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David Rodigan, Ben Harper, The Skatalites, Orishas y Koffee soplan las 25 velas reggae del Rototom

Del reggae más clásico de Julian Marley al acelerón de la música latina y rap de Orishas. Así despertaba y se despedía el escenario principal del Rototom Sunsplash (16-22 agosto) en una edición marcada por los conciertos inéditos de David Rodigan, Ben Harper, Alborosie & The Wailers, clásicos como Jimmy Cliff, la nueva representación a través de Protoje y Kabaka Pyramid y más sorpresas, como Koffee, Bitty McLean o Fat Freddy's Drop. Siete días de reggae (y mucho más) en un Rototom que cumple 25 años con un estado de salud inmejorable.
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David Rodigan junto a Birry McLean en el Main Stage. Foto: Tato Richieri (© Rototom Sunsplash 2018).

Suena “Redemption song”, y es inevitable que se erice la piel. Es The Outlook Orchestra con un Main Stage encargado de corear a pleno pulmón la instrumentación. El escenario principal del Rototom Sunsplash vibra a ritmo de reggae, de la misma forma que lo ha estado haciendo durante siete días (16-22 agosto, Benicàssim). The Outlook Orchestra está formada por 25 músicos, encargados de seguir las directrices de una de las figuras más representativas de la radio en Reino Unido, el selector (y también habitual en el festival) David Rodigan. Uno de los directos más destacables, además de uno de los shows exclusivos que han pasado por el Rototom en su 25º aniversario. David Rodigan y The Outlook Orchestra hacen un repaso a la historia y a los hits favoritos del inglés. Caprichos musicales en forma de ska, rocksteady, reggae y dancehall a los que da forma a través de algunas de las voces más potentes y singulares que han pasado por el festival esta edición, como la de Bitty McLean y Hollie Cook, también Tippa Irie y Kiko Bun.

Uno de los muchos fogonazos que nos ha dejado el Rototom en esta 25º edición, la número 8 desde que el festival llegó a Benicàssim desde un pueblo al norte de Italia (Gaio di Spilimbergo). También la edición de demostrar que el Rototom Sunsplash es un motor que funciona a través de esa enorme estructura que le da forma protagonizada, principalmente, por su público a través del lema Walking Together. Con una asistencia, según la organización del festival, de 208.000 personas de 66 países, entre los más destacados España, Francia, Reino Unido, Italia y Alemania y también otros como Japón, Nueva Zelanda y Cuba, que prácticamente han hecho pleno de asistencia desde las primeras horas. Esta edición también se ha caracterizado por vivirse a través de dos canales, tanto en el propio festival como a en el mundo digital, en redes sociales y los streaming que ha ofrecido durante los siete días y que ha generado un gran seguimiento (según la organización, el streaming lo han visto 10,1 millones de personas de todo el mundo).

Rototom Sunsplash, 25 años de alma reggae. Foto: Luca Valenta (© Rototom Sunsplash 2018).

El Rototom Sunsplash nos deja una edición con directos tan brillantes como los shows inéditos de David Rodigan, el tributo a Peter Tosh o la presencia de algunos de los miembros de The Wailers con Alborosie. También Derrick Morgan junto a The Skatalites, unos hechizantes Romain Virgo, Bitty McLean y Hollie Cook, la coctelera sonora de Fat Freddy’s Drop Orishas, la fuerza de Protoje, el clásico Jimmy Cliff o la revolución dancehall encabezada por Koffee. También la escena nacional, capitaneada por Morodo y Green Valley, aunque tal vez un poco repetitiva.

Siete días sin descanso de música y actividades en un Rototom que presenta un nuevo mapa, con nueva ubicación y estructura para la Dub Academy, la Reggae University y las carpas Caribbean Uptempo y Jumping. African Village sigue siendo uno de los puntos más calientes y concurridos del festival. Por su parte, Rototom sigue fiel a su propósito de crear un festival de carácter global en el que se respira -entre otras cosas- paz, amor y respeto. Un lugar en el que conocer e incluso empezar a dar forma a nuevos relatos.

Conciertos inéditos para soplar las 25 velas del Rototom

El Rototom sigue afinando su cartel, dispuesto a demostrar la amplitud de la música jamaicana y su influencia en otros géneros. Un cartel que se muestra abierto y en el que es posible pasar de clásicos de la talla de Jimmy Cliff a los ritmos cubanos y hip hop de Orishas. Pero el festival tenía guardadas varias sorpresas en su 25º aniversario a través de conciertos inéditos, como es el caso de David Rodigan.

La primera jornada nos preparaba para uno de sus cabezas de cartel, el cantante y guitarrista estadounidense Ben Harper junto a The Innocent Criminals, otro de los conciertos exclusivos para este 25 aniversario que marcó la diferencia de las primeras jornadas del festival. Sin abandonar su clásico estilo a caballo entre el folk, soul y blues fueron capaces de sintonizar a sus instrumentos el sonido reggae que se requería para la ocasión, dejando brillar un espectáculo intensamente marcado por unos temas casi infinitos. Imposible no resaltar la genial interpretación de una de las canciones que no frecuentan apenas en directo, “Keep It Together (So I Can Fall Apart)”, con la que se explayaron por cerca de quince minutos en una dinámica de improvisaciones interminables con las que parecieron congelar el tiempo. No pudo faltar tampoco otro de los clásicos, esta vez perteneciente a su carrera en solitario y precisamente con la que cerró su actuación, “With My Own Two Hands”.

Ben Harper. Foto: Andrea Giménez.

Y de los ritmos sincopados de África pasamos a otro de los shows exclusivos del festival a manos de Sly & Robbie ft Yellowman, Johnny Osbourne y Bitty McLean, reunidos para conjugar un Taxi Connection que difícilmente pudo dejar indiferente a nadie. En uno de los shows más dinámicos y enérgicos hasta el momento. El público disfrutó de figuras tan relevantes de la música jamaicana como la de un siempre singular Yellowman, uno de los grandes aclamados del show, y Johnny Osbourne. Sin palabras nos dejó la voz de Bitty McLean. Una combinación de dancehall rocksteady sin pausa.

Alborosie también encontró la mejor de las formas de celebrar el 25º aniversario del festival, con Shengen Band y, haciéndoles el relevo en mitad del show, Junior Marvin, Aston Barret Junior y Tyrone Downie de The Wailers. Alborosie es uno de los artistas reggae italianos que mejor representa el género, pero su figura está fuertemente ligada a la historia del Rototom. En el directo, destacable el papel no solo de The Wailers, sino de una sobresaliente Shengen Band alargando la fuerza de la vibración del reggae de Alborosie. Con sus ya icónicas largas rastas, por el escenario también vimos a Duane Stephenson para acompañar su reciente Unbreakable y Kabaka Pyramid. Incluso vimos a Alborosie pinchando dub (un día después, sería el protagonista de la Dub Academy junto a King Jammy). Suena “Kingston town”, y el Rototom estalla.

Alborosie. Foto: Andrea Giménez.

La estela del legado de The Wailers se alargó también a través del homenaje a uno de los iconos más destacables de la historia de la música reggae. Un viaje a través del tiempo con el Tributo a Peter Tosh, un espectáculo que, sin duda, estuvo a la altura del que sería uno de los mejores conciertos de la noche junto al show de David Rodigan. Su hijo Andrew, al que no le faltó ni el monociclo, acompañado de unos instrumentistas especialmente ligados también a este icono de la militancia y la lucha contra las injusticias, propulsaron mensajes de amor a ritmo de aquellos clásicos de los años setenta imprescindibles, como “Equal rights”, ya para la mejor recopilación discográfica de la historia del género reggae.

Los brillos del Main Stage

El escenario principal como testigo de más directos sobresalientes. Este es el caso del trío cubano Orishas, con la responsabilidad de ponerle el broche final a la edición. Y así lo hicieron. Su propuesta no parte de forma tan directa de la música jamaicana como sí lo habían hecho días anteriores sus compañeros de cartel, moviéndose entre ritmos latinos y rap con claros coqueteos con la electrónica, el dubstep e incluso el rock. Orishas puso la guinda, quemó el Rototom (“Nací Orishas”). Con guiños al festival, a África e incluso con particulares riffs (demostraron que un trombón puede sonar como una guitarra) o de “Seven Nation Army” de The White Stripes.

Y si Orishas cerraba el escenario principal, siete días antes el encargado de ponerlo a punto era Julian Marley, hijo de Bob Marley, a ritmo de la fuerza roots reggae. Es habitual que el festival siempre cuente con algún miembro de la saga Marley en sus ediciones, algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que se trata de la figura reggae más reconocida a nivel internacional. Pero hay más, y no solo la plaza Bob Marley que se encuentra dentro del recinto, sino que fue, como el director del festival nos confesó, un concierto de Marley lo que encendió las primeras brasas de lo que hoy en día son 25 años de historia del Rototom. Sin poder negar la influencia de su padre en su estilo reggae, y a quien recuperó a través de temas como “Exodus” y “One love”, Julian adelantó temas como “Broken sails”, del que será su próximo trabajo.

Pero si hablamos de sonidos clásicos y directos redondos, el de The Skatalites merece mención especial. Sobre todo si se tiene la oportunidad de contar con algunos de los miembros originales, como el espectacular trombonista Vin Gordon y la cantante Doren Shaffer. También un invitado con mayúsculas, Derrick Morrgan, quien parecía no querer bajarse del escenario y recibió la aclamación y respeto absoluto del público. The Skatalites también visitó la cárcel de Albocàsser al día siguiente con la formación actual, dentro del habitual programa musical y social del festival, del que apenas se habla y que tiene un valor fundamental. Además del sonido ska y rocksteady más clásico de The Skatalites, también tuvieron la visita de la compañía de circo Fekat Circus y la banda valenciana Mediterranean Roots (también presentes en el festival, en este caso, en su escenario secundario).

Entre otra de las agrupaciones que se lleva la medalla por su casi infinita trayectoria artística, The Mighty Diamonds. El trío jamaicano hizo sonar con maestría, aunque sin la presencia de uno de sus componentes Bunny que finalmente no pudo viajar a España, ese estilo especial basado en el género soul pero tan bien llevado a la música rastafari. Un soplo de distinción y originalidad. Mientras, con un carácter más espiritual, Tiken Jah Fakoly, ataviado con su bastón y túnica rastafari, nos invitaba a un viaje hacia las raíces cargado de significados.

Tiken Jah Fakoly. Foto: Carlo Crippa (© Rototom Sunsplash 2018).

Y si el cartel del Rototom juega con las posibilidades de la música jamaicana, lo de Fat Freddy’s Drop es un auténtico puzzle de sonoridades con un resultado sorprendente. Pese al retraso, conectaron al instante con el público. No es de extrañar, limpia combinación entre el ska, reggae y dub, pero también aires jazz y funk. Otro de los conciertos más señalados de esta edición hizo su parte con el esperado directo de Beres Hammond acompañado de su banda Harmony House. Veteranía sobre el escenario y una brutal acogida por parte de su público más fiel caracterizaron un show marcado en gran medida por los temas más aplaudidos de su extensa trayectoria del nivel de “Temped to touch” o “Can you play some more”.

Jimmy Cliff en el Rototom es una de esas cosas que ya hemos visto antes, pero que, aún así, siguen teniendo un brillo especial. Es único, como un disparo de color, y no solo porque se trate de uno de los referentes de la música jamaicana, sino porque cuando arrancas un concierto con una versión acústica con tambor de “Rivers of Babylon”, a partir de ese momento todo puede ir bien. Más que sobresaliente.

Más nombres que ya son prácticamente sinónimo de Rototom, como en el caso de los gemelos Garzia o, lo que es lo mismo, Mellow Mood. Desde que ganaron el Reggae Contest de 2009 en Italia, su nombre va ligado a la historia del Rototom. Están en casa, y se nota. Quien haya podido ver a Mellow Mood en ediciones anteriores podrá corroborar de qué manera el dúo sigue cerrando el carácter de su estilo. Les hemos visto crecer, ahora son más contundentes y su directo suma puntos. Suena “Don’t leave I lonely” (de Twinz, editado en 2014), y sigue siendo igual de efectivo.

La escena reggae nacional también estuvo representada en el Main Stage por dos propuestas de sobra conocidas en el festival como son Green Valley y Morodo. Por su parte, la banda capitaneada por Ander Valverde se implicó al 100% con el público. Roots reggae para hablar sobre realidades, para crear conciencia. También para crear un manto sonoro, como es habitual en todos sus directos, con “Si no te tengo”, adelantar un tema a favor de los refugiados y estar también muy bien acompañado sobre el escenario por compañeras de escena, como el caso de Iseo; quien además había actuado en la Dub Academy por sorpresa en la jornada anterior. Y trasladándonos por un momento a la Dub Academy, de especial mención el set de siete horas ininterrumpidas de Jah Shaka el tercer día de festival.

Morodo mostraba la otra cara de la música jamaicana subiendo los ritmos a través de una combinación raggamuffin, rap y dancehall, haciendo un repaso a algunos de los temas más conocidos de su carrera (“Fumo marihuana”, “Rap ‘n’ party”, “Felicidad” o “Binghi no cry”). Por el Lion Stage también se dejó caer Auxili, con nuevo trabajo, como relevo de Ben Harper y con el juego de ritmos como cebo para enganchar al público.

Las nuevas corrientes de la música jamaicana

Pero el Main Stage no solo se alimenta de propuestas reggae clásicas y de nombres referentes del género. La música jamaicana valiéndose de su origen como raíz para despertar en nuevas sonoridades. Conocido como new roots o la corriente revival, el reggae puede presumir de estar en una evolución constante. Por el Rototom pasaron algunos de los artistas que mejor representan esto. Como la combinación explosiva entre reggae y hip hop a través de Kabaka Pyramid. El que ya está considerado internacionalmente como uno de las nuevas referencias para este mix de géneros por sus mensajes de espiritualidad y la toma de conciencia de temas como la corrupción política fue seguido con una expectación total, la misma que arrastra cada vez que pisa Benicàssim; y es que además llegaba con nuevo trabajo. No se quedó atrás tampoco la banda que le acompañaba, The Bebble Rockers.

Kabaka Pyramid. Foto: Andrea Giménez.

Por su parte, Protoje tampoco defraudó. Hits “Who knows” o “Kingston be wise” se sumaban a la presentación de su nuevo trabajo. El artista jamaiquino tiene una furia muy característica, como un torbellino, y apunta hacia una línea de un reggae más moderno que sigue manteniendo las constantes vitales del origen. Línea similar, pero acercándose al dancehall, Konshens se encargó de subir el pulsómetro del Main Stage.

Lo de Romain Virgo tiene mención especial. Su característica es que representa el subgénero conocido como lovers rock, y lo hace a través de una increíble voz capaz de embelesar por completo. Convirtiéndose recientemente en uno de los cantantes más destacados de la nueva generación de reggae, defendió un show imparable y enérgico sobre el escenario.

Romain Virgo. Foto: Patrick Albertini (© Rototom Sunsplash 2018).

La fuerza del dancehall (y, sobre todo, de ellas)

El 25º Rototom también ha servido para detectar el auge de la corriente dancehall que arrastra a un buen número de público, puede que sea impulsada por la tendencia actual hacia sonidos más urbanos. Y no solo a través de nombres como Konshens, han sido varias las referencias dancehall que se han metido en el bolsillo al festival; y muchas de ellas con nombre de mujer.

Empezamos por la sorpresa de la primera jornada con Koffee como invitada durante el concierto de Cocoa Tea. Se llevó todas las miradas, y no es de extrañar. Cautivaba hablando horas antes en la Reggae University, y demostró sus palabras en el Main Stage, y con solo 18 años demostró tener una habilidad innata. También representación nacional durante el directo de Cocoa Tea con “Fire”, interpretado por la artista dancehall española Inés Pardo. Otro torbellino, esta vez en el escenario Dancehall con Spice. Sin palabras. Es furia, es fuerza, es… Quedarse perpleja al ver a sus bailarinas lanzarse desde la estructura del escenario para acabar dando volteretas y abiertas de piernas mientras Spice descarga sus rimas.

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No recibió tan buena acogida la artista nacional Bad Gyal. Reniega de hacer trap, pero lo cierto es que las estructuras de su estilo sí que responden a lo que es considerado como trap español (tal vez un poco alejado del significado original del género), aunque es cierto que, con el tiempo, ha sabido llevarlo hacia sonoridades más propias del dancehall. Pese a contar con tan solo un set de 30 minutos, su paso por el escenario del Rototom derivó en un debate sobre aquellos que disfrutaron de su concierto (que no fueron pocos) a aquellos que hacían arder las redes sociales del festival en contra. Pero es que Bad Gyal no empezó con buen pie, y es que un día antes había estado en la Dancehall haciendo algo similar a pinchar. Tal vez lo de Bad Gyal únicamente sea la derivación y encuentro de varios géneros que, pese a estar pegando con fuerza en la música urbana, aún le queda acabar de conquistar al público reggae para entender el porqué de artistas de su características en el festival; aunque, por otra parte, es irremediable pensar que tal vez no era el momento de pisar ese Main Stage.

En cuanto a la representación femenina, más nombres que dejan un increíble sabor esta edición. Este es el caso de la sonrisa permanente de Hollie Cook. Moviéndonos entre géneros más suaves y evocadores en el Lion Stage, acompañada por su banda, siempre en segundo plano, la británica era todo luz sobre las tablas. Estableciéndose como una de las más delicadas voces que sonaron en esta edición del festival, entre vestidos hawaianos y una flor enredada en su pelo, su tropical pop hipnotizó a quien se dejó caer por allí.

Hollie Cook. Foto: Guillem Chesa (© Rototom Sunsplash 2018).

Otra artista que también se comió el Lion Stage fue Mo’Kalamity con su combinación reggae y soul. Al igual que Hollie Cook, no es la primera vez que pisa el festival, pero son de esos directos que nadie debería perderse. Valiente y con una increíble voz, nos hablaba de conciencia, de referentes, de África y de mujeres. El empoderamiento de la mujer vino también a través de agrupaciones como Ladama, un cuarteto con un sonido fresco generado a partir de las raíces pertenecientes de un cruce de nacionalidades entre cada una de las participantes de la banda que engrosa su directo intercalando mensajes feministas. En cuanto al Lion Stage, también destacar al francés Biga Ranx y su singular propuesta entre el dub, ragga y hip hop.

25 años de un festival que es mucho más que música

Si hay una seña que verdaderamente define el Rototom y le distingue entre el resto de festivales es que es mucho más que un festival de música; y quien aterrice en el festival puede dar fe de ello. Y no solo por su propio estructura o el carácter de su público, que también, sino porque paralelamente al cartel musical, se desarrollan distintas programaciones extramusicales en sus todas sus áreas.

Tras la edición de 2017 dedicada a África, el continente está cada vez más presente en el festival. Quienes pisábamos el Rototom en sus primeros años de vida en Benicàssim hemos podido ver de qué manera su área dedicada a la cultura del continente africano, African Village, ha ganado no solo presencia dentro del mapa del festival, sino también relevancia. Es una de las áreas con más color del Rototom, llena de significados y con un propósito perenne, contar el verdadero relato de África y los y las africanas. Las exhibiciones de percusión, las masterclass de danza africana y su African Stage (sobre todo, con su concurrida discoteca africana) son los puntos más conocidos de este espacio. Pero ha habido mucho más. Bajo su lona hemos conocido la perspectiva del feminismo y sororidad de las mujeres negras a través de Jane Oma (Upside Africa), Angela Nzambi (CEAR-PV) y Makady (bailarina), conocido referentes a través de Rita Bosaho (Diputada del Congreso), Thimbo Samb (actor y youtuber) y César Brandon (escritor y poeta), alucinado con el espectáculo de Fekat Circus, compañía que utiliza el circo como herramienta de transformación social, o un colorido y divertido desfile de moda africana como excusa para hablar de proyectos tan importantes como las firmas textiles Diambaar, Bissap y Top Manta.

Charla sobre la perspectiva del feminismo en las mujeres negras en African Village. Foto: Guillem Chesa (© Rototom Sunsplash 2018).

Precisamente, Lamine Sarr, de Top Manta, ha sido una de las personas que el Rototom ha permitido que conozcamos a través de su Foro Social, espacio dedicado al debate. Lamine Sarr y Marie Faye para hablar sobre dignidad mantera. También cuestiones relacionadas con el medio ambiente, como el uso de los plásticos junto a Daniel Rolleri (director de Asociación Ambiente Europeo), Miquel Cañada (Preciòs Plàstic) y el periodista Jalis de la Serna; o ver cómo la carpa del Foro Social se desbordaba para dar cobijo a Leticia Cabo (Proactiva Open Arms) y Manuel Blanco (Proem-Aid) como altavoz de los refugiados. Otro espacio para el conocimiento y el intercambio, la Reggae University, por la que han pasado figuras del género como David Rodigan o proyectos tan importantes como el Rastafari Ancients Farming Project, una granja como herramienta de supervivencia para los ancianos de la Comunidad Rastafari en Jamaica contada en primera persona por Ras Flako y Ras Ibi.

También hemos visto cómo el arte cobra vida a través de la Social Art Gallery, escuchado un concierto acústico de Emeterians hecho a la medida de niños y niñas en MagicoMundo (importante destacar el carácter familiar del festival, al que han asistido, según la organización, 16.000 menores de 13 años), viajado a América Latina, Grecia, Etiopía, Argentina o Japón, entre otros, a través del paladar, sucumbido en su mercadillo convertido en laberinto, seguido a las batucadas hasta el Main Stage desde Rototom Circus, conectado con el otro yo en Pachamama o creado nuestro propio jabón en el Mercado ArteSano. Si incluso el Rototom ha invadido la playa a través de su chiringuito en el Gurugú (Grao Castellón), el Solé Rototom Beach; el mismo que el 25 de agosto servirá como colofón al 25 aniversario del festival y el décimo de Nomepierdoniuna con una fiesta conjunta bajo la luna llena y sobre la arena.

Por muchos años más, Rototom Sunsplash.
Bless!

_foto de portada Ben Harper por Luca d’Agostino (© Rototom Sunsplash 2018).

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