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Carme Ripollès: "Los premios son una compensación emocional, pero el principal reconocimiento para los fotoperiodistas es la dignidad laboral"

Carme Ripollès, fotoperiodista y colaboradora de Nomepierdoniuna. Foto: Ángel Sánchez.

Los solemos ver entre el público, agazapados entre el gentío con tal de inmortalizar las sensaciones que despiertan nuestros artistas favoritos. También son los primeros en llegar cuando algo merece ser contado, aunque ello suponga un riesgo y en la mayoría de ocasiones no se valore suficientemente su imprescindible trabajo. La labor de los fotoperiodistas pasa injustamente desapercibida hasta ser raramente reconocida, aunque ese ha sido el caso de Carme Ripollès. La colaboradora de Nomepierdoniuna ha sido galardonada con el Premio Onda Cero Castelló por su trayectoria profesional y la notoriedad que está recibiendo Diari de confinament, su particular visión a la clausura que vivimos en la primavera de 2020, cuyas fotografías también fueron seleccionadas por el International Centre of Photography de Nueva York, PhotoEspaña o el Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) de València en diferentes muestras. Un reconocimiento a más de dos décadas de trabajo tratando de llegar donde la información lo requería tras el visor del objetivo de su cámara, con una sensibilidad muy especial para los temas culturales.

>Además de Diari de confinament, tu particular diario fotográfico de los meses de confinamiento en nuestras casas, han sido varios los proyectos que han nacido con la pandemia como contexto y/o tema. ¿Pero de dónde y cómo nace tu proyecto?
Actualmente hay muchas corrientes artísticas desde el yo; hablando de la intimidad, lo privado. Diari de confinament partió un poco de ahí, aunque nació como un grito de necesidad por contar lo que estaba pasando. Hablar desde la intimidad, pero de una intimidad que realmente lo que quiere es salir y contar lo que le pasa a la gente. Me gusta contar lo que me pasa a través de los demás, sin ponerme en el centro. Contaba lo que sucedía en mi casa, pero también lo que pasaba fuera. Volqué mis energías ahí, pero realmente me habría gustado poder estar en la calle, en los lugares donde estaban pasando cosas realmente como los hospitales. No pudo ser, así que intenté buscar mi propia forma de expresarme y lo conseguí fotografiando lo que podía a través de ventanas, balcones y lo poco que podía inmortalizar cuando salía a comprar.

El confinamiento por la COVID-19 desde el objetivo de Carme Ripollès

Mi hermana trabaja en el Hospital de La Plana como anestesista, así que me podía enterar de lo que pasaba en los centros sanitarios a través del teléfono y lo que ella podía contarme. Era frustrante saber que estaban sucediendo cosas y no poder estar ahí para contarlas. Además, tenía miedo del virus. Tengo un hijo y tenía que estar cuidándolo en casa y mi pareja salía bastante para trabajar, así que estaba tensa por poder contagiarme. En esos equilibrios transmití lo que sentía. Algunas noches cogía la cámara y daba una vuelta por la manzana y podía ver a gente paseando sus perros que me avisaban de si venía la policía. Era muy raro que cruzar un par de calles se sintiese como el acto transgresor más grande del mundo. Fueron momentos muy extraños.

Una sanitaria equipada con un EPI en el Hospital Provincial de Castelló durante la pandemia. Foto: Carme Ripollès (ACF).

>Recientemente has sido premiada con el Premio Onda Cero Castellón en el ámbito de la comunicación por tu trayectoria y el éxito de Diari de confinament. ¿Piensas que el reconocimiento a tu trabajo llega tarde?, ¿se da suficiente valor a la labor que realizáis los fotoperiodistas?
El reconocimiento no ha llegado ni tarde ni pronto. Se ha dado en este proyecto porque la gente se ha sentido identificada y era algo necesario en ese momento. Me ha sorprendido y alegrado mucho porque no me lo esperaba de ninguna manera, pero el principal reconocimiento que se puede hacer a los fotoperiodistas es darnos espacios para publicar nuestros trabajos y pagar dignamente nuestras fotografías y proyectos. Los premios son una compensación emocional, de otro tipo. El principal reconocimiento es la dignidad laboral. El quid de la cuestión está en la compensación económica y poder transmitir tu trabajo en lugares que van a llegar a la gente. A nivel local hay algunos de estos espacios, pero cada vez menos.

'El abrazo', fotografía de 'Diari de un confinament' de Carme Ripollès seleccionada por el International Centre of Photography de Nueva York.

"Los hechos se pueden narrar en una noticia o en la literatura, pero la imagen tiene mucho peso en nuestra sociedad"

>¿Qué valor tiene el fotoperiodismo?
El valor de haber estado en un sitio y ser testigo de lo que ha pasado. En muchas ocasiones los redactores pueden escribir sin haber estado presentes en el lugar de los hechos, pero en el fotoperiodismo, la persona que hace las fotos, está presente: pone su propio cuerpo y sus recursos, que son la cámara. Y eso cambia todo. No estar en el lugar de los hechos da lugar a que la información publicada pase por muchos filtros antes de llegar al periodista, y si algo se ha visto en esta pandemia es que lo que no se ve se puede esconder y manipular más fácilmente. Las imágenes también se pueden manipular, desde luego. Fontcuberta nos ha enseñado por activa y por pasiva que toda imagen es susceptible de ser trampeada, pero si tienes una red de fotoperiodistas que tienen credibilidad y cuyos temas tienen trascendencia, siempre se dará lugar a una sociedad más bien informada, más democrática y con un espíritu más crítico.

>¿Crees que, como ha pasado en otros muchos sectores, la pandemia ha sacado a la luz las carencias del fotoperiodismo?
Ha costado mucho que nos dejaran trabajar en los peores momentos de la pandemia. Los responsables políticos deben buscar la manera de que podamos trabajar, porque es un derecho de la sociedad. Cuando había equipos para proteger a los periodistas, se debería haber dejado trabajar a los fotógrafos, acompañándolos incluso si fuera necesario. Nuestra función es enseñar lo que no se quiere que sea mostrado. El virus ha demostrado la función que tenemos los fotoperiodistas, ya que las cosas que no se enseñan no suceden realmente. Los hechos se pueden narrar en una noticia o en la literatura, pero la imagen tiene mucho peso en nuestra sociedad; y más con la forma que tiene la gente para informarse en su día a día, que es a base de golpes de imagen en un scroll infinito.

"Los diarios decidieron hacer ERTE y enviar a los periodistas a sus casas cuando más necesario era seguir informando"

La pandemia ha demostrado que es muy importante que los fotógrafos estuvieran en la calle, en los hospitales o donde creyesen que estaban los hechos que debían ser contados. Hay muchos lugares en los que no se ha informado todo lo que hubiera sido necesario... He echado de menos eso en Castellón. Si de lo que más ha destacado ha sido mi proyecto, que he hecho prácticamente desde mi casa, es porque las redacciones de los diarios decidieron hacer ERTE y enviar a los periodistas a sus casas cuando más necesario era seguir informando. No tiene ningún sentido, cuando la gente está encerrada en casa intentando consumir información constantemente para entender qué estaba pasando. Es contradictorio: ¿dónde están los reportajes que deberían haber informado sobre pueblos de Castellón que estuvieron muy afectados durante la primera ola como Burriana o Villahermosa del Río?, por ejemplo. A veces siento vergüenza de que se me haya entregado el premio porque, aunque mi proyecto transmitiese cosas importantes, los verdaderos trabajos periodísticos que se deberían haber realizado a nivel provincial siguen ausentes. Ha faltado el periodismo. Mi aportación es muy pequeña.

Un paciente de coronavirus es atendido en la UCI del Hospital Provincial de Castelló. Foto: Carme Ripollès (ACF).

>Formaste parte del equipo del periódico Levante de Castelló hasta junio de 2019, cuando el diario cerró definitivamente, y desde entonces trabajas como freelance. ¿Cuál es la diferencia que destacarías entre trabajar para un medio concreto formando parte de la plantilla a hacerlo de forma autónoma?
Trabajar en un medio como el Levante de Castelló te ofrece una panorámica bastante buena de lo que está sucediendo en ese momento, ya que estás muy activa fotografiando cosas y buscando temas para tus trabajos. Tenías el músculo de la fotografía muy entrenado, aunque a veces colapsabas un poco, porque el volumen de trabajo era elevado en algunos momentos y te podías llegar a sentir agobiada. En cambio, trabajar como autónomo implica que te encargas de toda la parte de producción, y eso significa invertir mucho tiempo en hacer llamadas, facturas, presupuestos, papeleo, burocracia… El ritmo de trabajo de un diario se rompe y eso te quita músculo y agilidad a la hora de trabajar, pero, por otro lado, te permite hacer proyectos que en un medio no podrías hacer.

El cierre definitivo del Levante, en junio de 2019. Foto: Carme Ripollès (ACF).

>Además de tu trabajo como fotoperiodista, también has ejercido como docente en la Universitat Jaume I...
Ejercí como profesora de 2010 a 2013. Siento que voy con pies de barro. El primer año en la UJI fue complicado, pero luego te haces más a la materia y terminé pasándomelo muy bien; guardo un buen recuerdo como profesora asociada de Fotografía y otras asignaturas. Algunos antiguos alumnos han terminado siendo compañeros y mantengo relaciones de esa época. La docencia es muy complicada, ya que debes tener una capacidad de comunicación muy elevada y la cabeza muy estructurada, y ser fotógrafo no te imbuye de esas cualidades de por sí. Debes trabajar mucho para adaptarte, y muchas veces te equivocas, pero la experiencia vale la pena.

>Uno de los proyectos que mantienes desde hace tiempo es el del seguimiento al mantenimiento de las casas del Grau de Nules...
Es un proyecto a muy largo plazo. Empezamos en 2009, documentando casas para el Ayuntamiento de Nules y a partir de ahí sentí la necesidad de recopilar historias de la gente que vive allí. Poco a poco ese proyecto ha ido creciendo, no solo a nivel fotográfico o testimonial, sino que la gente, poco a poco, se ha ido cuenta de la importancia del tema y ahora todo el pueblo está muy implicado. Ahora se hacen conferencias, del faro o de la Guerra Civil en Nules y su playa; temas que, aunque sí habían sido muy investigados, no se había hecho suficiente divulgación aún. Mi participación en ese proyecto es ir documentando las casas, cosas que pasen, tradiciones, arquitectura y gente que vive allí para ponerlo en valor.

Carme Ripollès documenta en su proyecto la conservación de las viviendas y las tradiciones locales, como la música o la 'Nit dels farolets'. Foto: Carme Ripollès.

En el País Valencià se ha apostado por un modelo económico basado en el turismo, pero no ha sido el caso de Nules, así que es muy interesante conocer las dinámicas particulares que se han dado en ese pueblo. Sentimos que tenemos que defender que eso siga así; no dejar que avance el mar, como sí se hace en otras playas por intereses económicos. Sentimos que se tiene que mantener, con más derecho si cabe, porque hay algunas casas que tienen mucho interés a nivel arquitectónico y patrimonial e histórico, por la guerra, por el mantenimiento de sus tradiciones y su gestión del agua. Está unido a una serie de valores e historias que pensamos que se deben mantener, preservar y conservar. Se dice que se trata de promover la sostenibilidad, pero cuando hay un modo de vida basado en la sostenibilidad misma no se defiende porque no interesa económicamente. Se penaliza al que intenta vivir a la contra de comprarse un piso de 250.000 euros. Es un proyecto que me gustaría materializar en un futuro en algún tipo de exposición, libro o documental o producto visual.

"Llevar las gafas de género sirve para contar con presencia femenina cuando tratas tópicos vinculados a lo masculino"

>Cuentas con unos estudios doctorales en perspectiva de género, ¿cómo has aplicado y aplicas esto a tu trabajo?
Llevar las gafas de género puestas sirve para poner en valor los temas considerados femeninos, como la maternidad o la salud, y sirven también para contar con presencia femenina cuando tratas tópicos como la economía o la industria, más vinculados a lo masculino. Parece que en estos temas solo puedes contar con hombres, pero cuando giras un poco la mirada ves que hay muchas mujeres en esos ámbitos. Realicé esos estudios hace tiempo, pero intento rodearme de gente que sigue leyendo sobre el tema, lo conoce y me informa. Lo tengo siempre en cuenta. Aunque todos nos equivocamos, es un camino hacia el que vas; no empiezas a hacer todo perfecto de repente y dejas de meter la pata. Puedes considerarte feminista y tener actitudes o comportamientos sexistas. Es importante tenerlo presente en el día a día para ir mejorando e ir creando modelos visuales en los que se introducen las mujeres en lugares que tradicionalmente no eran bienvenidas y poner el foco en temas vinculados con lo femenino.

>Estás trabajando ya en el rodaje de Catorce, un cortometraje para la próxima edición del festival Cortometrando, y que ya ganaste el año pasado junto a Paula Lorenzino. ¿Qué nos podrías contar sobre el nuevo proyecto?
Somos codirectoras de nuevo Paula Lorenzino y yo; Paula es una persona muy creativa y brillante a nivel audiovisual. Teníamos ganas de hablar de los menores no acompañados y mi amiga Paula Fígols, periodista y escritora de Zaragoza, escribió un libro llamado Catorce sobre un niño procedente de Marruecos. Hemos adaptado una parte del libro al contexto de la Vall d’Alba, ya que, para participar en el festival Cortometrando, el cortometraje debe estar inspirado o ambientado en un pueblo de la provincia de Castellón. Es mi primer trabajo de ficción y es muy difícil... Paula Lorenzino es muy buena, pero yo trato de ver qué puedo aportar, porque me siento más cómoda en el mundo documental, por decirlo de alguna manera. Estamos trabajando con adolescentes que forman parte de un grupo de teatro de Almassora y es muy divertido trabajar con ellos porque tienen mucha energía y voluntad de interpretar y crear. Está siendo toda una experiencia. Me despierto por las noches pensando y soñando en el corto.

Carme Ripollès y Paula Lorenzino en el rodaje de 'Catorce', grabado en la Vall d'Alba.

>Desde los inicios de la web, tu papel en Nomepierdoniuna siempre ha sido poner imágenes a lo que contamos y, sobre todo, a lo que está pasando en Castelló y comarcas. ¿Ha cambiado la pandemia la forma de fotografiar, por ejemplo, un concierto?
En los conciertos que he podido asistir tras el confinamiento se nota que hay muchas ganas por parte del público, pero no se nota la alegría "de antes". Los más recientes que cubrí, justo antes de que estallase todo, como Califato ¾ y Rocío Márquez en el Emac de Burriana o el de León Benavente en el Auditori de Castelló (Fira Trovam!-Pro Weekend), son los últimos que recuerdo como verdaderos conciertos. Me ha costado volver a sentir esa energía en el ambiente; sentir que la gente no viene porque tiene ganas de apoyar a los artistas, sino de disfrutar de verdad.

El reencuentro con la música en directo durante el concierto de Xoel López en el Auditori de Castelló en marzo de 2021. Foto: Carme Ripollès (ACF).

Pero, por ejemplo, Rigoberta Bandini en el Emac de este año o el concierto de Xoel López en el Auditori sí que han contado con parte de esa energía. Por otro lado, los macrofestivales desconozco si volverán a ser viables... El foco está puesto en lo sanitario ahora, así que desconozco cuánta gente estará dispuesta a volver al cochineo de ese tipo de festivales.

¿Cuál es el concierto que más has disfrutado fotografiando para Nomepierdoniuna?
Eli "Paperboy" Reed en el décimo aniversario de Nomepierdoniuna y Jero Romero en el quinto. También disfruté mucho la despedida del Four Seasons. Hubo otros que no los disfruté tanto. Die Antwoord y Steve Aoki en el Arenal Sound fueron una pesadilla por la aglomeración de gente o por cómo estaba diseñado su espectáculo.

"Me ha costado volver a sentir la energía de los conciertos"

>También cubres un gran número de eventos deportivos, ¿qué ha cambiado aquí?
Desconozco si se podrán volver a hacer eventos deportivos este año al 100% de aforo. Los clubes de fútbol tienen mucho poder y han intentado hacer las cosas bastante bien hasta ahora, así que gracias a eso la cosa seguirá adelante.

>¿Tus próximos pasos?
Me gustaría aprender más del ámbito audiovisual y hacer algún documental interesante. Y aprender lo suficiente para llevar alguna historia a la ficción. Me gustaría llegar a poner un punto final al proyecto de la playa de Nules, porque hay mucho recopilado y me gustaría darle forma a ese trabajo antropológico o ampliarlo con temas paralelos; porque me llama mucho la atención el tema de los poblados marineros que se han conseguido mantener al margen del explotado modelo turístico español y hay muchos casos más allá de Nules. También me gustaría cubrir algún partido del Castelló en Primera División o ir a los Juegos Olímpicos a hacer fotos...

>Hablando sobre lo que te queda por fotografiar, en tu entrevista con Castellón Plaza comentas que unos de tus trabajos favoritos son los retratos de entrevista. ¿Hay alguien imprescindible que te gustaría fotografiar?
Admiro a muchas personas de diferentes ámbitos, pero no sé si querría fotografiarlos... Me gustaría que las personas que vaya fotografiando me sigan interesando y conseguir la conexión con ellas. Lo que sí me gustaría es fotografiar más a las personas que amo. Debería haber fotografiado más a mis padres.