Quitarse la piel a tiras. De ese tormentoso dolor se acusan Carmen Machi y Pere Arquillué durante todo el espectáculo teatral que despliegan en ¿Quién teme a Virginia Woolf?. Y esa sensación de lamento emocional es la que contagian a los espectadores a penas pasados los veinte primeros minutos de la función. Un matrimonio infeliz que lanzando dardos verbales envenenados busca liberarse de sus ruinas sentimentales. La sensación constante de quien, como una especie de voyeur, presencia desde la butaca su devastadora relación es de incomodidad, de no querer ver a esa pareja de más de dos décadas hundirse a toda velocidad mientras siguen destruyéndose.
Y esa sensación se acrecienta cuando salen a escena Ernest Villegas y Mireia Aixalá para interpretar a una joven pareja que, invitados a cerrar una agradable velada, se ven implicados en la espiral esquizofrénica de Machi y Arquillué en el papel de Martha y George. Con un decorado semejante al salón de una sitcom americana, la escenografía hace un guiño al origen y década en el que el dramaturgo norteamericano Edward Albee parió esta descarnada representación de la compleja vida en pareja.
Aunque quizá el físico de Machi no encaje en el papel de la deslenguada y sin escrúpulos Martha, la popular actriz demuestra, una vez más, que meterse en las vísceras de su personaje y llevarlo hasta los límites de la interpretación es una tarea que se le da innegablemente bien. Bajo la cantinela constante de ¿Quién teme a Virginia Woolf?, Arquillué y Machi zurcen una nueva versión de la infinitamente reinventada obra teatral de Broadway, sin permitir al espectador comparar la calidad de ésta con la de versiones pretéritas.
Una guerra total con amor y odio, compasión e infidelidad que, a pesar de lo lamentable de su argumento, logra sacar una sonrisa y múltiples aplausos en la platea.















