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Verónica Fabregat: "El álbum ilustrado tiene muchas caras y todas pueden aportar cosas valiosas"

La diseñadora castellonense Verónica Fabregat compagina su trabajo en el estudio con una trayectoria en la ilustración infantil que en pocos años la ha llevado de los "silent books" (cuentos sin palabras) a representar a España en la Bienal de Bratislava 2025. Con la infancia, el juego y la naturaleza como ejes habituales de sus libros, ha publicado títulos como 'La sabiduría de los pueblos indígenas' o 'Vamos a la playa', y acaba de sumar 'La bicicleta abandonada'.
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Verónica Fabregat estudió diseño y más tarde ilustración para poder dar forma a las historias que imaginaba. Foto: Carme Ripollès.

Verónica Fabregat (Castelló, 1978) se ha abierto un camino propio en la ilustración infantil, sin desprenderse del diseño, su otra profesión. Publica con la catalana Akiara Books y desde 2022 acumula títulos que ya han dejado su huella. Debutó con Jugamos al escondite, un silent book en el que el juego libre y la naturaleza marcan la narración sin necesidad de palabras. Le siguieron Jugamos en la nieve y Vamos a la playa, todos publicados en castellano, valenciano y portugués. Este último representará a España en la Bienal Internacional de Ilustración de Bratislava 2025, junto a otros nueve autores.

Otro título clave en su trayectoria fue La sabiduría de los pueblos indígenas, escrito por Josep Maria Mallarach. En él Fabregat tuvo que retratar las formas de vida y los paisajes de comunidades que siguen vivas hoy y que custodian buena parte de la biodiversidad del planeta. El libro fue reconocido por el Banco del Libro de Venezuela entre los mejores títulos del año.

“Que seleccionen mis libros me hace pensar que puedo seguir adelante”, reconoce la castellonense, que también cuenta cómo la narración ilustrada le ha dado "una perspectiva del trabajo más cercana". En este terreno se siente cómoda y no le faltan proyectos en marcha. El último ha visto la luz este miércoles 3 de septiembre: La bicicleta abandonada (Bindi Books, 2025), con texto de Germán Machado. Una historia sobre un niño que imagina a quién pudo pertenecer una bicicleta abandonada en la calle y que, pese a su edad, tiene claro que nunca dejaría tirada. Entre viajes, diseño y dibujo, Fabregat invita a los más pequeños a nuevas reflexiones.

>En tu trabajo aparece de forma recurrente la naturaleza, pero ¿qué dirías que es lo que de verdad persigues cada vez que empiezas un libro nuevo?
La verdad es que en los proyectos relacionados con la naturaleza estoy muy cómoda, porque me gusta la naturaleza y me gusta dibujarla, cosa que no tendría porqué haber sido así. En los primeros libros sin palabras, el juego en la naturaleza es el protagonista y me he podido explayar. Y también en La sabiduría de los pueblos indígenas, porque era muy importante que todos los pueblos estuvieran representados en su entorno natural. Si se les deslocalizaba, perdían su esencia. En estos libros la naturaleza ha tenido un papel esencial y me he sentido muy a gusto. Pero también es cierto que depende del proyecto: el último no tiene ese componente, la historia no se desarrolla en la naturaleza. Entonces hay que ver cuál es la esencia del libro y, si esta tiene cabida, genial, pero si no, hay que resolverlo de otra manera.

En otoño saldrá publicado su cuarto silent book, 'Vamos al bosque'. Foto: Carme Ripollès.

>Dibujar para la infancia implica, muchas veces, una mirada desde la inocencia. ¿Te resulta más fácil crear desde ahí? ¿La inocencia amplía tu lenguaje visual?
Es verdad que creo que hay una parte innata en la creación para niños y niñas. Como que las historias salen de una forma más natural. Pero también hay una parte en la que te preguntas: ¿esto se entenderá?, ¿un infante podrá seguirlo?, sobre todo en los libros sin palabras. Te planteas si los saltos son lo bastante cortos para que un niño y niña de poca edad pueda seguir la historia. Así que hay una parte innata y otra más pensada.

>Vienes del diseño antes que de la ilustración. ¿Hay algo de esa disciplina que te ayude hoy a dibujar?
Sí, muchas cosas. A veces pienso que me hubiera gustado estudiar Bellas Artes para tener un registro más amplio de técnicas, pero también creo que he cogido muchas herramientas del diseño, como la composición en las páginas. Los elementos gráficos pueden estar bien o mal compuestos, y con la práctica del diseño gráfico esa parte la tengo bastante controlada. De hecho, algunos editores me lo han comentado: suelen gustarles mucho mis composiciones y casi nunca me retocan esa parte, porque es algo que he trabajado mucho gracias al diseño.

'Vamos a la playa' cuenta (sin palabras) la aventura de 7 amigos que van a pasar un día de verano en la playa.

>Cuando trabajas sin texto, toda la narración recae en la imagen. ¿Cómo se construye una historia así y qué retos tiene para ti?
El primero fue el más complicado, porque pensé: ¿y ahora qué hago?, ¿cómo construyo esta historia? Para superar ese bloqueo empecé a escribirla con palabras, a narrarla. Una vez tuve claro por dónde iría, ya no necesité ni siquiera terminarla así. Esa primera narración con imágenes fue la más compleja. Después, en los otros dos libros sin palabras, los personajes eran los mismos y ya tenía práctica, así que fue mucho más sencillo.

>¿Pueden los libros ilustrados recordar también a padres y madres la importancia del juego libre y la naturaleza?
El álbum ilustrado tiene un registro muy amplio. De hecho, muchos de sus lectores somos adultos, no solo ilustradores, sino también gente que, cuando entra en este tipo de libro, descubre auténticas maravillas. Para los infantes, además de una buena historia o un primer contacto con la literatura, puede ser mucho más: los distintos registros gráficos de cada ilustrador les abren la puerta al arte, al arte contemporáneo, al arte clásico, a diferentes técnicas… El álbum ilustrado tiene muchas caras y todas pueden aportar cosas valiosas, tanto a pequeños como a mayores.

La castellonense Verónica Fabregat. Foto: Carme Ripollès.

>En tu caso, La sabiduría de los pueblos indígenas te acercó a un contexto muy distinto al nuestro. ¿Cómo fue el proceso de documentarte y traducir esa mirada al dibujo?
El autor de los textos, Josep Maria Mallarach, me ayudó mucho a acotar de dónde podía sacar información y qué comunidades íbamos a tratar. Pero yo necesitaba conocerlas en profundidad para que lo que mostrara en las ilustraciones correspondiera con la realidad de esos pueblos. Tenía que saberlo todo: el entorno en el que vivían, porque está muy unidos a la naturaleza que les rodea, pero también sus herramientas, sus vestimentas, sus rostros… Y si iba a representar algo concreto, como una técnica de pesca o una forma de tejer redes, tenía que entenderlo bien. Me documenté muchísimo; tengo una libreta entera dedicada a este libro, llena de dibujos y anotaciones.

Página de la libreta en la que Fabregat empezó a dar forma a 'La sabiduría de los pueblos indígenas'.

>¿Qué te sorprendió más mientras trabajabas en el proyecto?
Había algo en lo que Josep Maria tenía mucho interés y que es cierto que quizá no tenemos tan presente: quería que los pueblos fueran representados tal como son hoy, porque existen y siguen vivos. A veces pensamos en ellos como comunidades del pasado, y no es así. Algunas han conservado su forma de vida desde hace miles de años y otras la han transformado, igual que los pueblos que tenemos en Europa, donde solo queda uno indígena. Pero existen hoy y son millones de personas. Y gracias a ellas se mantiene la biodiversidad del planeta. Eso hizo que asumiera el proyecto con un respeto especial.

>Tus libros están viajando a ferias internacionales. ¿Qué significa para ti esa proyección?
Estoy muy agradecida. La selección de Bratislava incluye a diez ilustradores españoles que representaremos a España allí, y la verdad es que me sorprendió, pero me hizo mucha ilusión. También es una satisfacción saber que los libros tienen un espacio en ferias como Bratislava, Frankfurt -a la que los lleva la editorial- o Bolonia. Es interesante que más gente pueda verlos, apreciarlos e incluso que alguna editorial extranjera se interese por ellos. Eso sería muy importante para mí.

La castellonense Verónica Fabregat. Foto: Carme Ripollès.

>¿Dirías que estos reconocimientos, más que una presión, son un impulso para seguir adelante?
Sí, los recibo con mucha humildad porque considero que todavía estoy empezando. Este es apenas mi sexto libro, y seis libros no son tantos. Pero que algunos hayan sido seleccionados me hace pensar que puedo seguir, porque hay gente a la que le interesa la manera en que ilustro.

>Después de La sabiduría de los pueblos indígenas, has trabajado en una historia de ficción, La bicicleta olvidada. ¿Cómo ha sido el proceso en este caso?
Ha sido un reto por varios motivos. El primer libro con texto que ilustré, La sabiduría de los pueblos indígenas, es informativo. Ahí pones todos tus esfuerzos en que lo que muestras sea real porque estás transmitiendo un hecho. Aquí es otra mecánica. La historia transcurre casi toda en la cabeza del niño protagonista, y eso fue difícil de mostrar porque era la primera vez que lo hacía. Además, tuve que dibujar un entorno al que no estaba acostumbrada, la ciudad. Pero cuando vas trabajando un libro y lo haces tuyo, todo se acaba resolviendo: si al principio no está claro, dedicas más tiempo y al final sale.

>¿Tienes más historias guardadas esperando su momento, ahora que se te han abierto más puertas como autora?
Tengo ideas y proyectos propios que están en el cajón y que me encantaría que algún día vieran la luz. Ahora que tengo la puerta abierta en editoriales, como dices, puedo mostrarlos más fácilmente a los editores. Además, tengo la suerte de que también me llegan propuestas, y ya hay un par en la cola para desarrollar durante el otoño y el invierno. Espero que se materialicen en un par de libros más.

'Jugamos en la nieve'.

>¿Recomendarías a otros ilustradores o creativos que den el salto a la narración ilustrada?
Es muy bonito y satisfactorio, pero te tiene que gustar, porque la narración gráfica tiene la complejidad de que ha de contar una historia, que la narratividad tiene que estar. Para algunas personas puede ser más difícil hacer una ilustración para prensa, que debe comunicar mucho en una sola imagen, y para otras es más complicado desarrollar una serie de ilustraciones que cuenten una historia. Pero creo que quien sabe comunicar con imágenes probablemente tenga la capacidad de hacer ambas cosas y, con algo de práctica, moverse en los dos terrenos de la ilustración. Así que sí, yo lo recomendaría, aunque depende de cada persona.

>¿Qué te ha aportado a ti?
Una perspectiva del trabajo más cercana de la que me aportaba el diseño. En ambos casos los proyectos empiezan y acaban, pero cuando termino un libro lo siento más mío que un diseño. Tengo diseños de los que estoy muy contenta y he disfrutado mucho en el proceso, pero el libro tiene un punto más personal. Y también influye el retorno que recibes de la gente cuando te escribe. Me dicen, por ejemplo, que sus hijos quieren leer mis libros todas las noches. Creo que eso tiene mucho que ver con ese retorno.

>Cuando eras pequeña, ¿había algún cuento o libro que te marcara especialmente?
La verdad es que no diría que fuera de mis preferidos, pero siempre que pienso en los libros que tenía me vienen a la cabeza unas recopilaciones de cuentos de Perrault. Y hay uno en concreto, Piel de asno, que recuerdo siempre, no sé por qué. Era una edición muy sencilla, grande, con unas ilustraciones bonitas, pero muy normal.

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