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"The FIB isn't alright", pero nos sigue divirtiendo

“Cuando éramos jóvenes, el futuro era tan brillante
El viejo vecindario estaba tan vivo
Y cada niño, en toda la maldita calle
Iba a hacer algo grande a cada paso

Ahora el vecindario está agrietado y desgarrado
Los niños son adultos, pero sus vidas están gastadas
¿Cómo puede una pequeña calle tragarse tantas vidas?”

Extracto de “The Kids Aren't Alright”, The Offspring

Cuando The Offspring soltó, entre otros hits noventeros, “The Kids Aren’t Alright”, con el rojo de sangre en ebullición de las pantallas, mezclando lemas, imágenes con filtro anti-edad de la banda y del público agitándose, el FIB 2023 entró en efervescencia. Era el momento más esperado. Y ocurrió eso que hace olvidar toda la tomadura de pelo (entradas baratas para después brear al público), las incomodidades (la masificación y un recinto y accesos exactamente igual –de mal- que hace 25 años) y el calor (implacable ni con dos millones de abanicos). Eso irracional que nos hace aguantar marea frente al solvente argumentario y los datos irrefutables de Nando Cruz (El Periódico de Catalunya) en Macrofestivales. El agujero negro de la música (Península, 2023), a lo que Santi Carrillo (Rockdelux) denomina “negacionismo festivalero” o “festifobia” en esta divertida conversación con Carlos Marcos (El País).

The Offspring conectó con el FIB. Foto: Carme Ripollés.

Cada vez refunfuñamos más, sí, porque no nos gusta que nos timen (al final de la crónica, más detalles), pero a nosotros nos sigue divirtiendo ir al FIB. Y celebramos tenerlo al lado de casa. Qué le vamos a hacer. Por lo que ocurrió con The Offspring o por poder cantar y bailar desinhibidos con Franz Ferdinand, Orbital, Bastille, DePedro o La Casa Azul, quien por fin pudo encender en condiciones su pirotecnia pop en Benicàssim.

Franz Ferdinand. Foto: Carme Ripollés.

Pero esa nostalgia de pensar lo que apuntaba en sus inicios y las grietas que le vemos ahora al FIB, conforme apunta la letra de “The Kids Aren’t Alright”, también estuvo absolutamente presente en esta edición. Otra vez. En 2022 podía colar el pretexto de tener que cuadrar las tablas Excel después de dos años de parón por la pandemia, pero este año se ha evidenciado hasta lo grotesco el “modelo Arenal” o, mejor dicho, lo que significa llevar la lógica de un fondo de inversión (Providence Equity Partners, propietario de la promotora de ambos festivales, entre otros, The Music Republic) hasta las últimas consecuencias en un evento musical: por decirlo en fino, es un clamor que la música y el bienestar del público no es su prioridad.

El paseito. Foto: Carme Ripollés.

Eso que nos jode tanto que haya pasado con el FIB, que prácticamente se haya convertido en un festival del montón, es lo que quizás garantice su supervivencia, porque lo cierto es que The Music Republic lo heredó hecho añicos a pesar de las ínfulas. La 27ª edición acogió 180.000 asistentes sumando los 4 días, según la organización, y siguió decreciendo el público británico hasta representar el 20% (frente al 25% de 2022 y el 30% de 2019), mientras curiosamente muchos castellonenses se estrenaron este año (de todas las edades) aprovechando los precios de las entradas. Seguramente para que sigan saliendo las cuentas, la organización ha anunciado que en 2024 se reducirá a 3 días, cayendo el domingo. Se celebrará del jueves 18 al sábado 20 de julio.

FIB 2023

*Álbum completo en este enlace.

En lo estrictamente musical, a nivel estilístico el FIB sigue un poco a la deriva, buscando el Norte para conectar con la generación Z, y hasta Alfa ya, sin perder cobertura con la X, que es la que se deja la panoja en las pulseras. Lo que resulta un popurrí por momentos indigesto, mezcla de cosas dispares vistas y repetitivas, que ya no nos dicen prácticamente nada (Kaiser Chiefs, Vetusta Morla, Sidonie, La M.O.D.A.), y de otras supuestamente nuevas que no hay por donde cogerlas (Zara Larsson, Ginebras). Con muy poco espacio para el riesgo y expulsando prácticamente del cartel al punk y el rap. Y algo que demuestra muy a las claras lo que busca el público mayoritario, que es 100% respetable y que obviamente también frecuentamos: la zona de confort de los dj’s o combos como el dúo Elyella, que en muchas fases del festival fueron el principal polo de atracción mientras algunas bandas defendían sus canciones con menos concurrencia.

Depedro, sí. Foto: Carme Ripollés.

Lo que sí

Además de los citados al principio, nos quedamos con la gran actuación de Rufus T. Firefly, en un autoproclamado “momento histórico para la banda” por ser su estreno en el FIB tras 18 años de carrera musical (no para su bajista), desplegando con fluidez toda su psicodelia en muy mal horario para su música, a pleno sol. Con Belako, infalibles siempre en Benicàssim, y el adelanto de algunas canciones de su próximo disco, compitiendo en horario -qué pena- con unos atronadores The Reytones. Con la frescura guitarrera de Wet Leg o la potentísima combinación de punk, rap y rock de Nova Twins. La actitud y los baladones sonrientes de Dean Lewis, después de soportar la tórrida y soporífera actuación de Tom Odell, hasta que tocó “Another Love” y el público estalló móvil en mano. Destellos de Amaia con “Santos que yo te pinté” de Los Planetas, “El encuentro” con Alizz o el “Así bailaba” con Rigoberta Bandini; pero solo destellos. Rusowsky, una cosa extrañísima pero muy bien parida, la voz de Benson Boone, el folk de Jamie Webster...

Nova Twins. Foto: Carme Ripollés.

Y un descubrimiento en directo que nos encantó, por sus letras, por todo lo que mezcla a nivel sonoro y estilístico, por la gracia que tiene para hacer canciones pop sencillas e irresistibles, por el morro que le echa. Jimena Amarillo se nos metió en el bolsillo con su “Cafeliko”, “Ni se nota”, “Cuando ya no me quieras”, “Jugando a los Sims”, con la guitarra, con el violín, con sus paseos, sus intros, su espontaneidad y unas acompañantes de viaje fenomenales. Le seguiremos la pista.

Jimena Amarillo. Foto: Carme Ripollés.

Lo que no

Conciertos pasados por el calor. Foto: Carme Ripollés (ACF).

Zona VIP. Foto: Carme Ripollés.

Y con todo, si podemos, volveremos a reencontrarnos con esos momentos de emoción que genera la música en directo disfrutada en comunidad y al aire libre.

Bastille. Foto: Carme Ripollés.