
Erik Schmidit vive en Berlín y presenta en el EACC su primera muestra individual en España. Foto: Carme Ripollès.
Una y otra vez aparece el artista Erik Schmidt representado en las obras que se exponen en el Espai d'Art Contemporani de Castelló (EACC) hasta el 24 de mayo. A veces lo hace vestido con traje ejecutivo, otras como alguien que intenta abrirse camino en la ciudad o como un viajero que busca escapar de todo. Siempre es él mismo, aunque adoptando distintos personajes. Schmidt se sitúa en el centro de su práctica, convirtiendo su cuerpo en una especie de “campo de batalla” donde a veces observa y otras es observado; donde a veces asciende hacia el éxito y otras cae para volver a intentarlo. Ese juego de identidades atraviesa The Rise and Fall of Erik Schmidt, la nueva exposición del espacio castellonense.
Comisariada por Yara Sonseca y realizada en colaboración con el KINDL Centre for Contemporary Art de Berlín, la muestra -la primera individual del artista alemán en España- reúne cerca de tres décadas de trabajo a través de pintura, vídeo, fotografía o performance. En ellas, Schmidt se coloca repetidamente en escena para explorar con cierta ironía algunos de los grandes clichés contemporáneos: el éxito, el poder o los roles asociados a la masculinidad.
El propio título de la exposición remite a la cultura pop y hace referencia a The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, el disco en el que David Bowie inventó uno de sus alter ego más conocidos. Esa idea de personaje, a medio camino entre héroe y antihéroe, sirve como punto de partida para entender muchas de las obras reunidas en la muestra.

Uno de los grandes retos ha sido condensar tres décadas de producción. Foto: Carme Ripollès.
Retratos de la ciudad
Para empezar, ‘Me and the Others’, funciona como una especie de galería de retratos donde el artista reúne escenas y personajes extraídos de la vida cotidiana. Personas anónimas, transeúntes, momentos urbanos aparentemente banales que Schmidt fotografía y posteriormente traslada a la pintura. Como explica la comisaria Yara Sonseca, estas imágenes conforman una especie de “galería de espejos” donde cabe todo el mundo: desde una mujer mayor caminando por la calle hasta personas jugando al ajedrez o viajeros captados en el metro.

Obras en tinta sobre papel dentro de la propuesta multidisciplinar de Erik Schmidt. Foto: Carme Ripollès.
A partir de esas escenas, el artista construye un retrato colectivo del entorno urbano en el que las identidades se multiplican y se mezclan. Entre ellas, también aparece él mismo, que se inserta en ese paisaje social como un personaje más. En la película Bottom Line, por ejemplo, Schmidt recorre la ciudad intentando practicar parkour entre edificios y espacios públicos. Sus saltos, sin embargo, nunca terminan de salir bien. El gesto se repite una y otra vez, convirtiendo al artista en una especie de antihéroe contemporáneo que intenta entender y dominar la ciudad, pero no logra hacerlo.
El traje y el poder
Ya en ‘Workaholic’, el artista se introduce directamente en algunos de los roles que estructuran la vida contemporánea y capitalista. Uno de los más recurrentes es el del hombre de negocios. Trajeado, serio y aparentemente seguro de sí mismo, Schmidt adopta esa figura para poner a prueba las expectativas que la sociedad proyecta sobre el éxito y el poder.
Como explica Sonseca, el artista utiliza estos personajes para preguntarse qué imagen quiere proyectar como artista y cómo encajar dentro de un contexto social que impone determinados modelos de éxito, especialmente ligados a la figura masculina del hombre de negocios. Encarnando él mismo esos papeles, Schmidt lleva esos clichés “hasta el límite” para observarlos desde dentro.
Así, en Suitwatcher’s Anonymous el traje se convierte casi en un fetiche, en un símbolo de autoridad, pero también de una masculinidad rígida y performativa. El resultado es una especie de teatro contemporáneo donde el artista se mueve entre el deseo de éxito y la incomodidad que ese mismo modelo genera.
La promesa de escapar
Frente a ese universo de productividad y éxito, algunas de las obras reunidas apuntan hacia la posibilidad de huir de esa “prisión” que supone la sociedad capitalista. En el capítulo ‘Escape’, el creador se desplaza hacia distintos lugares del mundo en busca de una salida, desde Japón hasta Sri Lanka. Allí aparece como un viajero que observa paisajes y culturas ajenas intentando encontrar en ellos una alternativa a la vida urbana y al ritmo del trabajo. Pero de nuevo, ese supuesto paraíso en realidad no existe o no se puede huir hacia él.

En 'Palm Bombs' (2022/23) el artista reflexiona sobre huida y tensión. Foto: Carme Ripollès.
En la serie Palm Bombs, vinculada a su paso por Sri Lanka, las palmeras aparecen como imágenes exuberantes y seductoras que esconden al mismo tiempo una amenaza latente: los cocos (o bombas) pueden caer en cualquier momento. Como explica la comisaria Yara Sonseca, esa tensión entre belleza y peligro atraviesa estas obras y refleja también el contexto político que vivía el país durante la estancia del artista.
Algo similar ocurre en Hunting Grounds, donde Schmidt se introduce en un entorno aristocrático para observar sus códigos desde dentro. Entre cacerías, caballos y banquetes, el artista transforma esa escena aparentemente idílica en un juego ambiguo donde el cazador puede acabar siendo también el cazado.

El cazador cazado en 'Hunting Grounds'. Foto: Carme Ripollès.
La casa y los primeros personajes
Otro de los capítulos de la exposición, 'House', mira hacia los inicios de la trayectoria del artista en Berlín. A través de vídeos, revistas, dibujos o fotografías personales reunidas en vitrinas, el recorrido muestra como Schmidt empieza a construir su propio personaje artístico. En estas piezas aparecen, además, muchas de las preguntas que atravesarán después su trabajo, como qué papel juega la sexualidad en la identidad pública o hasta qué punto la vida privada puede convertirse también en una forma de representación.

Las proyecciones forman parte del universo narrativo con el que Schmidt pone en juego su propio personaje. Foto: Carme Ripollès.
El presente y la saturación de imágenes
La exposición culmina con Rough Trade (2025), una nueva producción audiovisual presentada en el EACC en formato de doble proyección. En ella, Schmidt vuelve a ponerse en escena recorriendo Berlín mientras revisita algunos de los temas que atraviesan toda su obra: el poder, el deseo, la sexualidad o la presión social asociada al éxito.
La instalación se despliega en dos pantallas: una sigue la narrativa principal, marcada por un ritmo acelerado y fragmentado, mientras que la segunda -inédita en esta versión de la exposición- muestra una secuencia más íntima de la performance, en la que el artista aparece bailando junto a otro intérprete. El resultado es una pieza que condensa muchas de las obsesiones de su trabajo y que adopta una velocidad visual cercana a la manera en que hoy consumimos imágenes.

Proyección de 'Rough Trade' (2025) en el EACC. Foto: Carme Ripollès.
Con todo, la exposición obliga también al propio Schmidt a mirar hacia atrás y revisar una parte importante de su trayectoria. Volver sobre obras que nacieron hace tantos años implica preguntarse qué sentido tienen hoy esas imágenes y qué lugar ocupan dentro de su práctica actual.
>¿Cómo ha sido para ti enfrentarte a ese ejercicio de volver sobre obras que abarcan casi tres décadas de trabajo?
Es interesante, porque normalmente cuando expones en una galería, siempre se trata de mostrar algo nuevo: lo que estás haciendo ahora, dónde estás en este momento. En cambio, aquí el ejercicio consiste en mirar obras antiguas y preguntarte si siguen siendo relevantes, si todavía quieres enseñarlas. Además, me sorprendió una cosa: uno cree que sabe qué está mostrando al público, pero cuando revisas el archivo te das cuenta de que la cantidad de material producido es enorme. En esta exposición solo aparece una pequeña parte. No están todos los vídeos ni todas las series; a veces hay una sola obra de proyectos en los que trabajé durante dos o tres años.
En cualquier caso, ha sido un proceso bonito. También me siento afortunado de haber tenido la oportunidad de hacerlo por segunda vez en otro espacio, porque de alguna manera se vuelve más cercano. Es como sacar de nuevo esas obras y mirarlas desde otro lugar. Y al mismo tiempo te hace pensar que, cuando termine todo esto, lo siguiente será empezar algo nuevo. De algún modo también es una forma de cerrar una etapa.

'The Rise and Fall of Erik Schmidt' estará hasta finales de mayo en el EACC. Foto: Carme Ripollès.
>Hoy existe una presión constante por estar al día, sobre todo a través de internet y las redes sociales. ¿Sientes que las piezas de los noventa se relacionan de algún modo con esa situación actual?
No lo veo exactamente así. Para mí es más bien una continuidad, no una relación directa. En los noventa existían otros medios, mucho más lentos. Conseguir una revista -por ejemplo The Face- era importante. Tenías que ir al quiosco una vez al mes y era casi como un libro lleno de información que no encontrabas en la televisión en Alemania. También recuerdo que había un pequeño programa de televisión que emitía materiales de los desfiles de moda de París. Aquello ocurría una vez al mes y era casi un acontecimiento.
Hoy puedes abrir internet y ver un desfile que está ocurriendo en ese mismo instante. La cantidad de información es enorme y llega a una velocidad muy distinta. En mi nueva obra, en el gran espacio de vídeo, intento también reproducir un poco esa sensación, esa acumulación de imágenes.
Pero la cuestión no es si eso es relevante o no. La pregunta es más bien dónde está el límite. Porque si seguimos recibiendo cada vez más información en un mismo momento, llegará un punto en que eso explotará. O quizá no se detenga nunca y simplemente tengamos que desarrollar un cerebro más grande.

Foto: Carme Ripollès.














