto que detrás de un festival, que me gusta y en el que nos lo hemos pasado tan bien, ahora haya un fondo de inversión proisraelí con intereses en los territorios ocupados [en referencia a la estadounidense KKR, que ha adquirido la británica Superstruct Entertainment, propietaria de la valenciana The Music Republic, a su vez promotora del FIB desde 2019], por supuesto, pero al final pensé que, después del año que llevo, mi forma de posicionarme era venir y mostrar mi apoyo al pueblo palestino, como han dicho León Benavente y otros grupos. Y bailar y divertirme mientras sea posible”.
La sandía y lemas en camisetas, banderas de Palestina, pegatinas de “FCK KKR”, público coreando “Free, free Palestine” y hasta body painting; bandas españolas e inglesas como León Benavente, Soft Play, Love of Lesbian, La Habitación Roja, Shego o Mala Gestión realizando discursos más o menos elaborados a favor del pueblo palestino y contra el genocidio y la ocupación ilegal del Estado de Israel en Palestina. Previamente al festival, artistas como Residente, Califato ¾ (a quienes teníamos muchas ganas de ver después de sus grandes conciertos en el Emac de Burriana), Judeline, La Élite, Jimena Amarillo o Camellos se habían bajado del cartel en señal de protesta, con comunicados en los que se notaba que no había sido una decisión fácil. Un boicot que en redes sociales y en medios de todo signo ha tenido bastante repercusión.

La nueva configuración del escenario principal del FIB con numeroso público durante el concierto de Bloc Party desde el tinglado de Repsol. Foto: Carme Ripollés.
Aunque el jueves 17 el Recinto de Festivales registró una entrada tirando a floja, el viernes 18 y el sábado 19 estuvo petadísimo: el boicot no tuvo una repercusión visible en la asistencia de público (no se han dado cifras oficiales y la devolución de entradas por las cancelaciones está siendo caótica). Durante el festival, no fue un clamor estrepitoso y general, especialmente entre los cabezas de cartel norteamericanos, y la organización del festival pasó olímpicamente: ni comunicado oficial respondiendo a ese boicot de una parte relevante de los grupos del cartel, ni respuesta a las múltiples críticas recibidas en las redes sociales, ni un gesto o símbolo en el recinto, ni nada de nada. Pero Palestina estuvo presente de una forma clara en Benicàssim. Muchos artistas como los citados, asistentes como Clara y profesionales de distintos ámbitos (personal de producción, técnico o de hostelería, periodistas...) sintieron que, por encima de lo que les parezca la propiedad actual y su ausencia total de explicaciones al respecto, merecía la pena preservar el FIB y su espíritu, por maltrecho que quedara tras la calamitosa edición del año pasado.
“Los hermanos Morán llevaron este festival hasta 2009; en aquel año el FIB cambió y entraron una serie de inversores. Hemos tomado la opción de estar aquí arriba en el escenario, porque es nuestro trabajo, nos dedicamos a hacer canciones y conciertos, pero quien piense que estamos a favor de cualquier tipo de violencia y, sobre todo, con el genocidio que se está realizando sobre el pueblo palestino, está muy equivocado con la ideología de este grupo. Imagino que cada cual se posicionará a su manera estos días en el festival. Nosotros lo mejor que podemos hacer es crear un poco de conciencia y que disfrutéis de nuestro concierto y que dediquéis esta canción, cantando a pleno pulmón por la gente que está sufriendo en Palestina”
(Abraham Boba, líder de León Benavente, en la presentación de “Ánimo, valiente”).

Abraham Boba, al frente de León Benavente, en acción. Foto: Carme Ripollés.
En cuanto a la música y la producción, después de tocar fondo en 2024, la organización tomó nota y, esta vez sí, los escenarios sonaron muy bien, en cantidad y calidad (quizás el electrónico Poliakov demasiado, colándose por momentos en el Cutty Sark). También dispuso sillas en las zonas habilitadas para las personas con movilidad reducida (PMR). Dejaron de cobrar por permitir salir y volver a entrar al recinto el mismo día. Habilitaron más espacios de descanso y para comer, aunque sin posibilidad de refugiarse del estruendo para conversar. Por contra, elevaron tanto la altura del escenario principal que dejó sin visibilidad a las primeras filas de público, además de complicar el trabajo de los fotógrafos. Y –esto no es cosa de la organización, por supuesto-, calor. Muchísimo calor, contra el que ni siquiera pudieron hacer nada los centenares de abanicos que repartió Shein. Otro año más, mezclado con toneladas de purpurina.
El cartel era el que era. Cada vez con menos nombres internacionales de peso o en su momento y con demasiados cromos repetidos entre los nacionales. Pero siempre hay artistas dispuestos a taparnos la boca a los juzgamundos que vamos a los festivales principalmente a escuchar música (y ya no te digo a los que después lo hemos de explicar). Menos mal.

Ca7riel & Paco Amoroso, de lo mejor del FIB 2025. Foto: Carme Ripollès.
A la cabeza de ellos, Ca7riel & Paco Amoroso. “Dumbai” para empezar, sentados sobre taburetes con dos tanganazos de -algo que parecía- whisky y acompañados de una banda con todos los extras: dos baterías marcando la pauta, sección de viento y un sonido excelente. Una primera parte tirando a latin-jazz, caribeña y dulzona, que descolocó a más de uno, pero que fue puro flow y que terminó evolucionando por derroteros más funk y hip-hop con las canciones de su reciente disco, Papota, con temones como “Re Forro” y “El día del amigo”, con los que ya se levantaron y elevaron al público definitivamente, agitando su estupenda coctelera estilística urbana bonaerense. Conciertazo.
En la vertiente rock, The Black Keys ofreció la actuación más potente del escenario principal (Heineken). En su primera visita a Benicàssim, los norteamericanos Dan Auerbach y Patrick Carney apostaron por una mezcla infalible de su repertorio más reconocible de principios de siglo y material nuevo, estrenando canciones del disco que lanzarán este próximo agosto, No Rain, No Flowers. Para rematar la jugada, cerraron con su gran himno, “Lonely Boy”, entre la aclamación del público con marea de brazos al viento.

Patrick Carney, batería de The Black Keys. Foto: Carme Ripollés.
A Thirty Seconds to Mars los recordábamos mucho más turgentes del Arenal Sound 2019; sonaron demasiado épicos, demasiado ampulosos (pistola de fuego incluida), demasiado pregrabado todo... (¿más nos hubiera valido apostar por Barry B?). Viva Suecia, quienes recordaron su primer FIB sobre un escenario en 2017 después de haber disfrutado en Benicàssim como público de bandas como Oasis o Paul Weller, hicieron un concierto que ya hemos visto antes, pero igual de certeros en su conexión con el público. Y ya no te digo Love of Lesbian, a pesar de los intentos de golpe de efecto como meter a Rigoberta Bandini a toda pantalla para falsear un dueto. Al “Pumped Up Kicks” de Foster The People no llegamos.

Viva Suecia, uno de los conciertos con más público y más aclamados del FIB 2025. Foto: Carme Ripollés.
Destacaron también dos bandas británicas en el escenario Repsol, muy distintas entre sí, que nos recordaron aquellos años en los que el festival servía para divertirse descubriendo cosas nuevas. Hard Life, de Leicester, con una estimulante mezcla de hip-hop, pop, R&B y funk; elegantes y disfrutones (incluso con la silueta del Bartolo que tenían delante), con una buena onda de esas que contagian. Y Soft Play (aunque en la trasera se presentaron como Soft Cunts –sic-), de Tunbridge Wells (Kent), dúo de punk-rock salvaje y a toda mecha, que a base de guitarra y batería (hercúleo) cogieron al público de la solapa, encima y debajo del escenario.

Soft Play arrollaron en el escenario Repsol. Foto: Carme Ripollés.
En el segundo escenario (Cutty Sark) León Benavente dejó otro de los grandes conciertos del FIB 2025 con un repertorio pletórico, hecho de historias que hemos vivido de verdad, que te tocan y remueven, de canciones que logran algo tan complejo como hacerte bailar y pensar al mismo tiempo. Sobre ese mismo escenario, Karavana repetían en el FIB, sí; muy cayetanos ellos, también; pero con una colección de canciones pop con gancho que crece y crece, también en directo, hasta el punto de liarla pardísima con un pogo al grito de “¿Quién quiere más MDMA?”, quizás con el público más joven del festival. Depedro volvió a Benicàssim para abrir la última tarde con su inconfundible sabor latino y fronterizo y un Jairo Zavala que se bajó la banda al asfalto para tocar mezclado, literalmente, entre el público. Cupido también despacharon una actuación notable, trufada de melodías contagiosas y de autotune, de imágenes imposibles que nos perseguirán (como ese beso de Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo) y el estreno en directo de una extraña colaboración con Manuel Carrasco. Para imposible todo lo que ocurrió con Ojete Calor. Una especie de broma que se les ha ido de las manos con un divertidísimo resultado: desinhibido, irracional, tirando de ídolos muertos, himnos improbables, kitsch a raudales, esperpento, interacción con juegos de arcade y salivazos en fotos para fans. Aunque para bailar sin freno el público eligió el celebrado carrusel de dj’s internacionales en el escenario Poliakov-South Beach Club.

Gonzalo Boatas, enérgico cantante y guitarra de Karavana. Foto: Carme Ripollés.

Ojete Calor, en fin. Foto: Carme Ripollés.
El nuevo escenario, como un garito punk
La transgresión en el FIB 2025 hubo que buscarla en el escenario más pequeño, el nuevo Rising Stars; todo un acierto: muy buen sonido, suelo con césped artificial, buena visibilidad y atención plena sin pantallas. Por momentos, parecía un garito. Fue allí donde Shego demostraron que lo suyo no es solo Suerte, chica o actitud punk, sino que saben defender con convicción y solvencia un buen puñado de canciones con espinas y corazón pop. Tremendo su concierto. También donde conectaron los sonidos urbanos y estridentes del argentino Dillom, rompiendo culos sin dejar títere con cabeza. Donde los valencianos Mala Gestión desparramaron su rock sin corsés, de letras con mordiente y un cantante -¡por fin!- descontrolado. La Milagrosa sus melodías y guitarras dream-pop o los castellonenses Valiente Bosque plantando la pica en casa.

Shego se salieron. Foto: Carme Ripollés.
El FIB afronta ya, decíamos, su 30ª edición (la primera fue en 1995, pero en 2020 y 2021 se suspendió por la pandemia de la covid-19) lejísimos de donde podría estar por el legado de sus dos primeras décadas, con un recinto y unos accesos que siguen igual de mal acondicionados que hace 27 años y quemando ya plazos de preventa de abonos a precios baratos. La mejor noticia de cara a 2026 sería que terminara la polémica por la pertenencia de The Music Republic al fondo KKR, porque eso significara que el estado de Israel habría parado el genocidio en Palestina, Hamás habría liberado a las personas secuestradas tras la masacre en el festival de música de Reim en octubre de 2023 y los palestinos podrían vivir con dignidad en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. Porque se estaría cumpliendo la ley.

Thirty Seconds to Mars, más fuego que canciones. Foto: Carme Ripollés.

El beso y la mirada. Foto: Carme Ripollés.















El nombre del cantante de Karavana no es ya Fabián Ferro sino GONZALO BOATAS, por Dios. Rectificar
Toda la razón; lapsus total. Ya lo hemos corregido en el artículo 😉