Música

Castellón y Londres: conectados por Los Planetas

Los Planetas en Londres. Así, de primeras, no parece que esto tenga demasiado que ver con NMPNU. Ni siquiera con Castellón y su escena cultural. Pero quien escribe estas líneas (Óscar Sidro, colaborador de excepción de este webzine) aún no da crédito a tanta coincidencia. Que Los Planetas sean, por mil razones, el grupo de tu vida, es una cosa, pero que actúen en la mítica sala Scala londinense un jueves de noviembre y que justo esa mañana salga un vuelo a la capital inglesa desde el aeropuerto de Castellón (a escasos 20 minutos de mi casa) hacía que la posibilidad de ir a verlos fuera demasiado tentadora. Preparamos las maletas.
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Los Planetas, en la sala Scala de Londres, el pasado 5 de noviembre.

Para entenderlo todo mejor tenemos que hacer un ejercicio de memoria que nos lleva más de veinte años hacia atrás, a principios de la década de los 90. Por aquella época, en el parking del hipermercado entonces llamado Pryca, actuaron unos jóvenes imberbes cuya bajista tocaba de espaldas, al cantante no se le entendía nada (sí, tiraré de algunos tópicos) y hacían una suerte de noise-pop en castellano nada usual por entonces. Debía de ser el año 93 más o menos. Y en aquel inhóspito parking no habría más de 30 personas. Lo siguiente fue la aparición de su primer disco, Super 8 (1994), y poner en la mini-cadena "Qué puedo hacer" y "De viaje" en modo bucle y no poder parar de saltar y cantar las pocas frases que adivinabas a descifrar. Aquello era especial y ya entonces lo notabas, pero jamás habría imaginado que iban a llegar a ser el grupo referencia de toda una generación. Ahora me atrevería a decir que de varias.

A partir de ahí, una serie de conciertos en nuestra ciudad acrecentaron la leyenda del grupo y mi relación con su música. Recuerdo la presentación de su segundo disco, Pop (1996), en el Dr. Slump, de Una semana en el motor de un autobús (1998) en Fraguel Rock, de Unidad de desplazamiento (2000) en la sala Botánico, otros conciertos en La Pérgola, en el Grao (So Musical Event), en el Àgora de la UJI y las actuaciones en nuestro Festival Internacional (antes Independiente) de Benicàssim. Un festival, no lo olvidemos, que ha crecido de la mano del grupo granadino y en el que han llegado a tocar más de media docena de veces en los últimos 20 años.

Como vemos, la relación del grupo con nuestra ciudad existe y es extensa. Aún recuerdo aquellas gloriosas noches que mi amigo Pau Obiol organizaba en el Vent Polar después de algunos de los conciertos del grupo y en las que solo aparecía Eric Jiménez, el tremendo batería del grupo, y nos deleitaba con su particular ironía y "mala follá granaína". Esto me lleva a pensar en la escena, en nuestra escena. Y que, como decía aquel, ¡no estamos tan mal!

Castellón puede ser una ciudad con cierto encanto y con una actividad musical envidiable. Tenemos demasiada tendencia a denostar lo que tenemos cerca. O únicamente "apoyar" a los grupos que vienen de fuera, sean vetustas, izales, supersubmarinas o similar. O incluso peor: ir a un concierto al año, que suele ser AC/DC, U2 o algún mastodonte por el estilo, e inundar las redes sociales con lo guay que eres y lo que te mola la música. El resto del año no se te ve el pelo.

Pero no nos damos cuenta de que en nuestra pequeña ciudad pasan cosas mágicas. Puedes ir un día a la librería Argot a ver la presentación de una de las estupendas novelas de Ángel Gil Cheza y que, junto a Lluïsa Ros (me gusta llamarlos la pareja del Renacimiento porque hacen de todo y todo lo hacen genial), se marquen un dueto de los que ponen los pelos de punta. O que se sumen a la fiesta sus buenos amigos de deBigote y hacer que hasta los libros bailen. Los mismos debigotes Vic Ballester y Andrés Amores (al que por cierto le vendí mi primer bajo con 17 añitos) que luego te vas a encontrar en las tascas y te van a contar sus próximos proyectos o cómo van las nuevas canciones del grupo. Te alegras. Te alegras de que le vaya bien a tu gente. Ver, por ejemplo, a Pablo (Radiola) poner en pie a medio FIB, a deBigote triunfar en el escenario por el que han pisado Radiohead, Lou Read o los mismos Planetas y que el omnipresente Pau Bellido esté allí para inmortalizar el momento con su acertado ojo fotográfico.

En fin, toda esta gente y tantos otros que no caben en este artículo, hacen de Castellón un lugar especial. Pero, volviendo al manido tema de que nadie es profeta en su tierra, todo esto que pasa delante de nuestras narices necesita repercusión y difusión. De ello se encargan de forma plausible y apasionada periodistas como mi buena amiga Cristina Garcia i Grau (esos vídeos de conciertos de Los Planetas, cómo no, que nos pasamos de madrugada) o el bueno de David Hernández de Nomepierdoniuna y su equipo. Creo que no somos conscientes de la extraordinaria labor y el bien que le hacen a la escena, no solo musical si no cultural en general, de Castellón y provincia.

Fueron los propios Pau y David quienes me animaron a escribir unas líneas sobre la experiencia de un tipo corriente de Castellón que vuela desde nuestro pequeño aeropuerto a una de las ciudades más importantes del mundo para ver tocar a su grupo favorito. Y así, me encuentro de madrugada en el aeropuerto de Stansted tratando de relatar, mientras espero el vuelo que nos devuelva a mi pareja Marta y a mí a la terreta, cómo fue el concierto de Los Planetas en la Scala de Londres. Algo de lo que seguramente no voy a ser capaz. Mi objetividad a la hora de hablar de ellos es dudosa y discutible. Así que trataré de ir al grano.

La noche amenazaba lluvia como no podía ser de otra manera aquí, pero la ascendencia que Los Planetas tienen para hacer que lo místico y lo terrenal se unan hizo posible una tregua meteorológica. Ni frío ni lluvia. Perfecto. Después de dar buena cuenta de un par de pintas de cerveza en el típico pub inglés, nos acercamos a la Scala y hacemos un rato de cola, no demasiado. Ya entonces se observa claramente que la comunidad de emigrantes españoles va a tomar la sala. Efectivamente, sold out y llenazo. Un gran regalo para los miles de españoles que, como nuestra gran amiga Ira (Doctora en Química Orgánica que ya lleva más de un año trabajando en Inglaterra), han tenido que dejar atrás su tierra. Este hecho hacía que se les esperara con ganas y el grupo salió dispuesto a darlo todo. Gran sonido, gran puesta en escena... Esa profesionalidad que a veces se echa en falta en nuestras salas, aquí la tienen de sobra. Saben de qué va el negocio. Y Jota y los suyos, muy propensos a darnos en directo una de cal y otra de arena, se sintieron a gusto desde la primera canción.

El mantra en el que nos sumergen los versos de la primera canción, "Los Poetas", hacía presagiar una larga travesía a través de sus adaptaciones a los palos flamencos y su particular forma de llevarlos al terreno del rock psicodélico. Pero la cosa se quedó en la majestuosa "Señora de las alturas" seguida de la intensidad in crescendo de "Ya no me asomo a la reja". A partir de ahí clásicos como "Santos que yo te pinte" y "Segundo premio", pildorazos como "Pesadilla en el parque de atracciones" y una sorpresa absolutamente deliciosa como es escuchar "Db" en directo, canción que no suelen llevar en su repertorio. El público, que por la media de edad me atrevo a tildar de entendido, estaba ya a esas alturas totalmente entregado. Para el primer bis el grupo se lanzó con un trío marca de la casa. Tres canciones que definen a la perfección el sonido planetas de los primeros discos: "David y Claudia", "Un buen día" (quizá su canción más reconocible) y "De viaje". Éxtasis. “De viaje” en directo es eso. Parece que vas a salir volando por el sol en una nueva dimensión y que no puede haber nada mejor. Y claro, se van. El grupo se despide y enfila el backstage. Llevan ya 16 canciones, pero la gente reclama un segundo bis que es concedido por el grupo. Al fin y al cabo, ¿cómo negarles algo a este millar de jóvenes que se encuentran tan lejos de sus casas? Y van y se descuelgan con "Rey Sombra", otra de las míticas y que es un gustazo que la vuelvan a rescatar. Para rematar la jugada "Alegrías del incendio" y, como si de un presagio se tratara, cerraron el show con "Canción del fin del mundo", con una letra de innegable calado político-social y que incluye frases como "van a hacer un aeropuerto donde habíamos quedado, vamos a tener que irnos a otro lado...". Se volvieron a despedir, esta vez para ya no volver a salir, mientras el público los despedía al grito de: ¡La caja del diablo, la caja del diablo! Sabía yo que esta gente era entendida... Si tocan "La caja del diablo", que es mi favorita de siempre, un servidor no habría podido escribir esto porque le habría dado un infarto.

Los Planetas, música, Londres, aeropuertos, Castellón, más música, amigos... Va a ser que sí, que todo esto tiene un poco de sentido. O quizá no y solo estoy divagando en estas largas horas de espera en un aeropuerto londinense. En todo caso, siento que se cierra un círculo. Que aquel chaval que vio por primera vez a este grupo en Castellón a principios de los 90 se siente un privilegiado por poder disfrutarlos, ahora ya casi cuarentón, en una de las capitales mundiales de la música.

Y NMPNU, abriendo fronteras, también estuvo allí.

*Óscar Sidro es melómano, diseñador cerámico en Codicer y jugó como portero en el CD Castellón de 1994 a 2002.  



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