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Delafé y Las Flores Azules refrescan el Arenal Sound

El grupo barcelonés se metió en el bolsillo a fans y neófitos con un concierto redondo en el que encadenaron sus canciones más divertidas y en el que Oscar y Helena -guapísima de azul y negro- rebosaron empatía. En la última jornada de la primera edición del festival burrianense, mejorable en bastantes aspectos, también destacaron Lori Meyers y Autumn Comets.
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Noni López, de Lori Meyers, el pasado sábado en el Arenal Sound. Foto: Txema Amat.

Noni López, de Lori Meyers, el pasado sábado en el Arenal Sound. Foto: Txema Amat.

Delafé y Las Flores Azules ofrecen su mejor rendimiento con generosidad en un festival de verano. Lo comprobamos en el FIB 2008 y lo volvimos a disfrutar en el Arenal Sound el pasado sábado en la playa de Burriana. Tienen un buen número de canciones con estribillos y letras que conectan con el público, suenan de miedo en directo -y eso que abrían un escenario, el principal, que no sonó muy fino durante el fin de semana-, han reunido una banda notable, disfrutan tocando y cantando y saben transmitirlo y contagiarlo con naturalidad. Bailan y hacen bailar. Bajo un sol inflexible y ante una audiencia donde abundaban las chanclas, Delafé y Las Flores Azules refrescaron la tarde con su mejor hip-pop, sus imágenes de la costa catalana, su sensualidad, sus lemas futboleros, su ritmo y su fraseo, confeti y paraguas japoneses.

Convencieron con las clásicas, "Enero en la playa" de El monstruo de las Ramblas (Music Bus, 2005), y con las nuevas, "Espíritu Santo" de Las Trompetas de la Muerte (Warner Music, 2010), y al poco de empezar ya habían llevado a su terreno tanto a los fans más convencidos como a los que los conocieron esa tarde. Del último, mejor "Río por no llorar" o "Éramos" que "La Primavera" o "1984", que suenan a reciclaje. Aún así, las canciones fueron deslizándose con soltura sobre una marea de brazos al aire. Gente bailando y sonriendo con los ojos cerrados. Ni Oscar D'aniello y Helena Miquel, guapísima de azul y negro, ni los asistentes podíamos pedirle más al concierto, que brotó esplendoroso como un oasis en medio del calor y de gran parte del cartel del festival.

Como esa supuesta "cadena de conocidos de no más de cinco intermediarios" que relaciona a la humanidad entera, a la que hacen referencia en el videoclip de "Espíritu Santo", el heterogéneo público vespertino del Arenal Sound se conectó inesperadamente, entre sí, en torno a Delafé y Las Flores Azules. Tras el concierto la gente se quejaba de la duración del concierto -una hora- en el muro de Facebook de los barceloneses, pero seguramente ofrecieron la dosis perfecta. Más, igual empalaga.

Y decimos público vespertino porque, conforme caía la tarde, cambió sensiblemente el pelaje de los asistentes con la llegada de las aves nocturnas en busca de más julios por segundo. Es lo que tiene programar a Miguel Bosé, que se te ponga malo y sustituirlo por Lori Meyers en el último momento. Si a eso le añadimos confusión en los horarios y nula información en los accesos y en las pantallas, el resultado es el despiste generalizado. Con todo, Lori Meyers acabaron cuajando un concierto potable. Intermitente, muy lejos de la empatía que habían derrochado sus antecesores en el escenario principal -Delafé- y lastrado por un sonido regulero, pero apoyado en unas cuantas canciones chulas, no precisamente las nuevas.

Hacía años que no iba a un concierto suyo y me apetecía verlos. No me gusta un pelo su cuarto y último disco, Cuando el destino nos alcance (Universal Music, 2010), grabado en Los Ángeles con la producción de Sebastian Krys, pero el recuerdo de las buenas canciones de sus anteriores álbumes me tiraba. Y al final fueron las que funcionaron. "Sus nuevos zapatos", "Dilema", "Ham'a'cuckoo", "Luciérnagas y mariposas" o "Luces de neón" brillaron por encima de la media, ese potaje de ritmos pretendidamente bailables y melodías que no acaban de encajar que es su último álbum, del que lo más comestible en directo fue "Explícame" y "Corazón elocuente". El cantante del grupo granadino, Noni López, parecía algo frío al principio y, como el público, fue metiéndose en el concierto progresivamente. Pero sin alcanzar el clímax. Un repertorio irregular, un sonido deslavazado, guitarras sin chicha... Han tenido y tendrán conciertos mejores.

Para mi gusto a Lori Meyers les sobra más de la mitad de las canciones del último disco, la producción hortera que les ha metido Sebastian Krys, algunas letras pretenciosas, la percusión de timbales a mano en directo y ese exceso de expectación que se generó alrededor de ellos después de Hostal Pimodán y Cronolánea. Les sobra, también, ser el grupo que sustituye a Miguel Bosé en un festival de verano. Son una buena banda de pop, con canciones muy chulas. Para qué liarse más.

Autumn Comets, el sábado pasado en el Arenal Sound de Burriana.

Autumn Comets. Foto: VHB.

Autumn Comets, por su parte, confirmaron el sábado en el Arenal Sound que son un proyecto con vistas. Solo actuaron media hora porque les cortaron y se tuvieron que dejar dos temas fuera -había anunciados 40 minutos de concierto-, pero fueron suficientes para comprobar que en directo también chutan. Y de qué manera. Avalados por un notable EP autoproducido, Parades, y programados en el Arenal Sound de la mano del sello discográfico -Cuac! Música- que los acaba de fichar para sacar disco,  el joven grupo madrileño se mostró sólido, solvente, contundente.

Cayeron tres de las perlas de Parades y adelantaron tres temas de su próximo y primer larga duración, que ha sido grabado recientemente en los estudios Puk! de Zaragoza con Edu Baos (Tachenko) y la colaboración de Micah P. Hinson y Lourdes Hernández (Russian Red) y que saldrá en septiembre con el título de A perfect trampoline jump. "The Day After Tomorrow", que sonó en Burriana y ha sido regrabada para el disco, fue el nexo de unión, pero todas sus canciones están caracterizadas por un sugerente fuerte-flojo, una mezcla de momentos acústicos e intensos, slowcore y post-rock de finales catárticos. Canciones que crecen en cada escucha, elegantes y bien curtidas en directo. Pronto oirás hablar de ellos y esperemos que presenten el disco en Castellón, donde los hermanos Julián (voz y guitarra) y Pablo Palomo (batería) tienen familia.

Apuntes sobre el festival en sí

Ya dijimos por aquí que el cartel del Arenal Sound nos parecía una ensalada bastante rarita pero que tanto por fuera como por dentro había cosas interesantes que ver, como los conciertos que hemos reseñado de Simple Minds, The Cranberries, Marlango, Delafé y Las Flores Azules, Lori Meyers o Autumn Commets, y algunos otros que nos hemos perdido por los horarios: a las 15.30 en el mes de julio no son horas de programar una actuación. Así que le vemos pocas pegas a que nazca un nuevo festival en la playa de Burriana, que se sume a los FIB y Rototom Sunsplash de Benicàssim, Bestialc de l'Alcora, FOC de Moncofa, Test de Torreblanca, Rec Summer de Oropesa, Petit de la Vall d'Uixó, Vive Rock de Castellón... para ampliar la oferta musical a nivel estilístico y geográfico. Una cita ambiciosa que puede presumir realmente de un emplazamiento junto a la playa, en el que se nota la brisa del mar, condimentada con actividades acuáticas y con intención de continuidad a pesar de no haber cubierto las expectativas iniciales de afluencia de público, aunque finalmente la organización se ha hecho un balance positivo. El director, David Sánchez, ha anunciado que el año que viene se concentrarán los días de festival y que se programarán más bandas de rock y pop en detrimento de la electrónica.

El Arenal Sound es una buena noticia, aunque también es cierto que el festival se ha estrenado con algunas carencias de bulto: de personalidad, de organización y de acondicionamiento del recinto y alrededores. A nivel estilístico el cartel no había por dónde cogerlo, quería gustar a demasiados oídos diferentes, y eso durante el fin de semana de conciertos se ha traducido en un público heterogéneo, poco militante y con poca conciencia colectiva. Es decir, infiel de cara a próximas ediciones. Después, hay cosas sueltas bastante incomprensibles, como la falta de indicaciones para acceder por carretera, los conciertos a la hora de la siesta, la confusión de horarios, la falta de acondicionamiento del solar entre el recinto y la playa que te hacía masticar un montón de polvo, los 3 euros de clavada por cerveza en vaso de plástico, el lío de precios de tipos de entradas y promociones a destiempo, la inoperancia de la web...



  1. Tuve que abandonar el barco por razones de fuerza mayor y me quedé con las ganas. Cuéntanos tú Naxio.


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