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#DerechosRefugiados. Toda una vida, en una maleta

Siria, Irak, Somalia, Camerún, Marruecos, Mali, República Centroafricana y, sí, España. La exposición ’11 vidas en 11 maletas’ recupera los recuerdos y los derechos de los refugiados. Abierta hasta el 9 de febrero en el Museo de Etnología. Duele.
  
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Las '11 vidas en 11 maletas' en el Museo de Etnología de Castellón. Foto: Carme Ripollès (ACF).

“No te das cuenta de que en una maleta entra toda tu vida hasta que tienes que salir huyendo de tu casa. (…) Toda una vida en una maleta porque cuando lo que tienes que salvar es tu vida y la de los tuyos, todo sobra”, escribe el periodista Jon Sistiaga en su Yo acuso, testimonio que comparte espacio en la maleta de Zeinab. Desde Siria hasta Grecia, recorriendo Turquía y con un destino, Alemania. Una lancha hasta Lesbos, un ferry hasta Atenas y un autobús hasta Idomeni que nunca llegó. También miles de euros pagados a contrabandistas y la incertidumbre y el miedo de no saber qué va a ocurrir cuando una lancha con más de 50 personas se detiene en mitad del mar. Zeinab, que ejercía como maestra en Siria, viaja junto a sus cuatro hijos después de que las bombas destruyesen su casa. En su maleta, que se ha convertido en lo único que tienen, encontramos una manta gris sobre la que descansan (si a eso se le puede llamar descansar), comen, los niños juegan y, a veces, se derraman lágrimas cuando su hija, Sham, recuerda a su abuela.

La historia de Zeinab es una de las once que recupera la exposición 11 maletas en 11 vidas, organizada por la Fundación Abogacía Española y que cuenta con la colaboración de ACCEM, ACNUR, Amnistía Internacional, Cáritas, CEAR, Cruz Roja Española, Oxfam-Intermón, Proactiva Open Arms, Save the Children y Unicef, las cuales han facilitado cada una de las historias y el material audiovisual. La exposición, que se encuentra en el Museo de Etnología de Castellón y permanecerá activa hasta el 9 de febrero, también cuenta con la participación de periodistas, escritores y activistas que han dejado su testimonio en cada Yo acuso: Mónica Bernabé, Nicolás Castellano, Jon Sistiaga, Helena Maleno, Natalia Sancha, Gervasio Sánchez, José Naranjo, Cristina Saavedra, Lorenzo Milá y Ángel Expósito.

Mútiples voces que se unen en este proyecto común para reclamar los derechos de los refugiados (#DerechosRefugiados). Tal y como recuerda una de las maletas: "30 derechos que todos tenemos... los refugiados, también", acompañada de una edición de la Declaración Universal de Derechos Humanos en tamaño bolsillo, para que el público pueda llevárselos y defenderlos.

Hay muchas más historias en estas maletas, las cuales ahora reposan en el Museo de Etnología rodeadas por las impactantes fotografías de Pedro Armestre, Pablo Tosco, A. Serrano, Daniel Santamaría y Diego Hernández. Maletas que llevan poco, pero que se convierten en sus únicos recuerdos. Sus únicas pertenencias y su historia. Como la de Karim (de Siria), quien recorrió 12 países en 10 días llevando en su maleta una cámara de fotos y un bloc de notas que le sirvieron para mantenerse cuerdo. También Morad (Marruecos), quien emprendió su viaje buscando llegar a un lugar en el que no le juzgasen por amar a otro hombre.

Maletas que sirven para que Nya Thierry (Camerún) guarde un collar que siempre le acompaña, como su propia historia la de un cuerpo apaleado pero que nunca se ha rendido. Otro talismán en la maleta de Imán (Siria), en la cual encontramos las conchas que guarda como un tesoro su hijo de 10 años.

La maleta de Imán, con las conchas que guarda su hijo de 10 años. Foto: Carme Ripollès (ACF).

También maletas llenas de superación, como la de Sajad Al-Faraj (Irak), un joven en silla de ruedas que ha conseguido, junto a su familia, llegar a Austria y por fin descansar, pero que aún tiene que recuperar la capacidad de volver a soñar. En Finlandia se encuentra Aladín (Siria) viviendo su segunda vida, y es que, al lanzarse de la embarcación en la que viajaba, para ayudar a un niño, se quedó sin fuerzas y no pudo volver a subir, y cuando pensaba que moriría en aquel inmenso mar, un grupo de voluntarios le rescataron.

Más que 11 vidas, esas maletas también llevan esperanzas y sueños. Aunque lo que verdaderamente provocan es pena y vergüenza. La pena de que una sociedad sea capaz de ver como esos sueños y esperanzas acaban flotando en el mar, en manos de contrabandistas, en algún campo de refugiados, en un CIE o en la espera interminable de unos papeles. La vergüenza de que, según datos facilitados por ACNUR, cada minuto 24 personas se ven obligadas a abandonar su hogar por conflictos y persecuciones. Cuando los verdaderos países de acogida son los más pobres (acogen al 86%) y Europa deja de ser la tierra prometida. La vergüenza de cientos de sueños que se quedan plegados entre los recuerdos de esas maletas. Un equipaje que parece molestar.

Las maletas están custodiadas por una “valla de la vergüenza”. Alambres de metal sobre los que el público puede colgar sus mensajes de apoyo. El mismo alambre que nos separa de esas 11 vidas.

La "valla de la vergüenza" con los mensajes que escriben los asistentes a la exposición. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Precisamente, entre los muchos dibujos e ilustraciones que acompañan la exposición, algunos de ellos elaborados por las ilustradoras Cinta Arribas y Rocío Vila y otros por distintos niños y niñas, hay uno de ellos que duele especialmente. En el dibujo, que acompaña a la maleta de Nya Thierry, se puede ver como dos personas están separadas por una valla de alambres (una de esas “vallas de la vergüenza”); una de ellas, bajo la lluvia, suplica: “Déjame entrar”, mientras que la otra, bajo un sol que sonríe y con un uniforme, responde: “NO”. Duele. Y duele porque es complicado entender por qué Arush, con tan solo 7 años, dibuja algo así. Y esto, inevitablemente, hace recordar a Samuel, que es como se llamaba el niño de seis años que apareció muerto en una playa de Barbate el pasado 28 de enero. Samuel, quien junto a su madre, Veronique, intentaba llegar a España en una patera que naufragó a mediados de enero, junto a su maleta.

La maleta y la historia de Nya Thierry, sobre la que reposa el dibujo de Arush (7 años). Foto: Carme Ripollès (ACF).

¿Por qué repetimos la historia?, se pregunta la maleta de Libertad (España). Tras la caída de Barcelona, su ciudad natal, ella, siendo una niña, y su familia tuvieron que irse a Francia. Caminando durante horas, trenes, enfermedades, frío, cansancio,… Ella creció entre guerras y ahora, con 80 años, aún se pregunta por qué la historia se repite. Porque, al fin y al cabo, nunca sabemos en qué lado de la “valla de la vergüenza” estaremos; si bajo el sol que sonríe o bajo la lluvia gris.

“Ahora, cuando han pasado tantos años, pienso que mi padre tenía razón cuando decía que la culpa era nuestra por haber nacido pobres, y en un mal sitio. Como tantos españoles, que hemos sido emigrantes y refugiados”, escribe en su Yo acuso el periodista Jorge M. Reverte, “El refugiado nº14”.

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