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Bobby Gillespie 7 – Liam Gallagher 0

El FIB 2013 registró anoche una goleada de escándalo. Mientras el cantante de Beady Eye y ex de Oasis rozó el ridículo, incapaz de llegar al tono en ni una sola canción y haciendo ostentación de una actitud cómicamente arrogante, el de Primal Scream lideró un repertorio brillante, sacando energías de donde no tenía. El festival los puso uno delante del otro y la comparación fue inevitable. Y, visto lo visto en las dos primeras jornadas, el cartel de este año, en comparación con el de otras ediciones, también empieza a soportar muy mal las comparaciones. Entre medio, Johnny Marr tirando de Smiths con buen tino. Dizzee Rascal y Zane Lowe pusieron los momentos más bailongos.
  
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Algo no cuadra cuando los nombres que más se repiten en la noche son de décadas pretéritas (The Smiths, Oasis), cartas repetidas (Primal Scream, Dizzee Rascal) o caraduras (Liam Gallagher). El cartel del FIB 2013 mostró el viernes todas sus debilidades de forma ostentosa. Pero, aún así, dio juego. Especialmente el que puso encima de la mesa la banda de Bobby Gillespie, apoyándose en un repertorio brillantísimo y, por contraste, favorecido por el desastroso concierto de Beady Eye, quienes les antecedieron en el Escenario Maravillas; también Johnny Marr tirando de Smiths. Dizzee Rascal y el neocelandés Zane Lowe fueron los encargados de agitar más y mejor a la heterogénea tribu. De los de aquí, mucho mejor Guadalupe Plata que unos descafeinados Hola a Todo el Mundo. En las barras, erre que erre, siguen sableando al personal con birras a 3 euros y cubatas a 9.

El de Primal Scream era su cuarto concierto en Benicàssim en los últimos 14 años de festival. En el año 2000, recién publicado XTRMNTR, ofrecieron uno de los mejores conciertos que se recuerdan en la historia del FIB: arrollador, pletórico. En 2008 regresaron con fuerza, pero en 2011 estuvieron lejos de su mejor versión recuperando Screamadelica. Anoche ofrecieron, con generosidad, todo lo que pueden dar de sí a estas alturas, que es mucho. Con menos fuelle que cuando se merendaba entero el escenario grande del FIB pero sacando todas las fuerzas de su escuálido cuerpo, Bobby Gillespie se entregó a sus canciones sin guardarse nada. El concierto de los escoceses, con algunos valles, funcionó de principio a fin, apoyado en un repertorio para enmarcar, a prueba de bombas: empezando por “2013”, el temón que abre su último disco, More Light, y continuando por clásicos muy bien escogidos de todos sus discos, como “Country Girl”, “Swastika Eyes” o “Movin’ on Up”, que fue la que mayor conexión logró con el público. En compensación por los coros góspel sampleados, un saxo que le daba un toque muy bueno a las canciones. Y ante la baja de Mani al bajo (de gira con Stone Roses), Debbie Googe de My Bloody Valentine.

Bobby Gillespie de Primal Scream, anoche en el FIB. Foto: Paco Poyato.

Menos mal que Primal Scream arregló el desaguisado. Porque lo de Beady Eye fue desolador: el ex cantante de Oasis hizo puré todo su repertorio. Sin piedad. Afónico, como si estuviera autoparodiándose, Liam Gallagher cantó desafinado todas las canciones que tocaron. Una tras otra. Y, encima, poniendo cara de perdonarnos la vida a todos, como ha hecho siempre que se ha subido al escenario del FIB. No hay nada más grotesco que el engreimiento cuando se está haciendo el ridículo. Su cara en la foto de abajo lo explica prácticamente todo. Ni siquiera la millonaria demanda de paternidad que se ha conocido hace unos días –sólo empezar el concierto hizo un gesto ostentoso para negar la mayor- puede justificar su actitud y su poca profesionalidad. Ni tirando de dos clásicos de Oasis, “Rock’n’Roll Star” y “Morning  Glory”, remontó el vuelo pese a la predisposición del personal. Una pena.

Liam Gallagher. ¿Enfadado consigo mismo? Foto: Paco Poyato.

Entremedio de Beady Eye y Primal Scream, el ex compositor y guitarrista de The Smiths, Johnny Marr, presentó en el escenario Trident Senses las canciones de su nuevo disco en solitario, The Messengers, y recuperó algunos clásicos de la legendaria banda de Manchester como “How Soon is now?”, incluidos esos arreglos originales de guitarra que sonaron a gloria. Después de los baños de gloria que se ha dado Morrissey en Benicàssim, era de justicia que se pudiera paladear la grandeza de la otra alma del grupo en el mismo festival. También cayó un clásico ajeno como “I Fought the Law”, canción de Sonny Curtis que popularizó The Clash.

Antes, en el escenario con nombre de sucedáneo de papas dejaron un concierto bien divertido Guadalupe Plata, trío de Úbeda que hace virguerías remozando el blues añejo. De repente, los que estábamos viendo cómo se las ingeniaba el batería para tocar con la mano escayolada y el bajista para marcar el ritmo con un barreño y un palo con una cuerda de motosierra, casi fuimos engullidos por un río de gente disfrazada que bajaba corriendo en dirección al escenario Maravillas para ver el concierto de Dizzee Rascal. Asombroso el calor que recibió del público el rapero londinense, que repetía en el festival. El rap se volvía a hacer su sitio en el FIB. El flow, el estilo y los scratches de los británicos consiguieron caldear rápidamente el ambiente. El ritmo urbano de Dizzee Rascal volvió a desatar el baile colectivo, con estallidos en temas ya convertidos en clásicos, como “Dance with me”, la locura de “Bonkers” y “Holiday”. Diversión, buen ambiente y mucho calor. El rapero consiguió encender a la gente y mantener un ritmo trepidante de principio a fin. Rimas combinadas con ritmos underground que poco a poco fueron evolucionando hacia un estilo más electrónico. Dizzee Rascal dejó bien claro, un año más, su merecido lugar en el festival.

Johnny Marr. Foto: Paco Poyato.

Y mientras Primal Scream tocaba en el Maravillas, Zane Lowe daba un pequeño adelanto de tan sólo media hora en el Pringles Fibclub de lo que luego ocurriría en el escenario Maravillas. El dj neocelandés puso el nivel realmente alto en muy poco tiempo. Algo difícil de superar, e incluso de igualar, por Hyetal y su electrónica con toques indie, que vio como poco a poco la marabunta que había creado Zane Lowe desaparecía. A las 3.00 Zane Low volvía al Escenario Maravillas. Si la gente se había quedado con ganas de más, la dosis esta vez fue generosa. Increíble ver al dj manejar los platos y la mesa. Las pantallas del escenario mostraban la cuidada técnica del neozelandés que no paró, literalmente, ni un momento. Electrónica con sabor a cualquier estilo: rap de la vieja escuela, toques de dubstep, rock… todo. Si te pasabas por el escenario era difícil no dejarse llevar por el ritmo del dj, pendiente de sus platos y de animar al público, aunque realmente no lo necesitaba. Por sus platos pasaron clásicos del hip hop de los 80’s y 90’s como el mítico “The power” de Snap!, “Bangarang” de Skrillex y Blood sugar de Pendulum, con los que es imposible mantener los pies en el suelo, Jay Z y sus ‘’99 problems, el ya tan remezclado Somebody that I used to know” de Gotye convertido en electrónica, Arctic Monkeys tarareado por un público que probablemente estaría pensando en el concierto del sábado, la locura que se desató con Rattle de Bingo Players, Calvin Harris e incluso We will rock you de Queen… una vez más, todo. Zane Lowe cerró el escenario Maravillas dejando al público con ganas de más, aunque puede que muchos aún estén intentando recuperarse. Gran descubrimiento.

Por lo demás, el escenario Maravillas volvió a estar marcado ayer por los contrastes y la ensalada estilística, ya que a primera hora de la tarde lo que allí sonó fue garage y rock sucio del bueno, de la mano del norteamericano con raíces palestinas Hanni El Khatib. Entre las bandas españolas, los madrileños Hola a Todo el Mundo ofrecieron un concierto bastante plano y deslavazado, que apenas remontó el vuelo en canciones de las que se esperaba mucho más en directo, como “They don’t let me grow”.

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