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El Trovam-ProWeekend más laberíntico clama por unión y soluciones ante un futuro muy complicado

Maria Arnal, en segundo plano, con el dúo Tarta Relena. Foto: Carme Ripollès.

"El sector cultural está en coma". Lo dijo el periodista cultural valenciano Eugenio Viñas y su frase se quedó retumbando en la sonoramente incómoda sala Magic Box del Auditori de Castelló. Una sentencia recogida por otros participantes en el debate Decisions polítiques i indústria musical després d'una pandèmia, y también en algunas de las siguientes mesas desarrolladas en esta octava edición de Trovam-ProWeekend, la Fira Valenciana de la Música, celebrada en Castelló entre el 11 y el 14 de noviembre. La situación no pinta nada bien para un mundillo creativo -cultural y económicamente- lejos de estar adecuadamente desarrollado y que en medio de la crisis provocada por el coronavirus se ha mostrado especialmente vulnerable y relegado en el orden de prioridades políticas. Así se reiteró en los debates y reuniones que durante estos cuatro días convirtieron el Auditori en ágora del sector musical de la Comunitat Valenciana. La necesidad de unión se considera básica para revertir el panorama, ya de por sí complicado en casi todos los sectores sociales.

"No se acaba de entender la diferencia entre ocio y acontecimiento cultural", apuntó Marga Landete (directora adjunta de Música i Cultura Popular de l'Institut Valencià de Cultura), en referencia a las dificultades para que las salas de conciertos puedan desarrollar su actividad con normalidad (concierto y servicio de barra). Pero en realidad, el problema nace de una situación anormal sostenida en el tiempo: "No existe una licencia específica de salas de conciertos. Hay que crearla". Un factor tan importante que conduce a que Sanitat ponga pegas -inasumibles para algunos- a la hora de permitir conciertos en espacios dedicados principalmente a este menester por considerarlos espectáculos de ocio. Un obstáculo que afecta a miles de personas: empresarios, músicos, técnicos y cualquier profesional que directa o indirectamente aporte sus servicios a la cultura. El futuro de gran parte de ellos es ahora mismo más incierto que nunca.

"Este 2020 nos ha enseñado mucho. Con la base de este año podemos afrontar con mejor perspectiva el que viene", aportó en un guiño hacia el optimismo Carolina Rodríguez (Producciones Baltimore). Es decir, la pandemia debería despertar de una vez un sector que sigue esperando el desarrollo de un Estatuto del Artista -"y que abarque a todas las partes que participamos en la cultura", como subrayó un técnico de sonido- que hoy en día sigue basándose en un informe redactado en diciembre de 2018, con la consiguiente aprobación del Consejo de Ministros, y ligeramente modificado en marzo de 2019. Una dilación extendida a cualquier trámite que pase por la Administración, lo que convierte cada proyecto en un maratón temporal.

Joangre Maria, director del Trovam-ProWeekend. Foto: Carme Ripollès.

Lentitud aplicada a un sector que peca de individualismo, lo que dificulta aún más cualquier avance. De hecho, muchas de las carencias -ahora agravadas por la pandemia- se exponen año tras año en el Trovam-ProWeekend, demostración de que a pesar de la existencia de problemas comunes y las reiteradas intenciones por resolverlos, el camino se transita muy poco a poco. Eso sí, "cuando se hizo la primera edición de esta Fira, apenas había asociaciones para actuar en común. En estos años han aparecido unas cuantas, lo que es fundamental para ir a mejor", recordó Marga Landete.

Sin obviar la parte lúdica de la Fira, las charlas analíticas han sido este año -más que nunca antes- el foco principal de Trovam-ProWeekend, un evento obligado a acoplarse a normativas -y sus modificaciones- antes e incluso durante su celebración: desde el traslado de conciertos a la retransmisión exclusivamente en streaming de algunos de ellos, pasando por los cambios en los accesos a las diferentes salas y los líos para tratar de acceder a algunas de ellas, ya que la reserva anticipada de entradas provocó que a la hora de la verdad no todas fuesen utilizadas o que ya dentro del recinto, algunos decidiesen cambiar sus planes iniciales. Unas situaciones incómodas que nadie, empezando por los organizadores (VAM! e Institut Valencià de Cultura), desean tener que revivir en el incierto 2021. Este año se ha salvado a base de esfuerzo organizativo y rectificaciones obligadas por la cambiante situación general y de las normativas específicas. A día de hoy, los responsables del evento, presidido por Joangre Maria, quieren mirar a la novena edición con optimismo.

Christina Rosenvinge trata de vislumbrar el anfiteatro de la sala de cámara durante su charla con la periodista María Molina (Radio Castellón). Foto: Carme Ripollès.

Talleres, presentaciones y entrevistas con músicos populares se han combinado durante cuatro días, resaltando el éxito de convocatoria de las charlas con Christina Rosenvinge, Raül Refree -entrevistado por Asun Pérez, de Nomepierdoniuna (vídeo)-, Samantha Gilabert y Juanma Latorre (Vetusta Morla).

Conciertos presenciales, online y trasladados

El apartado de música en vivo del Trovam-ProWeekend se divide cada año entre nombres en claro ascenso o consolidados y el apartado emergente, integrado por grupos y solistas que llegan a la Fira con el objetivo primordial de convencer a programadores. Dentro de los primeros se ha instalado como teórico cabeza del cartel de esta octava edición el dúo integrado por la voz de Maria Arnal y la orfebrería electrónica de Marcel Bagés, quienes se apoderaron de la sala sinfónica el viernes por la noche.

Un momento del concierto de Maria Arnal & Marcel Bagés, acompañados por David Soler (derecha) y el dúo Tarta Relena. Foto: Carme Ripollès.

En su nuevo espectáculo, que estrenaron en septiembre en el Mercat de Música de Vic y sirve de preámbulo de su esperado segundo disco tras el gran debut de 45 cerebros y 1 corazón (2017), el dúo de Badalona se hace acompañar por David Soler a la guitarra (productor de su nuevo trabajo) y Tarta Relena a los coros (a las que descubrimos en el Ultrasons 2019). Y, sobre todo, de una escenografía minimalista y una potente iluminación a contraluz en blanco y rojo que, junto a la distancia interpersonal a la que obliga el protocolo covid-19, propiciaron la atención plena del público. La acústica de la sala sinfónica no jugó a favor de la actuación (al menos desde el anfiteatro), pero la fuerza de las canciones y de la voz y actitud escénica de la cantante acabaron por hacerse con todo.

Maria Arnal i Marcel Bagés combinaron temas nuevos, incluido un estreno absoluto en la recta final aún en estado embrionario, con lo mejor del largo que les puso en el mapa: "Tú que vienes a rondarme", "Canción total" o "La gent". También alguna incursión en viejas canciones populares como "El cant de la Sibil·la" ("la canción más vieja de nuestro repertorio"). Con unas coordenadas más sofisticadas a las que pudimos disfrutar en el festival Emac de Burriana de 2018, pero similar exhibición de esa mezcla tan singular de canto popular y vanguardia, a través de una voz que está hecha para agitar conciencias a base de pureza. Es la elegancia de cantar caminando con los pies desnudos y el corazón abierto.

Como bien indica el cartel, Bigott montó su show... a contraluz, como él mismo pidió. Foto: Carme Ripollès.

Dos propuestas muy diferentes pasaron el sábado por la sala de mayor tamaño del Auditori. En realidad, Bigott es distinto a casi todos. En formación de cuarteto, el zaragozano ofreció un menú degustación de su repertorio. Cápsulas que rondan los dos minutos de duración y que muestran los diferentes matices del peculiar Borja Laudo, quien igual se arranca por adrenalíticas descargas punk para un momento después dejarse abrazar por el pop, bailar a ritmo funk o viajar propulsado por la psicodelia. Convenció. El largo aplauso final, más bis, lo certifica. No se cumplió el This is all wrong de su último trabajo; más bien al contrario.

Ciudad Jara es un proyecto nuevo que nace con una larga de estela de fans, arrastrados por Pablo Sánchez desde La Raíz. Público más joven que en la actuación de Bigott, con notoria presencia de desplazados desde las comarcas valencianas. Concierto con tres guitarras acústicas, más acordeón/teclas, y las voces complementarias, más palmas, de buena parte de los asistentes en canciones del disco Donde nace el infarto o del reciente single "En busca del fuego".

Ciudad Jara arrastró un buen número de fans que cantaron sus canciones. Foto: Carme Ripollès.

Antes de todo ello, el jueves, los valencianos Badlands ofrecieron una cuidada actuación con temas emblemáticos dentro de su carrera como "Call me fire". Su raíz norteamericana se escora un poco más hacia el rock en su más reciente Tornado, donde incluyen también letras en castellano. Han actuado varias veces por Castelló, y los repetidores como espectadores insistían en que era la mejor actuación que habían realizado por La Plana.

Debido a la alta demanda previa de entradas, BlackFang realizó dos actuaciones. Foto: Carme Ripollès.

Por espacios como la sala de cámara o el jardín se repartieron propuestas variadas como la música negra con rimas de BlackFang, que añadieron un segundo pase, el jazz de Elma Sambeat con su homenaje a Lorca y de David Pastor hacia las bandas sonoras, el estilo libre con acordeón de dois, pois, Laura Esparza & Carlos Esteban, Néstor Mir, Anna Andreu, Amazonians, Gem (por primera vez con banda en Castelló), Vienna, los muy bien acogidos Escuchando Elefantes, Futuro Terror (con su porción importante de público propio), Meritxell Neddermann, Loretta's, Solà & Estella, Fizzy Soup, Le Nais, Maria Jaume, King of the Beach, Montefuji (en la presentación de Di que has llegado), The Black Beat (con Ruth Baker como invitada), Le Parody y Zetak.

Por el Teatre Principal pasaron Pleasant Dreams, Xavier de Bétera, Tardor y Elvisent i Jornalers, aunque hubo que suspender la actuación de Ovidi 25 debido a un problema relacionado con el coronavirus de uno de los participantes en este proyecto.

El escenario más perjudicado fue el previsto en la plaza Hort dels Corders. La normativa municipal de reducción del aforo a 80 espectadores sentados y la prohibición de aglomeraciones en los alrededores obligó a cambiar los planes. Así, Lèpoka tuvo que trasladar el folk metal de El baile de los caídos hasta el Teatre del Raval. Meses después de lo previsto, los castellonenses han podido presentar en vivo su cuarto disco, dentro de unos condicionantes anormales para ellos, con el público sentado, algo inconcebible en otras circunstancias.

Los otros tres conciertos de la plaza se llevaron hasta el plató de Tuix & Ross, para ser ofrecidos exclusivamente en streaming* a través de la web firatrovam.com. Nuc se trajo desde la Safor su pop-rock, tratando de emular una experiencia lo más presencial posible, pidiendo palmas a quienes les veían a través de una pantalla. Mucho dinamismo y energía aportaron Funkiwis, con su fusión de rock, funk y reggae y sus letras reivindicativas. Eso sí, la falta de aplausos dejaba una sensación extraña tras cada tema. Cactus se presentó con su música urbana tendente a la electrónica apreciable en su su disco Roma. Puesta en escena muy dinámica, con movimientos coreografiados de sus cuatro cantantes y petición a los espectadores virtuales para que se agachasen al mismo tiempo que ellos.

Fira Trovam-Pro Weekend 2020

*Gran parte de las charlas y actuaciones musicales aún pueden verse en firatrovam.com.