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Paula Bonet: “He aprendido que es necesario ‘nocallarseniuna'”

Repasamos con la pintora y escritora vila-realense Paula Bonet su trayectoria en la última década, marcada por la búsqueda de respuestas, la visibilidad de referentes femeninos y la eliminación de tabúes*.
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Paula Bonet habla con Nomepierdoniuna en su 10º aniversario. Foto: Archivo Paula Bonet.

>Dar contigo ha sido complicado; con la publicación de Roedores. Cuerpo de embarazada sin embrión (Penguin Random House, 2018), fechas con Por el olvido, conferencias, entrevistas, apariciones en radio, televisión… ¡No paras! ¿Te queda aliento?, ¿cómo haces para seguir creando, produciendo?
La publicación de Roedores. Cuerpo de embarazada sin embrión ha desmantelado cualquier previsión de trabajo de taller. Es maravilloso y poco usual que una publicación editorial de las características de Roedores funcione a nivel de crítica y de aceptación por parte del público. Siento que tengo que hacer todo el trabajo que esté en mis manos para estar a la altura y que el altavoz que me dan los medios para hablar de un tema tan importante como son los tabúes que giran en torno a la mujer y a su cuerpo esté bien aprovechado.

Me queda aliento porque la gira de este libro no sólo me está poniendo en contacto real con un público que evidencia que es necesario hablar del asunto sino que me hace sentir que mi trabajo no sólo me beneficia y me ayuda a mí, sino que tiene una función que va más allá de lo íntimo, una función social. Además, también me lleva a otras autoras y creadoras, y con ellas y ellos, construyo nuevos proyectos y crezco; con la escritora Lara Moreno, por ejemplo, preparo una actuación en un teatro madrileño para principios de diciembre, con la poeta María Sánchez llego a conclusiones compartidas en medio de un debate en un festival literario, con la editora y escritora Patricia Escalona también he empezado a tejer un proyecto que siento necesario y de gran interés.

“Si los hombres menstruaran el IVA de los tampones y las compresas sería otro. El mundo está nombrado en masculino”.

Intento aprovechar las horas de tren y de avión para avanzar las lecturas, hacer entrevistas y abocetar mis proyectos, los hoteles para dibujar -llevo una gran maleta donde lo que menos hay es ropa-, y los breves días que paso en Barcelona me encierro en el taller para trabajar en los formatos que no son transportables, como en los grabados y pinturas para El año del pensamiento mágico de Joan Didion, por ejemplo.

>¿Has convertido tu obra en una terapia personal?
He convertido mi obra en el lugar donde encuentro respuestas. Uso la autobiografía para narrarme, pero sobre todo para narrarnos. Parto de la experiencia personal, pero intento que el yo se diluya y que se nombre a un nosotras.

>¿Y qué has podido aprender de ti misma?
He aprendido que las mujeres llevamos demasiado tiempo levantando construcciones en las tinieblas, pero que las tinieblas no son compartidas, y eso es injusto y doloroso. El sistema patriarcal que habitamos no nos considera sujeto del discurso. El amor romántico nos mutila. El capitalismo nos convierte en vasijas y alquila nuestros vientres. He entendido que, y cito a Clarice Lispector, “la vida no es la que pensaba sino otra”. He llegado a la edad adulta y aquella promesa de igualdad que se me hizo en el colegio no aparece por ningún lado.

>Una madriguera es un lugar en el que poder vivir o refugiarse. Tú has creado la tuya propia (Taller La Madriguera) junto a Aitor Saraiba y vuestra mágica conexión (con o sin Bolaño). ¿Es un hogar o un refugio?
Es hogar, es refugio, es campo de batalla. Es el lugar donde tanto Aitor como yo nos mostramos con todas nuestras virtudes y con todos nuestros defectos.

>Nomepierdoniuna celebra su décimo aniversario. ¿Qué es lo que ha cambiado de la Paula Bonet de 2008 a la de 2018, lo más significativo?
He aprendido que es necesario nocallarseniuna para poder crecer tanto a nivel emocional como a nivel intelectual, que lo que no se nombra no existe, que el mundo también ha de nombrarse en femenino y que las mujeres no estamos mudas.

>En Roedores explicas que es “una carta de amor para la hija que no pudo nacer”. Ha tenido que ser doloroso a la vez que curativo. ¿Puede que esa carta de amor sea para ti?
La creación de Roedores no ha sido dolorosa, lo doloroso ha sido vivir lo que narra. Tanto Roedores como Cuerpo de embarazada sin embrión se crearon mientras vivía. Como le sucede a cualquier creador, obra y vida van de la mano. Así que no puedo decir que hacer el libro haya sido curativo ni doloroso. Me interesa el arte como cura, y ese proceso ha empezado más tarde, después de la decisión de publicar el libro, mientras pinto sobre tela o papel o grabo algrafías intentando encontrar respuestas. Hay preguntas para las que todavía no tenemos las palabras, es mucho más fácil hacerlas con la abstracción, sobre un papel, una plancha o una tela.

 

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>¿Ha sido importante pasar por todo esto si sirve para visibilizar este tipo de cuestiones aunque suponga una sobreexposición de tu vida personal?
Quien se acerque a Roedores y lea el texto verá que hay muy poca pornografía emocional. La sed intenta nombrar un derrumbamiento fruto de una desilusión tremenda cuando una es consciente de cómo es en realidad el contexto que habita. Roedores quiere nombrar, poner un tabú sobre la mesa. No es un libro que busca consuelo ni mostrar la intimidad de una persona en concreto, busca hacer evidente la necesidad social que hay de derribar tabúes. Es un libro que sale del compromiso con las de mi género.

>La idealización de la maternidad, el aborto, menstruación, menopausia, vientres de alquiler… ¿Parece que por fin se está empezando a hablar de temas que parecían prohibidos y se mantenían silenciados?
No consigo entender cómo ninguno de estos temas puede idealizarse. Dios, ¿qué puede haber de ideal en alquilar el vientre de una mujer pobre para poder hacer real el sueño de tener un hijo? ¿¡Quién se cree la patraña de que una mujer puede gestar un hijo para terceros por puro altruismo!? Ser padre o madre no es un derecho, es un deseo. Y la mal llamada “gestación subrogada” es una atrocidad contra las mujeres. Es la materialización del machismo y el capitalismo.

>¿Y si los hombres tuviesen la regla?
Si los hombres menstruaran el IVA de los tampones y las compresas sería otro. El mundo está nombrado en masculino, y todo aquello que nos afecta a nosotras queda automáticamente en un segundo plano. Lo femenino es lo secundario. La literatura femenina es (¡error!) aquello que hacen las mujeres para las mujeres: cosas de mujeres que solo les interesan a ellas. Estamos muy equivocadas y equivocados, lo hemos contado mal: lo femenino es igual de universal que lo masculino. La mujer también sabe y quiere nombrarse, también es sujeto, y está cansada de muchas cosas. De la versión edulcorada del embarazo que se ve en las revistas y en los medios, por ejemplo, de que maternidad y feminidad se le haya vendido como si fuera la misma cosa, hay mujeres que no quieren ser madres, se ha probado que el instinto maternal no existe, se trata de una invención social, o de no poder decidir sobre su cuerpo. ¿Cómo puede verse como algo normal que un gobierno decida si una mujer puede o no puede abortar?

“Me interesa el arte como cura, y ese proceso ha empezado más tarde (…). Hay preguntas para las que todavía no tenemos las palabras, es mucho más fácil hacerlas con la abstracción, sobre un papel, una plancha o una tela”.

>Además, son temas que parece que deberían provocar vergüenza o culpa, ¿te has sentido así alguna vez?
Desde bien pequeñas se nos dice que maternidad es sinónimo de feminidad. Eres mujer, ¡y qué difícil es definir qué es ser mujer, por otro lado!, tienes útero, por lo tanto puedes gestar un ser humano así que tienes que darnos descendencia. Ese es tu objetivo, lo que sin duda te convertirá en la mujer completa, nos dicen. Cuando tenemos dos años paseamos con un carrito o mecemos en nuestros brazos a una muñeca de plástico; yo hasta llegué a amamantar a una. Cuando empezamos a hablar nos preguntan cuántos hijos querremos tener. La escritora chilena Lina Meruane está en lo correcto cuando afirma que la pregunta está mal planteada desde el principio. La pregunta debería ser: ¿Quieres ser madre? Pero como se nos ha contado otra historia y la tenemos grabada a fuego, la mayoría de nosotras nos adentramos en las maternidades. Y si, por una de aquellas, una de aquellas tan frecuentes, no podemos tener hijos, el contexto nos culpa y sentimos que estamos incompletas como mujeres, que tenemos una tara. ¿No os parece que esto es terriblemente injusto?

>Hemos estado en varias de tus presentaciones y siempre haces alusión a que no se entendió realmente lo que querías decir con Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End. ¿Por qué crees que fue así?
Porque no supe comunicarlo. Porque vestí con preciosismo un libro en el que hay abuso de poder, relaciones desiguales a tres bandas, violaciones y golpes. Porque el envoltorio se comió al contenido. Sigo pensando que, aunque sea mi libro más vendido, muy poca gente lo ha leído.

>Giro por completo con La sed, que es como un escaparate de referentes femeninos con un carácter crudo. ¿Cómo ha sido para ti el trabajo de documentación de este libro, la búsqueda de referentes femeninos?
Fue doloroso y liberador. Me di cuenta de que mi formación emocional e intelectual partía de la experiencia masculina. La mía y la de todas y todos. Que necesitaba referentes femeninos. Vi que había mujeres que habían escrito, pintado, compuesto, que además –algunas de ellas- fueron valoradas en su tiempo y pudieron vivir de su trabajo artístico, algo que es complicadísimo vivas en la época que vivas. Pero que en el momento en el que se imprimen los libros de texto se las borra de la historia. Entendí que hay un mecanismo para hacerlo: se duda de su autoría, se atribuye la autoría a un hombre, se desprestigia su trabajo, etc.

“El sistema patriarcal no nos considera sujeto del discurso. El amor romántico nos mutila. (…) He llegado a la edad adulta y aquella promesa de igualdad que se me hizo en el colegio no aparece por ningún lado”.

La obra de estas mujeres hizo que me entendiera mejor, que estableciera una relación más sana conmigo misma, saber qué lugar ocupo en el diálogo con mi obra, qué lugar ocupo como autora en un contexto hecho a la medida del hombre. Poner sobre la mesa tabúes femeninos es una de las aportaciones más interesantes de estas autoras, el hecho de nombrar la intimidad femenina: leo a Anne Sexton, que habla del hecho de parir y rechazar al hijo/a y sé que si me sucede alguna vez, si en algún momento tengo un hijo y lo rechazo, me sentiré menos monstruo porque ya tengo la experiencia, aunque sea literaria.

>Parece que en el último año se está creando mayor conciencia feminista y que se están empezando a detectar de forma clara las desigualdades provocadas por las sociedades patriarcales. ¿Se está entendiendo por fin el feminismo?, ¿cómo viviste momentos como el 8M de 2018?
El último 8M salí a la calle pensando que no tenía nada que celebrar y  de inmediato vi que estaba equivocada. Parece que por fin muchas mujeres y muchos hombres hemos despertado en masa. Parece, también, que hemos entendido que tenemos todo el derecho del mundo a estar enfadadas y que no tenemos por qué disimular el enfado, y tenemos argumentos para cansar si alguien pide que nos justifiquemos.

Creo que lo que está sucediendo es muy importante, que las cosas están empezando a cambiar. Pero es un proceso lento y muy difícil porque el patriarcado es una estructura que no tiene en consideración a las mujeres y el valor de lo femenino; si te fijas, gran parte de las mujeres que triunfan en política, en el mundo empresarial, etc., lo hacen porque adoptan actitudes masculinas. Como dice la inglesa Mary Beard, el problema es el sistema. Tenemos que cambiar sus cimientos. Tenemos que reestructurarlo para que exista realmente la igualdad de géneros.

>Pero de repente un día anuncian que ponen en libertad a los miembros de La Manada… Ese día publicas un tuit que se viraliza al momento y levanta alguna que otra ampolla porque te acusan de llamar violadores a todos los hombres. Tú misma respondiste: “Estos insultos no son personales, son contra el género al que pertenezco”. Entonces, ¿qué no se está entendiendo?
Lo primero es que hay un gran sector de la población que no tiene comprensión lectora. Y eso es muy peligroso. Lo segundo es, y esto también es doloroso pero necesario para entender la gravedad del contexto que habitamos, que el machismo está en lo más profundo de todas y todos nosotros.

>¿Qué te dice la palabra “feminazi”?
Me parece una palabra absurda llena de odio creada por un patriarcado que no quiere permitir que se cuestionen los privilegios de género.

>En algunas de las imágenes que publicas se te ve pintando con cascos. ¿Qué música escuchas cuando pintas?, ¿qué papel juega en tu obra artística?
Muchas veces no escucho nada. Es la manera que tengo de aislarme, de crear un muro cuando estoy trabajando en un espacio que no es mi taller, que está transitado y en el que las interferencias y el ruido son evidentes. Los últimos años escucho mucho Mahler, mucho Debussy y mucho Liszt.

>¿Y cómo y cuándo empezaste a estrechar lazos con las escenas musicales de Barcelona y Valencia, con gente como The New Raemon?
No recuerdo exactamente cómo fue. Ramón Rodríguez, por ejemplo, habla de un respeto mutuo por el trabajo del otro, y yo estoy de acuerdo con él. Quema la memoria, el libro que hicimos juntos es uno de los trabajos que más me emocionan.

>En las últimas presentaciones que has tenido en Castellón y Vila-real siempre te hemos visto con una sonrisa por estar en casa. ¿Vienes mucho a Vila-real para ver a tu familia?, ¿es una válvula de escape, una fuente de inspiración?
Siempre que puedo. Necesito recordar de dónde vengo y estar con la gente que más me importa. Vila-real no es una fuente de inspiración, es el lugar donde encuentro la calma y recupero fuerzas.

Embrió I. Pintura de Paula Bonet.

*La entrevista pertenece a la publicación en papel conmemorativa del décimo aniversario de Nomepierdoniuna.

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