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The Jesus & Mary Chain en 2017. Mieles que continúan dulces (y ásperas) 25 años después

La banda escocesa volvió a sonar turgente y atronadora en la presentación de su nuevo disco en la sala Razzmatazz de Barcelona. Casi como cuando nos atraparon en el 92 en la sala Arena de Valencia, pero logrando el más difícil todavía: que el público vibrara tanto -o casi más- con las nuevas canciones que con los clásicos, absolutamente indelebles. Y como esperamos volver a disfrutarlos el jueves 13 de julio en Benicàssim.
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The Jesus & Mary Chain deslumbrando en la Razzmatazz de Barcelona.

“Just Like Honey”, el principio de todo, cayó con el concierto maduro, la segunda del primer bis. Cuando la sala Razzmatazz de Barcelona estaba caliente y sonaba mejor. Cuando nuestros oídos estaban absolutamente desentumecidos. Y supo a pura gloria, con los amplis Orange de William Reid a todo trapo y ese sonido chatarrero y al mismo tiempo vigoroso que nadie como él sabe sacar de su Gibson y sus pedales; la reverb de la voz de su hermano Jim en su sitio; y toda esa bruma rodeándoles, con las luces enfocando por la retaguardia, por momentos dejándoles en meras siluetas. Fue el cénit de una actuación enorme, plagada de canciones imperecederas, prácticamente todas las que han jalonado su trayectoria, desde las del histórico Psychocandy (1985) hasta el último y dignísimo Damage and Joy (2017), pasando por los imprescindibles Darklands (1987) y Automatic (1987). Sacaron de paseo sus mejores canciones, esas que hablan de sencillas y atemporales historias de amor y desubicaciones varias, con un sonido y una atmósfera que (¡por fin!) les volvían a hacer justicia, entre ellas las nuevas, prácticamente sin altibajos, como hacía lustros que no lo hacían. Casi como cuando los descubrimos en directo y nos volaron la cabeza en el Arena Auditorium de Valencia, aquel 28 de abril de 1992, justo 25 años atrás, después de haber pinchado una y mil veces el Psychocandy en el tocadiscos compacto de casa. Mieles de dulce nostalgia; dulce y áspera al mismo tiempo, sí. The Jesus & Mary Chain justo como los recordábamos.

Y mira que nos la jugamos a volver a emborronar ese recuerdo. Porque predominaban los malos augurios. O, como mínimo, un justificado escepticismo: desde los repetidos conciertos insulsos (por ejemplo, el FIB del 98 no fue ni de lejos el doblete del 96 -que tampoco fueron la bomba- después de fallar en su primera edición pese a estar en cartel) a los discos fallidos (Munki, 1998) pasando por el enfrentamiento entre los hermanos, que ni tan siquiera se esfuerzan en disimular en las entrevistas. Por lo visto, después de un largo silencio, la minigira del 30º aniversario de su disco de debut les puso las pilas hace dos años. Les volvió a conectar con su público y han sabido sacarle jugo a esa energía, tanto con un disco más que potable como con un directo, al menos en Barcelona, espléndido. Algo en lo que su hábitat natural también juega un papel crucial: The Jesus & Mary Chain siempre han sido y son un grupo de sala de conciertos. De distancia corta, sin más distracciones que sus canciones a palo seco. Para que brille sin ataduras su estridencia y su dulzura.

Jim Reid, capturado en rojo.

 

Eso fue en lo que basaron su actuación el pasado 29 de abril. Una escenografía espartana (tan solo la portada del nuevo disco como telón de fondo), un contraluz radical y sus canciones, encadenadas prácticamente sin descanso y sin presentaciones. Después de arrancar con el tema que abre el nuevo disco, “Amputation”, se descolgaron con una del segundo, la hermosa “April Skies”, con uno de esos estribillos 100% pop y un sencillísimo y certero punteo de guitarra para ponernos a todos en situación: habían venido a hacérnoslo pasar bien. Por eso soltaron a continuación algunas de sus canciones más reconocibles, “Head On” (versionada por Pixies) o “Blues From a Gun”, para no dejar lugar a la duda: no han regresado para hablar de su último libro, sino para regodearse en su antología.

Sin embargo, una de las cosas que más llamaron la atención del concierto de los de Glasgow en la Razzmatazz es que, entre las canciones más coreadas y aplaudidas por el público, se situaron algunas de las nuevas, como “All Things Pass”, incorporándose a su repertorio casi como si hubieran estado siempre ahí. Y eso que se dejaron alguna de las mejores, como “The Two of Us”, que las voces femeninas fueron testimoniales (cuando en el disco son muy protagonistas) y que tampoco hubo teclados. Fueron al grano-grano. Como muestrario del contrapunto que siempre ha identificado su música, capaz de tratar con el mismo buen gusto desarrollos largos y pesados que canciones directas y certeras, en el primer y el tercer final -el definitivo- se fueron con “Reverence” y “I Hate Rock 'n' Roll”.

Dos bises que terminaron de dejar el listón muy alto para la nueva visita que nos dispensarán el próximo verano en Benicàssim, ya que durante la semana de los conciertos en Barcelona y Madrid, el FIB anunció que The Jesus & Mary Chain actuarán en su 23ª edición, que se celebrará del 13 al 16 de julio de 2017. Será la tercera ocasión que los hermanos escoceses visitan Benicàssim; ahora casi perdidos entre los nombres con tipografía de letra más pequeña en el cartel, pero con aquel sonido y aquellas canciones que contribuyeron como pocas a cambiarlo todo a finales de los 80. Al menos para los que un día pusieron en pie el festival en el Velódromo y para muchos de los que acudimos a su llamada. ¿Volveremos a jugárnosla? Después de lo visto en Barcelona, probablemente.

Los hermanos Jim y William Reid, repasando su legado en Barcelona.