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Portishead (sublimes) y Arcade Fire reinan en Benicàssim

La última jornada del FIB fue para enmarcar. Con estilos bien diferentes, unos y otros elevaron el listón musical hasta los niveles más altos. Atrás quedan Arctic Monkeys y, sobre todo, Primal Scream o The Strokes.
  
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Arcade Fire pusieron los momentos más épicos del FIB 2011. Fotos: Paco Poyato.

Era el día del aluvión en el FIB del aluvión. Esta vez sí, las 50.000 personas (según datos oficiales, aunque parecían más), iban a congregarse en el Escenario Maravillas para rendir pleitesía a Arcade Fire. Así fue. La ocasión no merecía menos.

Fue un domingo de los que te traspasan por los ojos, la piel y el corazón, de los que recordaremos por siempre, debido también a Portishead. Dos cabezas de cartel mayúsculos que dejaron en simples buenos conciertos a Arctic Monkeys, The Strokes o Primal Scream. Con la verdad por delante, todo es mucho más fácil.

La voz de Beth Gibbons es estremecedoramente hipnótica. Como la música de Portishead. Lo llaman trip hop, pero a ellos no les gusta tal etiqueta. Difícil definirlos. Su música no es para escucharla; es para sentirla. Conseguir un vuelo de semejantes vaivenes con una sola y simple (aparentemente) melodía parece fácil, pero sólo ellos saben hacerlo. Tres discos en 14 años sirven para definir su música; imposible hacerlo con palabras. Porque no hay términos, no hay conceptos que siquiera se acerquen a lo que transmiten, lo que provocan, lo que crean.

Conseguir el ambiente que merece Portishead en un festival tan masificado es una quimera. Admitámoslo. Pues bien, les esperaban unas 40.000 personas. Había dos opciones: dejarte arrastrar o caer en la complacencia a la espera de Arcade Fire. Casi todos optamos por la primera. Porque fue un concierto de esos de dejarte llevar, de cerrar los ojos, mirar al cielo, al horizonte sin fijarte en nada... De estar o no estar. No cabían medias tintas. Y si te atrapaban, estabas perdido, sobre todo, si suenan “Roads” o “Glory Box (“Give Me A Reason To Love You”).

Consiguieron el mejor sonido de todo el FIB. Perfecto cada instrumento; perfecto el conjunto; sublime la voz de Beth, que se marcó el detalle de bajar al foso y saludar al público que le adoraba en las primeras filas. Todo ello, acompañado de un audiovisual variado, una realización a modo videoclip en directo con temáticas y texturas diferentes. Faltaban sentidos para atrapar tanta belleza. Hora y cuarto de porosidad máxima y 40 minutos de descanso para asimilar lo vivido y esperar a Arcade Fire.

Beth Gibbons rozó la perfección el domingo en el FIB.

Y llegó la eclosión con una banda descomunal que, además, se mueve a la perfección en festivales. Arcade Fire (perdón por el chiste fácil) incendió el FIB. Aunque el sonido no fue perfecto (la multitud de instrumentos que utilizan no facilitan la tarea), el resultado sí lo fue. Llegaron para presentar su último trabajo, The Suburbs, sin olvidarse de los dos anteriores; salieron por la puerta grande después de un bis de los de verdad, de los que pide el público con el corazón.

Provocaron un estado de felicidad colectiva difícil de igualar. El listón estuvo en lo más alto desde el principio hasta el final. Tienen buenos temas y una actitud envidiable. Se dejaron todo lo que tenían sobre el escenario; todo lo contrario que Julian Casablancas, tal y como te contamos en la crónica de The Strokes, un concierto que no acabó de cuajar pese a la cantidad de hits que poseen.

Mientras, el sábado observamos una confirmación y una decepción: la de Arctic Monkeys y la de Primal Scream (por este orden). La juventud se impuso a la experiencia. Los cuatro de Sheffield protagonizaron un recital a todo tren, de los de poca pausa y mucho músculo. Se divierten y no lo ocultan. Son cercanos, descarados y vivaces. Y su líder, Alex Turner, va sobradísimo con la guitarra y al micro. Posiblemente el suyo hubiera sido el concierto del FIB... si el festival hubiese acabado el sábado.

En el lado contrario, Primal Scream, quienes recuperaban uno de los mejores discos de la historia del pop con todas las papeletas lucirse, Screamadelica, y estuvieron lejos de hacerlo. Su conciertazo del año 2000, todavía en la memoria de quienes lo vimos, y ese repertorio tan especial merecían toda la expectación. La actuación funcionó por momentos, impulsada por esas grandes canciones, pero a Bobby Gillespie se le notaba fuera de forma y con la voz bastante justa, algo que incluso la corista (la que se veía y la que no) no pudo disimular. El sonido tampoco ayudó especialmente. El concierto nunca terminó de cuajar como se hubiera merecido esa combinación que tan buena pinta tenía a priori: Screamadelica más FIB.

Está claro: Portishead y Arcade Fire fueron los cabezas de los cabezas de cartel. El orden de los factores, esta vez, no altera el producto.

Alex Turner al frente de Arctic Monkeys.

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