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La Perra Blanco, desplazándose entre el público a hombros de Pepe Birra. Foto: Carme Ripollès.
Viernes 24 de enero de 2025. Mediodía. Los organizadores del Sant Antoni Pop son informados de que The Kaisers no pueden desplazarse en avión desde Escocia a causa del temporal Eowyn. También les resulta imposible desplazarse hasta otro aeropuerto de Gran Bretaña. El festival de Betxí acaba de perder un grupo, y el teóricamente estrella de este año, el del 18º aniversario. Ese mismo día, sobre las 18:00, las redes sociales del evento anuncian que será La Perra Blanco quien actué el sábado 25 en el primer festival del año en las comarcas de Castelló. En menos de seis horas, serio problema resuelto.
Unos años atrás encontrar esa solución hubiese sido inviable. Los managers y los músicos de otras provincias (y ya no digamos de otros países) ni hubiesen hecho caso a la petición de un tal Sant Antoni Festival ni tampoco hubiesen sido capaces de ubicar Betxí en el mapa. ¿Qué ha ocurrido en este tiempo? Pues que unos organizadores amateurs -les gusta definición- se han ido ganando confianzas a base de trabajo y seriedad. Se dedican en su día a día a la naranja, a pintar, a trabajar como funcionarios... pero cuando se trata de poner en marcha el Sant Antoni Pop demuestran una responsabilidad propia de profesionales. Vencen y convencen.
Son capaces de suplir a los alemanes The Satelliters dos semanas antes del festival por los californianos The Night Times y -más difícil todavía- convencer en un santiamén al trío de La Perra Blanco para que acepte viajar desde Bilbao -donde actuó la noche anterior- y suelte en Betxí una electrizante dosis de rockabilly, a pesar de que era evidente que la gaditana no estaba en buen estado de salud. Hoy en día, Betxí es esa pequeña Detroit que los amantes del garage rock tienen como uno de sus referentes (músicos y managers incluidos). Sant Antoni Pop ya es mayor de edad, pero no porque haya alcanzado su 18ª edición, sino por sus méritos organizativos.

El ambiente es uno de los puntos fuertes de Sant Antoni Pop. Foto: Carme Ripollès.
El Sant Antoni Pop 2025 ha tenido un problema... el Sant Antoni Pop 2024. Esa edición anterior va a ser difícil de superar, y todo el mundo lo tiene claro. Pero tal comparativa no ha lugar. Cada año es distinto y, sí, éste no ha sido tan excitante, pero lo ha saldado con buena nota, como siempre lo hace, porque una de las virtudes es que el Sant Antoni Pop es ya protagonista por sí mismo. Ese buen ambiente desde primera hora, esa facilidad para trabar nuevas amistades, esos reencuentros anuales, gente desplazada desde Madrid, por ejemplo, "porque es el Sant Antoni Pop y hace años que venimos sí o sí", la paella, la cena... la música, claro. Es, sin duda uno de los festivales con mayor coherencia de los que se instalan en territorio CS. Un todo muy difícil de batir.
A base de prueba-error han aprendido sus organizadores de un modo autodidacta. Que el Monkey se queda pequeño por la mañana, se traslada todo al complejo Brisamar. Que al mediodía hay un parón para comer, se organiza la Paella Pop, con música incluida. Que por la noche hay gente que se queda en la calle mientras se celebra la cena oficial, pues se abre la sala con la música de los djs. Que se acaban los conciertos y la noche aún es joven, pues más música, con los dj. Los pinchadiscos han ido adquiriendo mayor importancia conforme han transcurrido las ediciones. A los clásicos Mysterian y Capitán Surfrocker, se han unido Toni Valer-Oh! y Cinnamon dj, más las sesiones especiales de la alemana DJane Suzy Creamcheese (organizadora el Berlin Beat Invasion) y el zaragozano Edu Lobo. Ah, y hasta se cumplen los horarios, aunque para curarse en salud ya avisan de que "no antes de las..." para cada sesión.

A pie de escenario, la actividad es constante. Foto: Carme Ripollès.
Una matinal que sorprende muy positivamente
Podría ser que la mejor de las tres sesiones del día -en global- fuese la matinal. Toda una sorpresa la del joven cuarteto The Tambles, procedente de Gouda (Países Bajos). Con sus largas melenas derrocharon energía, pero también efectivos estribillos. A buen seguro que mientras existan jóvenes así, el futuro del garage rock está garantizado. Mezclaron la melodía del power pop con el r&B más básico, se dieron algunas vueltas por el pub rock, supieron jugar con sus voces en temas como "Tell me goodbye", el arranque de su reciente tercer disco, In the hive, o esa vacilona armónica de "Boots", y al final se llevaron dos largas ovaciones -la del bis incluida- que probablemente ni ellos esperaban (ni el propio público tampoco).

The Tambles, toda una sorpresa para comenzar la 18ª edición. Foto: Carme Ripollès.
La imagen sixties de Alexandra Rose había llamado la atención desde primera hora de la mañana en Betxí. La vocalista (también guitarra) de The Crystal Teardrop, la banda menos conocida de la actual edición. Y es que el quinteto británico se formó en 2023 y apenas cuenta con cuatro singles, incluido "Après Jeudi", cantando en francés. Cabía suponer que era una especie de grupo sixties con chica al frente. Y sí, lo es, pero en una combinación de melodías pop, el ye-yé y la psicodelia, dándose un largo viaje alucinógeno "By the river" que sorprendió a todos los presentes, llegando a levantar varias ovaciones durante sus casi diez minutos de desarrollo, con el Farfisa como conductor melódico entre guitarras y baterías. La segunda gran sorpresa de un día que no podía empezar mejor.

Y tras la primera sorpresa del día, la segunda: The Crystal Teardrop. Foto: Carme Ripollès.
Pero sin duda, el concierto más celebrado -en las primeras filas- fue el primero de la tarde, a cargo de The Meows. El quinteto barcelonés es como el Guadiana: aparece, se pierde y vuelve a surgir en ocasiones especiales. ¿Por qué resultó especial? Porque en las primeras filas estaban seguidores/amigos de No Tomorrow Records, el sello castellonense de Javi Ordóñez -presente en la sala, claro-, quien confió en ellos cuando eran jóvenes de comerse el mundo "y palmó pasta con nuestros discos", recordaron entre risas los integrantes de The Meows cuando repasaron una discografía con bombas vitamínicas como "In my bones". Saltos, coros, abrazos... emotividad.

La energía de The Neows, en el concierto más emotivo de la edición de 2025. Foto: Juan Vicent.
La Perra Blanco se subió al escenario con problemas de salud que afectaban a su garganta aumentados durante su viaje desde Bilbao (allí actuaron como quinteto). ¿Se notó? Un poco, sí, pero ahí estuvo con todas sus ganas el trío que completa junto al espectacular contrabajista de perenne sonrisa Gullermo González y el batería Jesús López. Fue el paréntesis rockabilly en el global garagero, pero no hubo quejas e incluso algunos de los presentes apuntaron que había aumentado su interés al saber de la incorporación de la guitarrista y cantante de La Línea de la Concepción. Técnica, vitalidad, electricidad... Todo eso aparece en el escenario cuando la menuda frontwoman se sube a él desde un lateral, rasgando ya las cuerdas mientras arranca "It's fun but it's wrong". Cuando estaba debajo del escenario se notaba que no estaba bien de salud (comentó que estaba usando corticoides). Cuando subía al escenario cambiaba su talante y cabalgaba entre el público a hombros. Se le rompió una cuerda. Sin problema. Allí estaban Guillermo y Jesús para rellenar este tiempo necesario.

La Perra Blanco, junto a su mano derecha, Guillermo González. Foto: Carme Ripollès.
Puestos a ser quisquillosos, tal vez la franja nocturna haya sido la menos loada de este año. Los californianos The Night Times .-sustitutos de The Satelliters- rompieron la totalidad europea de esta edición. Sin duda, el más elegante de los grupos (en cuanto a vestimenta). Fuzz, Farfisa y melodías pegadizas con un objetivo: "Never blue" (nunca estar triste), con un frontman, Chris, no siempre llevando la voz solista. La sorpresa la dio la aparición sobre el escenario de Juanito, vocalista de los valencianos Wau y Los Arrrghs!!!, un habitual del Sant Antoni Pop, comentando que ese día su madre cumplía 90 años. Cumplieron, y bien, pero acostumbrados al nivel de otros años tras la cena, quedó la sensación entre el público de que no era lo esperado... al menos para el sector menos garagero de los presentes; para los garageros igual fue el mejor de todos los conciertos de este año.
Cerraron los suecos The Maharajas, y ocurrió un poco más de lo mismo. Grupo veterano que sabe bien lo que se hace. Tal vez el más melódico de la presente edición, arropando con atmosféricas voces la letra principal. "I'm going out" podría ejemplificar el global de su propuesta. Hay alegría, pero también melancolía en su repertorio, la mayoría de su reciente disco, Ride the wylde mammoths, con vibrantes interpretaciones, como la de "You gonna need me when I'm gone", pero también con momentos cercanos a la balada clásica.. Un concierto que -tal vez- hubiese sido más disfrutado por la tarde que cerrando el festival, cuando las fuerzas ya andan menguadas por la intensa jornada y se hace necesario un plus de energía.
En enero de 2026, Pepe Birra volverá a bramar "Sí, sí, sí, el garage está en Betxí". Sant Antoni Pop es una cita necesaria, guste o no el garage rock.

Pepe Birra, maestro de ceremonias de Sant Antoni Pop. Foto: Carme Ripollès.














