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Una amarga 'La invasión de los bárbaros' ratifica las ganas del público por consumir teatro en el Paranimf

Iria Márquez y Juan Carlos Garés, en una escena del 'pasado' de 'La invasión de los bárbaros'. Foto: Damián Llorens.

'La invasión de los bárbaros', de Arden Producciones. Escrita y dirigida por Chema Cardeña. Intérpretes: Iria Márquez, Juan Carlos Garés, Rosa López y Chema Cardeña. Paranimf de la UJI de Castelló. Viernes 2 de octubre de 2020. Inicio del curso teatral 2020-21. Duración: 20:00-21:05. Espectadores: 120. Entradas: 8/10 euros.

Un simple juego de luces de tonalidades ligeramente distintas levanta un muro invisible sobre el escenario y permite ir saltando adelante y atrás en el tiempo. En concreto, 70 años, los que separan 1939 de 2009. La elección del primero de ellos es fácil de entender: el final de la guerra civil española, además de ser el año de la desaparición de uno de los cuadros trasladados desde Madrid hasta las Torres de Serranos de Valencia y que actúa como eje de la obra, La invasión de los bárbaros. La segunda es algo más aleatoria, aunque permite ubicar la acción en la puesta en marcha de los mecanismos de la Ley de la Memoria Histórica (aprobada en 2007) y redondear numéricamente el salto. Porque lo que Chema Cardeña (Arden Producciones) busca es visualizar ante el espectador dos espacios temporales que hoy en día siguen interrelacionados a nivel social.

Con esos haces lumínicos, un escenario dividido en dos, vestuarios temporalmente diferentes, dos parejas actorales que no interactúan directamente (sí de modo indirecto) y, sobre todo palabras y vociferantes silencios, la compañía valenciana Arden Producciones elabora una obra amarga, dura, en la que no hay ni un solo resquicio para la alegría y que contribuye a mantener vivo el recuerdo de mujeres y hombres a quienes les fue arrebatada la vida sin el consuelo para sus familiares de al menos tener un lugar que visitar para mantener vivo su recuerdo. Una división escénica que en realidad está acompañada por otra, no de luces, sino de pensamientos y de palabras, que sigue vigente hoy en día, la de las dos Españas.

Rosa López y Chema Cardeña representan la parte actual de la obra. Foto: Damián Llorens.

Un sótano utilizado como prisión. En él, la republicana Esperanza, interpretada por Iria Márquez, y un teniente del bando nacional -"el ganador", como recuerda varias veces en la obra-, al que da vida Juan Carlos Garés. Una situación de desigualdad, en la que entran en debate conceptos como cultura, victoria, derrota, bandos... La misteriosa desaparición del cuadro La invasión de los bárbaros, pintado por Ulpiano Checa, prolonga ese desencuentro entre ambos protagonistas. Una pintura con especial simbolismo para los ganadores, ya que muestra la violenta entrada de bárbaros en Roma. En torno a ese lienzo se formulan una serie de ideas contrapuestas. ¿El arte debe servir para ensalzar o para hacerse preguntas y tratar de encontrar respuestas? ¿Aceptación de una realidad intrínseca o reflexión para abrir otras opciones?

Un despacho de alcalde de un pueblo valenciano. Una mujer amparada en la Ley de la Memoria Histórica, Aurora (Rosa López), enfrente de la máxima autoridad local, interpretada por el propio autor y director de la obra, Chema Cardeña. Una charla en la que se constata desde el primer momento la vigencia en este siglo XXI de una serie de tics arrastrados históricamente. Un desencuentro de ideas entre el ganador, que se siente cómodo con el pasado, y su antagonista, que pretende recuperar algo de lo que en ese tiempo no tan lejano se le arrebató a su familia. Dos modos de querer vivir hoy en día.

Con un relato que fluye con facilidad durante su hora de desarrollo, desde la platea se asiste a dos acciones aparentemente independientes entre sí que se van tornando complementarias hasta llegar a un punto de confluencia. El trabajo de los cuatro protagonistas, con el único arrope de luces, vestuarios y un momentáneo diseño gráfico, resulta clave para el buen resultado final de una obra que, ante todo, busca la reflexión en cuestiones como ¿cultura como punto de origen de reflexión o de ensalzamiento del ganador? Conseguir que el asistente no distraiga su atención es la mejor señal de objetivo alcanzado.

Una temporada con mascarillas

La pandemia obliga a introducir variaciones en el acceso a la sala Carles Santos. Foto: Damián Llorens.

El Paranimf de la UJI, bajo la dirección artística de Antoni Valesa, tiende a empezar cursos con espectáculos familiares. Sin embargo, la actual situación de pandemia mediatiza cualquier propósito. Saltándose la tradición, ha sido otra de las señas de identidad del cartel, la Memoria Histórica, la que ha dado la salida a un año que será diferente, como ya quedó constatado en esta apertura. Solo la manera de acceder a la sala Carles Santos ya marca diferencias respecto a lo habitual. Hidrogel, distancias de seguridad, acompañamiento del personal del edificio hasta los asientos ya asignados, dos sillas de separación -incluso para espectadores que hayan acudido juntos-, mascarillas y desalojo por filas, tratando de evitar aglomeraciones. Es la nueva normalidad, la que provoca la falsa impresión de que con 120 espectadores se roce el lleno.

Lo que sí se constató en esta primera fecha fue la presencia de muchos de los habituales en el Paranimf o en el mundo de la cultura -especialmente teatral- de Castelló. Un hecho que parece probar que quien ha tenido interés por la programación artística antes de arrancar este período anómalo lo sigue teniendo pandemia mediante.

Imagen de la platea del Paranimf, con dos asientos de distancia entre espectadores. Foto: Damián Llorens.