Teatro y danza

Vuelve El (em)Brujo más flamenco al Principal

El genial actor cordobés interpreta este domingo en Castellón ‘El testigo’, una obra de Fernando Quiñones que traza el retrato de un cantaor flamenco imaginario a través del cual aborda el pensamiento flamenco y la idiosincrasia andaluza. Llega la versión más poética y honda de Rafael Álvarez, El Brujo. Como sea. Nunca falla.
  
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El Brujo nunca falla; es un genio de las tablas. Quien lo haya visto en alguna de sus últimas visitas a Vila-real (con El contrabajo en 2010) o Castellón (con El ingenioso caballero de la Palabra en 2008), lo sabe. Cuando te hechiza una vez le guardas pleitesía para siempre. Este domingo, 10 de junio, a las 19.00 Rafael Álvarez regresa al Teatre Principal con uno de sus últimos estrenos, El testigo. Un texto original de Fernando Quiñones que el actor cordobés defiende en un monólogo en el que traza el retrato de un cantaor flamenco imaginario, Miguel Pantalones, de cuya genialidad e inconstancia se sirve para abordar otros aspectos relacionados con la profundidad del pensamiento flamenco y la idiosincrasia andaluza. Las entradas cuestan de 18 a 22 euros.

Según el propio Rafael Álvarez, la obra salda una antigua deuda del actor con este poeta y novelista andaluz, amante hasta la médula del mundo flamenco. Fernando Quiñones (1930-1998) fue uno de los grandes transmisores de la cultura flamenca en nuestro país a través de su poseía, escritos, recitales y programas de televisión en los años 60 y 70. A mediados de los 70 Quiñones invitó a El Brujo a participar en uno de esos recitales dedicados a poetas contemporáneos andaluces. Aquello marcaría definitivamente su formación y trayectoria y su apego indisoluble al arte flamenco que ya había mamado en su infancia.

El testigo es una obra que habla del duende y establece las diferencias entre lo que es dominar el cante flamenco y estar poseído por él. Para interpretarla se requiere de una sabiduría poética, unos matices de voz y un sentido del ritmo que sólo un actor de la trayectoria y calidad del Brujo puede asumir. La presencia escénica de Rafael Álvarez y la trascendencia del texto interpretado marca grandes diferencias con otros espectáculos de monólogos que ahora proliferan, marcados por la banalidad. El Brujo derrocha en esta puesta en escena sentimiento y hondura. Siempre con maestría y su sello personal, que igual te hace retorcerte de la risa en la butaca que te deja fascinado, e improvisando cuando toca. En el vídeo de abajo puedes ver un pasaje de la obra que es un excelente ejemplo. El domingo tienes una cita en el Principal.

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