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Diario fotográfico desde mi ventana (y II)

"55 días seguidos publicando 10 imágenes al día ha sido un trabajo en sí mismo". La fotógrafa y colaboradora de Nomepierdoniuna Carme Ripollès cierra su diario fotográfico del confinamiento*. Empezó el 15 de marzo desde su Instagram (@carmeripo), el mismo fin de semana que se declaraba el estado de alarma, que compartió en una primera parte. Ahora, desvela la segunda: del 4 de abril hasta los "últimos días de balcones y aplausos".
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Sonia cierra la frutería a las 14.30 y recorre el barrio repartiendo los encargos que le hacen los vecinos por WhatsApp. Meses antes de la aparición de la COVID-19 se planteaba cerrar la tienda. Ahora es vital para algunas familias del barrio.

Es sábado 4 de abril, y se nota. Música y gente al sol. Distancia de seguridad. Despedimos a Aute en el aplauso. Vemos E.T. Es infalible.

Algunos días empiezan en febrero y acaban a finales de mayo. Sé que todos estáis haciendo croquetas, rosquilletas y panes por mar, tierra y aire. He encontrado levadura fresca, de horno, en Castelló; en la avenida l'Alcora, número 55, en la panadería J. Mor (un santuario del pan de Cedrillas).

Soñando con el próximo viaje, la próxima fiesta o la vacuna definitiva. En casa tenemos un dinosaurio nuevo: Coronosaurio.

¿Qué series estáis viendo en el confinamiento? ¿Habéis podido ver alguna?

El 10 de abril es uno de esos días grises, días extraños. He empezado Tierra de mujeres de María Sánchez; tiene una pinta espectacular (gracias por el libro, Paula).

Después de los aplausos, la calle se queda vacía y un vecino pone música variada. De repente aparece la Policía Nacional, buscan algo por la calle y finalmente entran en la escalera de al lado. La música remember de los 90's retumba en la calle solitaria y me recorre un frío por la espalda.

No lo parece, pero no hay dos días iguales:

  • "Mamá, ¿mañana iremos al cole?"
  • "No hijo, mañana viene la cuba"

Hay días que ya no sabemos qué hacer. Es 14 de abril y hemos probado con el canal de Youtube del CEIP Cervantes de Betxí de Educación Física de Pedro y Pol. Muy divertido.

He pasado (lunes 20) por la escuela de Martí y en la entrada de Infantil ahora vive un hombre. No quiere salir en la foto, pero quiere que diga que faltan plazas en el albergue y que está cansado.

El 22 de abril ha llegado a casa (Atrapa) La Cucaracha. Parece que es un juego que está muy de moda y que mola mucho, pero la cucaracha-robot, cuando empieza a mover las patas, me da dentera. Martí lleva bastante bien el confinamiento, pero lo llevo enganchado todo el día y, a la vez, está un poco rebelde.

El confinamiento desde el objetivo de Carme Ripollès

Sábado 23. Y preparándonos para el domingo.

Los últimos libros que entraron en casa antes de la cuarentena: Debajo del agua. Debajo de la tierra (Ediciones Maeva), de Aleksandra Mizielinka y Daniel Mizielinski; Tierra de mujeres (Seix Barral) de María Sánchez; Sobre la terra impura (Proa) de Melcior Comes; El infinito en un junco (Siruela Ediciones) de Irene Vallejo; Alma tierra (Ediciones Anómalas) de Navia; y ¡Mirar! Guía para acercarse a la fotografía (Gustavo Gil) de Joel Meyerowitz.

Hoy, 25 de abril, no hay vecinos. El protagonismo es para el personal sanitario del Hospital de La Plana de Vila-real y para el videomaping de Lluerna Creació que han proyectado en los muros del centro. Hacía más de 40 días que no veía a mi hermana en persona. Un par de temporadas de nuestra vida hemos estado más tiempo sin vernos, porque vivíamos en América: primero yo en León (Nicaragua) y después ella en Buenos Aires. El encuentro ha sido en el parking del hospital y ha tenido un aire de clandestinidad lacerante. Hemos traficado con mascarillas hechas por la tía Tere, naranjas de Paco, longaniza seca de la Menena y Súper Zings. Supervivencia pura.

Martes 28 de abril. He borrado las aplicaciones de festivales y la del comedor de la escuela de Martí: aceptar lo que nos viene los próximos meses.

 

Los vecinos del primer piso creo que tienen mejor relación que al principio del estado de alarma. Casi todos fuman y parecía que salían al balcón en turnos. Ocho personas, de países tan lejanos como Georgia y Venezuela; 90 metros cuadrados y dos balcones de 1x2m. Fácil seguro que no ha sido.

El personal sanitario del Hospital Provincial de Castellón a la hora del aplauso sale a la explanada y saluda al vecindario. Una de ellas comenta: "Mira que hace días que se aplaude, y cada vez me emociono". Ya es 30 de abril.

A mediodía, los balcones parecen Benidorm. Bta Safont Roca nos trae unas macetas e instrucciones para plantar tomates de colgar. Después, la última proyección de Lluerna Creació en el Hospital Provincial.

Domingo, 3 de mayo. Este diario fotográfico empieza a acabarse. No quiero aburrir y creo que algún día ya me he repetido. Aunque me lo paso muy bien buscando y encontrando imágenes todos los días, intentando explicar la pandemia desde esta ventana. Hoy he salido durante la franja de la tarde-noche y he ido a ver a María. Estar en el calle con los amigos por la noche es de las cosas que más echo de menos estas semanas.

Últimos días de balcones.

Y últimos días de aplausos. Domingo, 17 de mayo. Se acaba la Fase 0.

Empecé este diario (o algo parecido) un par de días antes del confinamiento. Llevábamos algunos días con sensaciones muy extrañas, y en la calle ya se palpaba esa calma tensa. Y ahí fue surgiendo: de la limitación de estar en casa y de empezar a ver imágenes no vistas hasta el momento por la pandemia y por el confinamiento. Pero también empecé a ver luces; vecinos que siempre habían estado ahí y sobre los que nunca había puesto el foco. Mucha gente se sintió identificada con las imágenes que publicaba cada día en Instagram, y eso me hizo seguir con el proyecto. Esta rutina fotográfica ha sido un ejercicio que me ha permitido mantenerme activa y centrada mentalmente: soy fotógrafa autónoma, y la verdad es que he recibido pocos encargos estas semanas. Profesionalmente ha sido muy frustrante. De todos modos, he intentado ir haciendo temas que me parecían interesantes: fábricas textiles que han transformado su producción, los makers y sus impresoras 3D, el voluntariado, la vida en confinamiento y, sobre todo, el personal sanitario. Las primeras semanas imponía mucho salir a la calle, por la soledad, el silencio y el virus. Algunas noches salía a tirar la basura y daba una vuelta a la manzana y, de repente, el reflejo de una sirena te aceleraba el corazón. Los primeros días era como estar en El cuento de la criada, mentalmente, claro. Por suerte la información ha sido considerada en todo momento servicio esencial y poco a poco he salido más tranquila y segura a la calle.

Decidí acabar la periodicidad diaria cuando los niños pudieron salir a la calle. Ese día salí a la calle, no con mi hijo, sino con mi cámara. Fotografié lo que vi, pero no lo publiqué. Se montó una polémica que me puso de mal humor porque no soporto el: "Todo mal"... A la vez, había más gente en la calle que en los balcones, así que vi que era el momento de bajar la intensidad en la publicación diaria. 55 días seguidos publicando 10 imágenes al día ha sido un trabajo en sí mismo.

Carme Ripollès, por Carme Ripollès.

*Puedes ver la primera parte del diario fotográfico del confinamiento por la COVID-19 de Carme Ripollès en este enlace. También echarle un ojo a todas las fotografías en este álbum y encontrar a Carme Ripollès en su perfil en Instagram.

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