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Ferran Palau (Almassonora): "Me siento en la obligación de que mis letras puedan interpelar a cualquier identidad"

"Pop metafísico" o "easyloving", etiquetas (e ironía) empleadas por el cantante catálan Ferran Palau para describir su música. Canciones con los elementos imprescindibles y minimalistas para hablar del amor lento o incluso para ponernos en modo balneario. En su último disco, 'Parc', adopta elementos del género slasher para reivindicar identidades sexuales y de género alejadas de lo normativo. Le entrevistamos antes de su concierto en Almassora (19 junio).
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Los críticos musicales consideran su quinto disco 'Parc' como el conclusivo de una trilogía formada por sus dos anteriores lanzamientos: 'Blanc' y 'Kevin'. Foto: Michal Novak.

De miembro de Anímic a convertirse en una de las voces de la música en catalán de la actualidad. Y todo ello en 9 años, cuando empezó su andadura en solitario con la publicación de su primer LP L'aigua del rierol en 2012. En febrero de este 2021, Ferran Palau publicó Parc: su quinto disco tras un acelerado proceso de composición y producción de sus trabajos más recientes Blanc (2018) y Kevin (2019). Ferran Palau simplifica aún más el minimalismo de su "pop metafísico" para hablar nuevamente del amor, más válido que nunca en cualquier tipo de identificación. El cantante catalán actuará en la última cita del ciclo de conciertos Almassonora el sábado 19 de junio (22:00) en la Casa de la Cultura de Almassora (entrada libre hasta completar aforo).

>Recientemente has empezado a trabajar como productor en tu sello Hidden Track con los trabajos de Carlota Flâneur, Iris Deco o Maria Hein. ¿Cómo afrontas esta etapa? ¿Consideras que influirá en la producción de tus próximas canciones?
Involucrarte en proyectos hace que aprendas cosas, tengas ideas y nuevos planteamientos que siempre terminan incorporados en tus nuevas canciones. Pero está por ver aún. De momento es muy divertido, no solo por el hecho de empezar como productor sino de poder trabajar con gente con mucho talento; cosas que no podría hacer por mis limitaciones vocales puedo experimentarlas con gente que canta muy bien.

>Tus discos parecen seguir una tendencia, algo así como una rutina de escucha: en bucle, pero de principio a fin. Por esa razón la última canción de tu nuevo disco, “Parc”, tiene tanta relación con “Reflexe”, la primera...
Cada vez planteo más mis trabajos como si fueran una sola canción larga, con episodios. Voy componiendo canciones y luego veo los vínculos que se establecen entre ellas y se conforma la idea de un disco. Siento que las canciones se necesitan entre ellas, se complementan. Intento que no haya fisuras, que todo el álbum sea bueno, sin relleno. Soy muy romántico en este tema, de la vieja escuela. Y aunque encuentro muy interesante que los artistas jóvenes se centren en publicar sencillos, a mi me gusta más pensar en discos. Siempre dudo mucho a la hora de cuáles deben ser publicadas primero, a cuáles debo hacer videoclip…

>Mantienes un pacto con El Petit del Cal Eril de no mencionar medios de transporte en vuestras canciones. También has mencionado en anteriores ocasiones que no puedes decir cosas como “teléfono” en tus letras por ser demasiado concretas. ¿Por qué intentas evitar este tipo de palabras?
Es una broma que nos saltaremos a la torera más pronto o más tarde. Durante los últimos años he buscado una forma personal de escribir canciones, algo que fuese reconocible. Me di cuenta de que el truco era simplificar, más que buscar palabras complejas. Si quieres que la gente se siente identificada con lo que estás escribiendo, y concretas demasiado, el oyente se puede sentir desplazado o como que no va con él. En cambio, si escribes letras muy abiertas, con pocos sustantivos y muchos verbos, cualquier persona se puede sentir identificada. Si hablo de un iPhone, pero dentro de unos diez años ya nadie habla de iPhones porque los llevamos implantados en el cerebro, por ejemplo, esa letra quedará completamente desfasada. Si no pongo ningún elemento que identifique en qué momento se ha compuesto la canción, la letra seguirá funcionando dentro de diez, veinte o treinta años.

>Hace un tiempo, junto con Joan Pons de El Petit del Cal Eril, empezasteis a utilizar la etiqueta “pop metafísico” para definir vuestra música. Esta, en principio, era una parodia a la necesidad de los medios musicales de etiquetar toda la música en estilos determinados, pero ha terminado siendo adoptada y utilizándose como una denominación oficial de vuestras producciones.
Es como tú dices: una parodia. Un chiste interno que la gente se ha tomado en serio. En todo caso, las etiquetas sirven para guiar al oyente y esta es una etiqueta que hace todo lo contrario. ¿Eso del “pop metafísico” qué narices quiere decir? Eso nos hacía gracia.

>Se puede ver una clara evolución en el diseño de tu estética. Des de la lúgubre portada de l’Aigua del rierol, donde te encuentras delante de la tumba de Nick Drake, hasta las coloridas portadas e imágenes promocionales de Parc, Kevin o Blanc. En cambio, mantienes que no por ello has dejado de interesarte por la muerte, sino que prefieres el contraste.
Me di cuenta de que los contrastes son muy poderosos. Si una cosa era triste tenías que ponerle algo de color y si una cosa era demasiado alegre tenías que ponerle algo de amargura. Tengo la fama de triste o depresivo. Suelo ver cómo, cuando mencionan mi música en Twitter, la gente pone “Ferran Palau me hace llorar” o cosas así. Así que tengo que equilibrar eso con imágenes con mucho color y mucha luz. Las cosas no son blancas o negras, te pueden pasar cosas jodidas y maravillosas a la vez. Mi música tiene un poco de este contraste de matices: amargor dulce o dulzor amarga. Pintar de colores algo triste hace que se asimile mejor.

>Puede que el trabajo en el que más se note esto sea Parc por la incorporación de elementos del cine de terror y slasher como los globos de It o la tipografía basada en La cosa del pantano, combinados con elementos suaves como el color rosa de la portada.
El terror, en principio, es una cosa oscura y gótica. Pero me fijé que algunas pelis de terror como Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984) son muy coloridas y luminosas sin dejar de ser películas de miedo. Me encanta eso. Quise traer eso al grafismo del disco.

"Las etiquetas sirven para guiar al oyente y esta es una etiqueta que hace todo lo contrario. ¿Eso del “pop metafísico” qué narices quiere decir?"

>Has comentado en algunas ocasiones que consideras que, hoy en día, el músico debe ser 360º; es decir, no dedicarse solamente a la composición o producción de su música, sino también al diseño de portada, merchandising, imagen visual, videoclip o gestión de redes. ¿Por qué lo consideras tan importante?
La música no solo entra por las orejas, también por los ojos. Y si vas a tener una imagen qué menos que cuidarla. Cuando tengo la idea para un disco no solo pienso en las canciones: pienso también en todo lo que envuelve la música. El resultado final es un global de ideas. Es tan artística la letra de una canción como la imagen, videoclip o tipografía que la acompañan. Todo se debe escoger y debes saber bien qué decisiones tomas. Todo el mundo utiliza las mismas tipografías, así que pensé que era mejor ilustrar a mano los títulos de las canciones de Parc para distinguirlos de los demás y darle la imagen más propia posible.

>Por tanto, ¿todos los elementos deben acompañar a la música para transmitir la sensación de un producto coherente?
Es una forma de que la gente se identifique con algo. Intento crear un pequeño planeta del que el oyente quiera formar parte. Entonces, si te defines estéticamente de una manera determinada, conseguirás que gente que le guste esta estética se quiera acercar a tu música porque se verán identificados con tu rollo. Es como una forma de interpelar a la gente que quieres que te escuche. Me hace mucha gracia cuando en mis conciertos veo a la gente vestida como yo porque veo que no solo les gusta mi música, sino también mi ropa.

>¿Ves muchas gorras?
Sí, hay muchas gorras en mis conciertos.

>Cada vez más, algunos cantantes se dirigen en sus canciones a personas tanto de género masculino como femenino. Esto también ocurre en Parc, donde la letra se dirige a un oyente sin un género establecido. Incluso modulas la voz en “Amor” para no identificarla con ningún género concreto. Teniendo en cuenta los avances a nivel social en cuestiones de identificación de género, ¿es el futuro eliminar la binariedad de las canciones?
Hay dos fases en eso. Ahora mismo eliminar el género es imposible, pero es hacia donde debemos caminar en el futuro. Debemos hacer lo contrario ahora: reconocer todos los géneros, como el género fluido. Darle legitimidad y credibilidad y que la gente se pueda identificar como le dé la gana. Y poco a poco, con el tiempo, debemos convertir el ser humano en un solo género. Es algo utópico. Cada vez hay artistas musicales que tienen este tipo de identificaciones y lo petan igualmente. Personalmente no me identifico con el género masculino. He aprendido a reconstruir e intentar descubrir qué soy realmente, aunque no me identifico especialmente con nada. Por ello me siento en la obligación de que mis letras puedan interpelar a cualquier identidad. Cada vez vemos más gente trans o de género fluido en las series o las películas. Esa gente existe, va a comprar al supermercado, tiene una cuenta bancaria, va a conciertos, hace deporte…

"Cuando tengo la idea para un disco no solo pienso en las canciones: pienso también en todo lo que envuelve la música. El resultado final es un global de ideas"

>Aunque no tenga un mensaje muy explícito, defiendes que tus composiciones tienen una intención de posicionamiento político. Parc sería el caso más evidente con una tesis sobre la nobinariedad y la aceptación de todos los tipos de identidades sexuales y de género. En otras ocasiones, la relación es muy sutil o casi inexistente, como la canción “Amén” que fue escrita debido a los hechos del 1-O. ¿Cómo describirías la relación de tu música con la política?
Cuando hay política en mis canciones es con mucha sutilidad. Prácticamente si no lo explico, nadie puede llegar a saber que una letra ha sido provocada por algo concreto. Intento que la gente desconecte de la realidad y que no haya rastros de política, trabajo, ruido o problemas en mi obra. Como ir un fin de semana a un balneario: dejar que el cuerpo se relaje, la mente se vacíe y se produzca un momento de fantasía escuchando mi música. Sin embargo, no dejo de ser un ciudadano del mundo, así que siempre se acaba colando algo. Pero no es en las letras donde me posiciono, sino dando explicaciones en una entrevista. Aunque sí se puede entrever una forma de pensar a veces, como el reconocimiento de los géneros.

>¿Nunca has pensado en hacer más explícitos tus posicionamientos en tus letras?
Cada artista puede actuar como le parezca y lo respeto, pero nunca he terminado de creerme los discursos políticos en la música. Pasa sobre todo en los mensajes de izquierdas, porque hay algo de hipocresía a la hora de tener un mensaje pseudocomunista, con el que podría estar perfectamente de acuerdo, y convertir tu discurso en un producto de consumo del que te enriqueces. Veo mucha contradicción en eso. Convertir un mensaje en un negocio es pervertirlo, como prostituirlo. En mi caso me cuesta ver los matices y actúo como pienso. La única forma de ser antisistema es irse a vivir en una cabaña en medio del bosque sin generar residuos y alimentarse de lo que cultives. En todo lo que haya en el medio hay contradicciones. No me sentiría cómodo teniendo un discurso determinado y luego cobrando una pasta a un ayuntamiento que está pagando el contribuyente.

>Lo de entender tu música como un oasis de relajación llegó a su clímax con la publicación de Kevin, tu cuarto disco, que salió al mismo tiempo que la sentencia judicial a los líderes del procés a finales de 2019.
Fue una decisión de Louise, mi mánager. Vio una oportunidad en lo que pudo ser un problema y funcionó que te cagas de bien. Seguramente la misma semana de publicación de Kevin deberían haber salido muchos más discos que se retrasaron por la crispación política del momento. Por tanto, más terreno para mí. Eso no quiere decir que no le diera importancia al momento político que estábamos viviendo. Pensaba que era un buen contrapeso. Que toda aquella peña que salía a liarla, cuando llegaba a casa necesitaba un momento de desconexión y tenía mi disco disponible. Lo mismo con la pandemia y el sencillo “Cel clar”. Cuando todo se para hay una oportunidad.

"Cada artista puede actuar como le parezca y lo respeto, pero nunca he terminado de creerme los discursos políticos en la música"  

>Se nota esta intención de desconexión con “Cel clar” o Parc, tus publicaciones en pandemia, ya que ninguna de las dos tiene ni una sola referencia al contexto pandémico.
Mucha gente me ha preguntado cuánta pandemia hay en Parc y siempre respondo que un 0%. Es como si no existiera. Es un lugar en el que es necesario llevar mascarilla.

>En la revista Mondosonoro, a inicios de año, comentaste que ya habías realizado tus discos buenos y, si los próximos dejaban de serlo, te podrías retirar a dedicarte a la pintura o el dibujo. ¿Aún queda mucho Ferran Palau, no?
Y tanto. No me planteo dejar de hacer música en ningún momento. Aunque sí que da cierta tranquilidad saber que he hecho un conjunto de canciones bastante satisfactorias y a partir de este momento no tengo la presión de hacer el disco de mi vida, porque posiblemente ya lo haya hecho. Esto también me da cierta libertad para hacer lo que me dé la gana, hay menos presión. Pero no pienso dejar la música. Estoy componiendo ya canciones nuevas, lo hago durante todo el tiempo. Otra cosa es mi enfermedad degenerativa de oído, que puede ser la única razón por la que deje de hacer música. Si no me quedo sordo seguiré haciendo canciones seguro. Puede que no tan buenas o incluso mejores. Quién sabe.

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