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La belleza de 'Sonoma' hipnotiza al Principal

'Sonoma' es un nuevo paso adelante en la brillante carrera del coreógrafo valenciano Marcos Morau y la compañía barcelonesa La Veronal. Su paso por el Teatre Principal de Castelló dejó un halo de hipnótica belleza surrealista. Un brillante homenaje vanguardista a Luis Buñuel y al surrealismo a través de la danza contemporánea.
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Una de las primeras imágenes de 'Sonoma'. Foto: Carlos Pascual (slowphoto.es).

'Sonoma', por La Veronal. Teatre Principal de Castelló. Bailarinas: Alba Barral, Tanit Cobas, Laia Duran, Anna Hierro, Laura Lliteral, Ariadna Montfort, Lorena Nogal y Sau-Ching Wong. Dirección y coreografía: Marcos Morau. Texto: El Conde de Torrefiel, La Tristura y Carmina Sanchis. Dramaturgia: Roberto Fratini. Vestuario: Silvia Delagneau. Espacio escénico e iluminación: Bernat Jansà. Sonido: Juan Cristóbal Saavedra. Sábado 15 de enero de 2022 (19:00). Espectadores: más de 500. Entradas: 3-20 euros.

Difícilmente se hubiese podido escoger mejor el arranque del Abono de Artes Escénicas del Institut Valencià de Cultura (IVC) elaborado por Alfonso Ribes para el Teatre Principal de Castelló en este 2022. Sonoma es un trabajo sobresaliente con el que Marcos Morau (compañía La Veronal) rinde su particular tributo al surrealismo y a una figura culturalmente tan rompedora como Luis Buñuel. Una pieza de danza contemporánea rebosante de simbolismo que empieza -y acaba- con los sonidos de unos tambores que, por la explicada motivación del coreógrafo, remiten a la localidad natal del cineasta, Calanda (lo mismo que los cabezudos). Unos golpes percusivos que marcaron por siempre al innovador creador turolense aun dentro una trayectoria de miras vanguardistas con significativas estancias en París y México. Lo mismo que las iglesias y los iconos que estas contienen inspiran en la actualidad al coreógrafo de Ontinyent -trasladado a Barcelona- para sus elaboradas y sorprendentes creaciones.

No es Sonoma una obra fácil de entender si se le busca un significado diáfano. Ya su propio título conduce a un juego. Una búsqueda en Google te lleva a una localidad y un condado de California y su vitivinícola Valle de la Luna. Pero la realidad es que Marcos Morau fusiona el término griego "soma" (cuerpo) y el latino "sonum" (sonido), lo que sí te conduce a las tripas de la obra. Una producción de danza en que las palabras tienen un peso importante. Frases en francés (traducidas una pantalla ubicada en la parte alta del escenario). No es casual. El origen de Sonoma se encuentra en el encargo de una pieza corta para el Ballet de Lorreine (2017), El surrealismo al servicio de la revolución, aunque reformada y alargada durante el período del confinamiento. Una etapa de encierro que tal vez haya ayudado a acentuar ese carácter (atractivamente) lúgubre, con el negro y blanco como colores dominantes y casi únicos para confeccionar estampas estéticamente muy bellas.

Las largas faldas de las bailarinas hacen creer que sus rápidos movimientos son debidos a patines, pero no es así. Foto: Carlos Pascual (slowphoto.es).

El primer símbolo visual: una cruz de gran tamaño rodeada por los movimientos a gran velocidad de las bailarinas, cuan muñecas mecánicas participantes en un baile de cintas cuyo motor son sus propios pasos de ballet (aunque más de uno pensamos en principio que las largas faldas escondían patines). No falta otra referencia derivada de la Biblia: la proyección del cuadro El paraíso terrenal de Brueghel. También se añaden otras, como ese rito funerario de trajes y flores blancas. Pero no es Sonoma una obra de cariz eclesiástica, sino de tradiciones arrastradas en el tiempo. No falta la jota aragonesa (tampoco músicas mediterráneas o Debussy), siempre desde un prisma actual, llevándola hasta un lugar diferente al habitual. En escena aparecen varios referentes surrealistas, como una figura gigante inspirada en Hijo del hombre de Magritte, a quien también parecen remitir (Los amantes) con esa especie de máscaras-cero que ocultan los rostros y borran sus signos distintivos.

Que todo el elenco de baile sea femenino no resulta casual. El propio Morau ha recordado que en la sociedad machista los grupos de mujeres siempre han levantado sospechas. Se trata de una obra que transmite conceptos de revolución, y en ella las mujeres y el feminismo tienen mucho que decir. Bailan, pero también dicen frases, gritan (los aullidos en off no son cosa suya), hasta el espectacular remate final con los tambores son suyos, como una llamada a la revolución. Marcos Morau -en 2013 se convirtió en el Premio Nacional de Danza más joven de estas distinciones- ha recurrido a sus actuales bailarinas, pero también a otras que forman parte de la historia de La Veronal y que se apartaron de la compañía por motivos como la maternidad.

Un panel de luz blanca, a modo de luna. Foto: Carlos Pascual (slophoto.es).

Cada dramaturgo tiene una seña de identidad que se transmite de una obra a la siguiente. En el caso de Marcos Morau, se trata del baile kova, con esos convulsos movimientos de las extremidades corporales, como de fragmentada deconstrucción, ejecutados a gran velocidad en momentos solistas, aunque a lo largo de su algo más de una hora predomina la expresión coral, de unidad, que produce escenas de hipnótico efecto.

Más allá de su base conceptual, la sinopsis de Sonoma resulta complicada de explicar (aquí no hay una presentación-nudo-desenlace tradicional), pero su gran valor es la hipnótica belleza que rezuma por cada uno de sus poros expresivos (danza, palabra, sonido, música, luz, vestuario, el básico negro y blanco...). Un regalo para los sentidos.

"El arte perdura, pero el hombre muere" (frase proyectada en 'Sonoma').

Panorámica del Teatre Principal. Foto: Carlos Pascual (slowphoto.es).

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