Música

Santi Campos ata cabos

Amigos Imaginarios ofrecieron un brillante concierto el pasado domingo en el Four Seasons de Castellón, basado en las canciones de su último disco, 'Muñecas rusas', y en el carisma de su líder, Santi Campos, escoltado por un enorme Charlie Bautista a los teclados. Esta actuación nos (se) la debía desde mayo.
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Santi Campos, escoltado por Ester Rodríguez y Charlie Bautista. Fotos: Elena Ortega.

El viernes 15 actúa con Christina Rosenvinge en el Lunario del Auditorio Nacional de México DF y al día siguiente, el sábado, coge un avión de regreso para llegar a Madrid el domingo al mediodía. Alquila un coche en Barajas y se planta a punto y hora en el Four Seasons de Castellón. Se llama Charlie Bautista, es teclista, uno de los mejores del país, y toda esa peripecia la hizo el pasado fin de semana para tocar las canciones de Amigos Imaginarios, para hacerlas mejores, al igual que acostumbra hacer con las de Christina Rosenvinge, Russian Red, Tulsa; y antes con las de Sunday Drivers, Havalina y Melusa. Pero los Amigos Imaginarios son los primeros de la lista, su grupo. Por el que se cruza medio mundo para actuar un domingo por la tarde en Castellón.

Y de eso tienen la culpa las composiciones de Santi Campos y el clímax que alcanzan en directo. Casi todas. Canciones que parecen lánguidas y crecen, que dicen cosas que te llegan y que acaban explotando elegantemente, con energía pero sin estridencias; con aroma a clásico pero siempre aportando algo. El guitarrista y cantante segoviano, que pasó gran parte de su juventud en Castellón, lleva más de 20 años haciendo enormes canciones pop y rock como refugio de su inagotable caudal de conflictos interiores, que cada vez explica mejor a través de unas letras brillantes, repletas de metáforas e imágenes sorprendentemente transparentes. Y ahora, además, parece que vuelve a sonreír. Que, después de haber superado un pronunciado bache, está disfrutando de la música como nunca. Atando cabos, al contrario de lo que dice en «Cabos sueltos», una de las canciones de su último disco, Muñecas Rusas (Rock Indiana, 2010), que presentó en un concierto luminoso, trufado de calidad.

A los que estuvimos el domingo en el Four Seasons nos trajo sin cuidado que nunca se le haya prestado la atención que se merece, porque disfrutamos de lo lindo. De la mejor versión de Santi Campos, tocando la guitarra de miedo, y de la enorme banda con la que forma Amigos Imaginarios: además de Charlie Bautista a los teclados, Sebastián Giudice a la batería, Jesús Montes al bajo y Ester Rodríguez a la Telecaster (con demasiado volumen en algunas canciones) y a los coros. Y de sus canciones, de su depurada e inagotable factoría de canciones.

Empezaron con varios temas de Muñecas Rusas, hasta que empezaron a intercalarlos con otros de sus anteriores discos, como «Bicho raro» de El invierno secreto (Lucinda, 2006) -en el vídeo de abajo-, un bombazo que remite al Josh Rouse de 1972; o su particular homenaje al primer disco de Teenage Fanclub, «Una educación católica», y a Josele Santiago. Para desembocar en lo que Santi Campos presentó solemnemente como «la mejor canción que hemos hecho y que jamás haremos nunca». Se refería a «Cleopatra, la Reina de África», que efectivamente interpretaron y sonó sencillamente perfecta. El «reías y besabas» del estribillo final cantado a capella resonó por todo el Four Seasons entre un silencio reverencial. También cayeron algunas de las mejores de El maestro de Houdini (Banjo Records, 2007), especialmente «Lobos e insectos», con la que el cantante y guitarra estrenó Fender Jaguar mexicana, recién sacada del estuche tras ser facturada por Charlie Bautista.

Terminaron con «Un poco más feliz», esa innecesaria exhibición de debilidad que, como volvieron a demostrar en los bises, ya no pertenece a estos Amigos Imaginarios, que suenan como la superbanda que son; compacta, madura, decidida a demostrar concierto a concierto que son de lo mejorcito que se puede escuchar hoy en castellano si lo que buscas es pop con mayúsculas. A pesar de la voz y el talante quejoso de su líder. Pero también gracias a ellos. Y, sobre todo, gracias a su sensibilidad componiendo y tocando la guitarra. Escoltado por Charlie Bautista, un maestro en el difícil arte de poner el matiz y la atmósfera adecuada a cada canción. Esta actuación nos (se) la debía desde mayo pasado y tras más de dos años de la última visita con su grupo a Castellón. Pronto lo volveremos a ver por aquí.


  1. Creo que salimos todos gratamente sorprendidos. Y eso que fue más Mabra que nunca. Pero hubo algo extra ahí. No sé si fue la enorme densidad de las letras o la experiencia acumulada de Santi como autor y de la banda como banda que hizo que fuera la vez que más me haya gustado. Un chapeau como un castillo.

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