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'Captivating Inside': arte, memoria y sentimiento

"Las cosas hermosas, las obras de arte, los objetos sagrados, sufren, como nosotros, los efectos imparables del paso del tiempo". Con esta frase comienza El último Catón, novela publicada por la escritora alicantina Matilde Asensi en 2001. Con ella, hacía referencia a "la vida" de estos elementos que podemos encontrar en multitud de lugares. Sin embargo, también cabría otra forma de entenderla: esas obras u objetos, englobados dentro de la categoría de arte, siempre están ligadas (y representan) a tiempos y hechos pasados. Fueron creados por alguna razón y objetivo en particular. Pero a pesar de ello, en ciertos casos, ese mismo tiempo, junto a otros factores, puede llegar a provocar que el primer fin por el que fueron creados quede relegado a un segundo plano.

Un ejemplo de ello es el de los monumentos. Muchos, aunque estén dedicados a la memoria de personas fallecidas, son objeto de las diferentes opiniones o pensamientos presentes en las sociedades de todo el mundo. Esto conlleva que ciertos actos puedan llegar a ser considerados como una falta de respeto hacia el recuerdo de estos individuos y que, por tanto, surjan las polémicas.

Uno de los casos más recientes se produjo hace unas semanas: el monumento en memoria a los represaliados por la Guerra Civil junto a la sima de Otsoportillo, en Urbasa (Navarra), amaneció con pintadas en las que se podía leer "Aún hay sitio para más". Esta acción fue rápidamente condenada por diferentes instituciones y partidos.

La polémica

Pero el que ha tenido mayor relevancia en los últimos meses ha sido, sin duda, el relacionado con el Memorial del Holocausto en Berlín, el monumento en memoria de los judíos fallecidos durante la II Guerra Mundial, y que se encuentra en pleno corazón de la capital alemana.

Memorial del Holocausto en Berlín.

Diseñado por el arquitecto Peter Eisenmann, está compuesto por 2.711 columnas de hormigón repartidas en un espacio de 19.000 metros cuadrados. Gracias al tamaño de las mismas –pues pueden alcanzar los 4,7 metros de altura- y al de la superficie, el visitante se sumerge en un laberinto de estrechos pasillos que tienen como principal objetivo reproducir la sensación de aislamiento y falta de orientación que sufrieron las víctimas de los campos de exterminio.

A principios de este año, el artista israelí Shahak Shapira, al ver que una gran cantidad de personas se hacían selfis en este lugar y que después los subía a las redes sociales, decidió elaborar el proyecto Yolocaust. Con el objetivo de ridiculizar y denunciar estos comportamientos, escogió varias fotos de los perfiles públicos de Facebook, Instagram, Tindr y Grindr y las colgó en la web oficial del mismo. Estas presentaban la peculiaridad de que, al pasar el cursor sobre cada foto, el fondo se transformaba en imágenes reales de los campos de concentración en los años del holocausto.

Aunque Shapira consideraba estas acciones como una falta de respeto, ya que "muchos de los que visitan el monumento cada día, se toman fotos tontas; saltan, patinan o montan en bici entre sus pilares", también quiso dejar claro que no quería "decir a la gente lo que tiene o no tiene que hacer, sino invitar a la reflexión. La galería quiere recordar lo sencillo que es que determinados recuerdos caigan en el olvido".

Uno de los estrechos pasillos de Memorial del Holocausto en Berlín.

Precisamente a esto hacía referencia Peter Eisenmann unos días antes de la inauguración del monumento en 2005. En su opinión, que el resultado fuera "demasiado bonito", añadido al hecho de que tampoco tenía muchas explicaciones, podría provocar que la razón de ser de la obra no se entendiera, y las personas que fueran a visitarlo llegaran a sentir el deseo de hacerse fotos.

La otra cara de la moneda

Si bien es cierto que la polémica ha rodeado a este monumento desde el día en que fue abierto al público –pues muchas voces se preguntaron por qué el país germano se había gastado 27 millones de euros en un monumento dedicado solo a los judíos muertos en la guerra, pero no a los gitanos o a los homosexuales, entre otros-, ello no quiere decir que todo lo relacionado con él tenga connotaciones negativas.

Es posible disfrutar del trasfondo o significado que envuelve a la obra en cuestión con -de nuevo- propósitos artísticos y con el debido respeto. Así lo demostraron el pasado mes de junio la artista alcorina Ana Beltrán y el compositor David Moliner con su proyecto Captivating Inside. Un trabajo con el que, según explican, tenían por objetivo "contextualizar el sentimiento de opresión vivido en otra época y representado por este espacio; contextualizar una situación en la que hombres y mujeres se vieron recluidos e incluso vieron cuestionada su propia humanidad, para así transferirlo a situaciones de similar reclusión en nuestra época".

Ana Beltrán y David Moliner en un momento de 'Captivating Inside'.

Tal y como cuenta Ana, la idea inicial era "crear una propuesta basada en nuestras disciplinas artísticas en la que David compusiera e interpretara una pieza y yo pintase otra al ritmo de la misma". Pero "después de contemplar los sentimientos que se respiran en la ciudad, decidimos hacer algo que realmente representase esas sensaciones que nos transmitía el Memorial del Holocausto, relacionándolas con las reflexiones que nos plantea la realidad actual".

De esta forma, el proyecto terminó convirtiéndose en una performance en la que representaron a "la víctima y al opresor a través del arte". Para ello, readaptaron sus respectivos trabajos a la propuesta final y al espacio para que todo resultara en una "obra efímera", pero con la suficiente fuerza para ser recordada.

Y ese carácter efímero se materializó en el uso de telas y cintas formando líneas abstractas que oprimieran al personaje interpretado por David. El propio compositor –que también hizo percusión corporal- reconoce que "fue difícil reencarnarme en un personaje tan profundo y extremo; requiere de una sensibilidad diferente para que, en ningún caso, parezca algo banal. Pero lo tuve claro: expresar una idea de extrema inseguridad en un escenario claustrofóbico".

David Moliner durante su representación del proyecto 'Captivating Inside'.

Por otro lado, a elección del Memorial del Holocausto no fue casual, sino que lo consideraron como el principal representante de todas las emociones que recorren las calles de Berlín, al ser "un lugar evocador, generador de un sentimiento muy fuerte, cargado de emoción, de una inmensa expresividad y al que se le debe mostrar respeto", aclara Ana.

Ahora bien, "sabíamos que realizar una propuesta aquí era un tema delicado", por lo que "queríamos plantear estos sentimientos desde la emoción sensata y honesta, y pensando en cómo hacerlo para ser lo más respetuosos posible". Por esta misma razón quieren dejar claro que "para nada partimos del morbo al plantear el espacio", pero defienden que "hay que ir más allá de plantear una repercusión negativa o positiva: se tiene que trascender lo superficial".

Un monumento, dos caras. Uno de los aspectos más destacables del arte es que sirve como vía para la expresión de los sentimientos. Gracias a él se establece cierta conexión entre el presente y el pasado, recordándonos los hechos ocurridos y, en definitiva, todo aquello que hicimos. Si bien nuestro respeto hacia sus diferentes formas puede cambiar con el paso de los años, su significado perdura indefinidamente.

Como afirma Ana Beltrán, hay que "recordar los hechos para no repetir los errores y los daños. Desgraciadamente, todavía hay numerosos casos en los que multitudes son recluidas, casos maquillados sobre los que debemos recapacitar". Hay que aprender de los errores del pasado para no volver a cometerlos en el presente, reflexionar y ser consciente de ello. Tal vez solo de esa manera el pasado pueda quedarse en el pasado, el presente pueda ser un mejor presente, y el futuro sea algo nuevo por descubrir.