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Jero Romero cae de pie en el Paranimf

Jero Romero, en el Paranimf de la Universitat Jaume I. Foto: Álex Pérez (UJI).

Jero Romero canta en “Devolverte”, poniéndose muy serio, que “cada vez no puede ser la única vez”. Pero ellos lo intentan. Siempre. Y el sábado volvieron a conseguirlo en el Paranimf de la Universitat Jaume I. Superaron ampliamente las tibias expectativas de su segunda tarjeta de presentación, La grieta, e hicieron rendir al máximo su repertorio ante un público que se lo compró todo. Ejem. Últimamente los musiqueros nos dejamos encorsetar por ese frío y calculado lenguaje marketiniano, pero lo que ocurrió el sábado está muy lejos de responder a esa lógica. Cualquiera que hubiera hecho un estudio mínimamente riguroso de las posibilidades de éxito del concierto del toledano en Castellón solo hubiera encontrado amenazas: el día de la gran resaca de las Paellas de Benicàssim, en plena cumbre de la cuesta de enero y en un espacio al que a la gente –esto habría que desterrarlo ya, pero es así- le cuesta acudir por estar lejos del centro (según el singular sistema de medición castellonero) y por la aparente frialdad de su caja escénica. Contra todo pronóstico, nada de eso impidió que se registrara una buena entrada y que la actuación terminara en sincera celebración colectiva, con el grupo abrazado haciendo piña sobre el escenario y el público, en pie, ovacionándoles.

Tiene Jero Romero una forma un tanto adusta de encarar los conciertos. Parco en palabras y con gesto grave, es de ese tipo de músicos que solo esgrime sus canciones para comunicarse con el público. El sábado le bastó y le sobró. En realidad, nunca falla. En las cinco actuaciones que le hemos visto desde 2012 –y ya en su época de Sunday Drivers- siempre actúa metidísimo en sus canciones, cantando con fruición cada una de ellas; sin las típicas imprecisiones de entonación o tiempo del directo, sin mácula. Esas mismas canciones que escuchadas en disco no siempre llegan a tocar la fibra, pero que en directo se agigantan, llenas de alma, hasta ser capaces de revolucionar todo un patio de butacas, como ocurrió el sábado.

Jero Romero. Foto: Álex Pérez (UJI).

Definitivamente, son un grupo de directo, sí. Desde que los disfrutamos muy de cerca en la Fiesta Nomepierdoniuna 2012 en el Teatro Principal, se han convertido en una banda sólida como una roca. Más potente, con más guitarra eléctrica y menos ukelele. Una máquina de generar momentos luminosos, como la irrupción de ese solo armonizado con dos líneas de guitarra de “El brazo” o el crescendo de “Hombre mayor”, primo hermano de algunos del primer disco, que también repasaron con amplitud, como el de la citada y espléndida “Devolverte”. Los crescendo y los cambios de intensidad son algunos de sus sellos de identidad, recursos que utilizan con asiduidad pero sin llegar a cargar. De hecho, han introducido un montón de arreglos ganadores con aire Wilco tanto en las de La grieta como, sobre todo, en las de Cabeza de león, que en algunos casos (“Ya te lo decía yo”) adquieren incluso una nueva sonoridad, con momentos casi hilarantes a cargo de los geniales Charlie Bautista y Amable Rodríguez a la guitarra. Para redondear la jugada, una base rítmica compuesta por Nacho García (batería) y Alfonso Ferrer (bajo, eléctrico) precisa, contundente, suntuosa, sobresaliente.

Por si fuera poco, la sonorización fue una de las mejores que se han podido disfrutar en un concierto de música pop en el Paranimf de cuantos hemos asistido en sus más de cinco años de andadura. Por tener, el concierto de Jero Romero tuvo hasta un gag improvisado, cuando una asistente le soltó aprovechando un silencio entre canción y canción: “¡Qué bien te quedan los pantalones pitillo, hijo mío!”. A lo que el músico toledano respondió, entre risas: “No son pitillo, es que tengo las piernas gordas; no sabes el cachondeo que va a haber con esto en la furgoneta a partir de ahora…”.

Después de ir a un concierto de Jero Romero en el que presenta disco apetece volver a escucharlo para redescubrir las canciones y, entonces, adquieren una nueva dimensión apoyadas en el poso que te ha dejado el directo. Y eso es un puntazo.