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Cuando el arte se sienta a escuchar: 'Interferencias' recorre los pueblos para repensar la igualdad

La furgoneta de 'Interferencias' hace parada estos días en Viver tras un recorrido por distintos puntos del país que también la ha llevado a Fanzara y Vilafranca. Allí donde llega, escucha a personas de distintas edades para saber cómo entienden la igualdad de género y sumar sus historias a un archivo multimedia que sigue creciendo.
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Una de las grabaciones de ‘Interferencias’ en Viver. Foto: La Mary Posa.

Contaba Emilia que, con solo 9 años, iba a otros pueblos a comprar maíz. Llegaba a cargar hasta 40 kilos en su burro y, después de un largo trayecto, lo llevaba al molino para molerlo. Sus planes solo se complicaban cuando llovía. “Rezaba para que la harina no se mojara”, decía, aunque había poco que salvar cuando esto ocurría. Esta vecina de Fanzara, que tenía más de 80 años cuando compartió su testimonio y que nos ha dejado recientemente, era la única de sus hermanos que se encargaba del maíz, porque “estaba feo que ellos fueran con el burro”. “Los chicos más bien estudiaban… Las mujeres no, con que supiéramos coser, lavar y hacer comida era suficiente”, explicaba.

Sus palabras, que hablan de una época en la que los roles de género estaban mucho más marcados que ahora, permanecen intactas en el archivo multimedia ‘Interferencias EL/LA’, impulsado por Artes Visuales y dirigido por Maya Marja Jankovic. El proyecto lleva desde mediados de año recogiendo testimonios personales sobre identidad, género y vida cotidiana por todo el país y ahora se detiene en Viver. Las proyecciones tendrán lugar el próximo miércoles 16 de septiembre en la Casa de la Cultura del municipio.

Ya hace unos días, en realidad, que la furgoneta de ‘Interferencias’ recaló en este municipio para abrir nuevas conversaciones con sus vecinos. Frente a la cámara, Jankovic y su equipo escuchan sus recuerdos, cómo se repartían los trabajos y los cuidados, qué se esperaba de los hombres y mujeres o cómo entienden hoy la igualdad de género. Al poner estas voces en relación, el proyecto busca que quienes participan se conozcan mejor y encuentren otras formas de comprender su entorno y a las personas que lo habitan. Para la creadora, “el crecimiento individual y el de la sociedad están ligados”.

Cómo funciona ‘Interferencias’: de la grabación al código QR

Todo comienza con la escucha. Para desplazarse entre municipios, el equipo cuenta con la Unidad Móvil Interferente, uno de los pilares del proyecto. Se trata de una furgoneta rotulada y transformada específicamente para funcionar como su núcleo itinerante. Transporta el equipo necesario para realizar las grabaciones, pero, antes que cualquier soporte técnico, lleva consigo la idea que articula ‘Interferencias’. Concebida desde el movimiento, va trazando su recorrido por el territorio a medida que el archivo incorpora nuevas voces.

La furgoneta de Interferencias hace parada en Viver. Foto: La Mary Posa.

En cada parada hay un pequeño equipo dispuesto a conversar durante horas con los vecinos y vecinas. No buscan respuestas cerradas, sino que preguntan por la identidad, la vida cotidiana y la manera en que cada persona entiende la igualdad de género desde su propia experiencia. Cada uno de estos encuentros se graba en vídeo y pasa a formar parte del archivo.

Después llega el momento de compartir. Aunque el proyecto puede activarse mediante acciones performativas, el encuentro suele producirse a través de proyecciones. Allí, las personas entrevistadas y el resto de vecindario escuchan juntas relatos que hasta entonces habían permanecido en privado. Aun así, la convocatoria suele generar un momento íntimo, donde probablemente muchos espectadores se reconozcan en esas experiencias o, quizá, encuentren unos pequeños puntos en común e, incluso, los contradigan.

Los testimonios permanecen vinculados al territorio mediante códigos QR. Foto: La Mary Posa.

Al mismo tiempo, cada vídeo se vincula a un código QR creado específicamente para ese testimonio. Los códigos se imprimen sobre cerámica antes de la cocción y se integran después en las fachadas de las viviendas, en espacios públicos y en otros puntos vinculados al proyecto, como parte de una intervención urbana numerada. Así, cada voz deja una huella física en el lugar donde fue recogida.

“Las proyecciones son el primer encuentro público de las personas entrevistadas con su entorno. Cuando el testimonio pasa al código QR, el diálogo se extiende también al espacio físico y cualquier persona puede acceder a esa historia y escucharla”, explica Maya Jankovic.

Con todo, ‘Interferencias’ también cuenta con una plataforma digital, todavía en construcción, que irá reuniendo los vídeos a medida que crezca el archivo. Allí, los relatos de cada municipio permanecerán disponibles y entrarán en contacto con los recogidos en otros territorios. La proyección pública no es, por tanto, el final del proceso, sino el comienzo de una nueva circulación de esas voces.

Lo que queda después de apagar la cámara

“¿Qué ocurrirá después de irnos? Es imprevisible y justamente eso es lo que le da un toque especial. El proyecto no acaba al apagar la cámara, sino que se mantiene vivo con sus vecinos”, explica Jankovic. También lo ve así Mima Jankovic, encargada de la supervisión artística: “Es un trabajo muy complejo, porque hay una evolución propia y social. Maya se atrevió a hacer un proyecto al borde de lo imposible: dar la posibilidad a las personas de crecer y evolucionar y, con ellas, a la sociedad en su conjunto a través de un proyecto artístico”.

‘Interferencias’ nació a partir de la tesis doctoral de Jankovic, pero pronto salió del ámbito académico para convertirse en una propuesta artística que se pregunta cómo entiende la sociedad contemporánea la igualdad de género. El matiz es importante porque, como insiste el equipo, lo que emerge de esas conversaciones no es un estudio sociológico ni una campaña institucional; es un archivo multimedia que no documenta una obra ya terminada, sino que forma parte de ella y continúa transformándose con cada nueva participación. “No hay que olvidar el carácter procesual del proyecto. Para mí, abre una escucha continua de todo lo que está sucediendo y permite aprender por el camino. Lo hacen tanto quienes participan como nosotros mismos”.

Maya Marja Jankovic, creadora y directora de ‘Interferencias’. Foto: La Mary Posa.

La creadora no trabaja, eso sí, sola. Para desarrollar cada parada, la acompaña Mima Jankovic y todo un equipo de profesionales, que trabajan junto con los ayuntamientos y las asociaciones de los municipios, buscando que el proceso sea lo más colectivo y horizontal posible. El proyecto ha sido seleccionado por la Secretaría de Estado de Cultura dentro del Plan de Derechos Culturales y, hasta ahora, su furgoneta ha recorrido más de 4.000 kilómetros. Diez territorios rurales de Aragón, Galicia, Andalucía, Castilla y León, La Rioja y la Comunitat Valenciana forman parte de este mapa.

Con todo, el recorrido continuará durante los próximos meses y tendrá también una segunda etapa internacional, en la que el archivo incorporará testimonios procedentes de otros países. Pero el mapa de ‘Interferencias’ no se construye únicamente sumando kilómetros y localidades. Cada parada supone entrar en una comunidad distinta y acercarse a personas con experiencias, caracteres y maneras de mirar muy diferentes.

Cada nueva participación amplía un archivo que continúa transformándose a lo largo del recorrido. Foto: La Mary Posa.

Así mismo, dejarse afectar por esos encuentros está ligado, según Maya Jankovic, a la propia función del arte. “Nos preguntamos constantemente qué significa ser artista y qué es el arte. El arte tiene la función de mover el interior y la mente de las personas. Si no lo hace, podremos hablar de otros aspectos de aquello que se está haciendo, pero probablemente muy poco de arte”, sostiene.

De hecho,  ‘Interferencias’ coloca la igualdad de género en el centro, pero el proyecto no está pensado para quedarse ahí. En el futuro podría activar conversaciones alrededor de otras problemmáticas de la sociedad contemporánea e incorporar nuevas voces y contextos. La meta, sea como sea, es la misma: sentarse a escuchar, poner distintas experiencias en relación y dejar que el diálogo continúe cuando la cámara ya se ha apagado.

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