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Tournée des Refuges. Música de altura

Llegar a un refugio a 2.100 metros al pie de un glaciar en medio de los Pirineos tras un largo pateo y encontrarse a cuatro músicos haciendo magia mezclando folk y jazz. Una experiencia única que brinda el colectivo Tournée des Refuges a los montañeros sin más ticket de entrada que cruzarse en su camino con los instrumentos a cuestas.
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Los músicos de Tournée des Refuges, en la terraza del refugio francés de Oulettes de Gaube, al pie del macizo del Vignemale. Foto: Tournée des Refuges.

Quien los ha pateado, mucho o poco, lo sabe. Adentrarse en los Pirineos es una experiencia muy especial. Por momentos, sobrecogedora y subyugante. Es algo físico, de salubridad en venas y pulmones; de pálpito, visual y auditivo, porque la paz se puede ver y escuchar. Pero también es algo mental: perderse en la majestuosidad de sus picos y valles, como el insignificante ser que en realidad eres, te ayuda a relativizar los problemas cotidianos que te atrapan, a reencontrarte contigo mismo y, sobre todo, a priorizar, a identificar con claridad lo verdaderamente importante (al menos hasta que vuelves a meterte en el barro). Una lucidez que la química explica por la generación de hormonas como la serotonina y la endorfina y que la psicología la atribuye a diferentes conexiones neuronales, pero que también tiene algo de místico, irracional.

Si a eso se le une la sugestión de emprender una ruta de varios días acompañado de amigos de toda la vida a los que ves poco, la cosa puede adquirir tintes épicos. Aunque a veces te quedes sin resuello y caigas en la cuenta de que estás más quemado que la pipa de un indio. Aunque el pellizco de la competitividad asome en algún collado levantando la vista y fijando crampones para ver quién te supera y quién llevas atrás. Es absurdo, los Pirineos siempre se imponen; qué más dará.

En ese plan, con las defensas bajas después de 18 kilómetros por el valle del río Ara salvando el macizo de Vignemale hasta el refugio francés de Oulettes de Gaube, al pie de un imponente glaciar, nos encontramos con una sorpresa que pintaba muy bien para rematar la cena y que terminó siendo casi una epifanía: la actuación de Tournée de Refuges. Un colectivo de 18 músicos europeos que cargan sus instrumentos a cuestas por las cordilleras para hacer una gira itinerante en refugios de alta montaña. La de este verano, la sexta edición, de nada menos que 58 refugios en 58 jornadas de marcha por los Pirineos, Ecrins y Dolomitas.

Tournée des Refuges, en una de sus actuaciones a finales del pasado mes de junio en el refugio francés de Oulettes de Gaube. Foto: Tournée des Refuges.

Subir durante largas jornadas montañas de entre 2.000 y 3.000 metros de altura, en algunos tramos tupidas de nieve y con -por ejemplo- un contrabajo en la espalda, para terminar el día ofreciendo un concierto con la exigencia de hacerlo ante un público reducido, atento y cercano. Una gesta en sí mismo, entre musical y alpina, pero que además ofrece una propuesta musical bien jugosa. Ellos mismos, en el mini-documental que cierra el post, asumen que es un “proyecto loco”, casi “insano”, pero que logra resultados “increíbles” por lo que tiene de “experimentación en condiciones extremas”, a nivel físico y mental. Y sí, todo podría sonar perfectamente apetecible sobre el papel, pero después tener un resultado artístico regulero.

Escuchar a Nésar Ouaryachi cantando y tocando el contrabajo, a Gaspard Panfiloff la balalaica o a Florian Vella la guitarra en cualquier otra circunstancia sería muy sugerente. Músicos con una destreza técnica de mucha altura destilando una mezcla de jazz y folk de distinta raíces, fundamentalmente europeas, a un ritmo que puede ir de la balada al calor de una luz tenue hasta una frenética polka que resucita a los muertos, pasando por la chanson más ensoñadora; y siempre con las armonías vocales muy cuidadas. Disfrutar de ellos con el cuerpo fatigado y los oídos abiertos en un refugio de alta montaña, con su atmósfera entre espartana y acogedora, con su acústica extrañamente ideal, es algo que primero te descoloca por improbable y después te llega directamente al corazón. Sin filtros.

“Por si acaso, al pasar por un collado, al subir un glaciar, al andar por senderos, se encuentran con un sorprendente grupo de alpinistas trayendo mochilas con formas extrañas, canturreando en ruso, siciliano o brasileño, dense prisa y hagan media vuelta para seguir sus pasos. Al atardecer, se pararán en un cálido refugio y, bajo la luz de las velas, tocarán para ustedes su conmovedora música”.
(Tournée des Refuges)

Al terminar, pasan la gorra y venden sus discos (en Oulettes de Gaube como rosquillas). Si quieres escuchar su música y colaborar en el proyecto, puedes encontrar sus discos -el último, ¡grabado en directo con un equipo móvil en la gira de refugios de 2017!- y toda la información en su web. En 2019, según anuncian en la misma, tienen previsto seguir girando por el desierto del Néguev e Isla Reunión. Si tienes ocasión de cruzarte con ellos, escúchalos hacer música aunque estés hecho polvo. No los olvidarás.

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