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MIAU Fanzara se hace más humano

En esta quinta edición, el MIAU ha hecho más honor que nunca a su nombre de Museo Inacabado de Arte Urbano. La complejidad de algunas obras, varios cambios de ideas y un caso de enfermedad han alargado el festival más de lo previsto. Ahora, todo un año para disfrutar de unas creaciones en las que las figuras humanas y la solidaridad van ganando espacio.
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La colorista figura femenina de Carlos Callizo adorna ahora la fachada del edificio polifuncional de Fanzara. Foto: Carme Ripollès.

MIAU Fanzara se vuelve más humano con el transcurso de sus ediciones. No es que no lo haya sido con anterioridad, pero conforme han pasado los años las figuras humanas han ido ganando espacios en las paredes de la localidad, reduciéndose sobremanera las felinas que primaban en sus primeros años, siguiendo la lógica del acrónimo de Museo Inacabado de Arte Urbano. La exposición de este año No borders, acompañada por el duro documental To Kyma, rescate en el mar Egeo, ha acentuado su lado más humanista, fijando su mirada en los migrantes que buscan un futuro más esperanzador para sus duras vidas (aunque no es un tema nuevo dentro del MIAU). Varias de las nuevas obras también han apuntado en esa dirección. Y como más humanos, más características propias (de los humanos), como las dudas, el volver a empezar, lo que ha llevado a que sea la edición con mayor número de artistas sin finalizar sus respectivas creaciones dentro del plazo previsto (del 5 al 8 de julio), por lo que se podría decir que esta quinta edición ha sido la más inacabada de todas… aunque los resultados valen la pena. Esta vez no hubo susto final sobre la continuidad de MIAU, aunque uno de los responsables de este festín del arte urbano, Javi López, volvió a solicitar colaboración de vecinos y empresas.

Uno de los que los que no pudo finalizar en el plazo previsto fue Axel Void, natural de Miami (de padre español) y formado artísticamente en el sur de la penísula ibérica, quien se encargó de pintar el mural de mayor tamaño. Ubicado cerca del edificio polifuncional, presenta sobre fondo oscuro, el retrato a tamaño completo de seis figuras masculinas de diferentes edades, con el añadido de una extensión en la pequeña pared que queda por delante de ese gran lateral de un edificio habitado.

Axel Void ha pintado el mural de mayor tamaño de la quinta edición del MIAU, aunque no pudo finalizarlo en el plazo de los cuatro días del festival de arte urbano. Foto: Carme Ripollès.

Cerca de allí es posible contemplar la máscara multicolor de la que parten dos rayos pintada por Elsa Guerra sobre un fondo amarillo. Con ella subraya la importancia que tiene la imaginación de las personas, capaces de convertirlas en superhéroes que tras esa máscara todo lo pueden. La curiosidad es que esta creativa barcelonesa llegó a Fanzara con otro boceto en mente que empezó a desarrollar, para cambiar de idea, borrar lo ya hecho y dejar esta otra huella de su paso por el festival.

El cambio más evidente tras esta quinta edición es la pintura del edificio polifuncional. Al ser Fanzara una localidad pequeña, se ha hecho necesario reutilizar paredes, y es lo que ocurre en este centro cultural. Ha desaparecido el insecto pintado el primer año por Chylo y en su lugar aparece un rostro femenino con una extensión a lo largo de la irregular pared que finaliza con una de sus manos. Muy colorista, dominando los tonos rojizos, aunque su autor, el murciano Carlos Callizo, aconseja contemplar la pintura a primera hora de la mañana por diferentes detalles de resalte.

La niña que no quería buscar príncipes en ranas, obra de Dan Ferrer.

Una de las piezas más espectaculares de este año, también sobre gran mural, la firma el madrileño Dan Ferrer, quien por algunos problemas de salud tuvo que empezar su obra más tarde lo previsto, no pudiendo acabar dentro de ese plazo de cuatro días. Sobre un tono verdoso, y usando una técnica de rodillo y spray, aparece una niña a punto de besar a una rana que debería ser el príncipe -como en el cuento-, pero la diferencia es que lo hace sin ganas… con su madre preparándole más ranas hasta que encuentre su príncipe. Debido a esa demora, esta última parte aún no era visible el domingo por la tarde, a la hora de la tradicional ronda -cada vez más concurrida- para contemplar las obras y recibir las explicaciones de sus artistas.

La representación castellonense, Andrés Reyes y Costi, trabajó de manera conjunta. Foto: Carme Ripollès.

Llegando ya a la zona de los dos bares de la localidad, en una calle estrecha que hace esquina con la carretera que cruza Fanzara, se puede ver la obra conjunta realizada por los dos castellonenses de esta edición, Costi (joven artista rumano residente en la localidad) y Andrés Reyes (del Grao de Castellón). Juegan con las perspectivas y según el ángulo de visión, las figuras geométricas varían de forma, distribuyendo la creación en dos partes: una cabeza con agujeros, por una; y un intercambio de formas entre personas y animales, en la otra.

Más complicada de encontrar es la huella que ha dejado el artista invitado para esta quinta edición y encargado de realizar el cartel anunciador, Jofre Oliveras. Ubicada en la zona de huerta de la localidad, utiliza una pared de caseta de campo para sobre un fondo negro y con líneas blancas reflejar a través de figuras humanas repetidas la moda actual del selfie.

Ese punto es desde donde se obtiene una mejor panorámica de la colorista pintura del artista canario Tono Cruz. Preocupado también por la pedagogía y por los problemas de los refugiados, ha utilizado una pared de una casa para en gran formato pintar el rostro de una niña que se imagina un futuro mejor, a través de los coloridos semicírculos se cruzan el rostro.

Desde cualquier punto de la pequeña localidad es posible deleitarse con las muestras de arte urbano. Foto: Carme Ripollès.

Justo al lado del lavadero de la localidad se puede contemplar la verde composición de las argentinas Medianeras Murales, otro caso de cambio de idea sobre la marcha. El resultado final es una golondrina sobrevolando un paisaje del color que predomina en los alrededores de Fanzara, con un punto más sombrío que representa el hogar del ave.

El caso del italiano Bífido es especial dentro del conjunto artístico. Usa una gran pared para su creación, pero en su caso no es pintura, sino fotografía lo que sitúa sobre ella. Una mujer de espaldas y boca abajo, luciendo solo unos pantalones vaqueros y un remate en rojo que asemeja unas alas.

La estrechez de algunas calles provocó problemas para que Pink Intruder pudiese completar su intervención en alto y en la esquina de una casa. En ella, coles, uvas, conejos…todo ello muy colorido. Al igual que en otros casos, no era ésa la intención cuando llegaron a Fanzara, cambiando el proyecto una vez visto el espacio a utilizar.

Creación de Boa Mistura en la fachada de la agencia de lectura.

A quien pasee por esas estrechas calles del centro le sorprenderá encontrarse con fotografías que asemejan posters anunciadores pegados en las paredes. La diferencia es que en las imágenes se podrá reconocer los habitantes de la localidad en diferentes poses y tareas. Es el proyecto de Ricardo Cases y Pablo Casino titulado Vosté dirà, en el que han ido preguntando a vecinos de Fanzara qué deseaban ver fotografiado. En los ventanales de algunas casas también es posible encontrarse con estos retratos.

Una de las presencias que más llamó la atención a priori fue la del colectivo madrileño Boa Mistura. Y ha cumplido la expectiva. Usando la pared de la agencia de lectura, han dibujado un vistoso árbol con manos humanas que entre sus tonos blancos, rojos y negros representan la unión de los vecinos de Fanzara y de otras localidades. Una llamada a la necesidad que los humanos tenemos los unos de los otros.

Como ya es habitual, junto a los trabajos de los artistas plásticos, que convivieron en los hogares de los vecinos de la localidad, el programa de MIAU 2018 incluyó actividades musicales o de danza contemporánea, dejando un espacio para el 3+1 Intertrànsit, que entre el 13 y el 15 de julio se desarrolla en Onda.

La programación incluyó danza contemporánea, como la de Zukdance. Foto: Carme Ripollès.

 

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