Cine

El mejor cine de autor es para el verano del EACC

La mejor cosecha autoral que se ha ido produciendo a lo largo del año llega por fin a Castellón en el ciclo de verano del Espai d'Art Contemporani. Sokurov, Resnais, Lanthimos o Hansen-Løve, entre muchos otros, ofrecen una mirada comprometida social y/o política que demuestra que el mejor cine es aquel que refleja la situación actual e intenta ofrecer soluciones o provocar inquietudes al espectador.
  
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El buen cine no es aquel que ofrece espectaculares persecuciones, exuberantes batallas y una hipertrofia de efectos visuales que nos quieren dejar con la boca abierta y la mente en blanco. El buen cine es aquel que nos invita a reflexionar acerca de la condición humana y nuestra posición en el mundo actual; siempre con la preocupación (y reflexión) que implica toda representación. El Espai d’Art Contemporani de Castelló inicia su ciclo veraniego con las mejores propuestas del cine de autor que no hemos podido ver en las salas comerciales a lo largo del año. Como siempre, una amplia variedad de títulos internacionales que reflejan diferentes puntos de vista de hacia dónde nos dirigimos en un periodo de crisis que no hace más que aletargarse y cómo el individuo trata de afrontar esos complicados momentos. La proyecciones, martes y jueves a las 20.00 y los miércoles a las 22.00. La entrada gratuita. Un trimestre para disfrutar del verdadero buen cine.

Para terminar el mes de julio, el EspaiCinema nos trae los dos últimos trabajos de Aleksandr Sokurov y Alain Resnais. La onírica y sofocante Fausto (17 al 19 de julio) del cineasta ruso, que retoma el clásico alemán de Goethe. La culminación de la tetralogía del poder, que retrataba a Hitler, Lenin y Hirohito es la más plástica y excéntrica obra de su autor. Sokurov retrata los senderos de la locura, donde “el merodeo sin rumbo y la realidad se convierte en un caos figurativo, que acaba disolviéndose en su propio movimiento, en su actividad a la vez imparable e improductiva” (Carlos Losilla). Una auténtica obra de arte con ecos a las decisiones político-económicas de la actualidad. No menos onírica, pero más fabulista es la chispeante (solo hay que ver los pelos de Sabine Azéma) y moderna Las malas hierbas (24 al 26) de Resnais. Un cromatismo esplendoroso y una cámara que no cesa de levitar atrapan al espectador en una sofisticada comedia donde la casualidad puede llevarnos hasta el infinito de posibilidades, como bien deja caer el epílogo final, de lo mejor y más atrevido realizado en los últimos años. Y es que Resnais no deja de sorprendernos y de demostrar que en el cine (y el audiovisual en general) todo es posible. Hay que estar atentos y no dejarse engañar por la levedad de las apariencias.

Agosto comenzará con una mirada más alegre, en ese homenaje al cine del memorable cineasta japonés Yasujirô Ozu, y más concretamente a su célebre película Buenos días (Ohayô, 1959) con la obra de Hirokazu Koreeda, Kiseki (31 de julio al 2 de agosto). Dos hermanos separados por el divorcio de sus padres deciden reunirse en la nueva línea ferroviaria, donde dos trenes se cruzarán, concediendo los deseos que los niños pidan. La solidaridad, la amistad y la confianza ayudarán a madurar a estos hermanos y sus amigos en su periplo en busca del milagro que da título al film. El protagonista de Take Shelter (7 al 9), de Jeff Nichols, también tiene la creencia de que algo extraordinario sucederá en algún momento. Pero, al contrario que los protagonistas de Kiseki, Curtis Laforche tiene visiones de que se acerca el apocalipsis. Para ello construye un refugio en el que proteger a su familia, preocupada por el extraño comportamiento de este. Tensión y la verdadera sensación de que el final se acerca son las bazas de una de las propuestas más interesantes que llegan del cine americano. De esa magnífica rareza de cine de época que es Cumbres borrascosas de Andrea Arnold (14 al 16) ya hablamos por aquí con anterioridad. Y de Un amour de jeunesse (21 al 23) no hay mucho más que decir que es la última película de la cineasta con mayor proyección en el cine francés, Mia Hansen-Løve. Una propuesta biográfica que recoge todo el cine heredero de la Nouvelle Vague hasta Philippe Garrel, principalmente la vena truffautiana. Una de las filmografías más personales que podemos encontrar hoy en día.

Con otra perla de la cantera “indie” norteamericana termina el mes de agosto. Martha Marcy May Marlene (28 al 30) de Sean Durkin. Al igual que la obra de Nicols, la protagonista, Marta padece un trastorno mental de paranoia, en esta ocasión al escapar de una secta. Las consecuencias de un poder autoritario construido bajo las ínfulas del mind-game film a base de flashbacks.  Y septiembre continua con la radiografía de la situación del mundo indagando en tres etnografías completamente distintas. Desde China, Jia Zhang Ke, realizador de la reconocida Naturaleza muerta (2006), nos llega Historias de Shangai (4 al 6). Un ambicioso documental que retrata la rápida evolución de esta metrópoli mediante declaraciones de todo tipo de personajes que construyen su/la historia del lugar desde la segunda mitad del siglo XX. David Trueba encierra a José Sacristán y María Valverde en un baño público de Madrid, 1987 (11 al 13). Un tour de force actoral donde dos  generaciones nos hablan de la Transición, en una época que parece necesitar un cambio radical en la política de nuestro país.

Y, para terminar, nuevamente uno de los films más importantes del año, Alps (18 al 20) de Yorgos Lanthimos. La cinematografía griega, impulsada por una serie de realizadores herederos del fallecido recientemente Theo Angelopoulos, que hizo de la reivindicación política un estilma de su cine, intentan mostrar la situación que los jóvenes griegos están viviendo a causa de la debacle de su país. Un cine del silencio y el absurdo, donde sus protagonistas actúan de una manera autodestructiva, como la última propuesta de Lanthimos, donde un grupo de personas fundan una compañía llamada Alpeis (por los montes) especializada en hacerse pasar por personas muertas que ocupan el mismo lugar en la familia del fallecido, intentando olvidar una perdida que es imposible. Como vemos, una programación que se articula como un bucle encerrado entre Fausto y Alps y nos hablan de cómo el ser humano puede quedar atrapado “en las montañas de la locura” como diría H.P. Lovecraft.

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